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Title: La cuestión de la guerra — Estadísticas británicas de población y comercio — Asuntos parlamentarios (1853)
Description: Crónica de Marx para el New-York Daily Tribune: las propuestas de Viena a Rusia, la emigración que desmiente a Malthus y revela el secreto de la economía política, las estadísticas de comercio, la mala cosecha, la coalición de los patronos de Manchester, los lores contra los proyectos de ley irlandeses y los rumores de una conspiración de la corte con Rusia.
Author: Karl Marx
Date: 1853-08-12
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1853%20La%20cuesti%C3%B3n%20de%20la%20guerra%20-%20Estad%C3%ADsticas%20brit%C3%A1nicas%20de%20poblaci%C3%B3n%20y%20comercio%20-%20Asuntos%20parlamentarios
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*Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 12 de agosto de 1853 y publicado en el* New-York Daily Tribune*, núm. 3854, del 24 de agosto de 1853. Traducido del original inglés según la transcripción del Marx-Engels Internet Archive (marxists.org), cotejada con la versión alemana de la MEW (Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 9, Berlín, 1960, pp. 252-264), por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en inglés](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1853%20The%20War%20Question%20-%20British%20Population%20and%20Trade%20Returns%20-%20Doings%20of%20Parliament).*

Londres, viernes 12 de agosto de 1853

Bonaparte compensa a la marina francesa por su humillante posición en la bahía de Besika[^1] con una rebaja del precio del tabaco para los marineros, según nos informa el *Moniteur* de hoy. Ganó su trono con salchichas.[^2] ¿Por qué no habría de intentar conservarlo con tabaco? En todo caso, la complicación de Oriente habrá producido la *desmonetización* de Luis Bonaparte a ojos de los campesinos franceses y del ejército. Han aprendido que la pérdida de la libertad en casa no se compensa con una ganancia de gloria fuera. El «Imperio de todas las glorias» ha caído aún más bajo que el «Gabinete de todos los talentos».[^3]

Por los periódicos de Constantinopla que acaban de llegar sabemos que el manifiesto del sultán a sus súbditos apareció el 1 de agosto, que el cónsul ruso en Adrianópolis ha recibido orden de San Petersburgo de retirarse de Turquía, que los demás cónsules rusos esperan órdenes semejantes y que los periódicos de Constantinopla han sido prohibidos en los Principados. El *Impartial* de Esmirna, del 1 de agosto, trae la siguiente noticia acerca de Persia:

> «El sha de Persia, después de que, a petición suya, se le comunicara la correspondencia cruzada entre la Puerta y el gabinete ruso con motivo de la disputa pendiente, ha declarado oficialmente que toda la razón está de parte de la Puerta y que, en caso de guerra, se pondrá lealmente a su lado. Esta noticia ha causado gran impresión en el embajador ruso en Teherán, de quien se dice que se dispone a pedir sus pasaportes.»

El contenido de la propuesta hecha a Rusia, y aceptada por el zar según el misterioso despacho de Petersburgo, es objeto de conjeturas en toda la prensa europea. El palmerstoniano *Morning Post* asegura:

> «El 25 de julio el señor de Meyendorff[^4] transmitió a su imperial señor, no ya las propuestas formales» (aceptadas en la Conferencia de Viena), «sino una relación de lo ocurrido en la conferencia del 24... Creemos no andar muy errados si afirmamos con confianza que el asunto se ha arreglado de tal manera que se conservan intactas la independencia y la integridad del Imperio otomano. El arreglo será este: Reshid Bajá[^5] dirigirá al conde Nesselrode[^6] una nota a la que adjuntará los firmanes por los que se conceden a los cristianos griegos, súbditos del sultán, más privilegios aún de los que Rusia había pedido para ellos. Dirá muchas cortesías al zar y le asegurará la excelente disposición del sultán hacia sus propios súbditos, a quienes ha concedido tales y cuales derechos. Esta nota la presentará un embajador turco, y el asunto quedará zanjado... ¡Para el 10 de septiembre el último soldado ruso habrá cruzado el Prut!»

