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Title: Los planes de guerra de Francia e Inglaterra — La insurrección griega — España — China (1854)
Description: Crónica de Marx para el New-York Daily Tribune sobre la expedición anglo-francesa a Enos y Rodosto, un plan de guerra puramente defensivo que hace el juego a Rusia, la insurrección griega del Epiro, el nuevo plazo concedido al zar, la agitación de España y las consecuencias de la revolución Taiping para las potencias en Asia.
Author: Karl Marx
Date: 1854-03-03
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1854%20Los%20planes%20de%20guerra%20de%20Francia%20e%20Inglaterra%20-%20La%20insurrecci%C3%B3n%20griega%20-%20Espa%C3%B1a%20-%20China
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*Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 3 de marzo de 1854 y publicado en el* New-York Daily Tribune*, núm. 4030, del 18 de marzo de 1854. El original inglés completo no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 10 (Berlín, 1961, pp. 110-116), sin su aparato editorial, cotejada con el texto inglés, abreviado y con resúmenes entre corchetes, de* The Eastern Question *(Londres, 1897, pp. 270-278), por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1854%20Die%20Kriegspl%C3%A4ne%20Frankreichs%20und%20Englands%20-%20Der%20griechische%20Aufstand%20-%20Spanien%20-%20China).*

*Londres, viernes 3 de marzo de 1854*

En mi última carta mencioné que sir Charles Napier[^1] debía su nombramiento como comandante en jefe de la flota del Báltico a la desconfianza que había expresado públicamente hacia la alianza francesa y a su acusación de que Francia había traicionado a Inglaterra en 1840, cuando en realidad era el gobierno inglés el que entonces conspiraba con Nicolás contra Luis Felipe.[^2] Debería haber añadido que el segundo almirante del mar Negro, sir Edmund Lyons,[^3] durante su estancia en Grecia como embajador inglés se mostró enemigo declarado de Francia y fue apartado de ese cargo a instancias de lord Stratford de Redcliffe.[^4] El ministerio ha hecho, pues, todo lo posible para sembrar con sus nombramientos la discordia no solo entre los comandantes francés e inglés, sino también entre los almirantes y el embajador inglés en Constantinopla.

Estos hechos no se niegan, y desde luego no los refuta el que Bonaparte, en el discurso de apertura ante los diputados, se felicite de su estrecha alianza con Inglaterra. La *entente cordiale* es sin duda algo más antigua que el restablecimiento de la etiqueta imperial. Lo más notable del discurso de Bonaparte no es esta reminiscencia de las alocuciones de Luis Felipe, ni que desenmascare los planes ambiciosos del zar, sino más bien que se declare públicamente protector de Alemania, y en especial de Austria, contra el enemigo interior y exterior.

Apenas se habían canjeado en Constantinopla, el 5 de febrero, las ratificaciones del tratado de la Puerta con las potencias occidentales, que contiene la cláusula de que la Puerta no podrá concluir la paz con Rusia sin su concurso, cuando ya empezaron negociaciones entre los representantes de las cuatro potencias y la Puerta sobre la situación futura de los cristianos en Turquía. El *Times* del miércoles revela el verdadero fin de estas negociaciones:

> «La situación de diversas partes del Imperio turco, a las que ya por firmanes y tratados se ha concedido la completa administración interior de sus asuntos, mientras siguen reconociendo la soberanía de la Puerta, constituye un precedente que puede extenderse sin perjuicio para ninguna de las dos partes y que quizá ofrezca la mejor salida para proveer al destino de las provincias en su situación actual».

En otras palabras, el gabinete de coalición se propone asegurar la integridad del Imperio turco en Europa convirtiendo Bosnia, Croacia, Herzegovina, Bulgaria, Albania, Rumelia y Tesalia en otros tantos Principados del Danubio. Si la Puerta acepta estas condiciones, el resultado, en caso de que los ejércitos turcos resulten victoriosos, será infaliblemente la guerra civil entre los propios turcos.

Se sabe ahora que el descubrimiento de la conspiración de Vidin no hizo más que acelerar la explosión griega, que en Bucarest se daba por un hecho consumado ya antes de estallar. El bajá de Escútari concentra todas sus tropas para impedir que los montenegrinos se unan a los griegos sublevados.

