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Title: Las derrotas rusas (1853)
Description: Editorial de Engels para el New-York Daily Tribune sobre las primeras victorias turcas en Valaquia, en Kalafat y en Oltenița, que revelan un ejército turco muy superior a lo que se creía, y sobre las perspectivas de una batalla decisiva ante Bucarest.
Author: Friedrich Engels
Date: 1853-11-11
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1853%20Las%20derrotas%20rusas
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*Escrito en inglés por Friedrich Engels hacia el 11 de noviembre de 1853 y publicado sin firma, como editorial, en el* New-York Daily Tribune*, núm. 3936, del 28 de noviembre de 1853. La MEW lo atribuye a Engels. El original inglés no tiene hoy fuente libre completa: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 9 (Berlín, 1960, pp. 469-471), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1853%20Die%20russischen%20Niederlagen).*

Hemos repasado con cuidado los periódicos europeos traídos por el *Canada* para informarnos en lo posible de los combates librados en Valaquia entre turcos y rusos, y podemos añadir algunos datos importantes a los hechos comunicados por el *Washington*, que comentamos el viernes pasado. Entonces sabíamos que se habían producido algunos combates, pero de sus pormenores tampoco hoy sabemos mucho más. Los informes que nos han llegado siguen siendo inconexos, contradictorios y escasos, y probablemente lo seguirán siendo hasta que recibamos los despachos oficiales de los generales turcos. Una cosa está clara, en todo caso: los turcos han sido dirigidos con tanta habilidad y han combatido con un entusiasmo tan sostenido que justifican los elogios de sus más fervientes admiradores, elogios que la masa de los observadores fríos e imparciales tenía por exagerados. El resultado es una sorpresa general. Todo el mundo estaba preparado para recibir las pruebas más brillantes del talento de Omer Bajá como general; pero ni los periodistas ni los estadistas de Occidente habían apreciado bien el valor de su ejército. Es cierto que sus filas se componen de turcos, pero son soldados muy distintos de aquellos a los que Díbich puso en fuga en 1829.[^1] Han batido a los rusos pese a la gran superioridad de estos y en circunstancias desfavorables. Esperamos que esto resulte ser solo el preludio y el comienzo de derrotas mucho más decisivas.

Nos enteramos ahora por primera vez de que el consejo de guerra de Constantinopla ha concentrado en Sofía un ejército de unos 25.000 hombres para operar en Serbia si fuera necesario. Por extraño que parezca, no parece que hasta ahora haya llegado a Europa occidental información alguna sobre esta fuerza y su destino, pero está claro que Omer Bajá ha hecho de ella el mejor uso posible. Situarla en Sofía era un error, porque si los serbios no se sublevan ni hacen causa común con los rusos —cosa que difícilmente harán bajo el príncipe reinante—,[^2] no hay motivo para mantener un ejército en aquella región; y en caso de sublevación, los turcos se verían obligados o bien a entrar en el país y aplastarla, para lo cual no bastarían 25.000 hombres, estando los rusos en Valaquia, o bien a ocupar los pasos fronterizos y obligar a los serbios a quedarse en su país, para lo cual bastaría la cuarta parte de esas fuerzas. Evidentemente Omer Bajá había visto el asunto de este modo, pues hizo marchar el cuerpo directamente a Vidin y lo unió a las fuerzas que ya tenía allí. Sin duda este refuerzo ha contribuido de manera esencial a la victoria que acaba de obtener sobre el ala derecha de los rusos mandada por el general Dannenberg,[^3] victoria de la que no conocemos más detalles que el número de oficiales rusos muertos o capturados, pero que tiene que haber sido completa y cuyo aspecto moral resultará para los turcos mucho más importante que el material.

Nos enteramos asimismo de que las fuerzas turcas que pasaron de Tutrakan (un punto entre Ruse y Silistra) a Oltenița iban mandadas por Ismail Bajá, es decir, por el general Guyon[^4] (que no ha abandonado el cristianismo, aunque ocupa un alto grado en el ejército del sultán). Su valentía en la guerra de Hungría le ha valido una excelente reputación de oficial audaz, enérgico y de extraordinaria rapidez en la acción. Hay pocos hombres que, sin poseer un talento estratégico notable, ejecuten las órdenes con tanto éxito como él lo demostró en esta última ocasión, cuando hizo retroceder a su adversario a la bayoneta. La derrota del general Pávlov en Oltenița tiene que abrir de manera decisiva el país situado detrás del Olt y dejar libre el camino de Bucarest, pues se ha comprobado que el príncipe Gorchakov no ha avanzado sobre Slatina, como se dijo, sino que permanece en la capital de los Principados, prefiriendo prudentemente no dividir sus fuerzas, lo que a su vez indica que no se siente del todo seguro. Sin duda se habrá librado poco después una batalla decisiva en las cercanías de ese lugar. Si Gorchakov no es un fanfarrón y puede concentrar allí entre setenta y ochenta mil hombres —número que todavía le dejan todas las deducciones justificadas de la fuerza oficialmente declarada de los rusos—, la ventaja está decididamente de su parte. Pero si se tiene en cuenta lo falsas y exageradas que son las cifras del campo ruso, y que el ejército de Omer Bajá es más fuerte y más apto para el combate, resulta que la relación de fuerzas en esta campaña está más equilibrada de lo que se había imaginado, y una derrota de Gorchakov entra en el terreno de lo posible. Sin duda, si el generalísimo turco puede concentrar para la lucha decisiva de cincuenta a sesenta mil hombres de unas tropas ya ebrias de victoria —y no vemos ahora nada que pueda impedirlo—, tiene grandes probabilidades de éxito. Al decir esto querríamos hablar con reserva, pues aunque nuestras simpatías estén de parte de los turcos, de nada sirve juzgar su situación más favorable de lo que es.

Es imposible estudiar la estructura geográfica de Valaquia, sobre todo desde el punto de vista militar, sin acordarse de Lombardía. En un caso el Danubio y en el otro el Po y sus afluentes forman las fronteras meridional y occidental. Además, los turcos han adoptado un plan de campaña parecido al que siguieron los piamonteses en la campaña de 1849, que terminó con la funesta batalla de Novara.[^5] Si los turcos resultan victoriosos, tanto más admiración podrán reclamarnos y tanto más patente será la jactanciosa incapacidad de los moscovitas. En todo caso, Gorchakov no es un Radetzky ni Omer Bajá un Ramorino.

[^1]: Hans Karl von Díbich (Diebitsch, 1785-1831), mariscal de campo ruso, mandó el ejército que en 1829 pasó los Balcanes y obligó a Turquía a firmar la paz de Adrianópolis.
[^2]: Alejandro Karađorđević (1806-1885), príncipe de Serbia de 1842 a 1858.
[^3]: Piotr Andréievich Dannenberg (1792-1872), general ruso, mandaba el 4.º cuerpo de infantería en los Principados.
[^4]: Richard Guyon (1813-1856), oficial de origen inglés, general del ejército revolucionario húngaro en 1848-1849; entró después al servicio turco con el nombre de Hurşid Bajá. Ismail Bajá era el nombre turco de otro general húngaro emigrado, György Kmety.
[^5]: En marzo de 1849 el ejército piamontés, que había reanudado la guerra contra Austria, fue derrotado por Radetzky en Novara. Al general Ramorino, que mandaba una de sus divisiones, se le hizo responsable de la derrota y fue fusilado.
