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Title: La evacuación de los Principados del Danubio — Los sucesos de España — La nueva Constitución danesa — Los cartistas (1854)
Description: Crónica londinense de Marx para el New-York Daily Tribune: la retirada rusa de Valaquia, la contrarrevolución que se desata en Madrid apenas retiradas las barricadas, el golpe de Estado danés de la Constitución de la monarquía común y la campaña de Ernest Jones por la Carta, con un discurso suyo sobre el poder político de los obreros.
Author: Karl Marx
Date: 1854-08-08
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1854%20La%20evacuaci%C3%B3n%20de%20los%20Principados%20del%20Danubio%20-%20Los%20sucesos%20de%20Espa%C3%B1a%20-%20La%20nueva%20Constituci%C3%B3n%20danesa%20-%20Los%20cartistas
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*Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 8 de agosto de 1854 y publicado en el* New-York Daily Tribune*, núm. 4162, del 21 de agosto de 1854. El original inglés solo se conserva en fuentes libres en versión abreviada (en* The Eastern Question *(Londres, 1897, ed. de Eleanor Marx Aveling y Edward Aveling), pp. 454-457, sin las partes sobre España, Charras y los cartistas y con resúmenes entre corchetes): se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 10 (Berlín, 1961, pp. 391-398), sin su aparato editorial, cotejada con ese texto inglés, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1854%20Die%20R%C3%A4umung%20der%20Donauf%C3%BCrstent%C3%BCmer%20-%20Die%20Ereignisse%20in%20Spanien%20-%20Die%20neue%20d%C3%A4nische%20Verfassung%20-%20Die%20Chartisten).*

Londres, martes 8 de agosto de 1854

El 28 del mes pasado el príncipe Gorchakov[^1] pasó con el centro de su ejército por Schlawa, una aldea situada a unas seis millas de Călugăreni, y la dejó de nuevo el 29 *en route* hacia Focșani. La vanguardia, al mando del general Soimónov,[^2] consta de ocho batallones de la 10.ª división de infantería, de los regimientos de cazadores de Tomsk y de Kolyván y del regimiento de húsares Gran Duque Heredero. Esta vanguardia debía pasar el día 1 del corriente el Ialomița por Ureschti y Merescyani, donde se habían tendido puentes. Se espera que llegue a Focșani a mediados de mes.

El ejército turco avanza en tres columnas. El centro estaba el 29 de julio en Călugăreni; el 30 se vieron tiradores de su vanguardia en Glina, a dos millas de Bucarest, donde se esperaba que el 1 de agosto se instalara el cuartel general de Omer Bajá. El ala derecha marchaba a lo largo del Argeș, en dirección de Oltenița a Bucarest. La izquierda, que el 28 estaba en Mogina, tomará al parecer la carretera de Slatina a Bucarest.

> «El movimiento de retirada del ejército ruso», dice el *Moniteur de l’Armée*, «parece tener un carácter más estratégico que político. La ventaja para el general ruso consiste en que puede concentrar sus tropas en una buena posición, donde podrán tomar aliento tras los sufrimientos que padecieron en la Dobrudja y que les infligieron los turcos en la orilla izquierda del Danubio. Estará más cerca de su base de abastecimiento y seguirá ocupando una parte considerable del territorio tomado el año pasado. Por último, obtiene una posición que es peligrosa incluso para fuerzas superiores».

El 26 de julio el barón Budberg[^3] dirigió a los valacos la siguiente proclama:

> «Su Majestad, el emperador de todas las Rusias, rey de Polonia, protector de los principados de Moldavia y Valaquia, protector de todos los que profesan la fe ortodoxa griega, ha decidido retirar por breve tiempo las tropas imperiales de las insalubres tierras del Danubio para acantonarlas en las montañas, más sanas. El enemigo, en su cortedad de miras, creyó que nos retirábamos por miedo a él e intentó, en consecuencia, atacar a nuestras tropas durante la retirada. Pero apenas el príncipe Gorchakov, el comandante en jefe, ordenó a sus tropas rechazarlo, cuando huyó vergonzosamente dejando atrás sus armas y municiones, que nuestros valientes soldados se llevaron. Cuando la estación sea más favorable volveremos a vosotros pertrechados para liberaros para siempre de los bárbaros turcos. Nuestra retirada se hará con prudencia y sin prisas, pues el enemigo no ha de creer que huimos de él».

