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Title: La insurrección italiana — Política británica (1853)
Description: Crónica de Marx para el New-York Daily Tribune: las primeras noticias del levantamiento de Milán del 6 de febrero de 1853, la amnistía engañosa de Luis Napoleón y la apertura del Parlamento, donde el ministerio de coalición presenta como programa no hacer nada y cobrar sus sueldos.
Author: Karl Marx
Date: 1853-02-11
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1853%20La%20insurrecci%C3%B3n%20italiana%20-%20Pol%C3%ADtica%20brit%C3%A1nica
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*Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 11 de febrero de 1853 y publicado en el* New-York Daily Tribune*, núm. 3701, del 25 de febrero de 1853. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de la MEW (Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 8, Berlín, 1960, pp. 521-525), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1853%20Der%20italienische%20Aufstand%20-%20Britische%20Politik).*

Londres, viernes 11 de febrero de 1853

El marasmo político que ha reinado aquí tanto tiempo al amparo de la niebla más espesa del mundo se disipó de repente cuando llegaron de Italia noticias revolucionarias. El telégrafo eléctrico transmitió la noticia de que el día 6 había estallado una insurrección en Milán; de que se habían fijado dos proclamas, una de Mazzini y otra de Kossuth, en las que se llamaba a los húngaros del ejército austriaco a unirse a los revolucionarios; de que la insurrección había sido sofocada primero, pero había vuelto a empezar después; de que los austriacos destacados en el arsenal habían sido degollados, etc.; de que las puertas de Milán se habían cerrado. Es verdad que la prensa francesa publica otros dos despachos, de Berna, fechado el 8, y de Turín, del 9, en los que se informa de que el levantamiento fue definitivamente aplastado el 7. Pero los amigos de Italia consideran un indicio favorable que desde hace dos días no haya llegado ninguna noticia directa al Foreign Office inglés.

En París corren rumores de que en Pisa, Lucca y otras ciudades reina gran agitación.

En Turín, el ministerio se reunió precipitadamente, a raíz de una comunicación del cónsul austriaco, para deliberar sobre el estado de los asuntos en Lombardía. Era el 9 de febrero cuando la primera noticia llegó a Londres; ese día es, curiosamente, también el aniversario de la proclamación de la República Romana en 1849, de la decapitación de Carlos I en 1649 y del destronamiento de Jacobo II en 1689.[^1]

Las posibilidades de la actual insurrección de Milán son escasas si algunos regimientos austriacos no se pasan a los insurrectos. Espero que, gracias a cartas privadas de Turín que aguardo de un día para otro, me sea posible describir con detalle todo el suceso.

Sobre la índole de la amnistía que Luis Napoleón concedió hace poco se han publicado diversas declaraciones en nombre de los refugiados franceses. Victor Frondes (antiguo oficial) declara en *La Nation*, un periódico de Bruselas, que leyó con asombro su nombre en la lista de amnistiados; él se había amnistiado a sí mismo ya hacía cinco meses, escapándose de Argel.

El *Moniteur*[^2] anunció primero que se amnistiaría a 3.000 desterrados y que solo 1.200 ciudadanos seguirían bajo la proscripción. Unos días después, la misma autoridad proclamó que se había indultado a 4.312 personas, de modo que Luis Napoleón habría perdonado a 100 personas más de las que había condenado. A París y el departamento del Sena correspondían por sí solos 4.000 desterrados. De ellos, solo 226 están incluidos en la amnistía. El departamento del Hérault contaba 2.611 desterrados, de los que se ha amnistiado a 299. El departamento del Nièvre dio 1.478 víctimas, entre ellas 1.100 padres de familia con tres hijos por término medio; de ellas se ha amnistiado a 180. En el departamento del Var, de 2.181 desterrados vuelven a estar en libertad 687. De los 1.200 republicanos deportados a Cayena solo se ha indultado a unos pocos, y precisamente a los que ya se habían escapado de esa colonia penitenciaria. El número de los deportados a Argelia y ahora liberados es grande, desde luego, pero no guarda ninguna proporción con el número enorme de los enviados a África, que, según se dice, asciende a 12.000. Los refugiados que viven ahora en Inglaterra, Bélgica, Suiza y España están, con muy pocas excepciones, completamente excluidos de la amnistía. Por otro lado, la lista de amnistiados contiene un gran número de personas que nunca abandonaron Francia o a las que hace tiempo se les permitió volver; incluso hay nombres que figuran varias veces en las listas. Pero lo más odioso es que las listas están llenas de nombres de numerosas personas que, como es bien sabido, fueron masacradas en las sangrientas *battues*[^3] de diciembre.

