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Title: El bombardeo de Odesa — Grecia — La proclama del príncipe Danilo — El discurso de Manteuffel (1854)
Description: Crónica de Marx para el New-York Daily Tribune sobre el bombardeo aliado de Odesa y el incidente del Furious, un complot ruso descubierto en Constantinopla, el giro antirruso de la prensa austriaca, las tensiones de las potencias occidentales con Grecia, la proclama del príncipe Danilo de Montenegro y los discursos de Manteuffel, resumen de la sabiduría de Estado prusiana.
Author: Karl Marx
Date: 1854-05-02
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1854%20El%20bombardeo%20de%20Odesa%20-%20Grecia%20-%20La%20proclama%20del%20pr%C3%ADncipe%20Danilo%20-%20El%20discurso%20de%20Manteuffel
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*Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 2 de mayo de 1854 y publicado en el* New-York Daily Tribune*, núm. 4080, del 16 de mayo de 1854. El original inglés completo no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 10 (Berlín, 1961, pp. 216-222), sin su aparato editorial, cotejada con el texto inglés, abreviado y con resúmenes entre corchetes, de* The Eastern Question *(Londres, 1897), por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1854%20Das%20Bombardement%20Odessas%20-%20Griechenland%20-%20Die%20Proklamation%20des%20F%C3%BCrsten%20Danilo%20-%20Die%20Rede%20Manteuffels).*

Londres, martes 2 de mayo de 1854

El bombardeo de Odesa, tantas veces llevado a cabo en la jactanciosa imaginación, se ha convertido por fin en un hecho. Pero los despachos telegráficos recibidos hasta ahora son demasiado escuetos y demasiado insuficientes en los detalles para que merezcan un comentario. Según las noticias más dignas de crédito, el bombardeo empezó el 22, se interrumpió el 23 (cuando se transmitió al gobernador del lugar una intimación a rendirse) y se reanudó el 24 de abril. Por un lado se afirma que una gran parte de la ciudad ha quedado destruida; por otro, que solo los fuertes fueron destruidos por los cohetes y las bombas. En algunos círculos se afirma incluso que el bombardeo no tuvo efecto alguno. Algunos despachos anuncian la destrucción de ocho barcos rusos; barcos mercantes, naturalmente, porque en Odesa no había buques de guerra rusos. El último despacho, fechado en Odesa el 26 de abril, informa de que toda la flota combinada se alejó aquella mañana.

Para preparar a la opinión pública ante este acontecimiento, el gobierno francés acaba de publicar en el *Moniteur* un extracto del último informe del almirante Hamelin[^1] al ministro de Marina, en el que declara:

> «La fragata de vapor inglesa *Furious* había zarpado el 6 de abril hacia Odesa para recoger y tomar a bordo a los cónsules y a los súbditos franceses e ingleses que desearan abandonar esa ciudad ante la inminencia de las hostilidades… Aunque había izado la bandera de parlamento, que llevaba también su bote de desembarco, las baterías rusas dispararon a traición siete cañonazos contra ese bote pocos instantes después de que dejara el muelle. El almirante Dundas[^2] y él mismo deliberarían sobre las medidas para vengar un proceder tan bárbaro».

Los rusos dan otra versión del incidente. Afirman que la bandera de parlamento no era más que un pretexto para reconocer sus obras de defensa. Que el *Retribution* hubiera entrado hace algún tiempo en el puerto de Sebastopol con el pretexto de llevar despachos, pero con el verdadero propósito de hacer dibujos de las baterías del interior del puerto,[^3] había extrañado sobremanera al zar, tanto más cuanto que el ruido que armó la prensa inglesa en torno a esta hazaña confirmó esa sospecha. Por eso se había dado la orden de recibir en adelante a cañonazos a todo barco que se presentara ante un puerto ruso. La *Indépendance belge*[^4] publica una carta que explica estos sucesos y que supuestamente escribió un oficial ruso de Odesa, pero que probablemente no escribió otro que el propio señor von Kiseliov.

