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Title: La nota de Reshid Bajá — Un periódico italiano sobre la cuestión de Oriente (1854)
Description: Crónica de Marx para el New-York Daily Tribune con la nota en que la Puerta rompe con Grecia y expulsa a los súbditos griegos, la circular de Stratford de Redcliffe contra la insurrección griega y un artículo del periódico turinés L’Unione que, para recobrar la independencia italiana, propone compensar a Austria en el Danubio a costa de Turquía.
Author: Karl Marx
Date: 1854-04-18
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1854%20La%20nota%20de%20Reshid%20Baj%C3%A1%20-%20Un%20peri%C3%B3dico%20italiano%20sobre%20la%20cuesti%C3%B3n%20de%20Oriente
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*Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 18 de abril de 1854 y publicado en el* New-York Daily Tribune*, núm. 4068, del 2 de mayo de 1854. El original inglés completo no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 10 (Berlín, 1961, pp. 200-204), sin su aparato editorial, cotejada con el texto inglés, abreviado y con resúmenes entre corchetes, de* The Eastern Question *(Londres, 1897), por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1854%20Die%20Note%20Reschid%20Paschas%20-%20Eine%20italienische%20Zeitung%20%C3%BCber%20die%20orientalische%20Frage).*

Londres, martes 18 de abril de 1854

Se dice que los gobiernos de Inglaterra y Francia han intercambiado por fin los ejemplares de un acuerdo ofensivo y defensivo de cinco artículos. De su contenido no se sabe todavía nada.

El tratado entre Austria y Prusia no se ha concluido aún; el punto en litigio es la ocupación de las fronteras de la Polonia rusa, que rechaza una parte de la corte prusiana.

El 6 de abril se celebró en Atenas un tedeum en honor del aniversario de la independencia griega. Los embajadores de las potencias occidentales no asistieron. Ese mismo día, el *Observador* de Atenas publicó dieciséis *ordonnances* reales que aceptaban la dimisión de veintiún generales, coroneles y otros oficiales que querían unirse a los insurrectos. Al día siguiente llegó a Atenas la noticia de que los insurrectos habían sufrido una terrible derrota cerca de Arta.[^1] El solo lugar en que se libró la batalla muestra que la insurrección no ha hecho el menor progreso y que sus únicas víctimas hasta ahora han sido los propios campesinos griegos que habitan los distritos fronterizos del reino de Grecia.

Recordarán ustedes que en 1827 los embajadores de Rusia, Inglaterra y Francia exigieron a la Sublime Puerta que retirara de Grecia a todos los turcos, estuvieran o no establecidos allí. Cuando los turcos se negaron, se les obligó a obedecer en la batalla de Navarino.[^2] Ahora la Sublime Puerta ha dictado una orden semejante contra los griegos; y como en los periódicos de Londres no se han publicado todavía ni la carta de Reshid Bajá[^3] al señor Metaxas, el embajador griego,[^4] ni la circular de lord Stratford de Redcliffe a los cónsules británicos, les doy una traducción de ambas según el *Journal de Constantinople* del 5 de abril:

> «Respuesta de Reshid Bajá, ministro de Asuntos Exteriores, a la nota del señor Metaxas

> Constantinopla, 3 de rayab de 1270 (1 de abril de 1854)

> He tomado conocimiento de la nota que me dirigió usted el 26 de marzo sobre su resolución de abandonar esta capital. Como el gobierno de la Sublime Puerta no ha obtenido del gobierno griego la debida satisfacción a sus justas reclamaciones acerca de los acontecimientos presentes, y como el encargado de negocios de la Sublime Puerta está obligado, según las instrucciones recibidas, a abandonar Atenas, conviene, señor, que también usted abandone esta ciudad. Por eso, conforme a su deseo, le remito sus pasaportes. Como a partir de hoy quedan rotas tanto las relaciones diplomáticas como las mercantiles entre los dos países, hemos resuelto que las cancillerías helenas establecidas en las diversas provincias de nuestro imperio y los cónsules griegos regresen sin demora a su país. Los comerciantes y demás súbditos helenos que viven en Turquía tienen que abandonar igualmente Constantinopla; pero, para proteger los intereses del comercio griego, les concedemos un plazo de quince días. Para los que están establecidos en las provincias, este plazo empezará a contarse desde el día en que reciban la orden de partir. Está demostrado de modo irrefutable que nuestras provincias fronterizas han sido invadidas no por descuido, sino más bien por la tolerancia del gobierno griego. Aunque el gobierno imperial tiene indiscutiblemente el derecho a retener y embargar todos los barcos que se encuentran en nuestros puertos como prenda de las considerabilísimas pérdidas que se nos han causado, mi augusto señor piensa que se aviene mejor con su sentido de la moderación no perjudicar a los súbditos griegos en una cuestión que solo concierne al gobierno griego. Cuando ese gobierno haya vuelto a un espíritu de mayor justicia y respete los derechos internacionales y las reglas del *jus gentium*,[^5] habrá llegado la ocasión de examinar la cuestión de los gastos causados por esta insurrección. Por eso se permitirá a todos los barcos helenos volver sin impedimento a su país dentro del plazo fijado. Las autoridades competentes tienen instrucciones de facilitar la partida de los súbditos griegos especialmente necesitados y de tratar a los enfermos y débiles con el mayor miramiento posible». (El cristianísimo y civilizado gobierno de Austria maneja estas cosas de otra manera: piénsese solo en la expulsión de los tesineses.)[^6] «Creo conveniente repetir una vez más que solo el gobierno heleno nos ha impuesto esta decisión y que toda la responsabilidad por las consecuencias que de ella se deriven recae exclusivamente sobre Grecia.

