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Title: La guerra turca (1854)
Description: Editorial del New-York Daily Tribune sobre el bombardeo de Odesa por la flota aliada, los preparativos rusos contra Silistria y los obstáculos militares —Silistria, Shumla y Varna— que cierran a los rusos el camino de Constantinopla.
Author: Friedrich Engels
Date: 1854-05-16
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1854%20La%20guerra%20turca
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*Editorial publicado sin firma en el* New-York Daily Tribune*, n.º 4080, 16 de mayo de 1854, p. 4; atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/13). Traducido del original del periódico (Biblioteca del Congreso, Chronicling America) por la Escuela de marxismo, 2026. [Texto original en inglés](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1854%20The%20Turkish%20War).*

El *Atlantic* llegó ayer con noticias del primer ataque efectivo de la flota británica y francesa contra los rusos en el mar Negro. Parece que el vapor de guerra británico *Furious* fue a Odesa con bandera de parlamento para recoger a los cónsules británico y francés de aquella plaza, y que, después de tenerlos a bordo, se le hizo fuego desde la costa. Los británicos presentan este acto como una violación gratuita de los derechos de la bandera de parlamento, que exige una venganza sumaria. Los rusos dicen, en cambio, que después de embarcar los cónsules el buque se quedó en el puerto para que los oficiales pudieran tomar apuntes de las fortificaciones, y que se le hizo fuego simplemente para poner fin a semejante incorrección. Sea como fuere, los almirantes británico y francés convinieron en que había que hacer algo, y en consecuencia se envió una fuerza considerable a bombardear la plaza. La operación no parece haberse llevado a cabo de manera muy brillante, pues, aunque los detalles oficiales no nos han llegado aún, se dice que varios buques británicos sufrieron graves daños mientras acallaban las baterías de costa, quemaban unos cuantos buques mercantes en el puerto y hacían pedazos un palacio del príncipe Vorontsov no lejos de la orilla. A la ciudad de Odesa no le hicieron ningún daño, porque está situada en lo alto de una colina, relativamente apartada. Tomada así su venganza, volvieron a hacerse a la mar. Al parecer, el almirante Dundas ha adoptado como norma de conducta el consejo de una carta de uno de sus oficiales que se ha publicado en Londres, y piensa tomarse las cosas con calma y dejar en paz las empresas difíciles y peligrosas.

En el Danubio no hay nada nuevo, salvo la completa evacuación de la Pequeña Valaquia por los rusos y sus preparativos para asaltar la fortaleza de Silistria. Con este fin habían concentrado en la orilla opuesta una gran fuerza de artillería y estaban, según se dice, a punto de lanzar al otro lado unos 30.000 hombres para el asalto. Queda por ver hasta qué punto es cierta esta noticia, pero en todo caso un plan así no es improbable. Su éxito es otra cuestión. Es cierto que Silistria es la más débil de todas las grandes fortalezas turcas, dominada, a distancia cómoda para desmontar sus cañones y abrir brecha, por alturas que, que nosotros sepamos, no se han fortificado desde la última guerra. Pero esta misma Silistria, que cayó en 1810 después de cuatro días de ataque, soportó en 1828-29 dos bloqueos de diez meses de duración, y resistió treinta y cinco días después de abierto un sitio en regla y *nueve días* después de haberse abierto una brecha practicable en la muralla principal. De una fortaleza que ha corrido suertes tan diversas bien puede decirse que escapa a todo razonamiento sobre su fuerza y su capacidad de defensa.

Pero, aun suponiendo que Silistria fuera tomada al asalto por una fuerza abrumadoramente superior, no se sigue en modo alguno que el camino de Constantinopla quede expedito para ellos. Para avanzar sobre Shumla y Varna tienen que dejar al menos 6.000 hombres en Silistria, que entonces habría de servirles de cabeza de puente para otro puente situado en un lugar más conveniente. A Shumla difícilmente podrían atacarla, pues aunque tomaran ese famoso campo atrincherado no harían más que privar al enemigo de una buena posición sin ganar ninguna para sí. Shumla cierra a los rusos el paso de los Balcanes, pero, si la toman, no se lo abre.

La importancia de Shumla consiste en que Varna es la llave del Bajo Balcán y Shumla es la llave de Varna. Sean cuales fueren los defectos de las fortificaciones de Varna —y son muchos—, si está completamente guarnecida requiere un cuerpo de sitio de 20.000 a 30.000 hombres; y si, después de descontar estos, no quedan tropas suficientes para cubrir el sitio contra las salidas desde el campo atrincherado de Shumla, donde los turcos pueden concentrar todas sus fuerzas, el sitio no puede llevarse a buen término. Varna resistió en 1828 *tres semanas* después de abiertas dos brechas practicables en sus murallas, y eso en un momento en que la flota rusa dominaba el mar Negro y los turcos apenas tenían la sombra de un ejército con que intentar un ataque contra los sitiadores. Ahora bien, suponiendo tomada Silistria, forzadas las diversas y muy difíciles líneas fluviales que hay delante de Varna y de Shumla, y bloqueada Varna, ¿hay alguna probabilidad de que queden tropas rusas suficientes para neutralizar Shumla? Porque los turcos de Shumla podrían actuar no solo contra los sitiadores de Varna, sino en dirección al Danubio y contra una al menos de las líneas de comunicación de los rusos, de modo que los obligarían a destacar más y más tropas de su cuerpo principal, que al final podría quedar debilitado hasta un punto peligroso.

Y si Varna cayera, ¿qué haría Paskévich si Omer Bajá permaneciera obstinadamente en su reducto de Shumla, dispuesto a aprovechar el primer error que cometieran los rusos? ¿Se atrevería a avanzar sobre Constantinopla con una sola línea de comunicación, que estaría además encerrada y amenazada por el ejército de Shumla por un lado y por las flotas aliadas del mar Negro por el otro? Él no, desde luego, si hemos de juzgar por sus hazañas en Asia y en Polonia. Es un general casi demasiado prudente, una especie de remolón militar, sin nada de Radetzky. Y aunque lo tuviera, encontraría esa maniobra sumamente arriesgada, porque sabe muy bien en qué apuro se vio su predecesor Dibich cuando llegó a Adrianópolis en 1829. Así pues, aun sin tener en cuenta las tropas anglofrancesas que desembarcan en Tracia, y sin esperar de las flotas aliadas más de lo que ellas nos autorizan a esperar, es decir, suponiendo que no harán casi nada, vemos que a los rusos no les resulta tan fácil marchar derechos sobre Constantinopla con las banderas desplegadas y las bandas tocando. Que contra Turquía sola estaban seguros de llegar allí al final, nadie lo ha negado nunca, salvo esos escritores militares de nuevo cuño que forman su juicio no a partir de los hechos sino de la convicción de que «el derecho contra la fuerza» vence necesariamente, y de que en una «causa justa» no puede cometerse ningún desatino.

—Podemos añadir que las fuerzas británicas del Báltico han hecho hasta ahora todavía menos que las del mar Negro.
