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Title: Los rusos en Turquía (1853)
Description: Editorial de Engels para el New-York Daily Tribune al comienzo de la guerra de Crimea: compara los ejércitos ruso y turco en el Danubio, explica cómo habría que defender la línea de los Balcanes y prevé que Rusia buscará apoyarse en Serbia y en los eslavos de Turquía antes que marchar sobre Constantinopla.
Author: Friedrich Engels
Date: 1853-09-29
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1853%20Los%20rusos%20en%20Turqu%C3%ADa
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*Escrito en inglés por Friedrich Engels el 29 de septiembre de 1853 y publicado sin firma, como editorial, en el* New-York Daily Tribune*, núm. 3900, del 17 de octubre de 1853. La MEW lo atribuye a Engels. El original inglés no tiene hoy fuente libre completa: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 9 (Berlín, 1960, pp. 347-352), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1853%20Die%20Russen%20in%20der%20T%C3%BCrkei).*

La certeza de la guerra y la probabilidad de que cada vapor que llegue ahora de Europa traiga noticias de los movimientos tácticos de los ejércitos y del desenlace de batallas hacen más necesario que nunca conocer con exactitud las posiciones y las fuerzas respectivas de las potencias beligerantes, así como las diversas circunstancias de hecho que determinarán el curso de la campaña. Pensamos atender a esa necesidad con un breve análisis de los elementos ofensivos y defensivos de una y otra parte y de las principales consideraciones estratégicas que probablemente pesen en los designios de los jefes enfrentados.

Las tropas rusas que ocupan los Principados del Danubio se componían al principio de 2 cuerpos de infantería y de la reserva habitual de caballería y artillería. Un cuerpo de infantería ruso comprende 3 divisiones o 6 brigadas de infantería, varios regimientos de caballería ligera y una brigada de artillería; en total debe de sumar unos 55.000 hombres con unos 100 cañones. A cada 2 cuerpos de infantería corresponde un «cuerpo de caballería de reserva», además de artillería de reserva, incluida artillería pesada de plaza. Así pues, el ejército de ocupación ascendía al principio, sobre el papel, a unos 125.000 hombres. Entretanto un tercer cuerpo de infantería avanza por el Prut, de modo que, descontadas todas las bajas previsibles, podemos calcular en 140.000 a 150.000 hombres las tropas rusas concentradas en el Danubio. Cuántos estarán en condiciones de agruparse bajo las banderas en el momento dado depende de las condiciones sanitarias de aquella región, de la mayor o menor eficacia de la intendencia rusa y de otras circunstancias de naturaleza parecida que es imposible apreciar bien desde lejos.

Según todas las informaciones de que disponemos, el ejército turco que hace frente a los rusos en el Danubio puede calcularse, a lo sumo, en 110.000 a 120.000 hombres. Antes de la llegada de las tropas egipcias se decía generalmente que no pasaba de 90.000 hombres. Por consiguiente, por lo que podemos juzgar, los turcos son claramente inferiores en número. Y en cuanto al valor propio y la calidad de ambos ejércitos, los rusos les son también superiores. Es verdad que la artillería turca, instruida por excelentes oficiales franceses y prusianos, goza de gran prestigio, mientras que los artilleros rusos tienen fama de mala puntería; pero la infantería turca, pese a todas las mejoras introducidas en los últimos tiempos, no puede compararse con los granaderos rusos, y a los jinetes turcos les falta aún aquella disciplina y firmeza en la batalla que hacen posibles una segunda y una tercera carga cuando la primera ha sido rechazada.

