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Title: El último gobierno británico (1855)
Description: Editorial de Marx y Engels para el New-York Daily Tribune: balance de los dos años del gabinete de coalición de Aberdeen, «todos los talentos», desde sus pretensiones iniciales hasta su caída ignominiosa.
Author: Karl Marx, Friedrich Engels
Date: 1855-02-01
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1855%20El%20%C3%BAltimo%20gobierno%20brit%C3%A1nico
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*Escrito en inglés por Karl Marx y Friedrich Engels el 1 de febrero de 1855 y publicado como editorial en el* New-York Daily Tribune*, núm. 4321, del 23 de febrero de 1855. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 11 (Berlín, 1961, pp. 22-28), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. La MEW atribuye el artículo a Marx y Engels. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1855%20Die%20letzte%20britische%20Regierung).*

Al registrar la entrada en funciones del gobierno de lord Palmerston, al que, estamos convencidos, le espera una carrera corta y no muy brillante, no parece fuera de lugar echar una mirada a la historia de su predecesor, del que es difícil decir si en la crónica futura lo que más lo distinguirá será la grandiosidad de sus pretensiones iniciales, la trascendencia de los acontecimientos en los que intervino con una incapacidad sin igual o la ignominia de su caída.

Se recordará que lord Aberdeen y su coalición llegaron al poder gracias a la votación que el 16 de diciembre de 1852 derribó al ministerio Derby.[^1] Disraeli se quedó en minoría por 19 votos en una votación sobre su presupuesto, con el pretexto de que la extensión del impuesto sobre las casas y del ámbito general de la tributación directa que proponía no concordaba con los principios de la sana economía política de los whigs y los peelitas.[^2] En realidad, sin embargo, la votación la decidió la Brigada Irlandesa,[^3] cuyos motivos, como es bien sabido, son de naturaleza mucho menos teórica; e incluso los llamados liberales y conservadores liberales tuvieron que desmentir sus palabras con sus hechos cuando repitieron en su propio presupuesto muchas de las propuestas de Disraeli y la mayoría de sus argumentos. En cualquier caso, los tories fueron echados y, tras algunas luchas e intentos infructuosos, se formó esta coalición con la que, según el *Times* de Londres, Inglaterra había llegado ahora «al comienzo del milenio político». Este milenio duró exactamente dos años y un mes; terminó, entre la indignación general del pueblo británico, en un fracaso y un fiasco completos. El mismo *Times* que había anunciado la llegada al poder de «todos los talentos»[^4] como el comienzo de un milenio fue precisamente el que más contribuyó a su caída.

Los «talentos» se reunieron con el Parlamento el 10 de febrero de 1853. Repitieron una vez más el mismo programa whig que lord John Russell ya había inaugurado en 1850 y que había llevado muy pronto a la caída de aquel ministerio. En la tarea principal, la reforma parlamentaria, no había que pensar antes de la «próxima legislatura». De momento, el país tenía que contentarse con reformas administrativas menos importantes, pero más frecuentes y prácticas, como la reforma de las leyes, reglamentos de los ferrocarriles y mejoras en la enseñanza. La salida de lord John Russell del ministerio de Asuntos Exteriores, en el que lo sustituyó lord Clarendon, fue el primero de los cambios que caracterizan a este talentoso ministerio y que acabaron todos en la creación de nuevos cargos, nuevas prebendas y nuevos sueldos para sus fieles. Durante un tiempo Russell fue miembro del gabinete sin más función que la de jefe de la Cámara de los Comunes, y sin sueldo; pero muy pronto solicitó esto último, y por fin fue elevado, con una bonita suma redonda anual, al rango y título de presidente del Consejo [Privado].

El 24 de febrero lord John presentó su proyecto de ley para abolir las incapacidades legales de los judíos,[^5] que no llegó a nada porque la Cámara de los Lores lo ahogó. El 4 de abril lo siguió con su proyecto de reforma de la enseñanza. Ambos proyectos eran tan mansos e inofensivos como cabía esperar de un gobierno de holgazanes. Entretanto Palmerston, en su cargo de ministro del Interior, descubrió la nueva conspiración de la pólvora, el gran asunto de los cohetes de Kossuth y Hale.[^6] Se recordará que Palmerston hizo registrar la fábrica de cohetes del señor Hale y confiscar cierto número de cohetes y de mechas. Se armó mucho ruido con el asunto, y cuando se trató en el Parlamento, el 15 de abril, Palmerston le dio todavía más importancia con su lenguaje misterioso. Pero de una cosa no hizo ningún misterio: se dio a conocer, con la misma franqueza con que lo había hecho sir James Graham en 1844 con ocasión de la apertura de las cartas de Mazzini,[^7] como el principal informador de la policía continental sobre los refugiados. Al final, sin embargo, el noble informador tuvo que abandonar el asunto, porque al señor Hale solo se le podía acusar de haber fabricado sustancias explosivas a una distancia ilegalmente corta de los suburbios de Londres; ¡y el gran complot para hacer saltar por los aires a toda Europa quedó reducido a una simple infracción punible de los reglamentos de policía!

