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Title: Alemania y el paneslavismo (1855)
Description: Dos artículos de Engels para la Neue Oder-Zeitung sobre el paneslavismo, nacido entre los eslavos de Austria como movimiento literario y convertido por Rusia en programa político con ochocientas mil bayonetas, y sobre la dependencia en que la ayuda eslava y rusa de 1848-1849 dejó a Austria.
Author: Friedrich Engels
Date: 1855-04-17
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1855%20Alemania%20y%20el%20paneslavismo
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*Escrito por Friedrich Engels hacia el 17 de abril de 1855 y publicado en la* Neue Oder-Zeitung *(Breslau), núm. 185, del 21 de abril, y núm. 189, del 24 de abril de 1855. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 11 (Berlín, 1961, pp. 193-199), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1855%20Deutschland%20und%20der%20Panslawismus).*

## I

Se asegura de muy buena fuente que el *actual* emperador de Rusia ha hecho llegar a ciertas cortes un despacho en el que se dice, entre otras cosas:

> «En el momento en que Austria se alíe irrevocablemente con Occidente o cometa cualquier acto abiertamente hostil contra Rusia, *Alejandro II se pondrá él mismo* a *la cabeza del movimiento paneslavista* y cambiará su título actual de *emperador de todas las Rusias* por el de *emperador de todos los eslavos*» (?).

Esta declaración de Alejandro,[^1] si es auténtica, es la primera palabra franca desde el comienzo de la guerra. Es el primer paso para dar a la guerra el carácter europeo que hasta ahora acechaba detrás de toda clase de pretextos y fingimientos, de protocolos y tratados, de párrafos de Vattel y citas de Pufendorf.[^2] La independencia, e incluso la existencia, de Turquía queda con ello relegada a segundo plano. Ya no se trata de quién ha de gobernar en Constantinopla, sino de quién ha de dominar Europa entera. La raza eslava, largo tiempo dividida por discordias internas, empujada hacia el este por los alemanes, sojuzgada en parte por alemanes, turcos y húngaros, que después de 1815 ha ido reuniendo calladamente sus ramas mediante el crecimiento gradual del paneslavismo, afirma ahora por primera vez su unidad y declara con ello la guerra a muerte a las razas romano-celta y germánica que han dominado hasta ahora en Europa. El paneslavismo no es solo un movimiento por la independencia nacional; es un movimiento que aspira a deshacer lo que ha creado una historia de mil años, que no puede realizarse sin borrar del mapa de Europa a Turquía, a Hungría y a la mitad de Alemania, y que, si alcanzara este resultado, no podría asegurar su duración sino con el sojuzgamiento de Europa. El paneslavismo se ha transformado ahora de una profesión de fe en un programa político con 800.000 bayonetas a su disposición. Solo deja a Europa una alternativa: el sojuzgamiento por los eslavos o la destrucción para siempre del centro de su fuerza ofensiva, Rusia.

