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Title: La conferencia de Viena — El empréstito austriaco — Las proclamas de Dulce y O'Donnell — La crisis ministerial en Inglaterra (1854)
Description: Crónica de Marx para el New-York Daily Tribune: la «conferencia» prorrusa de diplomáticos en casa del conde Buol, la batalla de Giurgiu y los falsos triunfos anglofranceses, el empréstito forzoso austriaco, las proclamas de Dulce y O'Donnell que abren una nueva fase de la revolución española y la crisis ministerial con que se quiso llevar a Palmerston al Ministerio de la Guerra.
Author: Karl Marx
Date: 1854-07-18
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1854%20La%20conferencia%20de%20Viena%20-%20El%20empr%C3%A9stito%20austriaco%20-%20Las%20proclamas%20de%20Dulce%20y%20O%27Donnell%20-%20La%20crisis%20ministerial%20en%20Inglaterra
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*Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 18 de julio de 1854 para el* New-York Daily Tribune*, que lo publicó en su número 4147, del 3 de agosto de 1854. El original inglés completo no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 10 (Berlín, 1961, pp. 342-348), sin su aparato editorial, cotejada con el texto inglés de* The Eastern Question *(Londres, 1897, pp. 425-430), que lo titula «The Private Conference at Vienna — Ministerial Crisis», omite lo relativo a España y al caso Peithmann y resume entre corchetes varias citas, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1854%20Die%20Wiener%20Konferenz%20-%20Die%20%C3%B6sterreichische%20Anleihe%20-%20Die%20Proklamationen%20Dulces%20und%20O%27Donnells%20-%20Die%20Ministerkrise%20in%20England).*

Londres, martes 18 de julio de 1854

El 13 de julio se celebró en Viena una conferencia cuya composición difería bastante de la de las últimas y famosas conferencias. El conde Buol, presidente del gobierno austriaco, dio ese día una comida en honor del príncipe Gorchakov, el enviado ruso, cuya misión es cubrir la posición del príncipe Gorchakov, el comandante en jefe en los Principados.[^1] Además del *personnel*[^2] de la legación rusa, asistieron el conde Flemming, representante de Prusia durante la ausencia del conde Arnim; el general Mansbach, enviado de Suecia; el conde Bille-Brahe, enviado de Dinamarca; De Heeckeren, enviado de Holanda; De Wendland, el secretario expulsado del rey de Grecia,[^3] y, por último, el conde O'Sullivan de Grass, ministro de Bélgica y decano del *corps diplomatique*. Esta es la lista completa de las personas que se declaran abiertamente por Rusia. Bamberg[^4] estaba también, naturalmente, bien representado, pero no se dieron los nombres de sus grandes hombres.

La prensa oficial inglesa no puede reprimir un sentimiento de malestar por la orden austriaca de aplazar la entrada del conde Coronini[^5] en Valaquia y por los despachos enviados a París y Londres en los que Rusia propone aceptar con reservas las condiciones del protocolo del 9 de abril como base de negociaciones de paz. La semioficial *Oesterreichische Correspondenz* opina que las propuestas rusas, aunque no son del todo satisfactorias, contienen en realidad algo que merece la atención de las potencias occidentales. El *Times*, el *Morning Chronicle* y el *Observer* tratan de consolarnos echando toda la culpa a Prusia. Si algo faltara para reforzar la impresión que ha causado esa comida, el cambio de posición de las tropas rusas bastaría para probar hasta qué punto confía Rusia en las intenciones de Austria. Así, leemos en la *Neue Preussische Zeitung*, el *Moniteur* ruso de Berlín, a propósito de los últimos movimientos de tropas rusas en los Principados:

> «Hoy, por una orden llegada del príncipe Gorchakov, ha cambiado todo lo que ayer estaba decidido. Se había ordenado la retirada de la guarnición (de Bucarest) y la evacuación de los hospitales de Bucarest, y el general Dannenberg debía salir de la ciudad en pocos días con la gendarmería y establecer su cuartel general con la retaguardia en Focșani. Ahora, según la nueva orden, hay que ocupar la línea Oltenița, Bucarest, Buzău y Focșani.»