En ambos bandos los generales son relativamente nuevos. Ya tuvimos ocasión de exponer a nuestros lectores los méritos militares del príncipe Gorchakov, el comandante ruso, y las razones por las que el emperador lo nombró para ese puesto.[^1] Aunque Gorchakov es un hombre honorable y defiende con celo la «misión histórica» de Rusia, está por ver si es capaz de dirigir una campaña de la envergadura de la que ahora se abre. Omer Bajá, el comandante en jefe turco, es mejor conocido, y lo que sabemos de él es en general favorable. De sus campañas contra el Kurdistán y Montenegro, la primera tuvo éxito en condiciones difíciles; la segunda, extraordinariamente bien pensada, habría triunfado casi sin derramamiento de sangre si no se hubiera entrometido la diplomacia.[^2] Así pues, la superioridad de Turquía reside quizá sobre todo en el mando; en casi todos los demás aspectos la ventaja es de los rusos.

Aunque los turcos han declarado la guerra y probablemente arden más que los rusos en deseos de llegar a las manos con el enemigo, parece evidente que, como parte más débil, tendrán la mayor ventaja en la defensiva, y los rusos en la ofensiva. Esto, naturalmente, deja fuera las posibilidades que puedan nacer de errores manifiestos de uno u otro general en sus disposiciones. Si los turcos fueran lo bastante fuertes para la ofensiva, su táctica estaría clara. Tendrían que engañar a los rusos con maniobras de diversión en el Danubio superior, concentrar rápidamente sus tropas entre Silistra y Hârșova, cruzar el Danubio inferior, atacar al enemigo en su punto más débil, es decir, en la estrecha franja de tierra que forma la frontera entre Valaquia y Moldavia, separar luego entre sí las tropas rusas de los dos Principados del Danubio, rechazar con fuerzas concentradas el cuerpo de Moldavia y aplastar el de Valaquia, aislado y cortado. Pero como los turcos no tienen perspectiva alguna de éxito en un movimiento ofensivo, solo podrían arriesgar razonablemente una operación así si el comandante ruso cometiera errores inauditos.

Si los rusos aprovechan la ocasión de tomar la ofensiva, tendrán que vencer dos obstáculos naturales antes de penetrar en el corazón del Imperio turco: primero el Danubio y después los Balcanes. El paso de un río ancho, aun frente a un ejército enemigo, es una operación militar que se realizó tantas veces durante las guerras de la Revolución y las napoleónicas que hoy cualquier teniente sabe cómo se hace. Unas cuantas maniobras de diversión, un tren de pontones bien equipado, algunas baterías para proteger los puentes, disposiciones bien pensadas para asegurar la retirada y una vanguardia valerosa: esas son poco más o menos todas las condiciones necesarias. Pero el paso de una gran cordillera, y sobre todo de una con tan pocos puertos y caminos practicables como los Balcanes, es una empresa más seria. Si esa cordillera corre paralela a un río a una distancia de no más de 40 a 60 millas, como los Balcanes respecto al Danubio, el asunto se vuelve más serio todavía, pues un cuerpo batido en las montañas puede, si se le persigue activamente, verse cortado de sus puentes y empujado al río antes de que le llegue ayuda; un ejército batido de ese modo en una gran batalla estaría inevitablemente perdido. Precisamente esta corta distancia entre el Danubio y los Balcanes y su curso paralelo constituyen la fuerza militar natural de Turquía. Los Balcanes, desde la frontera macedonio-serbia hasta el mar Negro, es decir, los Balcanes propiamente dichos, el «Veliki Balkan», tienen cinco puertos, dos de los cuales son carreteras de montaña tal como se estilan en Turquía. Estos dos son el puerto de Ihtiman, en la carretera de Belgrado a Constantinopla por Sofía, Filipópolis y Adrianópolis, y el puerto de Dobrol, en la carretera de Silistra y Shumla. De los otros tres, dos están entre los que acabamos de nombrar y el tercero entre Dobrol y el mar Negro; pueden considerarse impracticables para un gran ejército con sus trenes. Por ellos podrán pasar destacamentos menores, quizá incluso artillería ligera de campaña, pero no pueden servir al invasor como líneas de operaciones y de comunicación de su cuerpo principal.