Por otra parte, cartas privadas de Viena, que aluden a la aparición de cañoneras rusas aguas arriba de la confluencia del Prut y el Danubio, confirman lo que dije en mi última carta: que las propuestas enviadas a San Petersburgo no incluyen en absoluto la retirada de los ejércitos rusos de los Principados, que proceden del gabinete austriaco, a cuya intervención había apelado el embajador británico en Viena,[^7] «ese sincero amante de la armonía», después de que el zar rechazara las propuestas francesas e inglesas, y que brindan a Rusia la ansiada ocasión de prolongar las negociaciones *in infinitum*. Según la oficiosa *Ober-Postamts-Zeitung* de Fráncfort, Rusia solo ha permitido a Austria ilustrar a Turquía acerca de los intereses de esta.

Las estadísticas de población publicadas hace poco prueban la lenta pero constante disminución de la población de Gran Bretaña. En el trimestre que terminó en junio de 1853,

| el número de defunciones fue de | 107.861 |
|---|---|
| y el número de nacimientos, de | 158.718 |
| Aumento neto de los nacimientos, en lo que respecta a los distritos registrados | 50.857 |
| El excedente de nacimientos sobre defunciones en el Reino Unido se calcula en | 79.820 |
| [Número de emigrantes en el trimestre] | [115.959] |
| Excedente de la emigración sobre el aumento de los nacimientos | 36.139[^8] |

La estadística anterior mostraba un excedente de la emigración sobre los nacimientos de solo 30.000.

La disminución de la población a consecuencia de la emigración coincide con un aumento sin precedentes de las fuerzas productivas y del capital. Cuando recordamos al cura Malthus negando a la emigración toda influencia de ese tipo y creyendo haber demostrado, con los cálculos más minuciosos, que las flotas unidas del mundo nunca bastarían para una emigración de tales proporciones que pudiera influir en modo alguno en el exceso de seres humanos, se nos desvela todo el misterio de la economía política moderna. Consiste sencillamente en transformar relaciones sociales transitorias, propias de una época determinada de la historia y correspondientes a un estado dado de la producción material, en leyes eternas, generales e inmutables, en leyes naturales, como ellos las llaman. La transformación completa de las relaciones sociales que resulta de las revoluciones y evoluciones del proceso de la producción material la consideran los economistas políticos una mera utopía. Ven los límites económicos de una época dada, pero no comprenden que esos límites están ellos mismos limitados y que tienen que desaparecer por la acción de la historia, igual que fueron creados por ella.

Las cuentas de comercio y navegación del semestre que terminó el 5 de julio de 1853, publicadas por la Junta de Comercio, muestran en general un gran aumento en comparación con las exportaciones, las importaciones y la navegación del periodo correspondiente del año 1852. La importación de bueyes, toros, vacas, terneros, ovejas y corderos ha aumentado considerablemente.

| La importación total de cereales ascendió, en el semestre que terminó el 5 de julio de 1852, a | 2.604.201 quarters |
|---|---|
| Pero en los meses correspondientes de 1853, a | 3.984.374 quarters |
| La importación total de harina y sémola ascendió, en el semestre de 1852, a | 1.931.363 quarters |
| Y en los meses correspondientes de 1853, a | 2.577.340 quarters |
| Importación total de café, 1852 | 19.397.185 libras |
| Importación total de café, 1853 | 21.908.954 libras |
| Importación total de vino, 1852 | 2.850.862 galones |
| Importación total de vino, 1853 | 4.581.300 galones |
| Importación total de huevos, 1852 | 64.418.591 unidades |
| Importación total de huevos, 1853 | 67.631.380 unidades |
| Importación total de patatas, 1852 | 189.410 quintales |
| Importación total de patatas, 1853 | 713.941 quintales |
| Importación total de lino, 1852 | 410.876 quintales |
| Importación total de lino, 1853 | 627.173 quintales |
| Importación total de seda en bruto, 1852 | 2.354.690 libras |
| Importación total de seda en bruto, 1853 | 2.909.733 libras |
| Importación total de algodón, 1852 | 4.935.317 quintales |
| Importación total de algodón, 1853 | 5.134.680 quintales |
| Importación total de lana (de ovejas y corderos), 1852 | 26.916.002 libras |
| Importación total de lana (de ovejas y corderos), 1853 | 40.189.398 libras |
| Importación total de cueros (curtidos), 1852 | 1.075.207 libras |
| Importación total de cueros (curtidos), 1853 | 3.604.769 libras |