Luego le tocó otra vez a Russell. El 31 de mayo, en un discurso en el Parlamento, ofendió a los católicos, la gente que lo había llevado al poder, y de tal manera que los miembros irlandeses del ministerio dimitieron en el acto. Eso era más de lo que el «gobierno fuerte» podía soportar. El apoyo de la Brigada Irlandesa era el fundamento principal de su existencia, y en consecuencia Aberdeen tuvo que desmarcarse de su colega en una carta a uno de los miembros irlandeses, y Russell tuvo que retirar sus palabras en el Parlamento.

El rasgo principal de esta legislatura fue el proyecto de ley sobre la India Oriental, en el que el gobierno proponía prorrogar por veinte años la carta de la Compañía de las Indias Orientales sin introducir ninguna mejora sustancial en el sistema de administración de la India. Eso fue demasiado incluso para un Parlamento como aquel, y hubo que abandonarlo. La carta podría ser revocada cada año por el Parlamento. Sir Charles Wood, el antiguo y chapucero ministro de Hacienda del gabinete Russell, mostraba ahora sus capacidades en el Board of Control o Junta de la India.[^8] Todas las reformas propuestas se limitaban a unos pocos pequeños cambios de efecto dudoso en el sistema judicial y a abrir a concurso público los cargos civiles y los puestos militares científicos. Pero estas reformas eran meros pretextos; el verdadero meollo del proyecto era este: a sir Charles Wood se le subía el sueldo de presidente del Board of Control de 1.200 a 5.000 libras esterlinas; en lugar de los 24 directores de la India elegidos por la Compañía habría solo 18, de los cuales 6 los nombraría el gobierno, un aumento del patronazgo tanto menos desdeñable cuanto que los sueldos de los directores subían de 300 a 900 libras, mientras que el presidente y el vicepresidente cobrarían 1.000. No contentos con este despilfarro de dinero público, disponían que el gobernador general de la India, que hasta entonces era a la vez gobernador de Bengala, tuviera ahora por debajo de él un gobernador especial para esa presidencia, y que se creara en el Indo una nueva presidencia con un nuevo gobernador. Cada uno de estos gobernadores tenía que tener, naturalmente, su consejo, y los puestos de estos consejos son sin duda prebendas lujosas y sobradamente pagadas. ¡Qué feliz debe de ser la India de verse gobernada por fin según los principios whigs más genuinos!

Luego vino el presupuesto. Esta brillante combinación financiera, junto con el plan del señor Gladstone[^9] para la amortización de la deuda nacional, se ha expuesto tan completamente en la *Tribune* que es innecesario enumerar en detalle sus rasgos principales. Muchos estaban tomados del presupuesto de Disraeli, que tanto había despertado la indignación moral de Gladstone; con todo, la reducción del impuesto sobre el té y la extensión de la tributación directa eran comunes a ambos presupuestos. Algunas de sus disposiciones más importantes se le impusieron al gran financiero después de que, oponiéndose a ellas, quedara derrotado repetidas veces en las votaciones del Parlamento; así la abolición del impuesto sobre los anuncios de los periódicos y la extensión del impuesto de sucesiones a la propiedad territorial. La reforma del sistema de patentes, modificada varias veces durante la discusión, hubo de abandonarse. El presupuesto, presentado con las pretensiones de un sistema completo, se convirtió en el curso del debate en un confuso *mixtum compositum* de pequeñas partidas inconexas, que apenas valían la centésima parte de la palabrería que provocaron.

Con la reducción de la deuda pública Gladstone fracasó aún más completamente. Este plan, presentado con pretensiones todavía mayores que el presupuesto, tuvo como resultado la creación de bonos del Tesoro al 2½ por ciento en lugar de las letras del Tesoro al uno por ciento, con lo que el público perdió el 1½ por ciento del importe total; el resultado fue la necesidad de reembolsar, con el mayor perjuicio para el público, toda la suma de las letras del Tesoro y a la vez 8 millones de acciones de los Mares del Sur, y el fracaso total de los bonos del Tesoro, que nadie quiere. Gracias a este maravilloso arreglo, el señor Gladstone pudo ver con satisfacción, el 1 de abril de 1854, las existencias del Tesoro reducidas de 7.800.000 libras del año anterior a 2.800.000, con lo que el fondo disponible del Tesoro público disminuyó en 5 millones justo en vísperas de una guerra. Todo ello a la vista de la correspondencia secreta de sir Hamilton Seymour,[^10] por la que el gobierno tenía que saber desde un año antes que una guerra con Rusia era inevitable.