Por otras fuentes sabemos que la caballería rusa vuelve a avanzar sobre Slatina, en la orilla izquierda del Olt. Hasta qué punto iba en serio la intención de evacuar Bucarest se ve por las rigurosas medidas tomadas para sacar de la ciudad los archivos, que al parecer contienen documentos sumamente comprometedores para la corte de Peterhof.

Todos estos movimientos de los rusos, en apariencia extraños y contradictorios, se explican por la inoportuna intromisión del ejército turco en los arreglos diplomáticos. Así como los sucesivos acuerdos de los diplomáticos de Viena quedaron desbaratados por los éxitos turcos en Oltenița, Cetate y Silistra, así también sus últimas maniobras de engaño las ha echado por tierra el avance general del ejército de Omer Bajá.

> «La política de esos bribones intrigantes y perjuros —ese queso viejo, rancio, seco y roído por los ratones, Néstor, y ese zorro taimado, Ulises— resulta, según se ve, no valer una zarzamora; con lo cual los griegos empiezan a ponerse del lado de la barbarie y la política cae en descrédito.»[^6]

Quien hubiera recorrido el sábado las calles de Londres habría oído por todas partes a los vendedores de periódicos pregonar: «Gran victoria anglo-turco-francesa sobre los rusos en Giurgiu y toma de Bucarest por las tropas aliadas.» La causa de estos anuncios fanfarrones la irán conociendo ustedes poco a poco cuando llegue a la nueva crisis ministerial. Sobre la participación de las tropas anglofrancesas en la batalla de Giurgiu, sabemos por el correo ordinario de Varna, hasta el 4 de este mes, que en los campamentos no había habido «ningún movimiento». Según las últimas noticias de Viena, del 13 de julio, las tropas auxiliares marchaban a buen paso sobre Ruse por Shumla; el 8 había llegado a Ruse una división de tropas francesas, y el 9 llegó allí solo una división de las tropas inglesas. Pero la batalla de Giurgiu terminó el 8 a las 4 de la mañana; había empezado el 7 temprano y, tras una interrupción de algunas horas a mediodía, se reanudó y continuó hasta la mañana del 8. Es imposible, por tanto, que en ella tomaran parte tropas francesas o inglesas. Los turcos encontraron ocho cañones rusos clavados y en seguida levantaron atrincheramientos en torno a Giurgiu. La ciudad no sufrió daños, a pesar de algunas granadas que los turcos dispararon desde Ruse y desde las islas. Tras la retirada de los rusos, Omer Bajá publicó una proclama invitando a los habitantes a mantenerse tranquilos, pues su ciudad no corría ya peligro alguno. Giurgiu solo quedó ocupada por un pequeño destacamento de tropas regulares, mientras el grueso de las fuerzas turcas se alojaba en los alrededores de la ciudad y en las tres islas del Danubio. Omer Bajá se quedó en Giurgiu, y Said Bajá en Ruse. Los turcos dominaban el camino que une Giurgiu con Oltenița por la orilla izquierda del Danubio.

Una segunda batalla, que supuestamente habría tenido como consecuencia la toma de Bucarest, el propio *Moniteur* francés la reduce a una pequeña derrota que los turcos infligieron a la retaguardia rusa en Frătești, en el camino de Giurgiu a Bucarest. El *Moniteur* añade que un cuerpo anglofrancés de 25.000 hombres se ha unido a los turcos, que las fuerzas aliadas concentradas suman unos 60.000 hombres, que el príncipe Gorchakov manda una fuerza más o menos igual y que cabe esperar una gran batalla que decidirá la suerte de Bucarest. Frătești es una pequeña localidad fortificada, a unas doce millas de Giurgiu y a treinta de Bucarest. Según el *Moniteur*, la batalla se libró allí el 11; según el *Journal des Débats*, en cambio, el 14 de este mes. Los rusos habrían tenido 700 heridos, entre ellos dos generales.

El último vapor de Marsella procedente de Constantinopla informa de la toma de la boca del Sulina, en el Danubio, por el vapor inglés *Terrible*. Habría entrado en la rada, destruido las fortificaciones rusas, puesto en fuga a la guarnición y apresado a su comandante. Esta noticia, sin embargo, me parece necesitada de una confirmación más positiva.

Un rumor difundido por los periódicos ingleses, pero que no recoge ningún periódico francés, afirma que el almirante Lyons[^7] cruza frente a Anapa para apoyar una operación del almirante Bruat,[^8] que al parecer lleva a bordo 7.000 hombres para un desembarco.