Se registra una disminución en el cacao, el guano, el azúcar sin refinar, el té, etc. En cuanto a las exportaciones, encontramos:

| Las de manufacturas de algodón en 1852 | 11.386.491 £ |
|---|---|
| Las de manufacturas de algodón en 1853 | 13.155.679 |

En cuanto al hilo de algodón —y lo mismo vale para el hilo de lino y de seda—, encontramos que la *cantidad* exportada ha disminuido, pero que el *valor* declarado ha aumentado considerablemente.

| Manufacturas de lino, 1852 | 2.006.951 |
|---|---|
| Manufacturas de lino, 1853 | 2.251.260 |
| Manufacturas de seda, 1852 | 467.838 |
| Manufacturas de seda, 1853 | 806.419 |
| Manufacturas de lana, 1852 | 3.894.506 |
| Manufacturas de lana, 1853 | 4.941.357 |
| Loza, 1852 | 590.663 |
| Loza, 1853 | 627.218 |
| Manufacturas de vidrio, 1852 | 187.470 |
| Manufacturas de vidrio, 1853 | 236.797 |
| Mercería y sombrerería, 1852 | 884.324 |
| Mercería y sombrerería, 1853 | 1.806.007 |
| Ferretería y cuchillería, 1852 | 1.246.639 |
| Ferretería y cuchillería, 1853 | 1.663.302 |
| Maquinaria, 1852 | 476.078 |
| Maquinaria, 1853 | 760.288 |
| Barras, pernos y varillas de hierro, 1852 | 1.455.952 |
| Barras, pernos y varillas de hierro, 1853 | 2.730.479 |
| Hierro forjado, 1852 | 696.089 |
| Hierro forjado, 1853 | 1.187.059 |
| Alambre, 1852 | 42.979 |
| Alambre, 1853 | 106.610 |

En las importaciones de manufacturas, el mayor aumento se da en zapatos, botas y guantes, y la mayor disminución en vidrio, relojes, tejidos de lana y sedas de la India. En las exportaciones, el aumento es mayor en lino, sedas, lanas y metales. En cuanto a la importación de artículos de consumo, encontramos que, con excepción de los cereales y el ganado, el aumento en casi todos los artículos atestigua que el consumo interior de las clases altas y medias ha crecido en una proporción mucho mayor que el de las clases trabajadoras. Mientras, por ejemplo, el consumo de vino se ha duplicado, el de cacao, azúcar sin refinar y té ha retrocedido decididamente.

De 260 informes sobre las cosechas de trigo en todo el Reino Unido, solo 25 hablan de una cosecha buena y abundante, 30 de una cosecha mediana, y más de 200 la declaran mala y deficiente. Se espera que la avena, la cebada y las habas resulten menos desfavorables, porque la humedad las ha beneficiado, pero la patata está atacada por la enfermedad en todas partes del país. Los señores J. C. Sturge y Cía. observan en su última circular sobre la cosecha de trigo:

> «La cosecha de trigo será probablemente, en conjunto, la menos productiva desde 1816, y, a menos que la cosecha de 1854 sea muy temprana, podemos necesitar una importación de toda clase de grano y de cereales panificables mayor aún que la de 1847 —probablemente no menos de 15.000.000 de quarters—, pero nuestros precios actuales bastan para atraer importaciones de esa magnitud, a menos que Francia compita con nosotros en los mercados productores.»

En cuanto a una cosecha muy temprana en 1854, no parece haber grandes perspectivas, puesto que la experiencia ha mostrado que las malas cosechas suelen sucederse unas a otras igual que las buenas, y la serie de buenas cosechas desde 1848 ha sido ya inusualmente larga. Que Inglaterra obtendrá del extranjero un abastecimiento suficiente de grano es quizá bastante seguro; pero no cabe presumir que la exportación de sus manufacturas vaya a seguir el ritmo de las importaciones de cereales, como esperan los librecambistas. El probable exceso de las importaciones sobre las exportaciones irá acompañado, además, de una caída del consumo interior de manufacturas. Ya ahora la reserva metálica del Banco de Inglaterra disminuye semana tras semana y ha bajado a 17.759.107 £.