> «El 27 de marzo (8 de abril),[^5] a las seis de la mañana, el *Furious*, un vapor de la marina real inglesa, se acercó al muelle del puerto de cuarentena de Odesa sin izar bandera de parlamento. Aunque el capitán del puerto tenía orden de disparar un cohete contra todo buque de guerra inglés, decidió no obstante abstenerse de ejecutar esa orden de inmediato, suponiendo que el vapor quizá no estaba informado todavía de la declaración de guerra inglesa. El *Furious* echó el ancla, arrió su bote y lo mandó a tierra con una bandera de parlamento. El capitán del puerto envió enseguida a su ayudante al oficial del bote. Este oficial declaró que venía con el encargo de llevar a bordo a los cónsules francés e inglés. Se le respondió que esos señores habían abandonado Odesa hacía tiempo; se le rogó, por tanto, que se alejara inmediatamente, tras lo cual el bote volvió a bordo del vapor y se arrió la bandera de parlamento. Pero en lugar de levar anclas, los oficiales del vapor se pusieron a hacer dibujos de las baterías. Para impedírselo se hicieron entonces disparos de advertencia contra el *Furious*. Como el *Furious* no les prestó atención, se disparó una bala contra una de sus ruedas. El *Furious* se alejó inmediatamente».

Es ridículo, naturalmente, que las flotas inglesa y francesa tuvieran que esperar a que los rusos les proporcionaran «motivos» para poder iniciar las presentes hostilidades contra un puerto ruso, y que aun entonces no tomaran el puerto, sino que se limitaran a dispararle unas cuantas andanadas.

Más o menos al mismo tiempo que se enviaba al *Furious* a su misión, cartas de Odesa llegadas a Constantinopla afirmaban que el gobierno ruso había embargado todo el grano almacenado en los depósitos, sin respetar la propiedad privada de los comerciantes extranjeros. La cantidad embargada ascendería a 800.000 *chetverts*.[^6] Además, el gobierno ruso habría ordenado a los comerciantes extranjeros que proporcionaran 150.000 sacos y 15.000 carros para transportar al interior del país el grano embargado. A todas las quejas respondía el gobernador declarando que la política de las potencias occidentales había llevado al gobierno ruso a medidas tan extremas y que, al embargar sus bienes, no hacía más que protegerlos del saqueo de una población indignada. Ante la protesta de los cónsules de los Estados neutrales que habían quedado en Odesa, el gobernador consintió por fin, no en pagar las mercancías embargadas, pero sí en dar simples recibos a sus propietarios.

He aquí un extracto de un periódico de Estocolmo:

> «Toda la ciudad está llena de fugitivos de Finlandia; muchos vienen también de Åland» (que, al parecer, sigue ocupada por los rusos) «para escapar de las levas forzosas rusas. La flota rusa tiene gran escasez de marineros, y las autoridades echan mano de jóvenes y viejos. En plena noche se llevan a toda prisa a padres de familia sin concederles ningún plazo. Para salvarse de esta tiranía, familias enteras huyen a Suecia con todo lo que tienen».

El *Journal de Saint-Pétersbourg* del 23 del mes pasado trae una proclama del zar a sus súbditos en la que la guerra contra las potencias occidentales se presenta como una guerra de la Iglesia ortodoxa contra los herejes para liberar a sus hermanos oprimidos del Imperio otomano.

La *Presse* de París[^7] publica hoy el siguiente artículo:

> «Uno de nuestros corresponsales en Constantinopla nos ha comunicado importantes detalles sobre el complot ruso descubierto hace algún tiempo, cuya investigación acaba de terminar. Esta investigación prueba claramente que Rusia preparaba desde hacía mucho la crisis que debía hacer morir al enfermo justo bajo las manos de sus médicos. La investigación prueba que el barón Oelsner solo entró al servicio de la policía turca para engañar mejor a sus *surveillants*.[^8] Recibía 1.000 piastras al mes. Pese a su astucia, su doble juego se descubrió del modo siguiente: había trabado relación con el señor Aspa, médico al servicio turco, y creyendo que podía fiarse de él, le confesó que nunca había dejado de servir a Rusia, aunque le pagara la policía turca. Según el señor Oelsner, Rusia se proponía formar con los griegos y los eslavos de Turquía un ejército de 60.000 conspiradores, dispuestos a alzarse a una señal. El golpe decisivo debía darse en Constantinopla. El jefe del complot en esta ciudad sería un inglés, un tal Plantagenet Harrison. El señor Aspa fingió adherirse a las opiniones de Oelsner y avisó a la policía turca. La policía, que sospechaba de Oelsner desde hacía tiempo, lo hizo vigilar entonces con mayor cuidado y descubrió que enviaba regularmente informes al príncipe Gorchakov.[^9] Por último, logró interceptar uno de esos informes. Oelsner, aunque en general extremadamente prudente, había cometido la imprudencia de mostrar dicho informe al señor Aspa —que informó en el acto al señor Palamari, agente secreto de la policía turca— y de entregarlo en su presencia a Radschic, un eslavonio austriaco que estaba en relación con Oelsner y sus cómplices. La carta le fue arrebatada a esta persona y constituye una de las piezas de convicción. Se averiguó también que Oelsner se había puesto de acuerdo con Constantinos, capitán de un barco mercante griego, y que habían convenido atraer a otros cuarenta capitanes de barcos griegos, que debían llegar un día determinado a Constantinopla, provistos de municiones y de todo lo necesario para encender la insurrección entre la población griega de la metrópoli. Constantinos no solo estaba en relación constante con Oelsner, sino también con el señor Metaxas, embajador griego ante la Puerta. Bodinarov, un coronel ruso, mantenía la comunicación entre Oelsner y el príncipe Gorchakov».