Cartas de Constantinopla dicen que la Puerta, ante las gestiones de los embajadores inglés y francés, se inclina a reanudar de inmediato las relaciones comerciales con Grecia con las siguientes condiciones: 1) que Grecia se comprometa a pagar en plazos razonables los gastos de la guerra y una indemnización por el saqueo organizado últimamente por los insurrectos, y 2) que firme en el plazo de dos meses el tratado de comercio que hasta ahora había rechazado. Este tratado reconoce las fronteras actuales de los territorios turco y griego.

Del Báltico, nada nuevo. El *Hamburger Correspondent* escribe lo siguiente sobre el resultado de la expedición de rapiña inglesa en la costa finlandesa y su efecto en los finlandeses:

> «Es seguro que el gobierno ruso, que desde los incendios de Raahe y Oulu[^9] sabe a qué atenerse sobre los sentimientos de la población finlandesa a lo largo de los dos golfos, ha ordenado repartir armas entre los hombres aptos para que puedan resistir cualquier nuevo intento de desembarco de las escuadras inglesas. Se ha autorizado la formación inmediata de dos batallones de tiradores finlandeses de 1.000 hombres cada uno; el reclutamiento se hará en los distritos de Turku, Vaasa y Oulu. Poco a poco se formarán más batallones de este tipo en las demás provincias.»

El empréstito austriaco se va convirtiendo en una contribución forzosa, como predije. Ahora todo él se va a repartir entre los distintos territorios de la corona del Imperio; así, por ejemplo, la Alta Austria tendrá que cargar con 115.000.000 de florines, la Baja Austria con 15.000.000, Viena con 2.500.000, Hungría con 70.000.000, etc. Si el emperador de Rusia no ha conseguido nada para sí mismo, al menos se las ha arreglado para que los demás gobiernos se enreden en serias disputas con sus súbditos por cuestiones de dinero. Los prusianos tendrán que pagar el 1 de agosto un impuesto sobre la renta aumentado. También Bonaparte proyecta, al parecer, otro empréstito de 500.000.000 de francos, cuyo efecto sobre Francia no lo atenúan en absoluto las perspectivas actuales de la cosecha de vino y de cereales y el estancamiento del comercio, sobre todo en Lyon desde la sublevación de España. También el ministerio de coalición estudia una apelación a los bolsillos ingleses, que se espera para la semana próxima.

La insurrección española parece entrar en una nueva fase, como se desprende de las proclamas de Dulce y de O'Donnell. El primero es partidario de Espartero;[^10] el segundo era fiel seguidor de Narváez y, en secreto, probablemente de la reina Cristina. O'Donnell, convencido de que esta vez las ciudades españolas no se moverán por una simple revolución de palacio, hace de pronto alarde de principios liberales. Su proclama está fechada en Manzanares,[^11] un pueblo de la Mancha no lejos de Ciudad Real. Dice que su objetivo es conservar el trono, pero acabar con la camarilla; la estricta observancia de las leyes fundamentales; la mejora de las leyes electoral y de imprenta; la rebaja de los impuestos; los ascensos en la administración civil según el mérito; la descentralización y la creación de una Milicia Nacional sobre amplias bases. Propone juntas provinciales y una reunión general de las Cortes en Madrid, que se disolvería después de la revisión de las leyes. La proclama del general Dulce es aún más enérgica. Dice:

> «Ya no hay progresistas ni moderados; todos somos españoles y continuadores de los hombres del 7 de julio de 1822.[^12] Vuelta a la Constitución de 1837, apoyo a Isabel II, destierro perpetuo de la reina madre, destitución del actual ministerio, restablecimiento de la paz en nuestro país: ese es el fin que perseguimos por todos los medios, como lo demostraremos en el campo del honor a los traidores, a quienes castigaremos por su criminal locura.»

