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Title: El estado de la guerra rusa (1854)
Description: Editorial de Marx y Engels para el New-York Daily Tribune sobre el levantamiento del sitio de Silistra, el entendimiento ruso-austriaco que lo explica, el recuento de las fuerzas de ambos bandos en el Danubio, la inacción calculada de los aliados y los reveses rusos en el Cáucaso.
Author: Karl Marx, Friedrich Engels
Date: 1854-06-16
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1854%20El%20estado%20de%20la%20guerra%20rusa
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*Escrito en inglés por Karl Marx y Friedrich Engels entre el 14 y el 16 de junio de 1854 y publicado como editorial en el* New-York Daily Tribune*, núm. 4125, del 8 de julio de 1854. Traducido del original inglés según* The Eastern Question *(Londres, 1897, pp. 379-386), cotejado con la versión alemana de la MEW (Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 10, Berlín, 1961, pp. 287-293), que da la autoría, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la edición de 1897 y coincide con el de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en inglés](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1854%20State%20of%20the%20Russian%20War).*

Además de la curiosa coincidencia entre la evacuación de Valaquia por los rusos y su ocupación por los austriacos, la manera misma en que se emprendió, se continuó y finalmente se abandonó el sitio de Silistra indica que actuaban factores del todo ajenos a las meras consideraciones militares. Del parte oficial ruso, que llega hasta la noche del 28 de mayo y que solo difiere de los boletines turcos en las cifras respectivas de muertos y heridos, se desprende que las operaciones tuvieron un carácter extrañamente precipitado, que no se hicieron los esfuerzos más elementales para desmontar las obras exteriores hasta que se comprobó en la práctica que era imposible tomar la plaza al asalto, y que el ataque fue más desordenado y menos científico que ninguno de los conocidos aun en los anales de los sitios rusos. En cuanto a las operaciones entre el 28 de mayo y el 15 de junio, los informes que hemos recibido son todavía demasiado fragmentarios para permitir una descripción detallada; pero el hecho de que durante los repetidos asaltos desesperados casi todos los oficiales al mando resultaran heridos y fuera de combate —Paskévich; Schilders, al que después han amputado una pierna; Gorchakov; Lüders, y Orlov, que recibió un tiro en un ojo—[^1] prueba claramente que los rusos tenían orden no solo de tomar la plaza a cualquier precio, sino de tomarla en un plazo fijo. De hecho, todo el asunto lo llevaron de una manera que recuerda más el método bárbaro con que Timur Tamerlán tomaba las ciudades del Kurdistán[^2] que los procedimientos de la guerra moderna regular. Por otro lado, es evidente que la heroica y hábil defensa de Silistra sorprendió por igual a las potencias aliadas y al Diván otomano. Nuestros lectores recordarán que hace unas seis semanas los comandantes aliados se reunieron en Varna, que descubrieron que la línea de los Balcanes era la defensa natural de Turquía, y que ahora muchos periódicos británicos no solo confiesan, sino que se glorían de confesarlo, que Silistra no fue socorrida por un solo soldado francés o inglés. Por último, no puede negarse que Silistra era un punto de gran importancia militar, que la suerte de esta fortaleza decide la suerte de la campaña, y que con el abandono de su sitio y la súbita retirada de los rusos hacia el Siret se han perdido todas las conquistas territoriales rusas de este año y del pasado.

Con todo, hay que decir que muchos de nuestros colegas ingleses exageran mucho el alcance de los actuales reveses moscovitas. Ciertamente hace falta un alto grado de credulidad para creer que la salida de la guarnición de Silistra del 13 de junio y el refuerzo de 2.000 hombres que se dice que recibió de Omer Bajá acabaron en la derrota total de los rusos y obligaron a 90.000 o 100.000 hombres a huir ante 15.000. La súbita retirada de los rusos es, hasta donde podemos juzgar, tan misteriosa como su súbito ataque. Solo se explica por un entendimiento previo con Austria que implicaba la ocupación de Valaquia por tropas austriacas. En estas circunstancias tiene un interés muy particular el siguiente pasaje, que encontramos en una carta del corresponsal del *Morning Chronicle* en Constantinopla y que revela esta trama el 10 de junio, cuatro días antes de que se concluyera el tratado austro-turco:

> «Los turcos piensan que la diplomacia juega con ellos y que su intención (la de los aliados) es dejar que Silistra caiga en manos de Rusia.

