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Title: La guerra santa (1853)
Description: Editorial de Engels para el New-York Daily Tribune sobre el comienzo de la guerra en el Danubio y, sobre todo, sobre el teatro de la guerra en Asia: la geografía militar de la frontera del Cáucaso, la importancia de Batum y de las flotas, y las posibilidades de una ofensiva turca enlazada con la insurrección de los montañeses.
Author: Friedrich Engels
Date: 1853-10-27
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1853%20La%20guerra%20santa
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*Escrito en inglés por Friedrich Engels hacia el 27 de octubre de 1853 y publicado sin firma, como editorial, en el* New-York Daily Tribune*, núm. 3925, del 15 de noviembre de 1853. Traducido del original inglés según la edición de* The Eastern Question *(Londres, 1897), que lo atribuye a Marx, cotejado con la versión alemana de la MEW (Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 9, Berlín, 1960, pp. 442-446), que lo da como obra de Engels, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en inglés](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1853%20The%20Holy%20War).*

Por fin ha empezado la guerra en el Danubio: una guerra de fanatismo religioso por ambas partes, de ambición tradicional en los rusos, de vida o muerte en los turcos. Como era de esperar, Omer Bajá ha sido el primero en emprender hostilidades efectivas; su deber le obligaba a hacer alguna demostración de expulsar por la fuerza a los invasores del territorio otomano; pero no es en modo alguno seguro que haya lanzado de treinta a cincuenta mil hombres al otro lado del Danubio, como se rumorea desde Viena, y hay razones para temer que, si lo ha hecho, ha cometido un error fatal. En la orilla que deja tiene amplios recursos de defensa y una buena posición; en la orilla que busca tiene menor poder de ataque y ninguna retirada en caso de desastre. Hay que dudar, por tanto, de la noticia de que haya cruzado con fuerzas tan numerosas mientras no lleguen informaciones más seguras.

Si la lucha en Europa ha empezado en circunstancias desfavorables para los turcos, en Asia sucede otra cosa. Allí los territorios fronterizos de Rusia y Turquía se dividen, desde el punto de vista militar, en dos teatros de operaciones completamente distintos. La alta cresta, o más bien la concatenación de crestas, que une el Cáucaso con la meseta de Armenia central y separa las aguas que corren hacia el mar Negro de las que el Araxes lleva al mar Caspio o el Éufrates al golfo Pérsico; esa cresta, que antiguamente separaba Armenia del Ponto, es la que forma ahora la divisoria entre los dos distritos distintos en que ha de librarse la guerra. Esta cadena de rocas escarpadas y en general peladas la atraviesan muy pocos caminos, de los cuales los dos principales son los que van de Trebisonda y de Batum a Erzurum. Así, para todo fin militar, puede considerarse que esas montañas son casi impracticables, y obligan a ambas partes a tener cuerpos distintos a un lado y a otro, que operan con más o menos independencia entre sí.

La región de la costa del mar Negro está cortada por varios ríos y torrentes de montaña, que forman otras tantas posiciones militares para la defensa. Tanto los rusos como los turcos tienen puestos fortificados en puntos importantes. En esta región, en general accidentada (el valle del río Rion es el único que forma algo parecido a una llanura), podría sostenerse con gran éxito una guerra defensiva contra un ejército superior (pues, a causa de las montañas, muy pocas posiciones pueden ser envueltas por el lado de tierra), si no fuera por la cooperación de las flotas respectivas. Avanzando y, si es preciso, desembarcando tropas sobre el flanco del enemigo mientras el ejército lo entretiene de frente, una flota podría envolver todas estas fuertes posiciones una tras otra y neutralizar, si no destruir, unas fortificaciones que, a ninguno de los dos lados de la frontera, son muy respetables. Así, la posesión de la costa del mar Negro pertenece a quien sea dueño del mar; o, dicho de otro modo, a menos que las flotas aliadas cooperen activamente con los turcos, pertenecerá con toda probabilidad a los rusos.

La región del interior, del lado de tierra adentro de las montañas, comprende el territorio en que nacen el Éufrates, el Araxes y el Kurá (Ciro); la provincia turca de Armenia está a un lado de la frontera, la provincia rusa de Georgia al otro. También esta región es sumamente montañosa y en general impracticable para los ejércitos. Puede decirse que Erzurum por parte de los turcos y Tiflis por parte de los rusos son las dos bases inmediatas de operaciones, con cuya pérdida se perdería inevitablemente la posesión de todo el país circundante. Así, la toma de Erzurum por los rusos decidió la campaña asiática de 1829.[^1]

Pero lo que es base inmediata de operaciones para una parte será objetivo directo de operaciones para la otra. Así, los caminos que unen Tiflis y Erzurum serán las líneas de operaciones de ambas. Hay tres caminos: uno por el alto Kurá y Ajaltsije, otro por el alto Araxes y Ereván, y el tercero, entre los dos, a través de las montañas por Kars. Todos estos caminos están guardados a uno y otro lado por ciudades y puestos fortificados, y sería difícil decir cuál sería el más conveniente para los turcos o para los rusos. Baste decir que el camino de Ajaltsije es el que llevaría más directamente a un ejército turco a los distritos insurrectos del Cáucaso, pero que ese mismo avance de los turcos podría ser envuelto por un cuerpo ruso que avanzara desde Batum, remontando el valle del Çoruh, por Olti sobre Erzurum; el camino de Batum se une al de Tiflis a solo unas quince millas de Erzurum, lo que permitiría a un cuerpo ruso que avanzara en la dirección indicada cortar las comunicaciones de los turcos y, si era lo bastante fuerte, apoderarse incluso de Erzurum, cuyas fortificaciones son de carácter meramente asiático e incapaces de una resistencia seria.