Es curioso que en 1853, exactamente en el mismo mes, en julio, los rusos no encontraran la estación en absoluto desfavorable para ocupar Valaquia.

> «La emigración de las familias búlgaras de la Dobrudja», dice una carta de Galați publicada en un periódico alemán, «continúa sin cesar. Unas 1.000 familias con 150.000 cabezas de ganado han pasado el río cerca de Reni».

Esta «emigración voluntaria», a la que los rusos invitaron a los habitantes con el pretexto del peligro de una venganza turca, se parece en su esencia al empréstito «voluntario» austriaco.[^4] El corresponsal en Viena del *Morning Chronicle* informa de que esas mismas familias,

> «al darse cuenta de que iban a emplearlas en las fortificaciones de Moldavia, quisieron volver a sus casas, pero los cosacos las obligaron a seguir hasta Focșani, donde ahora cavan trincheras».

Apenas se habían retirado las barricadas de Madrid a petición de Espartero,[^5] la contrarrevolución ya estaba manos a la obra. El primer paso contrarrevolucionario fue conceder la impunidad a la reina Cristina,[^6] a Sartorius[^7] y a sus aliados. Siguió luego la formación del ministerio con el moderado O’Donnell como ministro de la Guerra, y todo el ejército quedó a disposición de este viejo amigo de Narváez. En la lista figuran los nombres de Pacheco, Luján y don Francisco Santa Cruz,[^8] todos ellos conocidos como partidarios de Narváez, y el primero fue miembro del infame ministerio de 1847. Otro, Salazar, fue nombrado por el único mérito de ser compañero de juegos de Espartero. Como recompensa por la sangrienta matanza del pueblo en las barricadas y en las plazas, se derramó una lluvia incontable de condecoraciones sobre los generales de Espartero, por un lado, y sobre los amigos moderados de O’Donnell, por otro. Para preparar el camino a un silenciamiento definitivo de la prensa, se restableció la ley de imprenta de 1837. En lugar de convocar unas Cortes constituyentes generales, Espartero quiere, según se dice, convocar solo las cámaras con arreglo a la Constitución de 1837 y, según afirman algunos, incluso con arreglo a su versión modificada por Narváez.[^9] Para asegurar en lo posible el éxito de todas estas medidas y de otras que han de seguir, se concentran grandes masas de tropas en las cercanías de Madrid. Lo que más nos llama la atención en este asunto es lo repentino con que se ha desatado la reacción.

En el primer momento, los jefes de las barricadas fueron a ver a Espartero para hacerle reconvenciones por la elección de su ministerio. Él empezó una larga explicación sobre las dificultades a que se veía expuesto y se esforzó por defender sus nombramientos. Pero los diputados del pueblo no parecieron muy satisfechos de su explicación. Al mismo tiempo llegan noticias «muy alarmantes» sobre los movimientos de los republicanos en Valencia, Cataluña y Andalucía. La confusión de Espartero se muestra en su decreto que sanciona la continuidad de las juntas provinciales. Tampoco se ha atrevido aún a disolver la Junta de Madrid, aunque su ministerio está completo y ha tomado posesión.

A petición de Napoleón el Pequeño, el coronel Charras[^10] ha sido expulsado de Bélgica. El corresponsal en París de la *Indépendance Belge* menciona un folleto escrito y publicado por el príncipe Murat[^11] que reclama la corona del rey Bomba[^12] como herencia legítima de los Murat. El folleto se ha traducido al italiano.