> »Estas sospechas se ven confirmadas por las noticias que han llegado aquí de que *se prepara un nuevo protocolo en Viena*, en el que, según me entero, se habla de la caída de Silistra *como de un hecho consumado*; y, *satisfecho el honor militar de Rusia*, Austria consideraría llegado el momento de intervenir para lograr un arreglo por medio de su cooperación, *ocupando los Principados del Danubio, que los ejércitos de Rusia evacuarían*.»

Según esto, si los rusos hubieran tomado Silistra a su debido tiempo, todo habría ido bien. Pero, aunque no lograron satisfacer el honor militar del zar, tienen que retroceder, conforme al compromiso con Austria, de una manera algo deslucida. Al replegarse los rusos detrás del Siret, los austriacos avanzan hasta el Siret y el Danubio y se sitúan así entre los moscovitas y los turcos con sus aliados. En esta posición son árbitros de la disputa e impiden avanzar a ambas partes. Los rusos se quedan en Moldavia, mientras la conferencia de Viena se ocupará ahora más que nunca de protocolos, y así se ganará el invierno. Si la conferencia termina en nada —resultado seguro, puesto que el emperador de Rusia ha obtenido el dinero de su nuevo empréstito de 7.400.000 libras de Hope y Compañía, de Ámsterdam—, la posición del ejército ruso detrás del Danubio y del Siret será el doble de fuerte que su línea entre Bucarest y Constanța. Además, si consideramos la fuerza relativa de los rusos ante Silistra y en Bulgaria, y ahora en su retirada detrás del Siret, y la de los ejércitos aliados en la medida en que, gracias a sus ingeniosas disposiciones, pueden echarse siquiera en la balanza, se ve claramente que estos, aun con las mejores intenciones, no serían capaces de desbaratar esta combinación de Austria con Rusia.

Las fuerzas rusas empleadas contra Turquía y los aliados en las costas europeas del mar Negro suman trece divisiones de infantería: tres del tercer cuerpo de ejército, tres del cuarto, una del quinto, tres del sexto y tres divisiones de reserva. Además, las divisiones tercera, cuarta, quinta y sexta de caballería ligera y las divisiones tercera, cuarta y quinta de artillería. Estas tropas, que forman casi la mitad del gran ejército de operaciones, deberían sumar, según los datos oficiales, 16.000 hombres por división de infantería, 5.000 por división de caballería y 160 cañones por división de artillería; en total algo así como 250.000 a 260.000 hombres, incluidos el tren y los acompañantes del campamento. Pero si medimos la fuerza de un ejército ruso por lo que realmente fue en la guerra de Hungría,[^3] no podemos calcular una división rusa de infantería en más de 13.000 a 14.000 hombres, y la caballería y la artillería han de reducirse en proporción. Las fuerzas efectivas que los rusos han ido metiendo en los Principados se reducirían, pues, a unos 210.000 hombres, y aun de esta cifra hay que descontar por lo menos otros 20.000 a 25.000 por las pérdidas en combate y por enfermedad. Recordando los estragos que hicieron las fiebres de marzo[^4] en las filas del ejército ruso en 1828-1829, y comparando las cartas de un cirujano ruso en la *Wiener Medizinische Wochenschrift*,[^5] no podemos considerar exagerada una pérdida del ocho al diez por ciento del total del ejército. Así pues, quedan unos 180.000 rusos como efectivo disponible de su ejército.

Interesa saber qué parte de esta fuerza puede haberse empleado en la operación contra Silistra. Se necesitaba un gran cuerpo de tropas para guardar las comunicaciones y los almacenes establecidos a retaguardia de la línea de batalla. Había que ocupar Bucarest y la línea de la Dobrudja. Eran indispensables destacamentos para cubrir los flancos y en parte el frente del ejército; y si descontamos 60.000 hombres para estos diversos servicios, obtenemos un resultado neto de 130.000 hombres disponibles para el sitio de Silistra y la cobertura de esa operación. Esto es más bien por encima que por debajo de la realidad. Ahora bien, la situación de Silistra junto a un gran río hacía inevitable que el ejército sitiador se dividiera para cercar la fortaleza por todos lados. Hacía necesario, además, establecer fuertes reservas en la orilla norte para socorrer a las tropas adelantadas desde la orilla sur en caso de derrota. Por último, estas tropas que ocupaban la orilla sur o derecha tenían que dividirse a su vez en un doble ejército, uno para llevar el sitio y rechazar las salidas de los sitiados, el otro para cubrir el sitio y derrotar a cualquier ejército que marchara en socorro de la fortaleza. Se necesitaban unos 35.000 a 40.000 hombres para ocupar la orilla derecha y llevar el sitio en la izquierda.[^6] Así, habría quedado disponible un ejército de 80.000 rusos para operaciones activas en campo abierto contra un ejército de socorro, y eso era lo más que los rusos podían llevar a la batalla en suelo búlgaro en un radio de diez a veinte millas de Silistra.