La expedición anglo-francesa puede considerarse una nueva farsa, en lo que se refiere a las intenciones *actuales* del gobierno británico. Como lugar de desembarco se ha fijado Rodosto para los franceses y Enos para los británicos.[^5] Esta última ciudad está en una pequeña península a la entrada de una bahía pantanosa, a cuyo fondo se extienden las vastas marismas del valle del Maritsa, que sin duda contribuirán extraordinariamente a la salud del campamento. No solo está *fuera* del Bósforo, sino también de los Dardanelos, y las tropas, para llegar al mar Negro, tendrán que reembarcarse y disfrutar de un rodeo por mar de unas 250 millas contra las corrientes de los estrechos, o marchar 160 millas por un país sin caminos, marcha que sin duda podría cubrirse en catorce días. Los franceses en Rodosto están al menos en el mar de Mármara y a solo siete jornadas de marcha de Constantinopla.

¿Y qué van a hacer las tropas en esta posición incomprensible? Pues bien, o marchar sobre Adrianópolis para cubrir desde allí la capital, o, en el peor de los casos, reunirse en el istmo del Quersoneso tracio para defender los Dardanelos. Así lo escribe el *Times* «con permiso de la superioridad», y hasta cita las observaciones estratégicas del mariscal Marmont[^6] para apoyar la sabiduría de este plan.

¡Cien mil hombres de tropas francesas e inglesas para defender una capital que no está amenazada y que posiblemente no pueda estarlo en los próximos doce meses! ¡Para eso, bien podían haberse quedado en casa!

Si este plan llega a ejecutarse, es sin duda el peor que podía idearse. Se funda en la peor clase de guerra defensiva, la que busca su fuerza en la inactividad absoluta. Suponiendo que la expedición haya de tener un carácter predominantemente defensivo, está claro que este fin se lograría mejor permitiendo a los turcos, apoyados en semejante reserva, pasar a la ofensiva, o al menos ocupar una posición en la que pudiera emprenderse una ofensiva ocasional y parcial allí donde las circunstancias lo permitieran. Pero en Enos y en Rodosto las tropas francesas e inglesas son completamente inútiles.

Lo peor es que un ejército de 100.000 hombres, con un número abundante de vapores de transporte y apoyado por una flota de veinte navíos de línea, representa en sí mismo una potencia capaz de la acción ofensiva más resuelta en cualquier parte del mar Negro. Una fuerza semejante tiene que tomar Crimea y Sebastopol, Odesa y Jersón, bloquear el mar de Azov, destruir las fortificaciones rusas de la costa del Cáucaso y llevar intacta la flota rusa al Bósforo, o no tiene idea de su fuerza ni de su deber como ejército activo. Los partidarios del ministerio aseguran que tales operaciones se emprenderán en cuanto los 100.000 hombres estén concentrados en Turquía, y que con el desembarco de las primeras divisiones en Enos y Rodosto solo se pretende engañar al enemigo. Pero aun en ese caso es un derroche inútil de tiempo y de fuerzas no desembarcar las tropas desde el primer momento en algún punto del mar Negro. Al enemigo no se le puede engañar. En cuanto el emperador Nicolás se entere de esta expedición de 100.000 hombres, anunciada a bombo y platillo, tiene que enviar a Sebastopol, Kaffa, Perekop y Yenikale a todo soldado de que pueda prescindir. No se puede asustar primero al adversario con armamentos inmensos y pretender luego hacerle creer que con ellos no se quiere hacer daño a nadie. La treta sería demasiado transparente, y si se cuenta con engañar a los rusos con maniobras tan lamentables, la diplomacia británica no habrá hecho con ello sino cometer un nuevo y enorme desatino.

Creo, por tanto, que quienes han ideado esta expedición quieren lisa y llanamente engañar al sultán y que, con el pretexto de asustar a Rusia todo lo posible, se esforzarán mucho por hacerle en todo caso el menor daño posible.

Si Inglaterra y Francia ocupan Constantinopla y una parte de Rumelia, si Austria ocupa Serbia y quizá Bosnia y Montenegro, y si Rusia puede reforzar su posición en Moldavia y Valaquia, eso se parece muchísimo a un eventual reparto de la Turquía europea. Turquía se encuentra hoy en peor situación que en 1772. Para inducir a la emperatriz Catalina a retirarse de los Principados del Danubio, cuya ocupación amenazaba con desembocar en un conflicto europeo, el rey de Prusia propuso entonces el primer reparto de Polonia, a fin de cubrir los gastos de la guerra ruso-turca.[^7] Recuérdese que en aquel tiempo la Puerta se había lanzado originariamente a la guerra contra Catalina para defender a Polonia del ataque ruso, y que al final Polonia fue sacrificada en el altar de la «independencia e integridad» del Imperio otomano.