Según informa el *Journal des Débats*, en Madrid se han interceptado papeles y correspondencia que al parecer prueban sin lugar a dudas que el fin secreto de los insurrectos es declarar vacante el trono, unir la península Ibérica en un solo Estado y ofrecer la corona a don Pedro V, príncipe de Sajonia-Coburgo-Gotha.[^13] El inquieto interés que el *Times* dedica a la insurrección española y la presencia simultánea de dicho don Pedro en Inglaterra parecen mostrar, en efecto, que los Coburgo están urdiendo nuevas intrigas. La corte, evidentemente, no se siente muy a gusto, pues se han intentado todas las combinaciones ministeriales posibles; se recurrió en vano a Istúriz y a Martínez de la Rosa.[^14] El *Messager de Bayonne* confirma que el conde de Montemolín[^15] salió de Nápoles en cuanto tuvo noticia de la insurrección.

O'Donnell ha entrado en Andalucía tras cruzar Sierra Morena en tres columnas, una por La Carolina, otra por Pozoblanco y la tercera por Despeñaperros. La *Gaceta* admite que el coronel Buceta logró tomar por sorpresa Cuenca, con cuya posesión los insurrectos se han asegurado la comunicación con Valencia. En esta última provincia la insurrección abarca ya cuatro o cinco ciudades, aparte de Alcira, donde las tropas del gobierno sufrieron un serio revés.

Se informa asimismo de que en Reus, en Cataluña, ha estallado un movimiento, y el *Messager de Bayonne* añade que ha habido disturbios en Aragón.

> ¿Te gusta la frente severa  
> del sa(b)io Napoleón?  
> ¿Te gusta que Inglaterra  
> te oponga a lord Palmerston?[^16]

Con este canto apostrófico se embarcaron las tropas francesas en Calais. Pero para oponer de verdad a lord Palmerston al zar, del sábado al lunes sacudieron la ciudad grandes movimientos destinados a ponerlo en el lugar del duque de Newcastle.[^17] Hubo otra vez gran agitación tanto en el campo ministerial como en el de la oposición. Se sabía que el presupuesto del nuevo Ministerio de la Guerra se presentaría a la Cámara el lunes por la noche, y se aprovechó la ocasión para lanzar un ataque mortal contra la coalición y llevar al indestructible Palmerston al Ministerio de la Guerra.

> «El sábado se convocó el consejo de ministros para las dos. Los ministros no estuvieron reunidos hasta las tres. Estaban entonces todos presentes, salvo el ministro de Asuntos Exteriores, retenido por una audiencia con la reina. A las cuatro llegó lord Clarendon. Sus deliberaciones duraron hasta las seis y media, y en cuanto se levantó la sesión lord Aberdeen se dirigió al palacio de Su Majestad.»

Por este agitado relato del *Morning Herald* puede verse cuánto se avivaron las esperanzas de los tories con estos «importantes» acontecimientos. Lord John Russell convocó a sus partidarios para el lunes en Whitehall, y Disraeli, por su parte, reunió a los miembros de la oposición. Ciento setenta y nueve caballeros se reunieron en Whitehall, casi histéricos ante la expectativa de las revelaciones que Russell les tenía preparadas. Los defraudó de la manera más lastimosa el Squeers[^18] del Parlamento, que les comunicó secamente que la aprobación de los gastos de guerra era cosa segura y que esperaba de ellos calma y compostura:

> «El gabinete necesitaría pronto más dinero para proseguir la guerra, y por eso la cuestión de la confianza o la desconfianza en la coalición se plantearía la semana próxima, cuando se presentara a la Cámara una concesión de fondos de esa clase.»

Como no estaba iniciado en los secretos de lord Clarendon, no pudo darles ninguna información sobre el estado de la política exterior. En fin, el resultado fue que Russell salvó a toda la coalición durante esta legislatura; porque si la votación de confianza se hubiera planteado a propósito del presupuesto del Ministerio de la Guerra, una derrota habría significado una victoria de Palmerston sobre Newcastle, mientras que un voto contra el gobierno a propósito del presupuesto general de la guerra habría equivalido a una victoria de los tories sobre los whigs y los peelitas unidos, posibilidad que, por supuesto, está descartada.

Así que anoche se votaron los créditos del Ministerio de la Guerra en una Cámara muy tranquila, y no ocurrió nada salvo una disertación de Russell y Pakington[^19] con todos los lugares comunes trillados sobre la actual administración militar.

Es de lamentar que la tenaz resistencia de la reina cierre a lord Palmerston el camino del Ministerio de la Guerra, porque con su ascenso a ese ministerio se vendría abajo el último pretexto con que los radicales defienden todavía la política exterior de Inglaterra.