La Cámara de los Lores rechazó en su sesión del viernes pasado el proyecto de ley sobre las coaliciones de obreros (*Combination of Workmen Bill*), que había pasado por los Comunes. Este proyecto no era más que una nueva interpretación de la vieja ley de coaliciones de 1825,[^9] y pretendía, eliminando su terminología engorrosa y equívoca, poner a los obreros en un pie de mayor igualdad con sus patronos en lo que toca a la legalidad de la coalición. Los sentimentales lores, que se complacen en tratar a los obreros como a sus humildes clientes, se exasperan cada vez que esa chusma pide derechos en lugar de compasión. Los periódicos llamados radicales, por supuesto, se han apresurado a aprovechar esta ocasión para denunciar ante los proletarios a los lores como sus «enemigos hereditarios». Lejos de mí negarlo. Pero miremos ahora a esos radicales, a los «amigos naturales» de los obreros. Les conté en una carta anterior que los patronos hilanderos y fabricantes de Manchester estaban formando una asociación para resistir a las reivindicaciones de sus «brazos». Esta asociación se llama a sí misma «asociación con el fin de ayudar a la industria a regular la agitación entre los operarios del distrito de Manchester». Dice haberse formado con los siguientes fines:

> «1. El establecimiento de salarios para las diversas operaciones relacionadas con el hilado y el tejido, semejantes a los que se pagan en los demás distritos de la industria algodonera.

> »2. La protección mutua de sus miembros en el pago de dichos salarios frente a la resistencia que les opongan los operarios empleados por cada uno de ellos.

> »3. Asegurar a los propios operarios la ventaja de unos salarios adecuados y uniformes, que se les pagarán en toda la ciudad y sus alrededores.»

Para alcanzar estos fines han resuelto montar toda una organización, formando asociaciones locales de patronos hilanderos y fabricantes, con un comité central.

> «Resistirán a todas las demandas presentadas por *agrupaciones* de obreros de las fábricas, pues cualquier concesión que se les hiciera perjudicaría a los patronos, a los operarios y a la industria en general.»

No permitirán que la maquinaria montada por ellos y para ellos se vea contrarrestada por una maquinaria semejante montada por sus obreros. Se proponen reforzar el monopolio del capital con el monopolio de la coalición. Dictarán sus condiciones como cuerpo asociado. Pero los trabajadores solo podrán discutírselas a título individual. Atacarán en batalla campal, pero no se les podrá resistir más que en combate singular. Esta es la «competencia leal» tal como la entienden los radicales de Manchester y los librecambistas modelo.

En su sesión del 9 de agosto, la Cámara de los Lores tenía que decidir la suerte de tres proyectos de ley sobre Irlanda, aprobados por los Comunes tras diez meses de deliberación, a saber: el *Landlord and Tenant Bill* (proyecto de ley sobre propietarios y arrendatarios), que suprime las leyes sobre hipotecas que hoy son un obstáculo insalvable para la venta efectiva de las fincas pequeñas no comprendidas en la *Encumbered Estates Act* (ley de fincas gravadas);[^10] el *Leasing Powers Bill* (proyecto de ley sobre las facultades de arrendar), que enmienda y refunde más de sesenta leyes del Parlamento que prohíben celebrar arrendamientos por 21 años, que regula la indemnización del arrendatario por las mejoras en todos los casos en que existan contratos y que impide el sistema del subarriendo; y por último el *Tenant's Improvement Compensation Bill* (proyecto de ley de indemnización al arrendatario por las mejoras), que prevé una indemnización por las mejoras hechas por el arrendatario cuando no exista contrato alguno con el terrateniente y contiene una cláusula de aplicación retroactiva de esta disposición. La Cámara de los Lores no podía, naturalmente, objetar a la injerencia del Parlamento entre terrateniente y arrendatario, pues ella misma ha cargado el código, desde los tiempos de Eduardo IV hasta hoy, de actos legislativos sobre terratenientes y arrendatarios, y su existencia misma se funda en leyes que se inmiscuyen en la propiedad de la tierra, como por ejemplo la *ley de vinculaciones*. Esta vez los nobles lores, actuando como jueces en causa propia, se dejaron llevar por una pasión muy sorprendente en ese hospital de inválidos.