La siguiente pregunta que hemos de responder es esta: ¿cómo afecta a Austria el paneslavismo uniformado por Rusia? De los setenta millones de eslavos que viven al este del Bosque de Bohemia y de los Alpes de Carintia, unos 15 millones están sometidos al cetro austriaco, entre los que se encuentran representantes de casi todas las variedades de la lengua eslava. La rama bohemia o checa (6 millones) cae por entero bajo la soberanía austriaca; la polaca está representada por unos 3 millones de galitzianos; la rusa, por 3 millones de malorrusos (rusos rojos, rutenos) de Galitzia y del nordeste de Hungría, la única rama rusa fuera del ámbito del Imperio ruso; la eslava del sur, por unos 3 millones de eslovenos (carintios y croatas) y serbios, incluidos búlgaros dispersos. Los eslavos austriacos se dividen así en dos clases. Una parte la forman restos de nacionalidades cuya historia propia pertenece al pasado y cuyo desarrollo histórico actual está ligado al de naciones de otra raza y otra lengua. Para completar su lamentable situación nacional, estos tristes restos de una grandeza anterior ni siquiera poseen una organización nacional dentro de Austria, sino que están más bien repartidos entre diversas provincias. Los eslovenos, aunque apenas son 1.500.000, están dispersos por las distintas provincias de Carniola, Carintia, Estiria, Croacia y el sudoeste de Hungría. Los bohemios, aunque son la rama más numerosa de los eslavos austriacos, están asentados en parte en Bohemia, en parte en Moravia y en parte (la rama eslovaca) en el noroeste de Hungría. Estas nacionalidades, pues, aunque viven exclusivamente en suelo austriaco, no están en modo alguno reconocidas como naciones constituidas. Se las considera apéndices de la nación alemana o de la húngara, y, en efecto, no son otra cosa. La segunda clase de los eslavos austriacos la forman fragmentos de distintas ramas que en el curso de la historia se han separado del gran cuerpo de su nación y cuyo centro de gravedad está por eso fuera de Austria. Así, los polacos austriacos tienen su centro natural de gravitación en la Polonia rusa; los rutenos, en las demás provincias malorrusas unidas a Rusia, y los serbios, en la Serbia turca. Que estos fragmentos, desgajados de sus respectivas nacionalidades, graviten hacia su centro natural se entiende por sí mismo, y se hace más visible cuanto más se extienden entre ellos la civilización y, con ella, la necesidad de una actividad histórica nacional. En ambos casos los eslavos austriacos no son más que *disjecta membra*[^3] que aspiran a reunirse, ya entre sí, ya con el cuerpo principal de sus respectivas nacionalidades. Esta es la razón de que *el paneslavismo no sea un invento ruso, sino austriaco*. Para asegurar la restauración de cada nacionalidad eslava en particular, las diversas ramas eslavas de Austria empiezan a trabajar por una unión de todas las ramas eslavas de Europa. Rusia, fuerte por sí misma, y Polonia, consciente también de la invencible tenacidad de su vida nacional y además en abierta enemistad con la Rusia eslava, no estaban evidentemente llamadas a inventar el paneslavismo. Los serbios y los búlgaros de Turquía, por su parte, eran demasiado bárbaros para concebir semejante idea; los búlgaros se someten tranquilamente a los turcos, y los serbios tenían bastante que hacer con la lucha por su propia independencia.

## II

La primera forma del paneslavismo fue puramente literaria. *Dobrovský*, un bohemio, fundador de la filología científica de los dialectos eslavos, y *Kollár*, un poeta eslovaco de los Cárpatos húngaros, fueron sus inventores.[^4] En Dobrovský era el entusiasmo del descubridor científico; en Kollár pronto predominaron las ideas políticas. Pero el paneslavismo todavía se contentaba con la elegía, y la grandeza del pasado, la ignominia, la desgracia y la opresión extranjera del presente eran el tema principal de su poesía. «¿No hay, oh Dios, ningún hombre en la tierra que quiera hacer justicia al eslavo?». Los sueños de un imperio paneslavo que dictara leyes a Europa apenas se atrevían todavía a insinuarse. Pero el periodo de las lamentaciones pasó pronto, y con él el grito por la simple «justicia para el eslavo». La investigación histórica, que abarcaba el desarrollo político, literario y lingüístico de la raza eslava, hizo progresos gigantescos en Austria. *Šafárik, Kopitar* y *Miklošič* como lingüistas y *Palacký* como historiador se pusieron a la cabeza,[^5] seguidos de un enjambre de otros de menor talento científico o de ninguno, como *Hanka, Gaj*, etc.[^6] Las épocas gloriosas de la historia bohemia y serbia se pintaron con colores ardientes en contraste con el presente envilecido y quebrantado de esas nacionalidades; y así como en el resto de Alemania, al amparo de la «filosofía», se sometieron a la crítica la política y la teología, así en Austria, ante los ojos de Metternich, los paneslavistas se sirvieron de la filología para predicar la doctrina de la unidad eslava y crear un partido político cuyo objetivo inconfundible era trastocar las relaciones de todas las nacionalidades de Austria y convertir a la propia Austria en un gran imperio eslavo.

La confusión de lenguas que reina al este de Bohemia y de Carintia hasta el mar Negro es verdaderamente asombrosa. El proceso de desnacionalización de los eslavos limítrofes con Alemania, el avance lento pero ininterrumpido de los alemanes, la irrupción de los húngaros, que separó a los eslavos del norte de los del sur con una masa compacta de 7 millones de raza finesa, la intercalación de turcos, tártaros y valacos en medio de las ramas eslavas, produjeron una Babel lingüística. De aldea en aldea, casi de granja en granja, varía la lengua. La propia Bohemia cuenta, entre 5 millones de habitantes, 2 millones de alemanes junto a 3 millones de eslavos, y además está rodeada por tres lados de alemanes. Lo mismo ocurre con las ramas eslavas de Austria. Devolver a los eslavos todo el suelo originariamente eslavo y convertir Austria, con excepción del Tirol y de Lombardía, en un imperio eslavo, que era lo que se proponían los paneslavistas, significaba declarar nulo y sin valor el desarrollo histórico de los últimos mil años, amputar un tercio de Alemania y convertir toda Hungría, y Viena y Budapest, en ciudades eslavas, un procedimiento con el que los alemanes y los húngaros que poseen esos distritos no podían precisamente simpatizar. Además, la diferencia entre los dialectos eslavos es tan grande que, con pocas excepciones, son mutuamente ininteligibles. Esto se demostró de forma cómica en el Congreso Eslavo de Praga de 1848,[^7] donde, tras diversos e inútiles intentos de dar con una lengua comprensible para todos los miembros, tuvieron finalmente que hablar la lengua que más odiaban todos: el *alemán*.