En la *Augsburger Zeitung*[^10] ha aparecido una serie de artículos extraordinariamente hostiles a Rusia, que han causado gran sensación en Alemania, porque este periódico había defendido hasta ahora con sumo celo los intereses rusos y, como además se sabe, recibe sus inspiraciones del gabinete austriaco. En estos artículos se declara que Austria, a consecuencia de las revelaciones contenidas en la correspondencia confidencial de sir H. Seymour, queda libre de sus obligaciones hacia Rusia. En uno de estos artículos se dice:

> «Cuando la conducta de Rusia hizo necesarias representaciones austriacas en San Petersburgo, se respondió allí en un tono tan perentorio, se gastaron tan pocos miramientos con el ministerio de Viena, que cada nuevo despacho de Constantinopla despertaba amargos presentimientos. Esa misma llamativa desconsideración movió al conde Mensdorff[^11] a pedir que se le permitiera volver a mandar una brigada antes que seguir en San Petersburgo, aunque personalmente no tenía más que motivos para alabar su posición allí».

En consecuencia, lo sustituyó el conde Esterházy.[^12] En otro artículo se encuentra el pasaje siguiente:

> «Cuando el emperador de Rusia vino a Olmütz,[^13] su comportamiento con el conde Buol-Schauenstein fue tan descortés, por no decir ofensivo, que llamó la atención de todos y puso en apuros a Nesselrode y a Meyendorff». (Permítaseme recordar a sus lectores que forma parte de las costumbres de Nesselrode provocar semejante comportamiento arrogante de su augusto señor para lamentarlo después.) «El joven emperador,[^14] testigo de este trato a su ministro, no ha olvidado
 aquellos sucesos. Los informes de Seymour no podían sino afianzar la resolución tomada por Su Majestad» (de hacer frente a las pretensiones de Rusia respecto de Austria). «… Durante su estancia en Viena, el conde Orlov se negó a contraer, en nombre de su soberano, el compromiso de respetar en todas las circunstancias la integridad del Imperio otomano».

El corresponsal del *Times* en Constantinopla subraya con especial insistencia que la insurrección griega conducirá ineludiblemente a una revolución en Grecia, es decir, a una lucha entre el partido nacional y los partidarios de Rusia. Por otro lado, las atrocidades de las tropas del bajá en Bulgaria parecen inclinar el ánimo de la población a favor de Rusia. Permítanme citar algunos hechos que caracterizan las relaciones de Grecia con las potencias occidentales. En el *Nouvelliste de Marseille* se lee lo siguiente, desde Constantinopla, con fecha del 17 de abril:

> «Los habitantes europeos de Atenas tienen que soportar toda clase de insultos. Se les ataca incluso a palos, sin que la gendarmería griega intervenga en absoluto. El 15 del mes pasado, el señor Gaspari, miembro de la legación francesa e hijo de un antiguo cónsul francés en Atenas, recibió golpes y fue derribado en presencia de tres gendarmes, que asistieron indiferentes a la escena. Ese mismo día, otros franceses recibieron advertencias de que se había hecho una lista de noventa y seis “francos” destinados a un “escarmiento”. A causa de estos desmanes, los representantes francés e inglés dirigieron al gobierno del rey Otón[^15] una nota conjunta en la que le comunicaban que por cada acto de violencia contra súbditos franceses e ingleses se exigiría inmediatamente una indemnización de 25.000 dracmas. El 12 de abril se envió al gobierno griego un nuevo ultimátum que concedía un plazo de solo cinco días, es decir, hasta el 17 de abril. Este ultimátum exige del rey Otón la indemnización por los agravios sufridos por los franceses, una actuación categórica contra la insurrección y la reparación de los desmanes cometidos y tolerados. No se esperaba del rey una respuesta satisfactoria. En caso de respuesta negativa, los embajadores estaban resueltos a romper toda relación con el gobierno y, además, a actuar en nombre de Francia e Inglaterra a la vez como *administradores de Grecia*, de acuerdo con el protocolo por el que se fundó este reino».[^16]

