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Title: Jugadas políticas — Escasez de pan en Europa (1853)
Description: Crónica de Marx para el New-York Daily Tribune: Aberdeen y Palmerston, Suiza ante Austria, la «moralidad ferroviaria» y la moral propia del capital, la subida del tipo de interés y la mala cosecha, que harán estallar una crisis comercial e industrial, heraldo de la revolución europea.
Author: Karl Marx
Date: 1853-09-13
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1853%20Jugadas%20pol%C3%ADticas%20-%20Escasez%20de%20pan%20en%20Europa
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*Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 13 de septiembre de 1853 y publicado en el* New-York Daily Tribune*, núm. 3886, del 30 de septiembre de 1853. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 9 (Berlín, 1960, pp. 312-320), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1853%20Politische%20Schachz%C3%BCge%20-%20Brotknappheit%20in%20Europa).*

Londres, martes 13 de septiembre de 1853

El *Sunday Times* publicó en su último número un despacho que lord Clarendon dirigió a sir H. Seymour en respuesta a la nota del conde Nesselrode del 2 de julio. Este despacho lleva fecha del 16 de julio. No es más que una copia de la respuesta del señor Drouyn de Lhuys. Un corresponsal del *Leader*[^1] del sábado pasado se expresa de la siguiente manera ingeniosa sobre el «antagonismo» entre lord Aberdeen y Palmerston:

> «Lord Aberdeen nunca pudo comprender la hipocresía de lord Palmerston; nunca comprendió que *lord Palmerston, gracias a esa hipocresía, siempre estuvo en condiciones de favorecer sin trabas la política rusófila, mejor incluso que el propio lord Aberdeen*... Lord Palmerston encubre el cinismo con el *compromiso*... Lord Aberdeen hizo lo que lord Palmerston no ha hecho: expresó su convicción... Lord Palmerston ve la utilidad, y lord Aberdeen no la ve, de hablar de intervención mientras se practica la no intervención... Lord Aberdeen, que por su trato con las clases dominantes está familiarizado con la manera de conseguir escaños y comprar electores, no considera la Constitución británica la institución más perfecta de la sociedad humana, y como sospecha que la población del continente europeo no es más amable ni más odiosa que la de Gran Bretaña, se abstiene de sugerir a los gobiernos continentales lo deseable que sería abolir un despotismo paternal en favor de un autogobierno de las clases dominantes... Lord Aberdeen ve que Gran Bretaña es una potencia creada por el sometimiento de otras naciones, y aborrece una política exterior inspirada en sentimientos amistosos hacia las nacionalidades en lucha... Lord Aberdeen no ve razón alguna para que Inglaterra, que ha conquistado y saqueado la India y oprime a la India por el bien de la India, se presente como enemiga del zar Nicolás, que es en Rusia un buen déspota y oprime a Polonia por el evidente bien de Polonia. Lord Aberdeen no ve razón alguna para que Inglaterra, que ha aplastado varias insurrecciones en Irlanda, odie fanáticamente a Austria porque oprime a Hungría. Y como sabe que Inglaterra impone a Irlanda una Iglesia extranjera, comprende el celo del papa por instalar al cardenal Wiseman en Westminster.[^2] Sabe que hemos tenido guerras cafres, y por eso no tiene a Nicolás por un canalla porque haya empleado su ejército, con grandes pérdidas, contra los circasianos. Sabe que de vez en cuando enviamos a Van Diemen[^3] a Mitchels y O'Briens rebeldes, y no siente horror porque Luis Napoleón mantenga una Cayena. Y cuando tiene que escribir al gobierno napolitano sobre asuntos sicilianos, no cae en un liberalismo extático, porque recuerda que Gran Bretaña tiene un vicecónsul en Corfú... Es un arreglo feliz: un gobierno de coalición con lord Palmerston, destinado a representar *de palabra* la política de Bermondsey, mientras lord Aberdeen practica *de hecho* la política rusófila.»

Como prueba de que no he subestimado el heroísmo de Suiza, puedo citar una carta que su Consejo Federal ha dirigido al gobierno del cantón del Tesino, en la que se dice que

> «la cuestión de los capuchinos es un asunto puramente cantonal y que, por consiguiente, corresponde al cantón del Tesino decidir si le conviene más resistir y seguir soportando las duras medidas de Austria o hacer al gobierno ofrecimientos para reanudar las negociaciones».[^4]

Resulta, pues, que el Consejo Federal suizo intenta convertir su disputa con Austria en un simple asunto cantonal. El mismo Consejo acaba de ordenar la expulsión de los italianos Clementi, Cassola y Grillanzoni, después de que el tribunal de jurados de Coira los absolviera de la acusación de haber apoyado la insurrección de Milán[^5] transportando armas a través de la frontera del Tesino.

