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Title: Detalles de la insurrección de Madrid — Las exigencias austro-prusianas — El nuevo empréstito austriaco — Valaquia (1854)
Description: Crónica de Marx para el New-York Daily Tribune sobre el pronunciamiento de O'Donnell y Dulce en las afueras de Madrid y la batalla de Vicálvaro, con el anuncio de que la España moderna merece otra historia que la de sus almanaques de corte; las intimaciones de Austria y Prusia al zar, el empréstito «patriótico» austriaco y el informe del prefecto valaco Bibescu contra la ocupación austriaca.
Author: Karl Marx
Date: 1854-07-07
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1854%20Detalles%20de%20la%20insurrecci%C3%B3n%20de%20Madrid%20-%20Las%20exigencias%20austro-prusianas%20-%20El%20nuevo%20empr%C3%A9stito%20austriaco%20-%20Valaquia
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*Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 7 de julio de 1854 para el* New-York Daily Tribune*, que lo publicó en su número 4136, del 21 de julio de 1854. El original inglés completo no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 10 (Berlín, 1961, pp. 323-331), sin su aparato editorial, cotejada con el texto inglés de* The Eastern Question *(Londres, 1897, pp. 409-412), que solo recoge, con el título «Austria», la parte sobre Austria y Valaquia y resume entre corchetes las citas, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1854%20Einzelheiten%20des%20Madrider%20Aufstands%20-%20Die%20%C3%B6sterreichisch-preu%C3%9Fischen%20Forderungen%20-%20Die%20neue%20Anleihe%20in%20%C3%96sterreich%20-%20Die%20Walachei).*

Londres, viernes 7 de julio de 1854

Las noticias que nos han llegado sobre el levantamiento militar de Madrid siguen siendo muy contradictorias y fragmentarias. Todos los despachos telegráficos de Madrid son, naturalmente, versiones del gobierno, tan dudosas como los boletines que publica la *Gaceta*. Así que lo único que puedo darles es un resumen del escaso material disponible. Se recordará que O'Donnell[^1] fue uno de los generales desterrados por la reina en febrero, que se negó a obedecer, se mantuvo oculto en Madrid y siguió en correspondencia secreta con la guarnición de la capital, y en particular con el general Dulce,[^2] inspector general de caballería. El gobierno sabía que estaba en Madrid, y en la noche del 27 de junio el general Blaser, ministro de la Guerra, y el general Lara, capitán general de Castilla la Nueva, recibieron avisos de una revuelta proyectada bajo la dirección del general Dulce. Sin embargo, no se hizo nada para impedir el levantamiento o ahogarlo en germen. Por eso al general Dulce no le costó reunir el 28 de junio, con el pretexto de una revista, unos 2.000 jinetes y salir con ellos de la ciudad, acompañado de O'Donnell, con la intención de apoderarse de la reina, que estaba entonces en El Escorial. Pero el golpe falló, y la reina llegó a Madrid el día 29 acompañada del conde de San Luis,[^3] presidente del Consejo, y pasó revista a las tropas, mientras los insurrectos acampaban en los alrededores de la capital. Se les unieron el coronel Echagüe y 400 hombres del regimiento del Príncipe, que se llevaron la caja del regimiento con 1.000.000 de francos. Una columna de siete batallones de infantería, un regimiento de caballería, un destacamento de guardia civil montada y dos baterías de artillería salió de Madrid la tarde del 29 de junio a las órdenes del general Lara al encuentro de los rebeldes, que se habían acuartelado en la Venta del Espíritu Santo y en el pueblo de Vicálvaro. El 30 se libró entre ambos ejércitos la batalla, de la que hemos recibido tres relatos: el oficial, dirigido por el general Lara al ministro de la Guerra y publicado en la *Gaceta*; el segundo, publicado por el *Messager de Bayonne*, y el tercero, la descripción del corresponsal en Madrid de *L'Indépendance Belge*, testigo presencial del encuentro. El primero, que puede leerse en todos los periódicos de Londres, se despacha fácilmente, porque el general Lara declara unas veces que atacó a los insurrectos y otras que ellos lo atacaron a él; porque en un lugar hace prisioneros y en otro los pierde; porque se atribuye la victoria y vuelve a Madrid; *enfin*,[^4] porque deja el campo de batalla a los insurrectos, aunque lo cubre de muertos del «enemigo», y al mismo tiempo afirma que solo tuvo treinta heridos.