El ministerio danés sigue negándose obstinadamente a ceder a las potencias occidentales los puertos y desembarcaderos que les permitirían mantener sus fuerzas en el Báltico durante el invierno. Pero no es esta la única forma en que el Gobierno danés expresa su desprecio por las potencias que se han alzado contra su protector, el emperador de Rusia. No ha vacilado en dar su golpe de Estado, preparado desde hacía mucho y enteramente en interés de Rusia, en las mismas narices de las flotas y los ejércitos de las potencias occidentales. El 26 de julio se publicó en Copenhague un acta de Estado con el título «Constitución de la monarquía danesa para sus asuntos comunes».[^13] Curiosamente, la prensa inglesa apenas ha prestado atención a esta medida. Por eso les doy los puntos principales de esta nueva Constitución danesa:

> Art. 1. La sucesión de la monarquía danesa queda fijada por la ley del 31 de julio de 1853.[^14]

> Art. 5. Son asuntos comunes de la monarquía todos aquellos que no se declaren expresamente propios de una parte determinada de ella.

> Art. 6. Los gastos comunes de la monarquía que excedan de sus ingresos se sufragarán en la proporción siguiente: Dinamarca, el 60 por ciento; Schleswig, el 17 por ciento; Holstein, el 23 por ciento.

> Art. 7. Los asuntos comunes de la monarquía estarán a cargo de un *Rigsraad*.[^15]

> Art. 8. El presente Rigsraad se compondrá solo de miembros nombrados por el rey. Los futuros Rigsraad serán elegidos *en parte*.

> Art. 10. El Rigsraad se compondrá entonces de cincuenta miembros, de los cuales el rey nombrará veinte, y los otros treinta se elegirán en la proporción siguiente: la Dieta de Dinamarca elegirá 18; los estados provinciales de Schleswig, 5; los de Holstein, 6, y la nobleza de Lauenburg, 1.

> Art. 11. La ley fundamental del reino de Dinamarca del 5 de junio de 1849 quedará limitada a los asuntos de ese reino.

> Art. 15. Los miembros del Rigsraad percibirán una remuneración anual de 500 táleros.

> Art. 16. El Rigsraad se convocará por lo menos una vez cada dos años, por el tiempo que el rey determine.

> Art. 17. Sus sesiones se celebrarán en Copenhague, pero el rey podrá trasladarlas a cualquier otro lugar.

> Art. 18. Dirigirá sus deliberaciones un presidente nombrado por el rey. Los debates podrán llevarse tanto en alemán como en danés, pero las resoluciones habrán de redactarse en esta última lengua.

> Art. 19. Las deliberaciones del Rigsraad son secretas.

> Art. 21. Sin el consentimiento del Rigsraad no podrá establecerse, modificarse ni suprimirse ningún impuesto válido para toda la monarquía, ni contraerse ningún empréstito para toda la monarquía.

> Art. 22. En todos los demás asuntos, salvo las finanzas de la monarquía común, el Rigsraad solo tendrá voto consultivo.

Un decreto de la misma fecha convoca el Rigsraad para el 1 de septiembre de 1854, y otro decreto contiene los nombramientos del rey: los nombrados son todos cortesanos, altos funcionarios y caballeros de la orden de Dannebrog.

Los puntos principales que se consiguen con este nuevo golpe de Estado son la abolición de la ley fundamental y de las instituciones representativas de Dinamarca y la creación de una simple máquina para procurar la suma de dinero que quieran la corte y el Gobierno.

Ernest Jones[^16] ha emprendido de nuevo una gira por los distritos fabriles para agitarlos en favor de la Carta.[^17] En Halifax, en Bacup y en las demás localidades que ya ha visitado se ha aprobado la siguiente petición al Parlamento:

> «A los honorables diputados de la Cámara de los Comunes de Gran Bretaña e Irlanda, reunidos en el Parlamento. La humilde petición de los habitantes de Bacup, reunidos en un mitin público el martes 30 de julio de 1854, expone:

> Que los peticionarios han examinado larga y detenidamente los actos de los ministros de la Corona en su política interior y exterior, y que una observación minuciosa los ha convencido de que, en uno y otro aspecto, distan mucho de merecer la confianza del país.