Vemos así que al paneslavismo austriaco le faltaban los elementos más esenciales del éxito: la masa y la unidad. La *masa*, porque el partido paneslavista, limitado a una parte de las clases cultas, no tenía influencia en el pueblo y, por tanto, tampoco fuerza para resistir a la vez al gobierno austriaco y a las nacionalidades alemana y húngara, a las que desafiaba. La *unidad*, porque su principio de unidad era puramente ideal y se rompió al primer intento de realizarlo ante el hecho de la diversidad de lenguas. Mientras el paneslavismo siguió siendo un movimiento puramente austriaco, no ofrecía gran peligro; pero el centro de unidad y de masa que necesitaba se le encontró muy pronto.

El movimiento nacional de los serbios de Turquía a comienzos de este siglo atrajo pronto la atención del *gobierno ruso* sobre el hecho de que unos 7 millones de eslavos habitaban Turquía, cuya lengua se parecía a la rusa más que todos los demás dialectos eslavos y cuya religión y lengua *sagrada* —el eslavo antiguo o eclesiástico— eran exactamente las mismas que las de los rusos. Fue entre estos serbios y búlgaros donde Rusia empezó por primera vez una agitación paneslavista, apoyada por la posición de Rusia como cabeza y protectora de la Iglesia griega. Cuando el movimiento paneslavista hubo ganado algún terreno en Austria, Rusia extendió muy pronto las ramificaciones de sus agencias al territorio de su aliada. Donde se encontraba con eslavos católicos romanos, se dejaba caer el aspecto religioso de la cuestión y Rusia se presentaba simplemente como el centro de gravitación de la raza eslava, como el núcleo en torno al cual habían de cristalizar las ramas eslavas regeneradas, como el pueblo fuerte y unido llamado a realizar el gran imperio eslavo del Elba a China y del Adriático al mar Glacial. ¡Aquí estaban, pues, la unidad y la masa que faltaban! El paneslavismo cayó en el acto en la trampa. Así pronunció su propia sentencia. Para reafirmar nacionalidades imaginarias, los paneslavistas se declararon dispuestos a sacrificar a la barbarie ruso-mongola ochocientos años de participación efectiva en la civilización. ¿No era ese el resultado natural de un movimiento que empezó con una reacción decidida contra la marcha de la civilización europea y quería hacer retroceder la historia universal?

Metternich, en los mejores años de su poder, reconoció el peligro y caló las intrigas rusas. Reprimió el movimiento con todos los medios a su alcance. Pero todos sus medios se resumían en *una* palabra: *represión*. Los únicos medios adecuados —el libre desarrollo del espíritu alemán y húngaro, más que suficiente para ahuyentar el fantasma eslavo— no cabían en el sistema de su pequeña política. En consecuencia, tras la caída de Metternich, en 1848, el movimiento eslavo estalló más fuerte que nunca y abarcando capas de la población más amplias que nunca. Pero entonces salió enseguida a la luz su carácter profundamente reaccionario. Mientras que los movimientos alemán y húngaro de Austria eran decididamente progresistas, fueron los eslavos los que salvaron de la destrucción al viejo sistema y permitieron a Radetzky avanzar hasta el Mincio y a Windischgrätz conquistar Viena.[^8] Para completar la dependencia de Austria respecto de la raza eslava, en 1849 la gran *reserva eslava*, el ejército ruso, tuvo que bajar a Hungría y dictar allí la paz por cuenta de Austria.[^9]

Pero si la adhesión del movimiento paneslavo a Rusia fue su propia condena, Austria reconoció no menos su falta de vitalidad al aceptar, y aun al reclamar, esa ayuda eslava contra las tres únicas naciones de sus dominios que poseen y demuestran fuerza vital histórica: alemanes, italianos y húngaros. Desde 1848 esta deuda con el paneslavismo ha tenido siempre postrada a Austria, y la conciencia de ella ha sido el resorte principal de la política austriaca.