> «Un proyecto como el de indemnización a los arrendatarios», exclamó el conde de Clanricarde, «una violación y un desprecio tan completos de todos los contratos, nunca antes, a su juicio, se había presentado al Parlamento, ni había oído jamás de ningún gobierno que se hubiera atrevido a proponer una medida como la que se llevaba a cabo en las cláusulas retroactivas del proyecto.»

Los lores llegaron a amenazar a la Corona con retirarle su lealtad feudal y a hacerle entrever una rebelión de terratenientes en Irlanda.

> «La cuestión», observó el mismo noble, «tocaba de cerca... a *toda la cuestión de la lealtad* y la confianza de los propietarios de tierras de Irlanda en el gobierno de este país... Si veían tratar así la propiedad de la tierra en Irlanda, le gustaría saber qué iba a *asegurar su adhesión a la Corona y su obediencia a su supremacía*.»

¡Despacio, milord, despacio! ¿Qué iba a asegurar su obediencia a la supremacía de la Corona? Un juez de paz y dos policías. ¡Una rebelión de terratenientes en Gran Bretaña! ¿Se ha pronunciado alguna vez un anacronismo más monstruoso? Pero desde hace mucho tiempo los pobres lores solo viven de anacronismos. Naturalmente, se dan ánimos unos a otros para resistir a la Cámara de los Comunes y a la opinión pública.

> «Que sus señorías», dijo el viejo lord St. Leonards, «no aprueben medidas imperfectas como estas por evitar lo que se ha llamado una *colisión* con la otra Cámara, ni por popularidad, ni por una presión de fuera.» «Yo no pertenezco a ningún partido», exclamó el conde de Roden, «pero me interesa muchísimo el bienestar de Irlanda.»

Es decir, su señoría supone que a Irlanda le interesa muchísimo el bienestar del conde de Roden. «Esta no es una cuestión de partido, sino una cuestión de los lores», fue el grito unánime de la Cámara; y así era. Pero entre ambos partidos, lores whigs y lores tories, lores de la coalición y lores de la oposición, existía desde el principio un acuerdo secreto para echar abajo los proyectos, y toda la apasionada discusión fue una mera farsa representada en beneficio de los reporteros de los periódicos.

Esto quedará claro si recordamos que los proyectos que fueron objeto de tan acalorada controversia no los presentó el gabinete de coalición, sino el señor Napier,[^11] fiscal general de Irlanda en el ministerio Derby, y que los tories, en las últimas elecciones en Irlanda, invocaron el testimonio de estos proyectos que ellos habían presentado. El único cambio sustancial que la Cámara de los Comunes hizo en las medidas presentadas por el gobierno tory fue excluir del embargo las cosechas en pie. «Los proyectos no son los mismos», exclamó el conde de Malmesbury, y preguntó al duque de Newcastle si no le creía. «Desde luego que no», respondió el duque. «Pero entonces, ¿a quién creería usted?» «Al señor Napier», contestó el duque. «Pues bien», dijo el conde, «aquí hay una carta del señor Napier que afirma que los proyectos no son los mismos.» «Y aquí», dijo el duque, «hay otra carta del señor Napier que afirma que lo son.»

Si los tories hubieran seguido en el poder, los lores de la coalición se habrían opuesto a los proyectos sobre Irlanda. Estando en el poder la coalición, recayó en los tories la tarea de oponerse a sus propias medidas. La coalición, que había heredado de los tories estos proyectos y había introducido el partido irlandés en su propio gabinete, no podía, por supuesto, oponerse a ellos en la Cámara de los Comunes; pero estaba segura de que serían ahogados en la Cámara de los Lores. El duque de Newcastle opuso una débil resistencia, pero lord Aberdeen se declaró satisfecho con que los proyectos pasaran formalmente la segunda lectura y quedaran de hecho descartados para esta legislatura. Así se hizo. Lord Derby, jefe del ministerio anterior, y lord Lansdowne, presidente nominal del actual y al mismo tiempo uno de los mayores terratenientes de Irlanda, se las arreglaron prudentemente para estar ausentes por indisposición.