> Que los peticionarios están convencidos de que no habrá mejoras interiores ni se mostrará fuerza hacia el exterior mientras tales hombres estén al frente de los asuntos nacionales.

> Por ello los peticionarios ruegan a vuestra honorable Cámara que dirija un mensaje al trono para que Su Majestad tenga a bien destituir a sus actuales consejeros y nombrar para asistirla a hombres más acordes con el espíritu progresista de la época y más idóneos para las exigencias de nuestro tiempo.

> Y los peticionarios no dejarán de rogar».

El domingo se celebró un gran mitin en Dirpley Moor, en Bacup, en el que el agitador pronunció uno de los discursos más convincentes que haya pronunciado nunca, y del que algunos extractos merecen un lugar en su periódico:

> «Por fin ha llegado la hora de actuar, y empezamos ahora a hacer revivir el cartismo en Inglaterra como nunca se había hecho en una época de apatía. Por fin se acerca la hora en que tendremos nuestra Carta…

> Habéis luchado contra la baja de los salarios, y luchasteis en vano; el hambre os llevó a la discordia; pero la pobreza fue vuestra maestra incluso cuando el hambre era vuestro sargento, y después de cada nueva derrota crecíais en saber y en entendimiento. Primero las asociaciones y las huelgas fueron vuestro remedio. De ellas esperabais la salvación, y no teníais en cuenta que no teníais la posibilidad de trabajar para vosotros mismos ni, por tanto, los medios para resistir a los capitalistas, cuya riqueza les permitía esperar y vigilar vuestro estómago para ver quién aguantaba más. Esperabais que una jornada más corta os ayudaría, y os dijeron que, si cada uno trabajaba dos horas menos, quedarían dos horas de trabajo para los que no tienen trabajo ninguno. Pero olvidasteis que, mientras vosotros reducíais la jornada en un uno por ciento, el monopolio aumentaba la maquinaria en un ciento por ciento.

> Luego os refugiasteis en la cooperación. Comprendisteis una gran verdad —la emancipación del trabajo ha de apoyarse en la cooperación—, pero pasasteis por alto los medios para asegurar esa emancipación. Cuando se produce, hace falta un mercado; cuando se tiene algo que vender, hace falta alguien que desee comprarlo, y olvidasteis que ese alguien no existía. La producción cooperativa empieza, pero ¿dónde está el mercado? ¿De dónde vais a sacar el mercado? ¿Cómo podéis hacer ricos a los pobres para que puedan comprar lo que produce la cooperación? Con esas Californias británicas cuyo oro yace en la superficie del suelo y dora el trigal ondulante de la cosecha. ¡Mirad a vuestros pies! Ahí, en la verde ladera en que estáis sentados; ahí, en los anchos campos en que estáis de pie, ahí está la libertad, ahí está la cooperación, ahí están los salarios altos, ahí están el bienestar y la paz. En los quince millones de nuestras tierras públicas, en los veintisiete millones de nuestras praderas británicas sin cultivar aquí, en el país. Una leyenda griega cuenta que Hércules luchó con el gigante Anteo, cuya madre era la Tierra, y lo derribó muchas veces; pero cada vez que caía sobre el pecho de su madre recobraba fuerzas y se levantaba más fuerte. Cuando Hércules lo descubrió, lo levantó y lo sostuvo en el aire hasta vencerlo. Así arranca el Hércules del monopolio al gigante del trabajo de su madre tierra y lo sostiene con la garra de la competencia, lo debilita, lo deja impotente y lo hace flotar como el ataúd de Mahoma[^18] entre el cielo y el infierno, ¡solo que mucho más cerca de este último!

