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Title: Rumores sobre la detención de Mazzini — El empréstito forzoso austriaco — España — La situación en Valaquia (1854)
Description: Crónica londinense de Marx para el New-York Daily Tribune: la fuga de Mazzini, el empréstito nacional austriaco «voluntario», la partida clandestina de Cristina y las prebendas de los generales en España, el saqueo ruso de Valaquia, la intervención británica en Grecia y la sublevación de Anatolia.
Author: Karl Marx
Date: 1854-09-12
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1854%20Rumores%20sobre%20la%20detenci%C3%B3n%20de%20Mazzini%20-%20El%20empr%C3%A9stito%20forzoso%20austriaco%20-%20Espa%C3%B1a%20-%20La%20situaci%C3%B3n%20en%20Valaquia
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*Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 12 de septiembre de 1854 y publicado en el* New-York Daily Tribune*, núm. 4197, del 30 de septiembre de 1854. El original inglés solo se conserva en fuentes libres en versión abreviada (en* The Eastern Question *(Londres, 1897, ed. de Eleanor Marx Aveling y Edward Aveling), pp. 466-468, que solo recoge, con cortes, las partes sobre Valaquia, Grecia y Turquía): se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 10 (Berlín, 1961, pp. 492-497), sin su aparato editorial, cotejada con ese texto inglés, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1854%20Ger%C3%BCchte%20%C3%BCber%20die%20Verhaftung%20Mazzinis%20-%20Die%20%C3%B6sterreichische%20Zwangsanleihe%20-%20Spanien%20-%20Die%20Lage%20in%20der%20Walachei).*

Londres, martes 12 de septiembre de 1854

Los periódicos traen diversos rumores sobre la detención de Mazzini cerca de Basilea. Un amigo me ha hecho la siguiente comunicación: Mazzini fue efectivamente detenido por dos gendarmes en Zúrich, pero solo por unas horas; luego se escapó. Le facilitó la fuga otro italiano que se dejó detener al mismo tiempo en otro lugar, haciéndose pasar por Mazzini. Con este golpe se despistó a las autoridades, y el propio señor Druey[^1] telegrafió desde Berna a Ginebra que no hacía falta seguir buscando, porque Mazzini estaba en la cárcel. Se supone que la persona detenida en lugar de Mazzini es Saffi,[^2] aunque algunos dicen que era un oficial húngaro llamado Türr.[^3]

La *Gazzetta di Milano* del 31 de agosto hace constar con satisfacción que el consejo municipal de Pavía, en su sesión del 28 de agosto, acordó participar en el empréstito nacional suscribiendo 200.000 florines. En contradicción con esta noticia, un periódico no oficial publica lo siguiente como el verdadero acuerdo de ese consejo:

> «La administración municipal de Pavía suscribe la parte *impuesta* y *fijada* a la ciudad de Pavía, pero no lo hace como representante del municipio ni en su calidad de contribuyente, sino solo como órgano del Gobierno y porque depende del poder ejecutivo, al que según la circular de 1830 debe obediencia absoluta, y en cumplimiento de las órdenes que le transmitió el gobernador el 7 de agosto».

En Treviso el empréstito voluntario se suscribió también solo bajo amenaza directa. Del informe del consejo de Trieste se desprende que ni siquiera en aquella ciudad archiaustriaca y leal se ha tomado el empréstito tan voluntaria ni tan generalmente como lo presentan los periódicos austriacos:

> «Nuestro municipio ha suscrito otro millón para el empréstito nacional. El ayuntamiento hace saber por la presente que esta suma se repartirá entre los contribuyentes que hasta ahora no han participado en el empréstito o no lo han hecho en proporción a su fortuna. Al mismo tiempo se fija el 6 de septiembre como último plazo para la suscripción voluntaria. El consejo espera que todos se apresurarán a aprovechar las ventajas que ofrece el empréstito, tanto más cuanto que, pasado este plazo, el consejo se verá en la amarga necesidad de proceder por la fuerza».