La subvención británica al templo de Jagannath[^6] no parece haberse suprimido todavía del todo. El 5 de mayo de 1852 la Junta de Directores envió al gobernador de la India el siguiente despacho:

> «Mantenemos nuestra opinión de que es deseable desligar definitivamente al gobierno británico de toda relación con el templo, y le autorizamos por tanto a tomar las medidas oportunas suprimiendo todas las asignaciones periódicas, en cuyo lugar podría hacerse un pago final, a modo de compensación, a aquellas personas que, interpretando con generosidad los compromisos contraídos y los acuerdos celebrados en el pasado, puedan tener derecho a tales indemnizaciones.»

Pero hasta el 11 de abril de 1853 el gobierno de la India no había hecho nada; en esa fecha el asunto seguía en estudio.

La investigación hecha por el gobierno sobre las crueldades cometidas con los presos de la cárcel de Birmingham, crueldades que han empujado a algunos al suicidio y a otros a intentarlo, ha durado una semana. Si por un lado nos espantan las atrocidades salidas a la luz, que nada tienen que envidiar a las cometidas en el *carcere duro* austriaco o napolitano, por otro nos sorprende la dócil complacencia de los funcionarios que inspeccionaban la cárcel con las explicaciones que les daban las partes interesadas, y su completa indiferencia hacia las víctimas. Su solicitud por el bárbaro carcelero llegó al punto de avisarle regularmente de sus próximas visitas. El principal culpable, el teniente Austin, es la personificación de los tipos que Carlyle, en sus «Cárceles modelo»,[^7] señalaba como los verdaderos cabecillas de los pobres y los delincuentes.

Uno de los temas del día es la *moralidad ferroviaria*. La dirección del ferrocarril de Yorkshire y Lancashire anuncia en sus billetes que,

> «sea cual sea el accidente que ocurra y sea cual sea la lesión que se produzca por negligencia de los propios viajeros o de sus criados, la dirección se considera exenta de toda responsabilidad legal».

Sin embargo, el sábado los directores del ferrocarril de Birmingham y Shrewsbury comparecieron ante el tribunal del vicecanciller por haber estafado a sus propios accionistas. Entre el Great Western y el North-Western hay una rivalidad por ver cuál de los dos se anexiona la línea mencionada. Como la mayoría de los accionistas era partidaria de unirse al North-Western y los directores de fusionarse con el Great Western, estos decidieron emplear cierto número de acciones de la compañía que se les habían confiado en fideicomiso para obtener votos ficticios. Con este fin se emitieron las acciones a nombre de una serie de accionistas nominales —en algunos casos, al parecer, sin conocimiento de las personas cuyo nombre simplemente se utilizaba; en un caso se trataba incluso de un niño de nueve años—, que no habían pagado las acciones, sino que las devolvían a manos de los directores y, en virtud de su tenencia nominal de acciones, les proporcionaban cierto número de votos adicionales para asegurar una mayoría favorable a la fusión con el Great Western. El docto juez observó que «difícilmente podía imaginarse algo más abominable o repugnante, y la manera de ejecutar el plan era más repugnante todavía». Con este reproche, como es costumbre entre los burgueses, despidió a los culpables, mientras que un pobre diablo de proletario puede estar seguro de que lo deportarán por un robo de más de 5 libras.

Es curioso observar cómo el público británico dirige su indignación alternativamente contra la moralidad de los fabricantes, luego contra la de los propietarios de minas, luego contra los pequeños comerciantes de drogas adulteradas y ahora contra los propietarios de ferrocarriles, que han desplazado a los anticuados salteadores de caminos; en una palabra, contra la moralidad de cada clase de capitalistas. En conjunto, podría parecer que el capital posee una moralidad especial, propia, una especie de ley superior de *raison d'état*, mientras que la moral corriente se tiene por algo que solo es lo bastante bueno para los pobres.