En 1828 y 1829 las tropas rusas operaron en la línea Silistra-puerto de Dobrol-Adrianópolis-Ainadzhik; como es efectivamente la comunicación más corta y directa entre la frontera rusa y la capital turca, se ofrece por sí misma como la más natural para todo ejército ruso que venga del norte, apoyado por una flota dueña absoluta del mar Negro y cuya tarea sea forzar una decisión rápida mediante una marcha victoriosa sobre Constantinopla. Para recorrer esta ruta, un ejército ruso, después de cruzar el Danubio, tiene que forzar una posición fuerte flanqueada por las dos fortalezas de Shumla y Varna, cercar o tomar ambas fortalezas y luego pasar los Balcanes. En 1828 los turcos arriesgaron en esta posición el grueso de sus fuerzas. Fueron batidos en Kulevcha; Varna y Shumla fueron tomadas, la defensa de los Balcanes fue débil, y los rusos, aunque muy debilitados, llegaron a Adrianópolis sin encontrar resistencia, porque el ejército turco se había disuelto por completo y no quedaba ni una brigada para defender Constantinopla.[^3] Los turcos cometieron entonces un gran error. Todo oficial sabe que una cadena montañosa no se defiende con una posición defensiva situada delante de ella ni repartiendo las fuerzas defensivas para cerrar todos los puertos, sino ocupando una posición central detrás de ella, vigilando constantemente todos los puertos y, cuando las intenciones del enemigo se han puesto de manifiesto, lanzándose con toda la masa sobre las cabezas de sus columnas a medida que salen de los diversos desfiladeros de la cordillera. La fuerte posición atravesada en la línea de operaciones rusa entre Varna y Shumla indujo a los turcos a oponer allí la resistencia decidida que habrían debido oponer en la llanura de Adrianópolis, con fuerzas más concentradas, contra un enemigo necesariamente debilitado por las enfermedades y los destacamentos.

Vemos, pues, que en la defensa de la línea Silistra-Adrianópolis habría debido defenderse el paso del Danubio sin arriesgar un combate decisivo. La segunda resistencia habría debido oponerse *detrás* de Shumla y Varna, no *entre* ellas; un combate decisivo solo habría debido aceptarse con posibilidades de victoria *muy grandes*. El paso siguiente es la retirada al otro lado de los Balcanes, dejando los puertos defendidos por destacamentos que resistan cuanto parezca aconsejable sin llegar a un encuentro decisivo. Entretanto los rusos se debilitarán cercando las fortalezas; si siguen su práctica anterior, volverán a tomarlas al asalto y perderán mucha gente en ello, pues es un hecho curioso y característico del ejército ruso que hasta hoy *nunca ha sido capaz de llevar a cabo un asedio en regla* sin ayuda extranjera. La falta de ingenieros y artilleros experimentados y la imposibilidad, en un país bárbaro, de formar grandes depósitos de material de guerra y de asedio, e incluso de transportar material de cualquier clase a través de vastas extensiones de tierra, han obligado siempre a los rusos a tomar al asalto toda plaza fortificada tras un cañoneo corto y violento, pero rara vez muy eficaz. Así conquistó Suvórov Ismail y Ochákov; así fueron asaltadas en 1828 y 1829 las fortalezas turcas de Europa y de Asia, y así conquistaron los rusos también Varsovia en 1831. En todo caso, los rusos llegarán debilitados a los puertos de los Balcanes, mientras que los turcos habrán tenido tiempo de concentrar sus destacamentos desde todas partes. Si el invasor no es rechazado en su intento de pasar los Balcanes por un golpe de todo el ejército turco, la batalla decisiva podría librarse bajo los muros de Adrianópolis, y si los turcos sufren entonces una derrota, habrán aprovechado al menos todas las posibilidades que les quedaban.