La pérfida política de dilaciones del gabinete de coalición ha dado a los emisarios moscovitas la posibilidad de tramar y alimentar la insurrección griega que lord Clarendon[^8] esperaba con tanto anhelo. La insurrección había empezado el 28 de enero y, según los últimos despachos de Viena, adquirió el 13 de febrero dimensiones más amenazadoras. Se dice que los distritos de Acarnania y Etolia y partes de Ilbessan y Delonia están sublevados. En Egripo, la capital de Eubea, se dice que ha estallado una insurrección que no cede en gravedad a la de Albania. Que los turcos hayan abandonado las ciudades de Arta y Janina y que los griegos las hayan ocupado tiene menos importancia, pues las ciudadelas que las dominan siguen en manos de las tropas otomanas y, como sabemos por las numerosas guerras entre cristianos y turcos en Albania, la posesión definitiva de esas ciudades dependió siempre de la posesión de las ciudadelas. Se va a declarar el estado de sitio en los distritos de Contessa y de Salónica y en las costas de Albania. Observé en mi última carta que uno de los resultados de la insurrección griega que más debía temer la Puerta era que diera a las potencias occidentales ocasión de inmiscuirse en los asuntos entre el sultán y sus súbditos, en lugar de combatir a los rusos, y empujar así a los cristianos griegos a una alianza con el zar.[^9] Con qué avidez se agarran las potencias a esta ocasión puede verse en que el mismo correo trae la noticia de que la Puerta ha aceptado el tratado propuesto por Francia e Inglaterra y de que los embajadores francés e inglés han enviado dos vapores en ayuda de los turcos, mientras que el embajador británico en Atenas ha comunicado al gabinete del rey Otón[^10] que Inglaterra quiere intervenir en las regiones sublevadas. El resultado inmediato de la insurrección desde el punto de vista militar lo describe con toda claridad el corresponsal del *Times* en Viena como sigue:

> «En los últimos días se ha notado cierto desánimo en el cuartel general de Vidin, porque los refuerzos anunciados han recibido contraorden y van ahora camino de las regiones del suroeste de Turquía. La noticia de la insurrección de los cristianos en el Epiro ha causado una impresión inquietante en los arnautas y los albaneses del Danubio, que han pedido a voces permiso para volver a casa. Los generales de brigada Hasan Bey y Suleimán Bajá habían perdido toda influencia sobre sus tropas salvajes. Si se intentaba retenerlas por la fuerza, se temía un motín abierto; si se les permitía volver, devastarían en el camino de regreso territorio cristiano. Si el movimiento hostil de la población cristiana del oeste adquiriera dimensiones aún más amenazadoras, el ala occidental del ejército turco se vería obligada a un movimiento de retirada que compensaría con creces el golpe que han sufrido los rusos con la entrada de las flotas aliadas en el mar Negro».

Estos son algunos de los primeros resultados de la política de dilaciones que los Graham, Russell, Clarendon y Palmerston ensalzan con tanta pompa para justificar la política del ministerio en la cuestión de Oriente. Cuando el viernes a última hora de la noche se les comunicó que el zar, sin esperar a que Inglaterra llamara a sir Hamilton Seymour, lo había despedido del modo más brusco y descortés, celebraron dos consejos de ministros, uno el sábado y otro el domingo por la tarde. El resultado de sus deliberaciones es que se concede al zar un nuevo plazo de tres a cuatro semanas; este plazo se le otorgará en forma de una intimación en la que

> «se exige al zar que, dentro de los seis días siguientes a la recepción de esta comunicación, prometa solemnemente y se comprometa a hacer que sus tropas evacuen los Principados del Danubio el 30 de abril o antes».