El mismo día la Cámara de los Comunes aprobó en tercera lectura el *Hackney Carriages Duties Bill* (proyecto de ley sobre el impuesto de los coches de alquiler), que renueva las tarifas oficiales del siglo XIV y acepta la cláusula propuesta por el señor F. Scully que somete a sanciones legales las huelgas de los propietarios de coches. No nos toca ahora resolver la cuestión de la intervención del Estado en los asuntos privados. Solo tenemos que hacer constar que esto ocurrió en una Cámara librecambista. Pero dicen que en el negocio de los coches de alquiler existe monopolio y no libre competencia. Curiosa lógica. Primero someten un oficio determinado a un impuesto, llamado licencia, y a reglamentos especiales de policía, y luego afirman que, en virtud precisamente de esas cargas que se le imponen, el oficio pierde su carácter de libre comercio y se transforma en un monopolio del Estado.

El *Transportation Bill* (proyecto de ley sobre la deportación) ha pasado también por la comisión. Salvo un pequeño número de penados que seguirán siendo deportados a Australia Occidental, este proyecto suprime la pena de deportación. Tras cierto periodo de prisión preliminar, los delincuentes recibirán en Gran Bretaña la libertad condicional, revocable, y después se les empleará en las obras públicas por salarios que fijará el gobierno. El objeto filantrópico de esta última cláusula es crear un excedente artificial en el mercado de trabajo, haciendo que el trabajo forzado de los penados compita con el trabajo libre; los mismos filántropos prohíben a los pobres de los asilos de trabajo toda clase de trabajo productivo por miedo a crear competencia al capital privado.

La *Press* de Londres, un semanario inspirado por el señor Disraeli y sin duda el periódico mejor informado en lo que a misterios ministeriales se refiere, hizo el sábado pasado, y por tanto antes de la llegada del despacho de Petersburgo, la siguiente curiosa afirmación:

> «Se nos informa de que, en sus círculos privados y confidenciales, los ministros declaran que no solo no hay ahora peligro de guerra, sino que el peligro, si alguna vez existió, quedó conjurado hace tiempo. Parece que la propuesta enviada formalmente a San Petersburgo... había sido aprobada previamente por el emperador; y mientras el gobierno británico adopta en público un tono que está ejerciendo una influencia perniciosa en el comercio del país, en privado trata el pánico como un engaño, se burla de toda idea de que alguna potencia haya contemplado nunca seriamente la guerra y habla del malentendido en cuestión "como de una cosa arreglada hace tres semanas". ¿Qué significa todo esto, cuál es el misterio de toda esta conducta?... Las propuestas que están ahora en San Petersburgo, y que el emperador aprobó antes de que se enviaran a San Petersburgo, suponen una concesión completa de Turquía a Rusia de todas aquellas demandas cuyo rechazo provocó la presente guerra entre estos dos países. La Puerta resistió a esas demandas por consejo y a instancias especiales de Inglaterra y de Francia. Por consejo y a instancias especiales de Inglaterra y de Francia, según este proyecto, ahora se va a acceder a ellas... Hay algún cambio de forma..., pero ese cambio no tiene nada de sustancial... El emperador de Rusia, al establecer virtualmente el protectorado sobre la gran masa de la población de la Turquía europea, declarará que al hacerlo no desea impugnar los derechos soberanos del sultán. ¡Magnánima concesión!»