Pero una victoria rusa en Adrianópolis puede decidir muy poco en las circunstancias actuales. Las flotas británica y francesa están ante Constantinopla, y ningún general ruso puede marchar sobre esa capital ante sus propios ojos. Los rusos, detenidos en Adrianópolis y sin poder contar con el apoyo de su flota, que estaría ella misma en peligro, no tardarían en caer a millares víctimas de las enfermedades y tendrían que retirarse de nuevo al otro lado de los Balcanes. Así, aun con una victoria, no alcanzarían el verdadero objetivo de su guerra. Hay, sin embargo, otra línea de operaciones que quizá fuera más ventajosa. La da la ruta que lleva de Vidin y Nicópolis a Adrianópolis por Sofía. Dejando a un lado las consideraciones políticas, a ningún general ruso sensato se le ocurriría seguir esta ruta. Pero mientras Rusia pueda fiarse de Austria; mientras la aproximación de un ejército ruso a la frontera serbia, unida a las intrigas rusas en Serbia, pueda desencadenar movimientos insurreccionales en ese país, en Montenegro y entre la población, en su mayoría greco-eslava, de Bosnia, Macedonia y Bulgaria; mientras la operación que coronaría una campaña puramente militar, la toma de Constantinopla, quede descartada por la presencia de una flota europea, ese plan de campaña será el único que los rusos puedan adoptar con buenas perspectivas de éxito, y además sin empujar a Inglaterra y Francia, con una marcha directa sobre Constantinopla, a acciones bélicas decididas.

A juzgar por la posición actual del ejército ruso, parece en efecto que se planea algo así. Su ala derecha se ha extendido hasta Craiova, cerca de la frontera occidental de Valaquia, y se ha producido un desplazamiento general de las tropas hacia el Danubio superior. Como esta maniobra queda por completo fuera de la línea de operaciones Silistra-Shumla, solo puede tener por objeto establecer contacto con Serbia, centro de las aspiraciones nacionales eslavas y de la fe greco-ortodoxa en Turquía. Una posición defensiva en el Danubio inferior, unida a un avance por el Danubio superior en dirección a Sofía, sería completamente segura con el apoyo de Austria y en combinación con un movimiento de los eslavos de Turquía por su independencia nacional; y un movimiento así no podría desencadenarse con más eficacia que con la marcha del ejército ruso sobre el centro de la población eslava de Turquía. De este modo el zar conseguirá mucho más fácilmente, y de una manera mucho menos ofensiva, lo que ha venido exigiendo durante todo el conflicto: la reunión de todos los eslavos que viven en Turquía en principados separados, como lo son hoy Moldavia, Valaquia y Serbia. Si Bulgaria, Montenegro y Macedonia quedaran bajo la soberanía nominal del sultán y el protectorado real del zar, la Turquía europea quedaría reducida a los alrededores de Constantinopla y privada de los soldados que le llegan de Albania. Para Rusia sería un resultado mucho mejor que una victoria decisiva en Adrianópolis, tras la cual sus tropas se encontrarían en un punto muerto. Según todas las apariencias, Rusia persigue ese resultado. Está por ver si no se equivoca al fiarse de los eslavos de Turquía; en todo caso, no habría motivo de asombro si todos ellos se volvieran contra Rusia.

[^1]: Mijaíl Dmítrievich Gorchakov (1793-1861), general ruso, mandaba el ejército que ocupó los Principados del Danubio en julio de 1853.
[^2]: Omer Bajá (Mihajlo Latas, 1806-1871), general otomano nacido en la Croacia austriaca, sometió a los kurdos rebeldes en 1846-1847 y mandó en 1852-1853 la expedición contra Montenegro, detenida por la intervención austriaca (misión del conde Leiningen en Constantinopla, febrero de 1853).
[^3]: En la guerra ruso-turca de 1828-1829 el ejército de Díbich batió a los turcos en Kulevcha (junio de 1829), pasó los Balcanes y entró en Adrianópolis en agosto; la paz se firmó allí en septiembre de 1829. Varna había caído en 1828; Shumla, en cambio, no llegó a caer.