> *Reshid Bajá*».

En cumplimiento de esta orden, el 5 de abril se embarcaron en Constantinopla 3.000 griegos, y el bajá de Esmirna, según nos dicen, ya ha publicado la orden para los habitantes griegos de esa ciudad.

La circular de lord Stratford de Redcliffe a los cónsules británicos en Turquía y en Grecia dice así:

> *«Constantinopla, sábado 1 de abril de 1854*

> Ha llegado a mi conocimiento que los helenos que han invadido las provincias fronterizas de Turquía incitan a la rebelión a los súbditos griegos del sultán declarando que los gobiernos de Francia y de Inglaterra están dispuestos a ayudarlos a derribar el dominio del sultán. También se me informa de que se emplean artimañas semejantes para difundir la creencia de que los embajadores francés e inglés concederían su protección a todos los súbditos helenos de Turquía en cuanto la Puerta, a consecuencia de la ruptura de las relaciones diplomáticas y mercantiles con Grecia, anunciara su intención de desterrarlos de los Estados del sultán. Como invenciones de esta clase están destinadas a alentar falsas esperanzas, a seducir a gentes bienintencionadas y a aumentar de manera criminal los sufrimientos de la guerra, me apresuro a asegurarle que estas afirmaciones carecen por completo de fundamento. En realidad, hace falta mucha ignorancia y mucha credulidad para fundar siquiera por un momento esperanzas en una quimera que está tan en contradicción con el sentido común como con los hechos. Pero por desgracia algo así se encuentra en todas partes en los países donde los caminos y los medios están todavía tan imperfectamente desarrollados. Sabe usted tan bien como yo que Inglaterra y Francia se han unido por completo a la noble resistencia que el sultán opone a una agresión violenta e injusta. De ello se sigue necesariamente que los dos gobiernos aliados solo pueden mirar con un penoso sentimiento de indignación y de reprobación un movimiento que, emprendido únicamente en favor de Rusia, ni siquiera tiene el mérito de la espontaneidad, que tiene que acabar estorbando la acción de la Puerta y de sus aliados y que no ofrece otra perspectiva que la miseria a quienes exponen su vida por una quimera aventurera. Uno se siente movido, ciertamente, a compasión por las familias inocentes que por desgracia se ven envueltas en las consecuencias de una política brutal y sin principios; pero por nuestra parte no debe haber relación alguna con los instigadores, y hay que reprimir los sentimientos que no deja de despertar la conducta de un partido irreflexivo. Debo recomendarle que no deje pasar ocasión alguna de dar a conocer el contenido de esta circular a todos los que estén inclinados a dejarse seducir por afirmaciones mentirosas como las que en ella se denuncian como tales.

> *Stratford de Redcliffe*».

Los más directamente interesados en el desenlace de las complicaciones de Oriente son, junto con los alemanes, los húngaros y los italianos. Por eso no carece de interés conocer las intenciones de los diversos partidos de estas naciones en cuanto a sus relaciones mutuas. El siguiente artículo del periódico turinés *L'Unione*, que traduzco con este fin, les mostrará las opiniones del partido constitucional de Italia, que parece muy dispuesto a sacrificar a Hungría para recobrar la independencia italiana. El secreto de la longevidad del Imperio austriaco es precisamente ese egoísmo provincial que ciega a cada pueblo con la ilusión de que podrá conquistar su libertad sacrificando la independencia del otro.