> Pero ¿cómo conseguir la tierra? Hay quienes os dicen que para eso no hace falta poder político. ¿Quiénes son los que os lo dicen? ¿Son los dirigentes de los movimientos del diez por ciento,[^19] o de los movimientos de las diez horas,[^20] o de los movimientos por la jornada más corta, o de los movimientos por la limitación de la maquinaria, o de los movimientos de las sociedades de entierro, o de los movimientos de asociación, o de los movimientos de las sociedades de beneficencia, o de los movimientos por la separación de la Iglesia y el Estado, o de los movimientos de las sociedades de instrucción, de los movimientos municipales y de todos los demás movimientos? ¡Cuántos “movimientos”, y sin embargo no nos hemos movido! ¿No necesitáis poder político? ¡Pero si son precisamente ellos los que bailan alrededor de una Jauja política, o mandan lloriqueantes comisiones a un Palmerston político, o elevan súplicas a un Parlamento político, o menean la cola alrededor de un trono político! Así que, a fin de cuentas y según su propio ejemplo, es el poder político lo que tenemos que conquistar. Solo que esos hombres os dicen que conquistéis el poder político para vuestros *enemigos*, y yo os digo: conquistad vuestro propio poder político. Os presento esta verdad insuperable:

> *¡La Carta es la panacea!*

> ¿A quién tenemos en contra? En primer lugar, un ministerio de coalición. ¿Qué significa eso? Jefes de grupos de los que ninguno puede sostenerse solo. Unas docenas de personas, demasiado débiles para tenerse sobre sus propias piernas, que por eso se apoyan unas en otras, y todas juntas no llegan a hacer un hombre de verdad. Eso es una coalición. ¿Qué más tenemos? Una oposición tory que querría echarlos, pero que no se atreve porque sabe que a su vez la echarían a ella, y entonces vendría el diluvio en el que ni siquiera Noé podría salvar ya la dominación de clase. ¿Qué más tenemos? Una aristocracia terrateniente cuyas fincas están, en sus tres cuartas partes, hipotecadas por más de dos tercios de su valor: ¡vaya un poder glorioso para aplastar a un pueblo! 38.000 terratenientes en bancarrota, con 300.000 arrendatarios que gimen bajo los arriendos altos, las leyes de caza y la tiranía de los terratenientes. ¿Qué más tenemos? Una clase de fabricantes que se arruina por obra de su propia e indigna carrera de la competencia y que pronto no podrá mantener las fábricas. ¡Un poder excelente para derribar el pedestal de la libertad bajo vuestros pies! ¿Qué queda? El hombre de trabajo y el tendero. Muchas veces se ha intentado unirlos sobre la base de un compromiso. Yo mismo me opuse siempre, porque un compromiso del privilegio no habría hecho más que reforzar los intereses del dinero y perfeccionar la legislación de clase. Pero ahora por fin ha llegado la hora de esa unión, y ha llegado sin necesidad de compromiso ni de traición. Los pequeños comerciantes se están volviendo rápidamente demócratas. Dicen que el camino hacia el entendimiento de un obrero pasa por su estómago. ¡Puede ser! El camino hacia el corazón de un tendero pasa, en cambio, por su bolsa. Por cada chelín que deja de ingresar le viene una idea nueva. La insolvencia le enseña la verdad… Con esto queda aniquilada la fuerza moral de nuestros enemigos, y se nos unen nuevos aliados. Su fuerza física también ha desaparecido. ¡De eso se ha encargado el zar! ¡En Irlanda apenas quedan 1.000 soldados! En Inglaterra no hay ahora ejército permanente. ¡Pero está la milicia! ¡Oh, la milicia, que deserta en tal número, dice el *Times* de Londres, que la persecución a voces ya no basta, sino que hay que enviar circulares especiales a cada parroquia y a cada lugar donde el desertor haya vivido alguna vez, aunque solo sea una semana, para averiguar si la fuerza y la intimidación pueden hacerlo volver! Felicito al Gobierno por su nueva fuerza armada. Con esto el campo está despejado: ha llegado la ocasión del pueblo. No deduzcáis de ello que me refiero al uso de la violencia. ¡No! ¡Nada más lejos! *Nos referimos a un gran movimiento moral y pacífico*. Pero de que nosotros nos refiramos a la fuerza moral no se sigue que también se refieran a ella nuestros enemigos.