Ayer comenzó la nueva legislatura del Parlamento. Como digna introducción a las futuras hazañas del ministerio del reino milenario, se representó en la Cámara de los Lores la siguiente escena: el conde de Derby preguntó al conde de Aberdeen qué propuestas pensaba presentar el gobierno al Parlamento, a lo que este respondió que ya había expuesto sus principios en una ocasión anterior y que sería improcedente repetirlos; además, toda nueva declaración sería prematura antes del anuncio que correspondía hacer a la Cámara de los Comunes. Y entonces se desarrolló un diálogo muy curioso, en el que el conde de Derby hablaba y el conde de Aberdeen se limitaba a asentir con la cabeza:

> *El conde de Derby*: «Quisiera preguntar al noble lord qué propuestas piensa presentar a los lores en el curso de la legislatura.»

> Como tras una pausa de varios segundos no se había levantado ningún noble lord: «¿Significa el silencio que no hay propuestas?» (Risas.)

> *El conde de Aberdeen* murmura algo ininteligible.

> *El conde de Derby*: «¿Puedo permitirme preguntar qué propuestas se van a presentar a esta Cámara?»

> No hay respuesta.

> Como el lord canciller planteó entonces la cuestión del aplazamiento, los lores levantaron la sesión.

Si pasamos de la Cámara de los Lores a la «muy leal Cámara de los Comunes de Su Majestad», comprobaremos que el conde de Aberdeen expuso con su silencio el programa del ministerio de manera mucho más acertada que lord John Russell anoche con su largo y solemne discurso. Su breve resumen: «No propuestas, sino hombres»; aplazamiento por un año de todas las cuestiones importantes para el Parlamento y pago puntualísimo de los sueldos de los ministros reales durante ese tiempo. Lord John Russell vistió las intenciones del gobierno más o menos con estas palabras:

> «En cuanto al número de tropas que haya que aprobar para el ejército, la marina y la artillería, no habrá ningún aumento sobre el número aprobado antes de las vacaciones de Navidad. En cuanto al importe de las distintas sumas presupuestadas, se encontrará un aumento considerable respecto a las partidas del año anterior... Se presentará un proyecto de ley que facultará a la legislatura canadiense para disponer de las reservas de tierras eclesiásticas en Canadá... El ministro de Comercio presentará una propuesta para regular el servicio de prácticos... Se suprimirán las incapacidades que pesan sobre los súbditos judíos de Su Majestad... Se harán propuestas sobre la enseñanza, aunque no estoy en condiciones de decir que pueda presentarles en nombre del gobierno un proyecto muy grande sobre este asunto. Contendrá reformas de la enseñanza para las clases más pobres y propuestas para las universidades de Oxford y Cambridge... Cesarán las deportaciones a Australia... Se presentará un proyecto de ley para regular las penas secundarias... Inmediatamente después de las vacaciones de Pascua, o en todo caso lo antes posible, el ministro de Hacienda presentará el presupuesto de este año... El lord canciller expondrá dentro de pocos días las propuestas que piensa presentar para mejorar el procedimiento judicial... El secretario para Irlanda tiene la intención de proponer dentro de unos días la formación de una comisión de investigación que se ocupe de la cuestión de los terratenientes y los arrendatarios en Irlanda... Los ministros se esforzarán con ahínco por conseguir la renovación del impuesto sobre la renta para este año sin que haya más debates ni discusiones.»

Respecto a la reforma parlamentaria, lord John Russell declara que quizá se tome en consideración en la próxima legislatura. Es decir, que ahora no hay reforma. Más aún: Johnny se esforzó al máximo en negar la pretensión de que hubiera prometido nunca proponer una reforma parlamentaria más liberal que su proyecto de la última legislatura. Incluso se indignó mucho de que se le atribuyeran declaraciones de ese tenor. Nunca había dicho ni querido decir nada semejante. Tampoco promete en absoluto que el proyecto que piensa presentar en la próxima legislatura vaya a ser tan amplio como el de 1852. Sobre el soborno y la corrupción dijo:

> «Considero preferible reservarme todavía mi opinión sobre si son necesarias nuevas medidas para poner freno al soborno y la corrupción. Solo digo que el asunto es de la mayor importancia.»