La prensa reaccionaria todavía no está satisfecha con las últimas medidas del Gobierno español; refunfuña porque se ha hecho un nuevo compromiso con la revolución. Así, leemos en el *Journal des Débats*:

> «Todavía el 7 de agosto Espartero había declarado “que, conforme a los deseos de la población de Madrid, la duquesa de Riánsares[^4] no saldrá de la capital ni de día ni de noche ni de manera clandestina”. Y ya el 28 de agosto, tras veintiún días de arresto, se permitió a la reina Cristina partir a plena luz del día y con cierta pompa. Pero el Gobierno fue lo bastante débil para ordenar al mismo tiempo la confiscación de sus bienes».

El *Débats* espera ahora que se revoque esa orden. Pero las esperanzas del *Débats* quizá estén en este caso aún más condenadas al fracaso que cuando expresaba débiles esperanzas de que Bonaparte no llevara a cabo la confiscación de los bienes de los Orleans.[^5] El jefe político de Oviedo ya ha empezado a confiscar las minas de carbón que Cristina poseía en la provincia de Asturias. Los directores de las minas de Siero, Langreo y Piero Gorril han recibido orden de hacer inventario y de poner su administración en manos del Gobierno.

En cuanto a la «plena luz del día» con que el *Débats* hace partir a Cristina, está completamente mal informado. La reina Cristina, al salir de sus habitaciones, cruzó los pasillos en un silencio sepulcral: se había mantenido alejado a todo el mundo con el mayor cuidado. La Milicia Nacional, que se encontraba en los cuarteles del patio del palacio, no se enteró de su partida. Todo el plan se llevó a cabo con tanto secreto que hasta Carrigò, responsable de su escolta, recibió sus órdenes en el momento mismo de la partida. La escolta supo de la misión que se le había confiado solo a doce millas de Madrid, donde Carrigò tuvo toda clase de dificultades para impedir que sus hombres insultaran a Cristina o se volvieran directamente a Madrid. Los jefes de la Milicia Nacional se enteraron del asunto solo dos horas después de la partida de madame Muñoz. Según el informe de *La España*, llegó a la frontera portuguesa en la mañana del 3 de septiembre. Dicen que estuvo de muy buen humor durante el viaje, pero que su duque estaba un poco triste. Las relaciones entre Cristina y este mismo Muñoz solo pueden entenderse por la respuesta que da don Quijote a la pregunta de Sancho Panza de por qué ama a una moza aldeana tan ordinaria como su Dulcinea, cuando podría tener princesas a sus pies:

> «Una dama», respondió el digno caballero, «rodeada de un enjambre de admiradores nobles, ricos e ingeniosos, fue preguntada por qué había tomado por amante a un rústico tosco. “Habéis de saber”, dijo la dama, “que para lo que yo le quiero, sabe más filosofía que el mismo Aristóteles”».[^6]

La posición que adopta en general la prensa reaccionaria ante los asuntos españoles puede juzgarse por algunos extractos de la *Kölnische Zeitung* y de la *Indépendance Belge*. La primera dice:

> «Según una carta de un hombre muy moderado, perteneciente al partido de O’Donnell, la situación es muy tensa, porque reina una profunda división entre los partidos. Las clases trabajadoras están continuamente muy agitadas, porque las trabajan los agitadores».

