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Title: La subida de los precios del grano — El cólera — Huelgas — El movimiento de los marineros (1853)
Description: Crónica de Marx para el New-York Daily Tribune: la carestía del grano en Europa, el cólera, la ola de huelgas en Londres, el conflicto de los policías con su jefe y la declaración de los marineros británicos contra la ley que abre el cabotaje a los extranjeros.
Author: Karl Marx
Date: 1853-08-30
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1853%20La%20subida%20de%20los%20precios%20del%20grano%20-%20El%20c%C3%B3lera%20-%20Huelgas%20-%20El%20movimiento%20de%20los%20marineros
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*Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 30 de agosto de 1853 y publicado en el* New-York Daily Tribune*, núm. 3873, del 15 de septiembre de 1853. El original inglés completo no tiene hoy fuente libre (el Marx-Engels Internet Archive solo trae un extracto): se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 9 (Berlín, 1960, pp. 297-299), sin su aparato editorial, cotejada con ese extracto, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1853%20Steigen%20der%20Kornpreise%20-%20Cholera%20-%20Streiks%20-%20Seeleutebewegung).*

Londres, martes 30 de agosto de 1853

La *Breslauer Zeitung* informa de que se ha prohibido definitivamente la exportación de grano de Valaquia.

Hay por el momento una cuestión algo más importante que resolver que la de Oriente, a saber, la de las subsistencias. Los precios del grano han subido en Königsberg, Stettin, Danzig, Rostock, Colonia, Hamburgo, Rotterdam, Amberes y, naturalmente, en todos los mercados de importación. En los principales mercados provinciales de Inglaterra el trigo ha subido de 4 a 6 chelines por quarter. La continua subida de los precios del trigo y del centeno en Bélgica y en Francia, y el encarecimiento del pan que provoca, causan gran preocupación. El gobierno francés compra grano en Inglaterra, en Odesa y en los países del Báltico. Los informes definitivos sobre la cosecha en Inglaterra no se darán a conocer hasta la semana que viene. La enfermedad de la patata está aquí más extendida que en Irlanda. Todos los gobiernos de Italia, incluido el de Lombardía, han prohibido la exportación de grano.

La semana pasada se dieron en Londres algunos casos comprobados de cólera asiático. Sabemos también que el cólera ha llegado ahora a Berlín.

La lucha entre el trabajo y el capital, entre los salarios y los beneficios, continúa. En Londres ha habido nuevas huelgas de los cargadores de carbón, de los barberos, de los sastres, de los zapateros de botas y zapatos de señora, de los que cubren paraguas y sombrillas, de los camiseros, de los confeccionistas de ropa interior en general y de otros trabajadores empleados por los roperos de confección barata y por las casas de exportación al por mayor. Ayer anunciaron una huelga varios albañiles y los gabarreros del Támesis, que transportan las mercancías entre los muelles y los barcos del río. La huelga de los mineros del carbón y de los obreros del hierro de Gales del Sur continúa. A la lista hay que añadir una nueva huelga de mineros del carbón en Resolven, etc., etc.

Sería demasiado fatigoso seguir enumerando, carta tras carta, las diversas huelgas de las que tengo noticia semana tras semana. Por eso solo me detendré de vez en cuando en las que presenten rasgos de particular interés; entre ellas merece mención el conflicto pendiente entre los agentes de policía y su jefe, sir Richard Mayne,[^1] aunque todavía no es una verdadera huelga. Sir Richard Mayne, en su circular a las diversas divisiones de la policía de Londres, ha prohibido a los policías celebrar reuniones o asociarse, y al mismo tiempo se ha declarado dispuesto a atender las quejas individuales. Los policías le replicaron que consideran el derecho de reunión un derecho del que no se puede privar a ningún inglés. Sir Mayne les recordó que su escala de salarios se fijó en una época en que los víveres eran mucho más caros que ahora. Los policías respondieron que

> «su reivindicación no se basaba solo en el precio de los víveres, sino en la convicción de que los hombres ya no son tan baratos como lo fueron en otro tiempo».

El suceso más importante de esta historia de huelgas es la declaración de la *Seamen's United Friendly Association* (Asociación Amistosa Unida de los Marineros), que se llama a sí misma la Declaración de Derechos de los marineros anglosajones. Esta declaración se refiere al *Merchant Shipping Bill* (proyecto de ley de la marina mercante), que deroga la cláusula de las leyes de navegación que obligaba a los armadores británicos a llevar a bordo de sus barcos al menos tres cuartas partes de súbditos británicos. Este proyecto abre ahora el cabotaje a los marineros extranjeros incluso allí donde están excluidos los barcos extranjeros. Los hombres declaran que este proyecto no es una ley de los marineros, sino una ley de los armadores. La cláusula de la tripulación ponía en cierto modo freno a los capitanes en el trato y la detención de las tripulaciones; la nueva ley dejaría a los marineros enteramente a merced de cualquier mal oficial. La nueva ley parte del principio de

> «que los 17.000 capitanes son todos gente muy amable, desbordante de generosidad, beneficencia y bondad, y todos los marineros, en cambio, testarudos, irrazonables y malos por naturaleza».

Los marineros declaran que el armador puede mandar sus barcos adonde le plazca, mientras que ellos quedan reducidos a trabajar en su propio país, ya que el gobierno ha derogado las leyes de navegación sin procurar antes a los marineros un trabajo equivalente en los barcos de otras naciones.

> «Puesto que el Parlamento ha sacrificado a los marineros en aras de los armadores, nos vemos obligados como clase a unirnos y a tomar medidas para nuestra propia protección.»

Estas medidas consisten principalmente en el propósito de los marineros de atenerse, por su parte, a la *cláusula de la tripulación*, al tiempo que declaran

> «que los marineros de los Estados Unidos de América serán considerados británicos y que se les dirigirá un llamamiento para que apoyen a la asociación. Además, como después del 1 de octubre, cuando entre en vigor la mencionada ley, no habrá ya ventaja alguna en navegar como súbdito británico, sino que, por el contrario, servir como extranjero en barcos británicos en tiempo de paz da la garantía de no ser apresado por la leva ni reclutado en tiempo de guerra para servir en la marina de guerra de Su Majestad, y como la ciudadanía americana ofrece mayor protección en tiempo de paz, los marineros se procurarán certificados de ciudadanía de los Estados Unidos cuando lleguen a un puerto de esa república».

*Karl Marx*

[^1]: Sir Richard Mayne (1796-1868), comisario de la Policía Metropolitana de Londres.