He aquí la versión del *Messager de Bayonne*:

> «El 30 de junio, a las 4 de la mañana, el general Quesada salió de Madrid al frente de dos brigadas para atacar a las tropas rebeldes. El asunto duró solo unos minutos y el general Quesada fue enérgicamente rechazado. Por su parte, el general Blaser, ministro de la Guerra, tras concentrar toda la guarnición de Madrid» —que, dicho sea de paso, se compone de unos 7.000 u 8.000 hombres— «hizo una salida a las 7 de la tarde. Inmediatamente se entabló un combate que se prolongó casi sin pausa hasta la noche. La infantería, amenazada por la numerosa caballería de los insurrectos, formó en cuadros. El coronel Garrigó, al frente de algunos escuadrones, cargó con tanto ímpetu contra uno de esos cuadros como si quisiera romperlo, pero lo recibió el fuego de una batería enmascarada de cinco piezas, cuya metralla dispersó sus escuadrones. El coronel Garrigó cayó en manos de las tropas de la reina, pero el general O'Donnell no perdió un instante en rehacer sus escuadrones y se lanzó con tal violencia sobre la infantería que hizo vacilar sus filas, liberó al coronel Garrigó y se apoderó de las cinco piezas de artillería. Las tropas de la reina, tras sufrir este revés, se retiraron a Madrid, adonde llegaron a las 8 de la noche. Uno de sus generales, Mensina, resultó levemente herido. En estos mortíferos combates hubo un gran número de muertos y heridos por ambas partes.»

Pasamos ahora al relato de *L'Indépendance*, fechado en Madrid el 1 de julio, que parece el más digno de crédito:

> «La Venta del Espíritu Santo y Vicálvaro fueron escenario de una lucha mortífera en la que las tropas de la reina fueron rechazadas hasta más acá de la Fonda de la Alegría. Tres cuadros formados sucesivamente en distintos puntos se deshicieron por orden del propio ministro de la Guerra. Se formó un cuarto más allá del Retiro. Diez escuadrones de insurrectos, mandados en persona por los generales O'Donnell y Dulce, lo atacaron por el centro (?), mientras unas guerrillas lo cogían por el flanco (?).» (Es difícil entender qué quiere decir este corresponsal con un ataque por el *centro* y por el *flanco* contra un cuadro.) «Dos veces llegaron los insurrectos a trabarse con la artillería, pero los rechazó la metralla con que los acribillaron. Al parecer, los insurrectos querían apoderarse de algunas de las piezas de artillería situadas en cada uno de los ángulos del cuadro. Como entretanto había caído la noche, las fuerzas del gobierno se retiraron escalonadas hacia la puerta de Alcalá,[^5] donde un escuadrón de caballería que se había mantenido fiel al gobierno fue sorprendido de pronto por un destacamento de lanceros insurrectos que se habían ocultado detrás de la plaza de toros. En medio de la confusión que provocó este ataque inesperado, los insurrectos se apoderaron de cuatro piezas de artillería que se habían quedado atrás. Las pérdidas fueron casi iguales por ambas partes. La caballería de los insurrectos sufrió mucho con la metralla, pero sus lanceros casi aniquilaron el regimiento Reina Gobernadora y la guardia civil montada. Por las últimas noticias sabemos que los sublevados han recibido refuerzos de Toledo y Valladolid. Corre incluso el rumor de que hoy se espera en Vallecas al general Narváez,[^6] al que recibirán los generales Dulce, O'Donnell, Ros de Olano y Armero. En la puerta de Atocha se han abierto trincheras. Grupos de curiosos llenan la estación del ferrocarril, desde donde se divisan los puestos avanzados del general O'Donnell. Pero todas las puertas de Madrid están estrechamente vigiladas...

> *Tres de la tarde del mismo día.* Los insurrectos ocupan con fuerzas considerables el pueblo de Vallecas, a tres millas inglesas de Madrid. El gobierno esperaba hoy las tropas de las provincias, sobre todo el batallón del Rey. Si hemos de creer las últimas informaciones, esa unidad se ha pasado a los sublevados.