El gobierno griego ha dirigido a sus agentes en el extranjero una circular en la que justifica su conducta durante su reciente disputa con la Puerta, cuyas últimas medidas contra súbditos griegos proceden, según observa el señor Paikos,[^17] del rencor de Turquía por no tener ya el privilegio de poder considerar a Grecia una provincia turca; y esa es también la única causa de las intrigas que desde hace veinte años se urden contra Grecia, para las que las insurrecciones de Tesalia y del Epiro no han servido más que de pretexto.

*Die Presse* de Viena del 28 de abril publica la siguiente proclama del príncipe Danilo[^18] a los capitanes de las tribus montenegrinas:

> «Deseo que también nosotros, los *cernagoros* (montenegrinos), nos mostremos ahora, como siempre, valientes y heroicos, igual que los griegos y otras naciones, igual que nuestros abuelos y bisabuelos, siempre victoriosos, que nos dejaron en herencia la libertad de la que ahora estamos tan orgullosos ante el mundo. Por eso quiero conocer a los soldados que fueron alistados antes, para saber si puedo confiar en ellos, y os ordeno a vosotros, capitanes, que cada uno reúna a su tribu. Que cada soldado diga libremente si quiere combatir conmigo contra el turco, el enemigo común de nuestra fe y de nuestras leyes. Tú, capitán, anota a cada uno de esos voluntarios y dame cuenta por escrito a Cetinje. Pero esto se lo digo a cada uno de antemano: el que no esté dispuesto a esperar la muerte, que se quede en casa. El que quiera ir conmigo, que olvide mujer, hijos y todo lo que posee en este mundo. Te lo digo a ti, mi valiente nación, y a vosotros, mis queridos hermanos: el que no quiera morir conmigo, que se quede tranquilamente en casa, pues sé bien que uno solo que vaya conmigo al campo de batalla vale más que cincuenta que marchen delante de mí con miedo. Por eso llamo a todo hombre valiente que tenga un corazón animoso y que no vacile en derramar su sangre por la santa cruz, la Iglesia ortodoxa y la patria, para que comparta conmigo la gloria y el honor. ¿No somos acaso hijos de aquellos viejos montenegrinos que vencieron a tres visires turcos a la vez, que derrotaron a las tropas francesas y tomaron al asalto las fortalezas del sultán? Si no somos despreciadores de nuestra tierra, si no despreciamos la gloria de nuestros viejos héroes, reunámonos y ataquemos en el nombre de Dios.

> *Danilo*

> Cetinje, 16 de marzo de 1854».

Leemos en la *Agramer Zeitung*[^19] que, de acuerdo con este llamamiento a los piadosos filibusteros de Montenegro, los capitanes de cada una de las tribus montenegrinas convocaron a sus jóvenes guerreros y les comunicaron esta proclama, tras lo cual 4.000 hombres juraron ante el altar vencer o morir bajo la bandera «Por la fe y la patria». Es imposible no ver la interesante semejanza de este movimiento con las consignas y esperanzas de la guerra de independencia prusiana,[^20] que el general Dohna en Königsberg y la Liga prusiana de la Lealtad[^21] en general guardan en tan santo recuerdo. El ataque de los montenegrinos contra Herzegovina por Nikšić lo mandará el propio príncipe Danilo. El ataque por el sur (en dirección a Albania), por Žabljak, lo dirigirá el voivoda Đorđije Petrović.

> «Los montañeses», escribe la *Agramer Zeitung*, «están bien provistos de municiones, y cada uno de los dos cuerpos dispondrá de doce piezas de tres libras y media».

La señal para abrir las hostilidades la dará el coronel Kovalevski,[^22] que recibe sus instrucciones directamente de San Petersburgo.