Lo primero que hizo Austria fue reaccionar contra los eslavos en su propio territorio, y eso solo era posible mediante una política al menos en parte progresista. Se quebrantaron los privilegios de todas las provincias, una administración centralizada sustituyó a una federativa, y en lugar de las diversas nacionalidades se había de reconocer únicamente una nacionalidad *artificial*, la *austriaca*. Aunque estas innovaciones se dirigían en parte también contra los elementos alemán, italiano y húngaro, recayeron con el mayor peso sobre las ramas eslavas, menos compactas, y dieron al elemento alemán un considerable predominio. Si de este modo quedaba eliminada la dependencia de los eslavos en el interior, quedaba la dependencia respecto de Rusia y la necesidad de romper, al menos por un momento y en cierta medida, esta dependencia directa y humillante. Esa fue la verdadera razón de la política antirrusa de Austria en la cuestión de Oriente, vacilante, sí, pero al menos proclamada públicamente. Por otra parte, el paneslavismo no ha desaparecido; está profundamente herido, guarda rencor, calla y, desde la intervención en Hungría, mira al emperador de Rusia como a su Mesías predestinado. No nos corresponde examinar si Austria, en caso de que Rusia se presente abiertamente como cabeza del paneslavismo, puede responder con concesiones a Hungría y a Polonia sin poner en peligro su existencia. Lo cierto es que ya no es solo Rusia, es la conjura paneslavista la que amenaza con fundar su imperio sobre las ruinas de Europa. La unión de todos los eslavos, por la innegable fuerza que posee y puede llegar a tener, obligará pronto al bando que se le opone a presentarse de una forma del todo distinta de la que ha tenido hasta ahora. No hemos hablado en esta ocasión de los polacos —en su honor, casi siempre decididamente hostiles al paneslavismo— ni de la forma presuntamente democrática y socialista del paneslavismo, que en el fondo solo se distingue del vulgar y honrado paneslavismo ruso por su fraseología y su hipocresía. Tampoco hemos hablado de la especulación alemana, que por una ignorancia sublimada ha descendido a órgano de la conjura rusa. Volveremos con detalle sobre estas y otras cuestiones relacionadas con el paneslavismo.

[^1]: Alejandro II (1818-1881), zar desde la muerte de su padre, Nicolás I, el 2 de marzo de 1855.

[^2]: Emer de Vattel (1714-1767), autor de *Le Droit des gens* (1758), y Samuel Pufendorf (1632-1694), autor de *De jure naturae et gentium* (1672), tratadistas del derecho natural y de gentes.

[^3]: «Miembros dispersos»; la expresión procede de Horacio (*Sátiras*, I, 4, 62: *disiecti membra poetae*).

[^4]: Josef Dobrovský (1753-1829), filólogo checo, fundador de la eslavística, y Ján Kollár (1793-1852), poeta eslovaco que escribía en checo, autor del ciclo *La hija de Slava* (*Slávy dcera*, 1824) y del tratado sobre la reciprocidad literaria de los eslavos.

[^5]: Pavel Josef Šafárik (1795-1861), autor de las *Antigüedades eslavas*; Jernej Kopitar (1780-1844), filólogo esloveno, censor en Viena; Franz Miklosich (Miklošič, 1813-1891), filólogo esloveno, profesor en Viena; František Palacký (1798-1876), autor de una *Historia de Bohemia* y presidente del Congreso Eslavo de 1848.

[^6]: Václav Hanka (1791-1861), filólogo checo, editor de los manuscritos de Königinhof y de Grünberg, presentados como medievales y que resultaron ser falsificaciones; Ljudevit Gaj (1809-1872), jefe del movimiento ilirio croata.

[^7]: El congreso de los eslavos de Austria reunido en Praga en junio de 1848 y disuelto por la insurrección de la ciudad y el bombardeo de Windischgrätz.

[^8]: Joseph Radetzky (1766-1858), comandante del ejército austriaco en Italia, que en 1848 venció a los piamonteses y recuperó Lombardía, y Alfred zu Windischgrätz (1787-1862), que bombardeó Praga en junio de 1848 y tomó la Viena insurrecta a finales de octubre.

[^9]: La intervención del ejército ruso de Paskévich, que en el verano de 1849 aplastó la revolución húngara; el ejército húngaro de Görgey capituló ante los rusos en Világos el 13 de agosto.