> *Cuatro de la tarde.* En este momento casi toda la guarnición sale de Madrid hacia Vallecas al encuentro de los insurrectos, que muestran la mayor confianza. Las tiendas están cerradas. Se ha armado a toda prisa a la guardia del Retiro y, en general, a todos los empleados del gobierno. Acabo de saber que ayer algunas compañías de la guarnición se unieron a los insurrectos. La guarnición de Madrid la mandan el general Campuzano, de quien se dijo falsamente que se había pasado a los insurrectos, el general Vistahermosa y Blaser, el ministro de la Guerra. Hasta ahora no han llegado refuerzos en apoyo del gobierno; pero se asegura que el 4.º regimiento de línea y el regimiento de caballería han salido de Valladolid y marchan a toda prisa sobre Madrid. Lo mismo se afirma de la guarnición de Burgos, mandada por el general Turón. Por último, cabe mencionar que el general Rivero ha salido de Zaragoza con fuerzas importantes. Hay que esperar, por tanto, nuevos choques sangrientos.»

Hasta el 6 de este mes no han llegado periódicos ni cartas de Madrid. Solo el *Moniteur* trae el siguiente despacho lacónico, fechado en Madrid el 4 de julio:

> «La tranquilidad sigue reinando en Madrid y en las provincias.»

Una comunicación privada dice que los insurrectos están cerca de Aranjuez. Si la batalla que el corresponsal de *L'Indépendance* esperaba para el 1 de este mes hubiera terminado con una victoria del gobierno, no habrían faltado cartas, periódicos ni boletines. Pese a que en Madrid se había proclamado el estado de sitio, los periódicos *El Clamor Público*, *La Nación*, el *Diario*, *La España* y *La Época* habían vuelto a salir sin aviso previo al gobierno, cuyo fiscal les comunicó este lamentable hecho. Entre las personas detenidas en Madrid se cita a los señores Antonio Guillermo Moreno y José Manuel Collado, ambos banqueros. Se ha dictado orden de detención contra Sevillano,[^7] marqués de Fuentes de Duero, amigo particular del mariscal Narváez. Los señores Mon y Pidal[^8] han quedado bajo vigilancia.

Sería prematuro formarse una opinión sobre el carácter general del levantamiento. Puedo decir, sin embargo, que no parece partir del partido progresista, puesto que el general San Miguel, su representante en los medios militares, se mantiene quieto en Madrid. Al contrario, de todos los informes parece desprenderse que detrás está Narváez, y que la cosa no es del todo ajena a la reina Cristina,[^9] cuya influencia ha disminuido mucho últimamente por obra del conde de San Luis, el favorito de la reina [Isabel II].

Exceptuando Turquía, probablemente no hay país que Europa conozca tan poco y juzgue tan mal como España. Los innumerables pronunciamientos locales y rebeliones militares han acostumbrado a Europa a ponerla al mismo nivel que el Imperio romano en tiempos de los pretorianos. Esto es tan superficial como la opinión de quienes, en el caso de Turquía, creían extinguida la vida de la nación porque su historia oficial del último siglo no consistía más que en revoluciones de palacio y motines de jenízaros. El secreto de esta falacia está en el simple hecho de que los historiadores, en vez de ver los recursos y la fuerza de estos pueblos en su organización provincial y local, bebieron en la fuente de sus almanaques de corte. Los movimientos de lo que solemos llamar el Estado han afectado tan poco al pueblo español que este se ha conformado de buen grado con dejar ese dominio restringido a las pasiones cambiantes y las intrigas mezquinas de favoritos de la corte, militares, aventureros y unos pocos de los llamados estadistas, y ha tenido pocos motivos para arrepentirse de su indiferencia. Como la historia moderna de España merece una apreciación del todo distinta de la que ha recibido hasta ahora, aprovecharé la ocasión para tratar este asunto en uno de mis próximos artículos.[^10] Desde ahora puedo observar que no hay por qué sorprenderse mucho si en la península Ibérica surgiera ahora de una mera rebelión militar un movimiento general, ya que los últimos decretos financieros del gobierno han convertido al recaudador de impuestos en el más eficaz de los propagandistas revolucionarios.