Después de recibir sus 30.000.000 de táleros, *el señor von Manteuffel* mandó a casa a las Cámaras con un discurso del que tomo el pasaje siguiente, sumamente característico:

> «¡Señores! Han votado ustedes el crédito y con ello han dado al gobierno los medios para seguir avanzando por el camino que ha seguido hasta ahora, en plena unidad[^23] con Austria y con toda Alemania y de acuerdo con las demás grandes potencias, y para mantener a Prusia en la posición que le corresponde en la solución de la gran cuestión europea del presente».

Permítanme observar que en el informe telegráfico de este discurso que publican los periódicos ingleses el «acuerdo con todas las demás grandes potencias» se tradujo falsamente por «acuerdo con las potencias occidentales». Prusia se ha propuesto una meta más alta. Quiere concertar medidas de paz de acuerdo con las dos partes que en apariencia están en guerra; ¿con quién, si no?

El mismo día en que despidió a las Cámaras, el señor von Manteuffel tuvo la dicha de pronunciar un segundo discurso en una reunión de su partido, un discurso mucho más preciso y revelador que la jerga oficial de más arriba. Este discurso es el producto prusiano más característico de nuestros días. Es, en su género, la sabiduría de Estado prusiana *in nuce*:[^24]

> «Señores», dijo, «hay una palabra de la que se ha abusado mucho: la palabra libertad. Yo no reniego de esa palabra; pero mi lema es otro, mi lema es la palabra *Dienst*, servicio. Señores, todos los que estamos aquí reunidos tenemos el deber de servir a Dios y al rey, y mi orgullo es poder servir a este rey. La palabra *servicio* mantiene unido al Estado prusiano, desgarrado en comarcas alemanas. Esta palabra tiene que unirnos a todos en las diversas posiciones que ocupamos. La palabra *servicio del rey*, esa es mi bandera, es la bandera de todos los que están aquí reunidos, y en ella está nuestra salvación en estos tiempos. Señores, ¡viva el servicio del rey!».

Manteuffel tiene razón: no hay otra Prusia que la que vive para el servicio del rey.

*Karl Marx*

[^1]: Ferdinand Hamelin (1796-1864), almirante que mandaba la escuadra francesa en el mar Negro.

[^2]: Sir James Whitley Deans Dundas (1785-1862), almirante que mandaba la escuadra británica en el mar Negro.

[^3]: El vapor británico *Retribution* entró en el puerto de Sebastopol en enero de 1854 con despachos para el almirante ruso.

[^4]: Diario de Bruselas.

[^5]: La primera fecha según el calendario juliano, vigente en Rusia; la segunda, según el gregoriano.

[^6]: Medida rusa de capacidad para áridos, de unos 210 litros.

[^7]: *La Presse*, diario de París fundado por Émile de Girardin.

[^8]: En francés en el original: «vigilantes».

[^9]: El príncipe Mijaíl Gorchakov (1793-1861), comandante de las tropas rusas en los Principados del Danubio.

[^10]: La *Allgemeine Zeitung* de Augsburgo.

[^11]: El conde Alexander von Mensdorff-Pouilly (1813-1871), oficial austriaco, enviado en misión a San Petersburgo.

[^12]: El conde Valentin Esterházy (1814-1891), embajador de Austria en San Petersburgo desde 1854.

[^13]: En Olmütz (Olomouc, Moravia) se reunieron Nicolás I y Francisco José a finales de septiembre de 1853.

[^14]: Francisco José I (1830-1916), emperador de Austria desde 1848.

[^15]: Otón de Wittelsbach (1815-1867), rey de Grecia de 1832 a 1862.

[^16]: Los protocolos de Londres de 1830 y 1832, por los que Inglaterra, Francia y Rusia, potencias garantes, constituyeron el reino independiente de Grecia.

[^17]: Andreas Paikos, ministro de Asuntos Exteriores de Grecia.

[^18]: Danilo I Petrović-Njegoš (1826-1860), príncipe de Montenegro desde 1852.

[^19]: Periódico de Zagreb (en alemán, Agram).

[^20]: La guerra de liberación de 1813-1815 contra Napoleón.

[^21]: El *Preußischer Treubund*, asociación monárquica fundada en 1848.

[^22]: Yegor Kovalevski (1809-1868), ingeniero de minas y diplomático ruso, enviado a Montenegro en 1853.

[^23]: En alemán en el texto del *Tribune*: «in voller Einigkeit»; también van en alemán, en el discurso siguiente, *Dienst* y «in deutsche Gaue» («en comarcas alemanas»).

[^24]: En latín: «en la nuez», en síntesis.