Es imposible describir el frío asombro con que la Cámara de los Comunes acogió este discurso de John el Definitivo.[^4] Es difícil decir qué fue mayor, la perplejidad de sus amigos o el júbilo de sus enemigos. Pero todos parecieron considerar el discurso como una refutación completa del principio de Lucrecio *nil de nihilo fit*.[^5] Lord John, al menos, hizo algo de la nada, a saber, un discurso árido, largo y muy aburrido.

Hasta ahora se suponía que había dos puntos con los que los ministros querían mantenerse o caer: una nueva regulación del impuesto sobre la renta y un nuevo proyecto de reforma electoral. Sobre el impuesto sobre la renta, se propone mantenerlo un año más en su forma actual. Sobre la reforma electoral, aun en las dimensiones que convienen a los whigs, se declara que los ministros solo la presentarán con la condición de seguir todavía un año entero en el cargo. Exactamente así rezaba el programa del último ministerio Russell, menos la reforma electoral. Incluso el debate financiero se aplaza hasta después de Pascua, de modo que los ministros puedan cobrar en todo caso sus sueldos trimestrales.

Las distintas propuestas de reforma están tomadas casi todas del programa de Disraeli. Así, por ejemplo, la mejora del procedimiento judicial, la supresión de la deportación a Australia, el proyecto de ley sobre los prácticos, la comisión para regular la cuestión del derecho de los arrendatarios, etc. Los únicos puntos que proceden propiamente del actual ministerio son la reforma propuesta de la enseñanza, que, según aseguró lord John, no será mayor que él mismo,[^6] y la supresión de las restricciones legales que afectan al barón Lionel Rothschild.[^7] Es dudoso que el pueblo inglés quede muy satisfecho de que se extienda el derecho electoral a un usurero judío que fue notoriamente uno de los cómplices del golpe de Estado bonapartista.

Esta desfachatez de un ministerio formado por dos partidos que fueron completamente derrotados en las últimas elecciones generales sería difícil de explicar si no se tuviera en cuenta que todo nuevo proyecto de reforma electoral exigiría la disolución de la actual Cámara de los Comunes, cuya mayoría se aferra a unos escaños comprados caros y ganados por estrecho margen.

Nada más delicioso que la manera en que *The Times* intenta consolar a sus lectores:

> «La próxima legislatura no es ni de lejos tan insegura como el día de *mañana*; porque el mañana depende no solo de la voluntad, sino incluso de la vida del que lo aplaza; pero, si el mundo sigue existiendo, la próxima legislatura llegará con toda seguridad. Aplácese, pues, toda la reforma parlamentaria a la próxima legislatura y déjese en paz al ministerio durante un año.»

Por mi parte, pienso que es muy ventajoso para el pueblo que, con la actual inercia de la opinión pública y «a la fría sombra de un gabinete aristocrático de coalición», los ministros no le *impongan* ningún proyecto de reforma electoral. No hay que olvidar que lord Aberdeen fue miembro del gabinete tory que en 1830 se negó a aceptar la más mínima reforma.[^8] Las reformas nacionales tienen que conquistarse mediante la agitación nacional; no hay que deberlas a la gracia de un lord Aberdeen.

Para terminar, quiero mencionar todavía que en una reunión extraordinaria del comité general de la *Asociación Nacional para la Protección de la Industria y el Capital Británicos*,[^9] celebrada el lunes pasado bajo la presidencia del duque de Richmond en la South Sea House, esta sociedad, sabiamente, decidió disolverse.

*Karl Marx*

[^1]: La República Romana se proclamó el 9 de febrero de 1849; Carlos I fue ejecutado el 30 de enero de 1649; la Convención declaró vacante el trono de Jacobo II en febrero de 1689.

[^2]: *Le Moniteur universel*, diario oficial del gobierno francés.

[^3]: Batidas de caza. Alusión a la represión que siguió al golpe de Estado del 2 de diciembre de 1851.

[^4]: *Finality John*, apodo que se dio a Russell por haber declarado en 1837 que la reforma electoral de 1832 era definitiva.

[^5]: «Nada sale de la nada» (Lucrecio, *De rerum natura*, I, 150 ss.).

[^6]: Russell era de muy baja estatura.

[^7]: Lionel de Rothschild (1808-1879), banquero, elegido diputado por la City de Londres en 1847, no pudo ocupar su escaño hasta 1858 porque se negaba a prestar el juramento «como verdadero cristiano».

[^8]: El gabinete del duque de Wellington, en el que Aberdeen era ministro de Asuntos Exteriores.

[^9]: Asociación proteccionista de los terratenientes, partidaria de restablecer los aranceles sobre el grano.