Se supone que la realeza es en Gran Bretaña un poder solo nominal, suposición que explica la paz que todos los partidos guardan con ella. Si preguntaran ustedes a un radical por qué su partido se abstiene de atacar las prerrogativas de la Corona, les contestaría: es un mero adorno del Estado que no nos importa. Les diría que la reina Victoria solo una vez se ha atrevido a tener voluntad propia, en la época de la famosa catástrofe de las damas de cámara, cuando se empeñó en conservar su *entourage* femenino whig, pero se vio obligada a ceder ante sir Robert Peel y a despedirlo.[^12] Diversas circunstancias relacionadas con la cuestión de Oriente —la inexplicable política del ministerio, las denuncias de los periódicos extranjeros y la llegada sucesiva de príncipes y princesas rusos en un momento en que se suponía a Inglaterra en vísperas de una guerra con el autócrata— han dado crédito, sin embargo, al rumor de que durante toda la crisis de Oriente ha existido una conspiración de la corte con Rusia, que sostiene en el cargo al bueno del viejo Aberdeen, paraliza la vistosa alianza con Francia y contrarresta la resistencia oficial a las usurpaciones rusas. Se alude a la contrarrevolución portuguesa, que una flota inglesa impuso en el solo interés de la familia Coburgo.[^13] Se repite que también lord Palmerston fue destituido del Foreign Office a consecuencia de intrigas de la corte.[^14] Se alude a la notoria amistad entre la reina y la duquesa de Orleans.[^15] Se recuerda que el príncipe consorte es un Coburgo y que el tío de la reina es otro Coburgo, muy interesado, como rey de Bélgica y como yerno de Luis Felipe, en la caída de Bonaparte, y recibido oficialmente en el círculo de la Santa Alianza por el matrimonio de su hijo con una archiduquesa austriaca.[^16] Por último, se contrapone el recibimiento que encuentran los huéspedes rusos al encarcelamiento y las vejaciones que han sufrido hace poco viajeros ingleses en Rusia.

El *Siècle* de París denunció hace algunas semanas a la corte inglesa. Un periódico alemán se detuvo en la conspiración Coburgo-Orleans, que, por intereses de familia, había impuesto al ministerio inglés, por medio del rey Leopoldo y del príncipe Alberto, una línea política peligrosa para las naciones occidentales y favorable a las intenciones secretas de Rusia. La *Nation* de Bruselas publicó una larga relación de un consejo de gabinete celebrado en Londres en el que la reina había declarado formalmente que Bonaparte, con sus pretensiones sobre los Santos Lugares, había sido la única causa de las complicaciones actuales, que el emperador de Rusia quería humillar menos a Turquía que a su rival francés y que ella nunca daría su real asentimiento a una guerra contra Rusia en interés de un Bonaparte.

A estos rumores ha aludido con delicadeza el *Morning Advertiser*, y han encontrado un eco ruidoso en el público y uno cauteloso en la prensa semanal.

> «Sin querer», dice *The Leader*, «dar interpretaciones demasiado amplias, observemos sencillamente los hechos. La gran duquesa Olga ha venido a Inglaterra con su marido y con su hermana, la duquesa de Leuchtenberg, la hija más diplomática del emperador.[^17] La ha recibido el barón Brunnow[^18] y... es acogida enseguida *en la corte* y rodeada por los representantes de la buena sociedad de Inglaterra, entre los que figura lord Aberdeen...»

Hasta *The Examiner*, el primero de los semanarios de primera fila de Londres, anuncia la llegada de estos huéspedes bajo la lacónica rúbrica de «*Más rusos*». En uno de sus artículos de fondo encontramos la observación:

> «No existe ya razón alguna en el mundo para que la Sociedad de la Paz no vuelva a presentarse ante el público en la forma más acreditada, *bajo el patronazgo de Su Alteza Real el príncipe Alberto*.»

Una alusión más directa no es admisible en un periódico de la categoría de *The Examiner*. Termina el artículo del que cito contraponiendo la monarquía inglesa a la república transatlántica:

> «Si los americanos ambicionan ocupar el lugar que nosotros ocupamos en otro tiempo en Europa, no es asunto nuestro. Que recojan el honor presente y la ventaja final de hacer cumplir el derecho de gentes y de ser venerados como protectores de los débiles contra los... fuertes. Inglaterra está contenta con tal de que los consolidados estén a la par y sus propias costas... a salvo de cualquier ataque inmediato de un ejército extranjero.»