Los reformistas palmerstonianos de Manchester parecen estar en un buen aprieto. Las revelaciones electorales de la última legislatura se referían casi exclusivamente a distritos urbanos, e incluso a los grandes, como Hull, Liverpool, Cambridge y Canterbury. El agente electoral liberal señor Coppock confesó en un arrebato de sinceridad: «Lo que era St. Albans lo son hoy todos los demás distritos urbanos.»[^8] Ahora la oligarquía piensa en cómo aprovechar estas revelaciones para hacer una reforma en favor de los distritos rurales y a costa de los urbanos. Los reformistas de Manchester, que no quieren una ampliación general del sufragio, sino solo una ampliación dentro de los límites de los distritos urbanos, están naturalmente desconcertados ante semejante propuesta. Es lamentable ver cómo su órgano, *The Daily News*, se esfuerza por encontrar una salida a esta dificultad.

El 14 de enero de 1846 el tipo de interés del Banco de Inglaterra se elevó al 3 1/2%, y el 21 de enero de 1846 al 4%;[^12] el tipo no subió al 5% hasta abril de 1847; pero se sabe que en las tres últimas semanas de abril de 1847 casi todas las operaciones de crédito se habían paralizado. En 1853 el movimiento ascendente del tipo de interés del Banco de Inglaterra ha sido mucho más rápido. Del 2%, en que estaba el 24 de abril de 1852, subió al 2 1/2% el 8 de enero de 1853, al 3% el 22 del mismo mes, al 3 1/2% el 4 de junio y al 4% el 1 de septiembre, y ya corren rumores en la City de que pronto subirá al 5%. En noviembre de 1846 el precio medio del trigo era de 56 chelines y 9 peniques por quarter; en las últimas semanas de agosto de 1853 había llegado a 65 o 66 chelines. El Banco de Inglaterra tenía en sus cámaras

| en el mismo periodo del año anterior | 21.852.000 £ |
|---|---|
| ahora solo tiene | 16.500.068 £ |
| la diferencia es de | 5.351.932 £ |

La reserva de metal precioso bajó en la penúltima semana 208.875 libras y en la semana pasada 462.852 libras. Esto tuvo un efecto inmediato en las cotizaciones de la Bolsa: toda clase de valores bajó de precio. En el artículo financiero de *The Times* del miércoles pasado leemos:

> «Pese a la depresión de la Bolsa, los bonos del Tesoro se mantuvieron a un 2% de descuento con un 1% de prima, pero se tiene la impresión de que el ministro de Hacienda hace que se compren por cuenta del gobierno para sostener su precio, y como no se disponía de inmediato de fondos para ese fin, se han vendido títulos al tres por ciento que figuraban en las cuentas de las cajas de ahorros.»

Sería una obra maestra del señor Gladstone vender consolidados a bajo precio y comprar bonos del Tesoro a precio alto; causar una pérdida equivalente a la mitad de la renta de los títulos al tres por ciento convirtiéndolos en bonos del Tesoro que apenas rinden más del 1 1/2% de interés.

¿Cómo podemos conciliar un tipo de cambio desfavorable o la salida de metales preciosos con el inaudito aumento de las exportaciones británicas, que a fin de este año superarán en 16.000.000 de libras incluso las de 1852?

> «Como concedemos crédito a todo el mundo por las mercancías que exportamos y pagamos al contado nuestras importaciones, la extraordinaria expansión de nuestro comercio tiene que conducir inevitablemente en algún momento a una balanza de pagos desfavorable para nosotros; pero todo ese dinero al contado volverá a nosotros cuando venza el crédito de nuestras exportaciones y haya que hacer las remesas correspondientes.»

Así dice *The Economist*. Según esta teoría, si las exportaciones de 1854 superaran las de 1853, el tipo de cambio seguiría siendo desfavorable para Inglaterra y una crisis comercial sería el único medio de compensación. *The Economist* cree que no hay que temer catástrofes como la de 1847, porque hoy no se han inmovilizado capitales tan grandes como entonces en ferrocarriles, etc. Olvida que los capitales se han invertido en fábricas, barcos, etc. Por otra parte, el *Observer* se lamenta de las «insensatas inversiones en *ferrocarriles extranjeros* y otras compañías de carácter muy dudoso y sospechoso». *The Economist* cree que el alto precio del grano pondrá un *saludable freno* a las amplias operaciones comerciales en lo que respecta a Europa, pero que *América y Australia*, etc., *son seguras*. *The Times* afirma al mismo tiempo que la tirantez del mercado monetario de Nueva York pondrá un saludable *freno* a las operaciones americanas.

> «No debemos contar con la misma cantidad de pedidos de los Estados Unidos que hasta ahora», exclama el *Leader*.