> «El porvenir de la monarquía española», dice la *Indépendance*, «está expuesto a grandes peligros. Todos los verdaderos patriotas españoles coinciden en la necesidad de reprimir las orgías revolucionarias. La furia de los libelistas y de los constructores de barricadas se desata contra Espartero y su Gobierno con la misma violencia que contra San Luis y el banquero Salamanca. Pero en verdad no se puede hacer responsable de semejantes excesos a esta nación caballeresca. No hay que confundir al pueblo de Madrid con la chusma que gritaba “muera Cristina”, ni hacerlo responsable de los infames libelos titulados *Los robos de San Luis, Cristina y sus cómplices*, que se difundieron entre la población. Las 1.800 barricadas de Madrid y las manifestaciones ultracomunistas de Barcelona revelan la injerencia de la democracia extranjera en las saturnales españolas. Lo cierto es que un gran número de refugiados de Francia, de Alemania y de Italia ha tomado parte en los lamentables sucesos que agitan ahora la Península. Lo cierto es que España está al borde de un incendio social; el resultado inmediato será la pérdida de la perla de las Antillas, la rica isla de Cuba, porque impide a España combatir las ambiciones norteamericanas o el patriotismo de un Soulé o de un Sanders.[^7] Ya es hora de que España abra los ojos y de que todos los hombres honrados de la Europa civilizada se unan para dar la voz de alarma».

Desde luego, no hace falta ninguna intervención de la democracia extranjera para soliviantar a la población de Madrid cuando ve que su Gobierno rompe el 28 la palabra que dio el 7, suprime el derecho de reunión y restablece la ley de imprenta de 1837, que exige a todo editor un *cautionnement*[^8] de 40.000 reales y 300 reales de contribución directa. Si las provincias siguen agitadas por movimientos vagos e indecisos, ¿qué otra causa vamos a encontrar para ello sino la falta de un centro de acción revolucionaria? Desde que el llamado Gobierno revolucionario cayó en manos de Espartero no ha salido un solo decreto en beneficio de las provincias. Las provincias ven que está rodeado del mismo servilismo, de las mismas intrigas y de la misma caza de empleos que bajo San Luis. Al Gobierno se le pega el mismo enjambre: la plaga que asola España desde los tiempos de los Felipes.

Echemos solo una ojeada al último número de la *Gaceta* de Madrid, del 6 de septiembre. Trae un informe de O’Donnell que anuncia un número tan grande de grados y honores militares que de cada tres generales solo uno puede emplearse en servicio activo. Es el mismo mal que es la maldición de España desde 1823: ese séquito de generales supernumerarios. Cabría pensar que seguiría un decreto para remediar el mal. Nada de eso. El decreto que sigue al informe convoca una junta consultiva de guerra compuesta de cierto número de generales nombrados por el Gobierno de entre los generales que no tienen actualmente destino en el ejército. Además de su sueldo ordinario, estos hombres percibirán: cada teniente general, 5.000 reales, y cada mariscal de campo, 6.000 reales. El general Manuel de la Concha ha sido nombrado presidente de esta junta militar de sinecuras. El mismo número de la *Gaceta* contiene otra lista de condecoraciones, nombramientos, etc., como si el primer gran reparto no hubiera cumplido su fin. San Miguel y Dulce han recibido la gran cruz de la Orden de Carlos III; todas las recompensas y honores provisionales acordados por la Junta de Zaragoza se confirman y se amplían. Pero lo más notable de este número de la *Gaceta* es el anuncio de que el día 11 del corriente se reanudarán los pagos a los acreedores del Estado. ¡Increíble locura del pueblo español, no estar contento con estas conquistas de su Gobierno revolucionario!

Viajeros llegados hace poco de Valaquia cuentan el estado lamentable de ese principado. Es sabido que Rusia cargó a los Principados con 14 millones de francos de deuda por la ocupación de 1848-1849. Esta suma la cobraron los generales rusos durante la última ocupación. Los rusos se retiraron después de vaciar todas las cajas de parroquias, monasterios y municipios: con el contenido de esas cajas pagaron los suministros que, según contrato, recibían de los propietarios y campesinos valacos. En cambio, los medios de transporte, que pesan mucho en un país agrícola, así como la leña, el carbón, la paja, etc., no se pagaron en absoluto, sino que simplemente se requisaron. El tesoro de los Principados está, por consiguiente, tan agotado que es de esperar la bancarrota de las parroquias. Y eso sin contar el uso de las casas convertidas en hospitales ni la multitud de fortunas que los boyardos, por miedo al saqueo turco, confiaron a manos rusas.