La llave del teatro de la guerra en Asia, y a ambos lados de las montañas, es, pues, Batum, y si se considera esto, así como su importancia comercial, no ha de extrañarnos el empeño que siempre ha puesto el zar en apoderarse de él. Y Batum es la llave del teatro de la guerra, o mejor dicho de toda la Turquía asiática, porque domina el único camino practicable de la costa al interior, un camino que envuelve todas las posiciones turcas situadas delante de Erzurum. Y aquella de las dos flotas del mar Negro que haga retroceder a la otra hasta sus puertos dominará Batum.

Los rusos son perfectamente conscientes de la importancia de este puesto. Han enviado refuerzos por tierra y por mar a la costa transcaucásica. Hace poco podía creerse que los turcos, si eran más débiles en Europa, gozaban en Asia de una clara superioridad. Se decía que Abdi Bajá, que manda el ejército de Asia, había reunido 60.000 u 80.000, o incluso 120.000 hombres, y que enjambres de beduinos, kurdos y otros irregulares belicosos acudían a diario a su bandera. Se decía que había armas y municiones almacenadas para los insurrectos del Cáucaso y que, en cuanto se declarara la guerra, se avanzaría hasta el corazón mismo de esos centros de resistencia a Rusia. Convendrá, sin embargo, observar que Abdi Bajá no puede tener en ningún caso más de unos 30.000 hombres de tropas regulares, y que antes de llegar al Cáucaso tendrá que enfrentarse con ellas, y solo con ellas, a la tenaz resistencia de los batallones rusos. Sus jinetes beduinos y kurdos pueden ser excelentes para la guerra de montaña, para obligar a los rusos a hacer grandes destacamentos y a debilitar su cuerpo principal; pueden causar mucho daño a las aldeas georgianas y de colonos del territorio ruso, e incluso abrir alguna especie de comunicación secreta con los montañeses del Cáucaso. Pero si las tropas regulares de Abdi Bajá no son capaces de cerrar el camino de Batum a Erzurum y de derrotar el núcleo de ejército activo que los rusos consigan reunir, el éxito de los irregulares será muy efímero. El apoyo de un ejército regular es hoy necesario para el progreso de toda guerra insurreccional o irregular contra un ejército regular poderoso. La posición de los turcos en esta frontera sería parecida a la de Wellington en España,[^2] y está por ver si Abdi Bajá sabrá administrar sus recursos tan bien como lo hizo el general británico frente a un enemigo decididamente superior a él en la guerra regular y en los medios de hacerla. En 1829 las fuerzas rusas en Asia no pasaban ante Erzurum de 18.000 hombres, y teniendo en cuenta las mejoras que desde entonces se han introducido en el ejército turco (aunque el de Asia es el que menos ha participado de ellas), diríamos que los rusos tendrían buenas posibilidades de éxito si ahora pudieran reunir 30.000 hombres en un solo cuerpo ante la misma plaza.

Si podrán hacerlo o no, ¿quién puede decidirlo en este momento, cuando del ejército ruso de Asia se conocen todavía menos hechos reales y se propalan aún más rumores ociosos que del de Europa? El ejército del Cáucaso se calcula oficialmente en 200.000 hombres con todos sus efectivos; 21.000 cosacos del mar Negro han marchado hacia la frontera turca; se dice que varias divisiones se han embarcado en Odesa con destino a Redut Kale, en la costa caucásica meridional. Pero todo el mundo sabe que el ejército del Cáucaso no cuenta la mitad de sus efectivos oficiales, que los refuerzos enviados al otro lado del Cáucaso no pueden tener, por razones evidentes, la fuerza que les atribuyen los periódicos rusos, y con las noticias contradictorias que recibimos nos es absolutamente imposible hacer nada parecido a una estimación de las fuerzas rusas en la frontera asiática. Pero esto sí podemos decir: que con toda probabilidad las fuerzas de ambas partes (dejando aparte una insurrección general inmediata de los caucásicos) estarán bastante equilibradas, que los turcos serán quizá algo más fuertes que los rusos y que, por tanto, en este teatro de la guerra tendrán pleno derecho a emprender operaciones *ofensivas*.

Las posibilidades de los turcos son, en efecto, mucho más alentadoras en Asia que en Europa. En Asia no tienen más que *un* puesto importante que guardar, Batum; y un avance hacia el Cáucaso, sea desde Batum o desde Erzurum, les abre, en caso de éxito, una comunicación directa con sus aliados, los montañeses, y puede cortar de golpe la comunicación, al menos por tierra, del ejército ruso del sur del Cáucaso con Rusia, resultado que puede llevar a la destrucción completa de ese ejército. Por otra parte, si son derrotados, los turcos se arriesgan a perder Batum, Trebisonda y Erzurum; pero aun en ese caso los rusos no serán entonces lo bastante fuertes para avanzar más. Las ventajas superan con mucho la pérdida que habría que sufrir en caso de derrota; y por eso, por razones sólidas y satisfactorias, los turcos parecen haberse decidido por la guerra ofensiva en esas regiones.

[^1]: En la guerra ruso-turca de 1828-1829 el ejército del Cáucaso, mandado por Paskévich, tomó Erzurum en julio de 1829.
[^2]: En la guerra de la Independencia española (1808-1814) Wellington combinó la acción de su ejército regular angloportugués con la guerra de guerrillas española.