Veamos ahora qué fuerza tienen los aliados para oponer a los 180.000 rusos que suman en total en este momento. Del ejército turco de Shumla se dijo hace algún tiempo que tenía unos 80.000 hombres, pero que carecía de todo lo necesario para actuar en campo abierto, y, según el último informe de lord Raglan y de los oficiales del estado mayor francés, está mal mandado; en conjunto, en un estado que prohíbe terminantemente las operaciones ofensivas. No es nuestro propósito, ni está ahora a nuestro alcance, determinar la exactitud de este informe. Baste decir que tal es el carácter del principal ejército turco en la opinión oficial de sus aliados. Desde entonces, las tropas de Kalafat se han llevado a Ruse, donde se dice que se está estableciendo un campamento de 40.000 hombres. Sería difícil concebir la política de dejar así inactivo un cuerpo de tal fuerza, que, si hubiera marchado sobre Bucarest en vez de sobre Ruse, podría haber obligado a los rusos a levantar inmediatamente el cerco de Silistra, si no fuera porque la dirección de la guerra está enteramente en manos de la diplomacia. Dejando aparte la guarnición actual de Ruse y la guarnición y la reserva de Shumla, bien puede dudarse de que los turcos puedan reunir en campo abierto 50.000 hombres en estado de cumplir la tarea que tienen delante. Como un soldado anglo-francés equivale, en la estimación de las autoridades militares occidentales, por lo menos a dos rusos, todavía haría falta una fuerza de 65.000 aliados para equilibrar la fuerza del ejército ruso de ocupación. Así pues, a menos que puedan reunir esa fuerza en Varna, difícilmente irán a la batalla, salvo en caso de extrema necesidad.

Sin embargo, han tenido muchísimo cuidado de no presentarse de una vez en el campo con fuerzas tales que no les dejaran ya pretexto alguno para abstenerse de operaciones activas. Toda la fuerza anglo-francesa que hay ahora en Turquía no pasa de 80.000 hombres, aparte de otros 15.000 a 20.000 que van ahora de camino, incluida casi toda la caballería y la artillería. El número de transportes disponibles en el Bósforo es, intencionadamente o no, muy limitado, de modo que harían falta muchos viajes de ida y vuelta si hubiera que llevarlos a Varna solo por mar. Pero, «según los informes más recientes y exactos», dice el corresponsal que ya hemos citado, «hasta ahora solo se han transportado por mar 12.000 soldados británicos y extranjeros, mientras que el grueso del ejército francés avanza lentamente desde Gallípoli hacia Constantinopla y Adrianópolis». Como los caminos son notoriamente malos y la dificultad de avituallarse es extrema, este es un arreglo que permite a su famoso general Saint-Arnaud estar permanentemente a todo vapor entre Varna y Constantinopla, donde podemos estar seguros de que no pierde ocasión de convertir cada intriga del Diván en una ventaja sólida para su insondable bolsa. En cuanto a las dos divisiones británicas que siguen en Scutari, el mismo corresponsal nos informa de que «no parecen todavía dispuestas a partir, aunque hay una flota entera de transportes y vapores anclada esperando para embarcarlas».