Nótese, sin embargo, que a esta intimación *no* sigue la amenaza de una *declaración de guerra* para el caso de que el zar la rechace. Puede decirse, desde luego, y el *Times* lo dice, que pese a este plazo concedido los preparativos de guerra prosiguen con afán. Pero hay que observar que, por una parte, la resolución, anunciada por las potencias occidentales, de participar directamente en la guerra impide toda acción decidida de la Puerta en el Danubio —y cada día de demora en ese terreno empeora la situación de los turcos, porque permite a los rusos reforzarse en el frente y hace cada vez más peligrosos a los rebeldes griegos a espaldas del ejército del Danubio—, mientras que, por otra parte, el embarque de las tropas para Enos y Rodosto puede poner en apuros al sultán, pero sin duda no detendrá a los rusos.

Se ha acordado que el ejército expedicionario británico conste de unos 30.000 hombres y el francés de unos 80.000. Si en el curso de los acontecimientos resultara que Austria, mientras aparenta ponerse del lado de las potencias occidentales, solo intentaba encubrir su entendimiento con Rusia, Bonaparte tendría mucho que lamentar esta dispersión de sus tropas, de lo más imprudente.

Hay otra insurrección que puede considerarse una maniobra de diversión en favor de Rusia: la insurrección de *España*.[^11] Todo movimiento en España provoca con seguridad discordias entre Francia e Inglaterra. La intervención francesa en España de 1823 fue, como sabemos por el *Congreso de Verona* de Chateaubriand,[^12] instigada por Rusia. Que la intervención anglo-francesa de 1834, que acabó por romper la *entente cordiale* entre los dos Estados, procedía de la misma fuente podemos inferirlo de que su autor fue Palmerston.[^13] Los «matrimonios españoles» prepararon el camino a la caída de la dinastía de Orleans.[^14] En este momento, un destronamiento de la «inocente» Isabel ayudaría a un hijo de Luis Felipe, el duque de Montpensier, a hacer valer sus pretensiones al trono de España, mientras que, por otro lado, a Bonaparte se le recordaría que uno de sus tíos residió un día en Madrid.[^15] Los Orleans contarían con el apoyo de los Coburgo y con la oposición de los Bonaparte. Una insurrección española, que en modo alguno significa una revolución popular, tendría que resultar, pues, una fuerza motriz de lo más poderosa para disolver una unión tan superficial como la alianza anglo-francesa.

Se dice que se ha concluido un tratado de alianza entre Rusia, Jiva, Bujará y Kabul.

En el caso de Dost Mohammed Khan, el emir de Kabul,[^16] sería de lo más natural que intentara ahora vengarse de Inglaterra, su aliada desleal. En 1838 había ofrecido a Inglaterra declarar a Rusia una eterna venganza de sangre, si así convenía al gobierno inglés, haciendo matar al agente que el zar le había enviado; y su cólera contra Inglaterra se encendió de nuevo por el papel que esta desempeñó en 1839 en la expedición afgana, cuando fue derrocado de su trono y su país devastado del modo más cruel y sin escrúpulos. Pero como la población de Jiva, Bujará y Kabul pertenece a la fe musulmana ortodoxa de los suníes, mientras que los persas profesan las doctrinas cismáticas de los chiíes, no es de suponer que se alíe con Rusia, aliada de los persas, a los que aborrece y odia, contra Inglaterra, aliada aparente del padishá, al que considera el soberano supremo de todos los creyentes.

Con alguna probabilidad, Rusia podría tener aliados en el Tíbet y en el emperador tártaro de China, si este se viera obligado a retirarse a Manchuria y a renunciar al cetro de la China propiamente dicha. Los rebeldes chinos, como es sabido, han emprendido una verdadera cruzada contra el budismo, destruyendo sus templos y matando a sus bonzos.[^17] Pero la religión de los tártaros es el budismo, y el Tíbet, que reconoce la soberanía de China, es la sede del gran lama y el santuario de la fe budista. Por tanto, si Taiping Tianwang consigue expulsar de China a la dinastía manchú, se verá envuelto en una guerra religiosa con las potencias budistas de los tártaros. Ahora bien, como a ambos lados del Himalaya se profesa el budismo y como Inglaterra no puede menos de apoyar a la nueva dinastía china, el zar se pondrá con seguridad del lado de las tribus tártaras, las empujará contra Inglaterra y atizará revueltas religiosas en el propio Nepal. Por el último correo de Oriente sabemos

> «que el emperador de China, en previsión de la pérdida de Pekín, ha ordenado a los gobernadores de las diversas provincias que envíen las rentas imperiales a Jehol, la antigua sede de la familia y actual residencia de verano en Manchuria, a unas ochenta millas al noreste de la Gran Muralla».