Queda Australia. A este respecto observa el *Observer*:

> «Las exportaciones se han forzado insensatamente. Para las 74.000 toneladas de carga que se han declarado ahora en Londres con destino a las colonias del sur se confirmarán las noticias desfavorables que hemos recibido de Adelaida, Melbourne, etc. No puede negarse que las perspectivas actuales no son prometedoras.»

En cuanto al mercado chino, todos los informes coinciden en que hay una gran disposición a vender, pero una renuencia igual de grande a comprar, en que se atesoran los metales preciosos y en que no cabe esperar ningún cambio de esta situación mientras el movimiento revolucionario de ese inmenso imperio no haya alcanzado su objetivo.[^9]

¿Y el mercado interior?

> «Gran número de los tejedores mecánicos de Manchester y sus alrededores han seguido el ejemplo de Stockport y se han declarado en huelga por un aumento de salario del diez por ciento... Los obreros de las fábricas descubrirán probablemente antes de que acabe el invierno que no se trata de si se concede un aumento del 10%, sino de si los fabricantes permitirán que se reanude el trabajo con los salarios actuales.»

Con estas palabras inequívocas anuncia el *Morning Chronicle* la próxima contracción del mercado interior.

He señalado repetidas veces la enorme ampliación de las viejas fábricas y la rapidez sin precedentes con que se levantan otras nuevas. Les he hablado de algunos establecimientos de nueva planta que forman, por así decir, ciudades fabriles enteras. Expliqué que en ninguna época anterior una parte tan grande del capital líquido acumulado durante el periodo de prosperidad se había invertido directamente en fines manufactureros. Consideremos, pues, estos hechos por un lado, y por otro los síntomas de los mercados abarrotados del interior y del exterior; pensemos también que un tipo de cambio desfavorable es el medio más seguro de lanzarse irreflexivamente a exportaciones excesivas a los mercados extranjeros.

Pero será sobre todo la mala cosecha la que hará estallar los elementos, acumulados desde hace tiempo, de una gran crisis comercial e industrial. Cualquier otro producto, cuando se encarece, frena su propia demanda; el grano, en cambio, cuando sube su precio, se demanda con más afán todavía, y provoca la baja de los precios de todas las demás mercancías. El pueblo más civilizado, igual que el salvaje más atrasado, tiene que procurarse primero su alimento antes de poder pensar en procurarse cualquier otra cosa; y el aumento de la riqueza y el progreso de la civilización suelen avanzar en la misma medida en que disminuyen el trabajo y los gastos necesarios para producir los alimentos. Una mala cosecha general provoca por sí misma una contracción general de los mercados interiores y exteriores. Ahora bien, la cosecha actual es en la parte sur de Europa, en Italia, Francia, Bélgica y la Prusia renana, al menos tan insuficiente como lo fue en los años 1846-1847, y tampoco en el noroeste y el nordeste es nada prometedora. En cuanto a Inglaterra, el *Mark Lane Express*,[^10] ese *Moniteur* de la bolsa de granos de Londres, declara en su número de la semana pasada:

> «Que la cosecha de trigo del Reino Unido será la más escasa desde hace muchos años está fuera de duda. El rendimiento medio será considerablemente bajo en casi todas las partes del reino, y además hay que tener en cuenta que, por el mal tiempo en la época de la siembra, se ha cultivado al menos una cuarta parte menos de tierra que de costumbre.»

Esta situación no la alivia la ilusión de que las sacudidas comerciales, la sobreproducción industrial y las malas cosechas han quedado eliminadas a la vez por el *librecambio*. Al contrario.

> «Los agricultores», observa el mismo *Mark Lane Express*, «aún no pueden imaginar una escasez bajo el librecambio. Por eso pocos están preparados para guardar grandes existencias. Si nos viéramos obligados, pues, a hacer grandes importaciones, es posible que tengamos que pagar caros los alimentos.»