> Inglaterra ha empezado a pensar y a escuchar. Hasta ahora escuchaba los tambores de Polonia y el pisar de Hungría. Hasta ahora escuchaba los gritos de Milán y las llamadas de París. Pero en el silencio que se hace empieza a oír el latido de su propio corazón orgulloso, y exclama: “También yo tengo una obra que cumplir, un enemigo que aniquilar y un campo que conquistar”».

El presidente del mitin señaló la presencia del inspector y de otros agentes de policía, con la esperanza de que estos empleados del Gobierno no deformarían en sus informes lo que se dijera. Refiriéndose a esa advertencia, dijo Ernest Jones:

> «Por mi parte, no me importa lo que digan: que digan lo que quieran. Voy a la agitación como un soldado a la batalla, que entre las balas se arriesga a caer y perecer o a vivir y vencer; porque soy un soldado de la democracia».

*Karl Marx*

[^1]: Mijaíl Dmítrievich Gorchakov (1793-1861), general ruso, comandante de las tropas rusas en los Principados del Danubio.
[^2]: Fiódor Ivánovich Soimónov (1800-1854), general ruso; murió en la batalla de Inkerman.
[^3]: Alexandr Ivánovich Budberg (1798-1876), general ruso, comisario extraordinario del zar en Moldavia y Valaquia durante la ocupación de 1853-1854.
[^4]: El empréstito «nacional» que el Gobierno austriaco lanzó en julio de 1854, en teoría de suscripción voluntaria y en la práctica repartido a la fuerza entre provincias, municipios y particulares.
[^5]: La sublevación de julio de 1854 en Madrid, tras el pronunciamiento de O’Donnell en Vicálvaro (la Vicalvarada), llevó de nuevo al poder a Baldomero Espartero (1793-1879), que entró en la capital el 29 de julio.
[^6]: María Cristina de Borbón-Dos Sicilias (1806-1878), reina madre y antigua regente de España; en julio de 1854 el pueblo de Madrid asaltó su palacio.
[^7]: Luis José Sartorius, conde de San Luis (1820-1871), jefe del Gobierno moderado derribado por la revolución de 1854.
[^8]: Joaquín Francisco Pacheco (1808-1865), ministro de Estado; Francisco de Luxán (1798-1867), ministro de Fomento; Francisco Santa Cruz, ministro de la Gobernación del nuevo gabinete. Pacheco presidió el Consejo de Ministros en 1847.
[^9]: La Constitución de 1845, aprobada bajo el Gobierno de Narváez, que restringió la de 1837.
[^10]: Jean-Baptiste-Adolphe Charras (1810-1865), militar y político republicano francés, desterrado tras el golpe de Estado del 2 de diciembre de 1851.
[^11]: Lucien Murat (1803-1878), hijo de Joachim Murat, rey de Nápoles de 1808 a 1815, y primo de Napoleón III.
[^12]: Fernando II (1810-1859), rey de las Dos Sicilias, llamado «rey Bomba» por el bombardeo de las ciudades sublevadas en 1848.
[^13]: La Constitución para los asuntos comunes de la monarquía danesa (Dinamarca, Schleswig, Holstein y Lauenburg), otorgada por real decreto del 26 de julio de 1854.
[^14]: La ley de sucesión del 31 de julio de 1853, que designó heredero a Cristián de Glücksburg conforme al Protocolo de Londres de 1852.
[^15]: Consejo del Reino.
[^16]: Ernest Charles Jones (1819-1869), poeta y abogado inglés, dirigente del ala izquierda del cartismo y editor del *People’s Paper*; amigo de Marx y Engels.
[^17]: La Carta del Pueblo (People’s Charter) de 1838, programa del movimiento cartista: sufragio universal masculino, voto secreto y otras reformas democráticas.
[^18]: Según una leyenda difundida en Europa, el ataúd de Mahoma flotaba en el aire en su tumba de Medina.
[^19]: El movimiento por un aumento salarial del diez por ciento, que dio lugar a la gran huelga y cierre patronal de los hiladores de Preston (1853-1854).
[^20]: El movimiento por la limitación legal de la jornada de trabajo a diez horas.