Por consiguiente, cabe esperar en un futuro próximo la gran guerra religiosa entre chinos y tártaros, que se extenderá por las fronteras de la India.

*Karl Marx*

[^1]: Sir Charles Napier (1786-1860), almirante, comandante de la flota británica del Báltico en 1854. Los editores de *The Eastern Question* (1897) dicen no haber encontrado rastro de la «última carta» a que se refiere Marx.

[^2]: En 1840, durante la crisis de Oriente, Inglaterra, Rusia, Austria y Prusia firmaron en Londres, sin Francia, el tratado del 15 de julio contra Mehmet Alí de Egipto, al que apoyaba el gobierno de Luis Felipe; Francia quedó aislada y tuvo que ceder.

[^3]: Sir Edmund Lyons (1790-1858), almirante, segundo jefe de la flota británica del mar Negro; de 1835 a 1849 había sido ministro plenipotenciario en Atenas.

[^4]: Stratford Canning, vizconde Stratford de Redcliffe (1786-1880), embajador británico en Constantinopla.

[^5]: Rodosto (hoy Tekirdağ), en la costa tracia del mar de Mármara; Enos (hoy Enez), en la desembocadura del Maritsa, en el mar Egeo.

[^6]: Auguste de Marmont (1774-1852), mariscal de Napoleón, autor de un viaje por Turquía y Rusia y de escritos militares.

[^7]: La guerra ruso-turca de 1768-1774 empezó cuando la Puerta declaró la guerra a Rusia por su intervención en Polonia. Federico II de Prusia propuso compensar a Rusia con territorio polaco a cambio de que renunciara a los Principados del Danubio; el primer reparto de Polonia entre Rusia, Prusia y Austria se firmó en 1772.

[^8]: George Villiers, conde de Clarendon (1800-1870), ministro de Asuntos Exteriores del gabinete de Aberdeen.

[^9]: En la crónica del 24 de febrero de 1854, «[Los debates parlamentarios del 22 de febrero — El despacho de Pozzo di Borgo — La política de las potencias occidentales](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1854%20Los%20debates%20parlamentarios%20del%2022%20de%20febrero%20-%20El%20despacho%20de%20Pozzo%20di%20Borgo%20-%20La%20pol%C3%ADtica%20de%20las%20potencias%20occidentales)».

[^10]: Otón I (1815-1867), de la casa de Wittelsbach, rey de Grecia de 1832 a 1862.

[^11]: El 20 de febrero de 1854 se sublevó en Zaragoza un regimiento de caballería contra el gobierno de Sartorius; el levantamiento fue sofocado, pero anunció la revolución de julio de 1854.

[^12]: François-René de Chateaubriand, ministro de Asuntos Exteriores de Francia en 1822-1824, publicó en 1838 *Congrès de Vérone*, sobre el congreso de la Santa Alianza de 1822 que decidió la intervención francesa en España (los «Cien Mil Hijos de San Luis») para restaurar el absolutismo de Fernando VII.

[^13]: En 1834 Inglaterra, Francia, España y Portugal firmaron, a iniciativa de Palmerston, la Cuádruple Alianza en apoyo de Isabel II y de la reina María II de Portugal contra los pretendientes don Carlos y don Miguel.

[^14]: En 1846 Isabel II se casó con su primo Francisco de Asís de Borbón y su hermana Luisa Fernanda con el duque de Montpensier, hijo de Luis Felipe, contra la voluntad de Inglaterra; la boda rompió la *entente cordiale* anglo-francesa.

[^15]: José Bonaparte, hermano de Napoleón I y tío de Napoleón III, fue rey de España de 1808 a 1813.

[^16]: Dost Mohammed Khan (1793-1863), emir de Afganistán. En la primera guerra anglo-afgana (1839-1842) los británicos lo derrocaron y pusieron en su lugar a Shah Shuja; en 1842 recuperó el trono.

[^17]: La rebelión Taiping (1850-1864), dirigida por Hong Xiuquan, que se proclamó Tianwang («rey celestial») y fundó en Nankín, en 1853, el «Reino Celestial de la Gran Paz».