Al anunciar el señor Otway en la sesión del viernes pasado de la Cámara de los Comunes que plantearía el caso del doctor Peithmann, lord Palmerston se levantó y declaró que estaba dispuesto a dar todas las explicaciones y que todo se hallaría «en orden». Entretanto, el doctor Peithmann ha publicado en el *Morning Advertiser* una carta que prueba que, aunque nunca haya estado trastornado en ningún otro sentido, sigue creyendo en la magnanimidad de la reina Victoria y del príncipe Alberto, a quienes suplica que le dejen volver a Alemania, que es justamente lo que ellos quieren.

El lamentable servilismo de la llamada prensa radical se manifiesta en el silencio absoluto sobre este caso sin precedentes, en el que una *lettre de cachet*[^20] ha enterrado vivo a un hombre durante dieciocho años solo porque tuvo la desgracia de saber algo de las relaciones regias y aristocráticas con el servicio doméstico femenino alemán.

*Karl Marx*

[^1]: Dos personas distintas: el diplomático Alexandr Mijáilovich Gorchakov (1798-1883), enviado extraordinario en Viena, y el general Mijaíl Dmítrievich Gorchakov (1793-1861), comandante en jefe del ejército ruso del Danubio.

[^2]: En francés en el original: «personal».

[^3]: Otón I de Baviera, rey de Grecia de 1832 a 1862.

[^4]: En mayo de 1854 se reunieron en Bamberg los representantes de Baviera, Sajonia, Wurtemberg y otros Estados alemanes medianos, que se pronunciaron por la neutralidad de la Confederación Germánica en la guerra.

[^5]: Johann Baptist Coronini-Cronberg (1794-1880), general austriaco que mandó las tropas que ocuparon los Principados del Danubio a partir de agosto de 1854.

[^6]: Palabras de Tersites en Shakespeare, *Troilo y Crésida*, acto V, escena 4. El texto inglés de 1897 da la cita en inglés y lleva la referencia en nota.

[^7]: Edmund Lyons (1790-1858), contraalmirante, segundo jefe de la flota británica del mar Negro.

[^8]: Armand Joseph Bruat (1796-1855), almirante francés, segundo jefe de la flota francesa del mar Negro.

[^9]: Raahe (Brahestad) y Oulu (Uleåborg), puertos del golfo de Botnia, saqueados e incendiados por barcos británicos en mayo y junio de 1854. Turku (Åbo) y Vaasa (Vasa) son también ciudades de la costa occidental de Finlandia.

[^10]: Baldomero Espartero (1793-1879), general, jefe de los progresistas y regente de España de 1840 a 1843.

[^11]: El Manifiesto de Manzanares, del 7 de julio de 1854, redactado por el joven Antonio Cánovas del Castillo, con el que O'Donnell buscó el apoyo de los progresistas.

[^12]: El 7 de julio de 1822 la Milicia Nacional de Madrid derrotó a los batallones de la Guardia Real sublevados contra el régimen constitucional.

[^13]: Pedro V (1837-1861), rey de Portugal desde 1853, hijo de la reina María II y de Fernando de Sajonia-Coburgo-Gotha.

[^14]: Francisco Javier de Istúriz (1790-1871) y Francisco Martínez de la Rosa (1787-1862), políticos moderados, ambos antiguos jefes de gobierno.

[^15]: Carlos Luis de Borbón, conde de Montemolín (1818-1861), pretendiente carlista al trono.

[^16]: En francés en el original: «Aimes-tu le front sévère / Du sa(i)ge Napoléon? / Aimes-tu que l'Angleterre / T'oppose Lord Palmerston?».

[^17]: Henry Pelham-Clinton, duque de Newcastle (1811-1864), peelita, ministro de la Guerra desde junio de 1854, cuando se separó el Ministerio de la Guerra del de las Colonias.

[^18]: El maestro de escuela brutal y ruin de *Nicholas Nickleby*, de Dickens.

[^19]: John Pakington (1799-1880), político tory, ministro de la Guerra y las Colonias en 1852.

[^20]: En francés en el original: orden de prisión firmada por el rey en el Antiguo Régimen francés, sin juicio ni recurso.