Austria tiene en este momento en sus manos el fiel de la balanza de la guerra. Si todavía no ha hecho entrar sus tropas en Valaquia, es solo porque esperaba la respuesta del zar de Rusia. El telégrafo eléctrico anuncia que Gorchakov[^11] ha llegado ya a Viena como portador de una respuesta desagradable. Por primera vez se han publicado en la *Kölnische Zeitung* las intimaciones austro-prusianas enviadas el 3 de junio. Los pasajes más importantes de la intimación austriaca son los siguientes:

> «El emperador de Rusia, al sopesar en su sabiduría todas estas consideraciones, sabrá apreciar el valor que el emperador de Austria ha de conceder a que los ejércitos rusos no extiendan más sus operaciones en los países de más allá del Danubio y a recibir por su parte indicaciones precisas sobre el momento exacto, y esperamos que no demasiado lejano, en que se pondrá fin a la ocupación de los Principados. El emperador Nicolás, no lo dudamos, quiere la paz; pensará, por tanto, en los medios de poner fin a un estado de cosas que cada día amenaza más con convertirse en una fuente inagotable de calamidades para Austria y Alemania. No querrá, con una duración indefinida de esta ocupación o supeditando la evacuación a condiciones cuyo cumplimiento no depende de nuestra voluntad, imponer al emperador Francisco José el deber imperioso de considerar él mismo los medios de proteger los intereses tan gravemente amenazados por la situación actual.»

La nota prusiana, destinada a apoyar la «intimación» austriaca, termina así:

> «El rey espera que el emperador dará su consentimiento para llevar las cuestiones litigiosas a un terreno que ofrezca puntos de partida prácticos para encaminar una solución satisfactoria, abreviando y limitando las operaciones de guerra de ambas partes. Nuestro augusto señor espera, por tanto, que el presente paso encuentre en el emperador de Rusia una acogida conforme a los sentimientos que lo inspiraron, y que la respuesta, que nosotros, igual que el gabinete de Viena, aguardamos con el alto interés que su importancia inspira, sea tal que exima al rey de las dolorosas necesidades que le impondrían sus deberes reales y sus compromisos.»

Hess,[^12] generalísimo del ejército de Oriente, establecerá su cuartel general en Czernowitz. El *Soldatenfreund* de Viena publica la siguiente biografía del general Hess:

> «El *Feldzeugmeister von Hess* nació en Viena en 1788; en 1805 entró como alférez en el regimiento Giulay, fue teniente de estado mayor a fines de 1815 y en 1822 teniente coronel y comisario militar en Turín. Coronel desde 1829, en 1831 fue nombrado cuartelmaestre del cuerpo móvil de la Alta Italia. En 1842 recibió el grado de teniente general y en 1848 fue jefe del estado mayor del ejército de Radetzky. A él hay que atribuir el plan de la marcha sobre Mantua, Curtatone y Vicenza de 1848 y el de la campaña de 1849, que terminó con la batalla de Novara.»

Sobre las intenciones confesadas de Austria al ocupar Valaquia, citaré a los propios periódicos austriacos.

La *Frankfurter Postzeitung*,[^13] órgano de la legación austriaca en la Dieta federal, observa:

> «Austria se ve obligada por su situación geográfica a intervenir del modo más eficaz en favor del restablecimiento de la paz, separando de hecho a las partes beligerantes mediante la ocupación de los Principados e interponiéndose entre ambas en el punto más importante. Si los rusos se retiran tras el Prut, los turcos y sus aliados no podrán entonces cruzar el Danubio. Si tenemos además en cuenta que ambas partes han ganado una experiencia y perdido una ilusión —los rusos, la de su superioridad militar, y las potencias marítimas, la de la omnipotencia de sus flotas—, está claro que la situación real hace casi inevitable la reanudación de las negociaciones de paz.»

El *Lloyd*, por su parte, escribe:

> «El territorio en litigio, es decir, los Principados, quedaría bajo la protección de una potencia neutral. Un ejército turco no podría tomar posiciones a orillas del Prut. Un mediador armado se interpondría entre las fuerzas de las potencias occidentales y las de Rusia e impediría un choque en los Principados del Danubio. De ello resultaría de hecho un armisticio en el teatro de guerra más importante. Si existe todavía de verdad la posibilidad de una paz, esta medida podría servirle. Ni en San Petersburgo ni en ninguna otra parte puede caber duda de que la resolución de Austria de ocupar los Principados se toma con vistas a la paz y de que es, al mismo tiempo, el último paso que puede darse para impedir una guerra general.»