Por todos estos hechos queda bastante claro para todo el mundo que las potencias aliadas han tenido muy buen cuidado de no estar en condiciones de frustrar directamente el arreglo actual entre Rusia y Austria. Porque, si se hubiera querido perseguir ese objetivo, se ofrecía para ello una alternativa muy sencilla: o bien una alianza anglo-sueca en el Báltico, que daría una base de operaciones para tropas auxiliares facilitando una invasión de Finlandia y un envolvimiento por tierra de las fortalezas de Sveaborg y Kronstadt, o bien un ataque combinado por mar y por tierra contra Crimea y Sebastopol. En cuanto a la primera hipótesis, es divertido ver cómo el *Times* de Londres, que hace menos de tres semanas predicaba la necesidad de mandar al Báltico la escuadra del mar Negro, recomienda ahora un simple bloqueo de los puertos del Báltico y el regreso inmediato de la mayor parte de la flota del Báltico al mar Negro, donde de pronto aboga por la ocupación de Crimea. Es el mismo periódico que fingía lamentar que Napier no pudiera emprender nada antes de que se le uniera la flota francesa. Ahora que se le ha unido, se supone que al fin y al cabo no se *quiere* hacer nada, y que más vale que tanto la flota francesa como la inglesa hagan otra excursión por el Kattegat, el canal de la Mancha y el estrecho de Gibraltar hasta el Ponto Euxino. Si se piensa en el tiempo que ha requerido la reunión de estas flotas, y en el que requeriría a su vez su unión con las fuerzas del almirante Dundas,[^7] se ve claro que el gran objetivo de estas propuestas es no hacer nada ni en el Báltico ni en el mar Negro.

El único punto en que los rusos —aparte de su derrota imprevista e inesperada en Silistra— han sufrido pérdidas sustanciales y están rodeados de peligros es el Cáucaso, aunque esto no es del todo seguro. Habían abandonado casi todas sus fortalezas de la costa oriental del mar Negro, no por miedo a las flotas aliadas, sino para reforzar su ejército de Georgia. En su retirada por el paso de Darial, se dice que los atacó de improviso una gran fuerza de montañeses por delante y por detrás, que su vanguardia fue destrozada y que su centro y su retaguardia tuvieron que retirarse con graves pérdidas. Al mismo tiempo, el ejército de Selim Bajá avanzó desde San Nicolás sobre Ozurgueti, desde donde los rusos habían hostigado y amenazado con frecuencia a los turcos, y obligó ahora a los rusos a evacuar esa fortaleza, con lo que quedaron aseguradas las comunicaciones entre Selim Bajá y el ejército turco principal de Kars. Si se recuerda que incluso este ejército estuvo durante todo el invierno y la primavera en el estado de ineficacia más deplorable, la maniobra de los rusos indica por lo menos que consideraban su posición en Georgia no menos precaria y que necesitaban con urgencia los refuerzos de la costa. Si la derrota que se anuncia en el Darial es cierta, aunque solo sea en parte, la consecuencia es que el ejército de Vorontsov queda cortado y tiene que intentar o bien procurarse una base sostenible en Tiflis con vistas a resistir hasta el invierno próximo —cosa nada fácil—, o bien abrirse paso por el desfiladero a cualquier precio. Esta operación sería en todo caso preferible a una retirada hacia el mar Caspio, porque el paso que lleva allí es infinitamente más peligroso que el del Darial. Sobre este punto, sin embargo, podremos hablar con más seguridad cuando recibamos informaciones más completas y auténticas de aquella región. Hasta ahora podemos dar por seguro que Rusia ha obtenido dos victorias con las operaciones recientes, una con el empréstito de Hope y Compañía y otra con el tratado de Austria con la Puerta, y que ha sufrido una derrota, la de Silistra. Si las primeras tendrán ventajas lo bastante duraderas para compensar la deshonra de la segunda, solo el futuro puede decidirlo.

[^1]: Generales del ejército ruso del Danubio: el mariscal Iván Paskévich, el general de ingenieros Karl Schilder (así lo llama la MEW), Mijaíl Gorchakov, Alexandr Lüders y Nikolái Orlov.

[^2]: Timur o Tamerlán (1336-1405), conquistador turco-mongol.

[^3]: La intervención rusa contra la revolución húngara, en 1849.

[^4]: Así en la edición de 1897 (*March fever*); la MEW dice «fiebre palúdica» (*Sumpffieber*), quizá la lectura correcta (*marsh fever*).

[^5]: La edición de 1897 dice *Vienna Medical Journal*; el título es el que da la MEW.

[^6]: Así en el texto inglés; la MEW corrige: ocupar la orilla izquierda y llevar el sitio en la derecha.

[^7]: Sir James Whitley Deans Dundas (1785-1862), almirante, jefe de la flota británica del mar Negro.