Al proponerse una partida de 5.820 £ para sufragar las obras, reparaciones, mobiliario, etc., de la residencia del embajador británico en París durante el año que termina el 31 de marzo de 1854, el señor Wise preguntó qué había sido de las 1.100 £ anuales votadas durante los últimos treinta años para mantener en buen estado la residencia del embajador británico en París. Sir William Molesworth[^19] se vio obligado a reconocer que el dinero público se había empleado mal y que, según el arquitecto Albano, enviado por el gobierno a París, la residencia del embajador británico se encontraba en un estado ruinoso. La galería que rodea la casa se había hundido; los muros estaban en decadencia; la casa no se había pintado desde hacía varios años; las escaleras no eran seguras; los pozos negros exhalaban un hedor de lo más ofensivo; las habitaciones estaban llenas de bichos que corrían por las mesas, y había gusanos por todas partes en los muebles y las cortinas, mientras que las alfombras estaban manchadas por la suciedad de perros y gatos.

El *Smoke Nuisance Suppression Bill* (proyecto de ley para la supresión de las molestias del humo) de lord Palmerston ha pasado la segunda lectura. Una vez aprobada esta medida, la metrópoli adquirirá un nuevo aspecto, y no quedarán casas sucias en Londres, salvo la Cámara de los Lores y la Cámara de los Comunes.

*Karl Marx*

[^1]: Fondeadero a la entrada de los Dardanelos donde las escuadras británica y francesa anclaron en junio de 1853, sin entrar en los estrechos.
[^2]: Alusión a las revistas militares de 1850, sobre todo la de Satory, en las que Luis Bonaparte, entonces presidente, hizo repartir a los soldados salchichas, vino y cigarros.
[^3]: «Ministry of All the Talents»: apodo del gobierno de coalición de lord Grenville (1806-1807), aplicado también al gabinete de coalición de lord Aberdeen formado en diciembre de 1852.
[^4]: Peter von Meyendorff (1796-1863), embajador de Rusia en Viena.
[^5]: Mustafá Reshid Bajá (1800-1858), ministro de Asuntos Exteriores del Imperio otomano en 1853.
[^6]: Karl Robert Nesselrode (1780-1862), canciller y ministro de Asuntos Exteriores de Rusia.
[^7]: Lord Westmorland (John Fane, 1784-1859).
[^8]: La fila entre corchetes falta en la transcripción inglesa y se da según la versión alemana de la MEW, que trae además 79.800 y 36.159 en lugar de 79.820 y 36.139.
[^9]: Ley de 1825 que, tras la derogación de las *Combination Acts* en 1824, volvió a restringir las coaliciones obreras: las toleraba para tratar de salarios y horas, pero castigaba la «intimidación» y la «obstrucción».
[^10]: Ley de 1849 que facilitaba la venta forzosa de las fincas irlandesas cargadas de deudas.
[^11]: Joseph Napier (1804-1882), fiscal general de Irlanda en el gobierno de lord Derby de 1852.
[^12]: La llamada crisis de las damas de cámara (*Bedchamber crisis*) de mayo de 1839: la reina se negó a sustituir a sus damas whigs, como pedía Peel, y este renunció a formar gobierno; Peel no llegó al poder hasta 1841.
[^13]: En 1847 una escuadra británica intervino, junto con España, en la guerra civil portuguesa a favor de la reina María II, casada con Fernando de Sajonia-Coburgo.
[^14]: Palmerston tuvo que dejar el Foreign Office en diciembre de 1851, tras aprobar por su cuenta el golpe de Estado de Luis Bonaparte.
[^15]: Helena de Mecklemburgo-Schwerin, viuda del duque Fernando de Orleans, hijo mayor de Luis Felipe.
[^16]: Leopoldo I, rey de los belgas, tío de la reina Victoria y del príncipe Alberto, estaba casado con Luisa de Orleans, hija de Luis Felipe. Su hijo, el futuro Leopoldo II, se casó en 1853 con la archiduquesa María Enriqueta de Austria.
[^17]: Olga Nikoláievna, hija de Nicolás I, casada con el príncipe heredero Carlos de Wurtemberg; su hermana María Nikoláievna era duquesa de Leuchtenberg.
[^18]: Philipp von Brunnow (1797-1875), embajador de Rusia en Londres.
[^19]: Sir William Molesworth (1810-1855), primer comisario de Obras Públicas en el gabinete Aberdeen.