El último y más curioso artículo de este género aparece en la *Spenersche Zeitung*, que se publica en Berlín:

> «Oímos confirmar repetidamente que los representantes de las cuatro grandes potencias volverán a reunirse en Viena en una nueva conferencia con el fin, primero, de tomar conocimiento del convenio turco-austriaco y declarar que está de acuerdo con los anteriores protocolos de la conferencia y, segundo, de entenderse más de cerca sobre cómo habrían de concretarse en detalle los principios del protocolo de Viena del 9 de abril, que solo se formularon en general, para que puedan servir de base tangible a los eventuales preliminares de paz.»

Entretanto Austria ha aprovechado estos incidentes para lanzar un nuevo empréstito, cuyas condiciones, anunciadas oficialmente, son las siguientes:

> «1. El importe del empréstito se ha fijado provisionalmente en 350 a 500 millones de florines. Si las suscripciones alcanzan esa suma, los pagos habrán de hacerse en tres, cuatro o cinco años, según el importe de la suscripción.

> 2. El tipo de emisión se ha fijado en 95 en papel del Banco.

> 3. El interés es del 5 por ciento, pagadero en metálico.

> 4. La suscripción no es forzosa. El gobierno imperial se dispone a apelar, por medio de las autoridades establecidas en todas las provincias, al *patriotismo* de los súbditos del Estado.

> 5. El empréstito se empleará en pagar al Banco la deuda del Estado, que asciende a 80 millones, con la intención de restablecer así el valor del papel del Banco. El sobrante» (tiene mucha gracia llamar sobrante a cuatro quintas partes del total) «se destinará a reserva para los presupuestos de los próximos años.»

El *Lloyd* asegura, naturalmente, que esta gran operación financiera, tal como ahora se proyecta (y casi por primera vez), tiene que acabar y acabará de una vez para siempre con la depreciación de la moneda austriaca. Sus lectores no habrán olvidado que con ese pretexto se introdujeron casi todos los empréstitos austriacos de este siglo. Pero hay en esta gran operación algunos puntos que podrían escapárseles, porque se han omitido cuidadosamente en el anuncio citado. A este respecto observa el *Globe* de anoche:

> «Este empréstito será nacional, es decir, se llamará a todo contribuyente a suscribirlo en proporción al importe de los impuestos que paga. Primero se aplicará una coacción moral, a la que seguirá luego una coacción real. En realidad, la medida equivale, pues, a recaudar en el acto una suma adicional de impuestos con la promesa de que esa suma en particular se devolverá.»

Es curioso lo mucho que se parece esta gran operación, tanto en sus motivos como en su ejecución, a los últimos decretos españoles, que ahora sirven de preludio a una revolución.

En mi última carta llamé su atención sobre los derechos y la situación del pueblo valaco y señalé las disputas diplomáticas que supuestamente se han originado por la violación de esos derechos. Acaba de aparecer en el *Siècle* de París un informe del señor Barbu Bibescu, prefecto de Mehedinți, en la Pequeña Valaquia,[^14] dirigido al ministro de Asuntos Exteriores de la Puerta, en el que por fin oímos una voz que se alza en favor del pueblo de los Principados, al que los «defensores de la civilización» tratan con tan vergonzosa indiferencia. Empieza constatando:

> «Los rusos, al retirarse de la Pequeña Valaquia, se dejaron arrastrar a las crueldades y destrucciones más abominables para vengarse de la resistencia pasiva de un pueblo completamente desarmado. Se llevaron los caudales públicos, los sellos y los archivos de la administración, y también los vasos sagrados de las iglesias. Al retirarse mataron el ganado que había quedado de las innumerables requisas, y no se lo llevaron, sino que lo dejaron tirado y pudriéndose, solo para hacer sentir al pueblo su crueldad y su odio.»

Sobre los rumores de la entrada de los austriacos en Valaquia, Bibescu observa que «incluso un ejército extranjero bien intencionado es siempre una carga para el país que ocupa». Dice que Valaquia no necesita a los austriacos; que ella misma es capaz de aportar un contingente de 50.000 hombres disciplinados y ejercitados en las armas. En cada uno de los diecisiete distritos de Valaquia hay actualmente 3.000 hombres entre gendarmes, guardas forestales y de caza y antiguos soldados, a los que solo hay que poner las armas en la mano para que se lancen sobre los rusos al primer redoble de tambor. Concluye con estas palabras:

> «Solo nos faltan armas; si no hay bastantes en vuestros arsenales, las muchas fábricas de Francia, Inglaterra y Bélgica no las necesitan, y estamos dispuestos a pagarlas. Armas y más armas, excelencias, y antes de tres meses no quedará un solo ruso en los Principados, y la Sublime Puerta encontrará una fuerza de 100.000 rumanos tan deseosos como los otomanos de expulsar y castigar a su enemigo común e implacable.»