En una carta de Atenas del 29 de agosto leemos:

> «El rey[^9] sigue negándose a pagar ninguna indemnización a los turcos. El odio contra las tropas occidentales crece, y ya varios soldados franceses han sido maltratados por el pueblo».

Podría contar a sus lectores historias curiosas de cómo se disolvieron los municipios griegos por influencia británica, de cómo se les impuso a Capodistria[^10] y de cómo todo este pueblo ha sido desmoralizado por las maquinaciones de lord Palmerston. Hasta qué punto es sincera la intervención del Gobierno británico en Grecia todavía en este momento lo revela sobradamente el apoyo que presta al general Kalergis,[^11] un hombre que, como Capodistria, ha nacido, se ha criado y reside en Rusia.

Lord Stratford de Redcliffe y el Gobierno británico han logrado por fin lo que llevaban mucho tiempo esforzándose por provocar: una revolución en Turquía, si no en la parte europea, al menos en Anatolia. Ya sabíamos por noticias de Rodas que en la costa frente a esta isla se habían alzado los zeibeks, un belicoso pueblo montañés otomano. El *Journal de Constantinople* del 20 de agosto informa ahora de que la anarquía crece de día en día en aquellas regiones. Como no hay ejército regular, los rebeldes bajan continuamente de las montañas, invaden las aldeas, cobran el diezmo, saquean a los habitantes y a las caravanas, violan a las mujeres y matan a todo el que se resiste. Sus excesos son peores en la provincia de Menteşe. El gobernador tuvo que huir de Aydın a Tire. Denizli está en sus manos, y el muftí Sahib Efendi, que fue a avisar al gobernador general, fue apresado y decapitado con sus seguidores. Su número asciende a miles. El origen de estos disturbios son los bashibozuks[^12] que vuelven de Kars y de Bayazid y que acusan a la Puerta de oprimir a los turcos y someterse a los rusos.

Si echamos una mirada a Europa, encontramos síntomas de revolución en España, en Italia, en Dinamarca, en los Principados del Danubio, en Grecia y en la Turquía asiática; y hasta en las filas del ejército francés de Varna ha vuelto a resonar el grito de «*A bas les singes!*».[^13]

*Karl Marx*

[^1]: Henri Druey (1799-1855), radical suizo, miembro del Consejo Federal.
[^2]: Aurelio Saffi (1819-1890), republicano italiano, triunviro de la República romana de 1849 con Mazzini.
[^3]: István Türr (1825-1908), oficial húngaro de la revolución de 1848-1849, emigrado; más tarde general de Garibaldi.
[^4]: María Cristina, casada con Agustín Fernando Muñoz, duque de Riánsares.
[^5]: Por decreto del 22 de enero de 1852, Luis Bonaparte confiscó los bienes de la familia de Orleans.
[^6]: Paráfrasis de *Don Quijote*, primera parte, cap. XXV, donde don Quijote cuenta la historia de una viuda rica enamorada de un mozo motilón, que respondió a su reprensor: «para lo que yo le quiero, tanta filosofía sabe, y más, que Aristóteles».
[^7]: George Nicholas Sanders (1812-1873), cónsul de los Estados Unidos en Londres, partidario de la expansión norteamericana y amigo de los revolucionarios europeos emigrados.
[^8]: En francés en el original: «fianza».
[^9]: Otón I de Baviera (1815-1867), rey de Grecia de 1832 a 1862.
[^10]: Ioannis Kapodistrias, o Capodistria (1776-1831), nacido en Corfú, diplomático al servicio de Rusia, presidente de Grecia de 1827 a 1831.
[^11]: Dimitrios Kalergis (1803-1867), general griego nacido en Creta, ministro de la Guerra desde mayo de 1854.
[^12]: Tropas irregulares otomanas.
[^13]: En francés en el original: «¡Abajo los monos!». Grito atribuido a los zuavos acampados en Varna contra sus mandos bonapartistas.