El *Mark Lane Express* de ayer añade:

> «Queda todavía en el campo una parte tan grande de la cosecha que el tiempo de las próximas semanas influirá mucho en el comercio. La calidad del grano expuesto a la intemperie en los campos ha sufrido ya por las últimas lluvias, y si la humedad continúa podría causar grandes daños... El resultado final de la cosecha amenaza con ser menos satisfactorio de lo que parecía hace una o dos semanas... Los informes sobre las *patatas* que nos han llegado estos últimos días son más desfavorables que los que recibíamos antes... Pese a los enormes suministros del extranjero durante la semana pasada (88.833 quarters), el efecto sobre los precios fue escaso; la baja desde el máximo no pasó de 1 o 2 chelines por quarter... El resultado probable de la cosecha en los países del Báltico es en conjunto insatisfactorio... Según las últimas noticias, el trigo estaba a 60 chelines franco a bordo en Danzig, a 56 chelines y 9 peniques en Königsberg, a 54 chelines en Stettin y a 58 chelines en Rostock.»

Como en 1847, las consecuencias de la carestía se perfilan ya en el horizonte político. En Nápoles el ayuntamiento no puede ocupar a los obreros en obras públicas y el tesoro no puede pagar sus sueldos a los funcionarios del Estado. En los Estados Pontificios —en Tolentino, Terni, Rávena y el Trastévere— han estallado motines de hambre que no han calmado en modo alguno las recientes detenciones, la invasión de los austriacos y la amenaza de la pena de azotes. Las consecuencias políticas de la carestía y del estancamiento industrial en Lombardía no las remedia el impuesto adicional de 6 1/2 kreuzer por florín cobrado por el conde Strassoldo, que ha de pagarse el 20 de septiembre y el 10 de octubre de este año y se impone a todos los contribuyentes de impuestos directos, incluido el impuesto sobre la renta y los sueldos. La penuria general de Austria se expresa en que busca un nuevo empréstito, que lanza al mercado, como de costumbre, afirmando que el dinero solo se necesita para reducir su ejército. La febril inquietud del gobierno francés puede deducirse de sus falsos informes sobre la cosecha, del injusto impuesto de consumo sobre el pan en París y de sus enormes compras de grano en todos los mercados. Las provincias están descontentas porque Bonaparte alimenta a París a costa de ellas; la burguesía está descontenta porque interviene en el comercio en favor de los proletarios; los proletarios están descontentos porque da a los soldados pan blanco en lugar de pan negro en un momento en que campesinos y obreros se ven amenazados por la perspectiva de no tener pan en absoluto; por último, los soldados están descontentos por la actitud humillante y antinacional de Francia en la cuestión de Oriente. En Bélgica varios motines de hambre fueron el eco de las necias fiestas que los Coburgo prodigaron a la archiduquesa austriaca.[^11] En Prusia el miedo del gobierno es tan grande que, para guardar las apariencias, se ha detenido a varios corredores de granos y se ha citado a los demás ante el jefe de policía, que les «rogó» que vendieran a precios «honrados».

Termino expresando una vez más mi opinión de que no serán las declamaciones de los demagogos ni la palabrería de los diplomáticos las que llevarán las cosas a la crisis, sino que se acercan calamidades económicas y sacudidas sociales que son los heraldos seguros de la revolución europea. Desde 1849 la prosperidad comercial e industrial ha preparado a la contrarrevolución el lecho en que ha podido descansar tranquila.

*Karl Marx*

[^1]: *The Leader*, semanario radical de Londres.
[^2]: Nicholas Wiseman (1802-1865), nombrado en 1850 primer arzobispo católico de Westminster al restablecer el papa la jerarquía católica en Inglaterra.
[^3]: La Tierra de Van Diemen (Tasmania), adonde fueron deportados en 1848 John Mitchel y William Smith O'Brien, dirigentes de la Joven Irlanda.
[^4]: En 1852 el Tesino expulsó a los capuchinos lombardos; Austria respondió en 1853 expulsando de Lombardía a los tesineses y cerrando la frontera.
[^5]: La insurrección mazziniana de Milán del 6 de febrero de 1853.
[^6]: El templo de Jagannath en Puri (Orissa), al que la Compañía de las Indias Orientales pagaba una asignación anual.
[^7]: «Model Prisons», uno de los *Latter-Day Pamphlets* (1850) de Thomas Carlyle.
[^8]: El distrito de St. Albans había sido privado de representación parlamentaria en 1852 por la corrupción de sus elecciones.
[^9]: La rebelión de los Taiping, iniciada en 1850-1851.
[^10]: Semanario del comercio de granos; Mark Lane era la sede de la bolsa de granos de Londres.
[^11]: Las bodas del duque de Brabante, hijo de Leopoldo I, con la archiduquesa María Enriqueta, en agosto de 1853.
[^12]: Así en la MEW; esas dos subidas del tipo del Banco de Inglaterra fueron en enero de 1847.