El pobre prefecto de Mehedinți no comprende que Austria impone su ocupación a los valacos precisamente para impedir que se armen y que, junto con los otomanos, expulsen y castiguen a los rusos.

Sir Charles Napier,[^15] según dice la prensa *cockney*,[^16] intenta hacer salir de Kronstadt a los almirantes del zar, que, tras sus protectoras murallas de granito, «tiemblan» ante la flota anglofrancesa. Pero ¿por qué no salen los marinos ingleses de sus murallas de madera para combatir a los rusos en el elemento que estos prefieren, en tierra? No hay que pasar por alto que, pese a todas las bravatas inglesas, los rusos salieron de Sebastopol y «dañaron» el *Fury*.[^17]

Baraguay d'Hilliers[^18] ha sido nombrado comandante de una división que se embarcará para el Báltico y cuya salida está fijada para el 14 de este mes. Inglaterra se encargará, según parece, del transporte de 6.000 hombres. El mismo número, con una batería de campaña, se embarcará en buques franceses. Si añadimos a esa cifra la infantería de marina que manda el coronel Fiéron, el efectivo de toda la división del Báltico ascenderá a entre 13.000 y 14.000 hombres, mientras al mismo tiempo no ha cesado aún en Marsella el embarque de tropas para el mar Negro; por lo visto, el proceso de desarme de Francia no ha alcanzado todavía el grado deseado de «seguridad».

*Karl Marx*

[^1]: Leopoldo O'Donnell (1809-1867), general moderado, cabeza del pronunciamiento de junio de 1854, la Vicalvarada, que abrió el bienio progresista.

[^2]: Domingo Dulce (1808-1869), general, director general de caballería, que sacó de Madrid a las tropas sublevadas.

[^3]: José Luis Sartorius, conde de San Luis (1820-1871), jefe del gobierno moderado de 1853-1854.

[^4]: En francés en el original: «en fin».

[^5]: En la versión alemana de la MEW: «Tor von Alcara», «Plaza del Toro» y «Reina Gobernadore».

[^6]: Ramón María Narváez (1799-1868), general, jefe del partido moderado, entonces apartado del poder.

[^7]: La versión alemana de la MEW escribe «Sijora Sevillano». Juan Sevillano, marqués de Fuentes de Duero, hombre de negocios y financiero próximo a Narváez.

[^8]: Alejandro Mon (1801-1882) y Pedro José Pidal (1799-1865), ministros moderados de los gobiernos de Narváez.

[^9]: María Cristina de Borbón (1806-1878), madre de Isabel II y regente de 1833 a 1840.

[^10]: La serie «La España revolucionaria», que el *Tribune* publicó de septiembre a diciembre de 1854: véase [La España revolucionaria](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1854%20La%20Espa%C3%B1a%20revolucionaria).

[^11]: Alexandr Mijáilovich Gorchakov (1798-1883), diplomático ruso, enviado extraordinario en Viena desde junio de 1854.

[^12]: Heinrich von Hess (1788-1870), general austriaco, jefe en 1854 de los ejércitos austriacos concentrados frente a los Principados del Danubio.

[^13]: La *Frankfurter Oberpostamts-Zeitung*, como la llama el texto inglés de 1897, diario oficioso de Fráncfort próximo a Austria.

[^14]: Mehedinți, distrito de Oltenia o Pequeña Valaquia, la parte occidental de Valaquia, entre los Cárpatos, el Danubio y el Olt.

[^15]: Charles Napier (1786-1860), almirante británico, comandante de la flota del Báltico en 1854.

[^16]: *Cockney*: londinense del pueblo; aquí, la prensa popular de Londres.

[^17]: Fragata de vapor de la flota británica del mar Negro.

[^18]: Achille Baraguay d'Hilliers (1795-1878), general francés, jefe del cuerpo expedicionario que tomó Bomarsund en agosto de 1854.