> «Los periódicos ingleses no ahorran esfuerzos para dar a la guerra inminente con Rusia la apariencia de una lucha por la libertad y la independencia europeas, cuando en realidad solo tienen a la vista los intereses comerciales de Inglaterra; prueba de ello es que lord John Russell nos aconseja a los italianos que nos estemos quietos y nos da a entender que Austria puede volverse algún día más humana. Con ello reconoce, por lo menos, que en la actualidad no tiene nada de humana. No obstante, la filantrópica Inglaterra intenta asegurarse su alianza para el “triunfo de la *libertad y la independencia de Europa*”. En cuanto a la prensa francesa, no es libre, y como tiene que temer que primero se la amoneste y a la segunda vez se la prohíba, no le queda más remedio que repetir lo que conviene al gobierno. Además, los periódicos franceses no suelen tratar las cuestiones del día con amplitud de miras y están demasiado sujetos al impulso de la moda. Los periódicos liberales alemanes escriben bajo la presión del enorme miedo que les inspira Rusia, y eso se comprende si tenemos en cuenta la influencia que ya ha adquirido sobre las dos potencias más importantes de Alemania. Pero ¿qué queremos nosotros? La independencia de Italia. Mientras se hable de la integridad territorial de Turquía y del equilibrio europeo sobre la base del tratado de Viena, es muy natural que sigamos disfrutando del mismo *statu quo*, que contradice por completo nuestros deseos. ¿Qué persigue Rusia? Acabar con el Imperio otomano y cambiar así el equilibrio del *statu quo* y el mapa de Europa. Eso es justamente lo que queremos nosotros. Se dirá, sin embargo, que Rusia quiere cambiarlo a su manera. Pero precisamente eso puede sernos útil, porque ni Francia ni Inglaterra ni Alemania pueden tolerar este nuevo aumento del territorio o de la influencia de un imperio que ya posee demasiado de ambas cosas; por eso se verán obligadas a buscar un baluarte contra Rusia. Ese baluarte solo puede ser Austria, con la que las potencias occidentales tendrán que mostrarse generosas, dándole todo el valle del Danubio desde Orsova hasta el mar Negro y, en el bajo Danubio, la Dobruja y las llaves de los Balcanes. Austria poseería entonces:

> 1. Un territorio enorme con una población emparentada entre sí.

> 2. Todo el curso de un gran río, tan necesario para el comercio de Alemania.

> En tal caso, Austria, al menos en lo que se refiere a su defensa, ya no necesitaría a Italia y concentraría unos seis millones de eslavos del sur y cuatro millones de dacorrumanos, a los que se añadirían otros tres millones de los primeros y unos cuatro millones más de los segundos, que ya están bajo su dominio.

> ¡Integridad e independencia de Turquía! Dos paradojas altisonantes. Si por independencia se entiende la libertad de una nación para poder gobernarse según sus propios principios sin que ningún extranjero tenga derecho a inmiscuirse, esa independencia ya quedó muy comprometida por el tratado de Kainarji, y con el reciente tratado con las potencias occidentales recibió el golpe de gracia (*colpo di grazia*). Por consiguiente, ya no es el sultán quien gobierna Turquía, sino las potencias europeas; y cuando musulmanes y cristianos, vencedores y vencidos, sean iguales ante la ley, cuando los rayas, que forman las cuatro quintas partes de la población, puedan llevar armas, Turquía habrá dejado de existir y empezará una transformación que no podrá llevarse a cabo sin violencia y sin los más graves desórdenes, sin choques abiertos entre las dos sectas, que durante cuatro siglos se han acostumbrado a aborrecerse mutuamente. Que no se nos hable, pues, de la independencia de Turquía sino para decir que es una fábula.

> ¡Y la integridad territorial! ¿No fueron acaso Francia e Inglaterra las que, de acuerdo con Rusia, arrancaron a Turquía el reino de Grecia, es decir, el Peloponeso, el Ática, Beocia, la Fócida, Acarnania, Etolia, la isla de Negroponto,[^7] etc., con un millón de habitantes? ¿No fueron ellas? ¿No fue Francia la que se apoderó de Argelia? ¿No fueron Francia, Inglaterra y Rusia las que concedieron a Egipto una media independencia? ¿No fue el inglés el que se apoderó hace quince años de Adén, en el mar Rojo? ¿No son de nuevo los ingleses los que codician Egipto? ¿Y no tiene Austria puestos los ojos en Bosnia y Serbia? ¿Por qué hablar entonces de conservar un estado de cosas contra el que todos conspiran y que ya no puede subsistir por sí mismo?

> Llegamos, pues, a la conclusión de que la intención de Rusia de destruir Turquía es una buena intención; de que también las potencias occidentales tienen toda la razón cuando se proponen oponerse a las usurpaciones de Rusia; pero de que, si estas potencias quieren alcanzar su objetivo, tienen que abandonar la hipocresía diplomática con que se han envuelto y resolverse a destruir Turquía y a cambiar el mapa de Europa. A esa resolución tienen que llegar».

*Karl Marx*

[^1]: En el Epiro, cerca de la frontera greco-turca de entonces.

[^2]: El 20 de octubre de 1827 la escuadra combinada de Inglaterra, Francia y Rusia destruyó en la bahía de Navarino la flota turco-egipcia.

[^3]: Mustafá Reshid Bajá (1800-1858), ministro de Asuntos Exteriores de la Puerta.

[^4]: Andreas Metaxas (1790-1860), político griego, embajador en Constantinopla.

[^5]: En latín: «derecho de gentes».

[^6]: Tras el levantamiento mazziniano de Milán de febrero de 1853, el gobierno austriaco expulsó de Lombardía a los naturales del cantón suizo del Tesino.

[^7]: Eubea.