El nuevo proyecto de ley sobre los terratenientes y los arrendatarios irlandeses, presentado bajo lord Derby por el tory Napier,[^11] pasó en la Cámara de los Comunes con al menos algunas señales de aprobación por parte del gobierno; los lores lo volvieron a echar, y Aberdeen declaró el 9 de agosto su satisfacción por el resultado. El proyecto de ley de deportación, el de navegación y otros que se convirtieron en ley se habían heredado del gabinete Derby. Los proyectos de reforma parlamentaria, de reforma de la enseñanza nacional y casi todos los de reforma de las leyes tuvieron que aplazarse. Los whigs británicos parecen considerar una desgracia que alguna de sus medidas escape a esta suerte. El único proyecto que salió adelante y que puede considerarse legítima propiedad de este gobierno es la gran ley de los coches de punto, que hubo que modificar al día siguiente de su aprobación porque los cocheros se rebelaron en masa. «Todos los talentos» no fueron capaces de llevar a cabo con éxito ni siquiera un reglamento de coches de punto.

El 20 de agosto de 1853 Palmerston despidió al Parlamento con la seguridad de que el pueblo podía estar tranquilo en cuanto a las dificultades de Oriente: la evacuación de los Principados estaba garantizada por «su confianza en el honor y el carácter del emperador ruso, que lo moverían a retirar [voluntariamente] sus tropas de los Principados». El 3 de diciembre se supo que los rusos habían destruido la flota turca en Sinope.[^12] El 12, las cuatro potencias enviaron a Constantinopla una nota en la que en realidad se exigían a la Puerta muchas más concesiones que en la nota anterior de la conferencia de Viena. El 14, el gobierno británico telegrafió a Viena que el asunto de Sinope no se consideraba un obstáculo para continuar las negociaciones. Palmerston lo aprobó expresamente; pero al día siguiente dimitió, al parecer por algunas diferencias relativas al proyecto de reforma de Russell, en realidad para hacer creer al público que dimitía por la política exterior y la de guerra. Conseguido su propósito, volvió a entrar en el gabinete unos días después y se ahorró así todas las explicaciones desagradables en el Parlamento.

En 1854 el espectáculo se abrió con la dimisión de uno de los lores comisarios del Tesoro, el señor Sadleir,[^13] que era también el agente del gobierno ante la Brigada Irlandesa. Unas revelaciones escandalosas en un tribunal irlandés privaron al gobierno de uno de sus talentos. Después salieron a la luz nuevos escándalos. El señor Gladstone, el virtuoso Gladstone, intentó conseguir el puesto de gobernador de Australia para un pariente suyo, su propio secretario, un tal Lawley, conocido solo como hombre que hacía negocio de las apuestas de caballos y como especulador de bolsa; pero por suerte el asunto salió muy pronto a la luz. Del mismo modo, el propio Gladstone se vio desagradablemente relacionado con el vicio cuando un tal O'Flaherty, un hombre empleado a sus órdenes y puesto por él en su cargo, se fugó con una suma considerable de dinero público. Otro individuo, de nombre Hayward, escribió contra Disraeli un voluminoso libelo sin valor literario ni científico y fue recompensado por Gladstone con un puesto en la administración de la beneficencia.

El Parlamento se reunió a principios de febrero. El 6, Palmerston anunció un proyecto de ley para crear la milicia en Irlanda y en Escocia; pero como la guerra se declaró efectivamente el 27 de marzo, consideró su deber no presentarlo antes de finales de junio. El 13, Russell presentó su proyecto de reforma para retirarlo diez semanas después, «con lágrimas en los ojos», también porque se había declarado la guerra. En marzo Gladstone presentó su presupuesto, en el que solo pedía «la suma que baste para *traer de vuelta* a los 25.000 hombres que están a punto de dejar la costa británica». Gracias a sus colegas, ahora se ve libre de esa molestia. Entretanto el zar, publicando la correspondencia secreta, ha obligado a los gabinetes de Francia e Inglaterra a declarar la guerra. Esta correspondencia secreta, que empieza con uno de los despachos de Russell del 11 de enero de 1853, demostró que ya entonces los ministros británicos tenían perfectamente claras las intenciones agresivas de los rusos. Todas sus afirmaciones sobre el honor y el carácter de Nicolás y sobre la actitud pacífica y moderada de Rusia parecían ahora otras tantas falsedades desvergonzadas, inventadas solo para engañar a John Bull.

El 7 de abril lord Grey,[^14] que sentía una fuerte vocación interior por el cargo de ministro de la Guerra, para minar la disciplina del ejército como había minado la lealtad de casi todas las colonias británicas durante su anterior administración colonial, pronunció una filípica contra la organización actual del departamento de la Guerra. Exigió la reunión de todas sus oficinas bajo un ministro de la Guerra. Este discurso dio a los ministros ocasión de crear en junio un nuevo ministerio de la Guerra separándolo del de las Colonias. Con ello todo quedó en un estado tan defectuoso como antes, y solo se crearon un nuevo cargo y un nuevo sueldo. Toda esta legislatura puede resumirse así: se presentaron siete proyectos de ley principales; de ellos fueron derrotados el de reforma de la ley de residencia,[^15] el de enseñanza pública en Escocia y el de modificación de los juramentos parlamentarios, otra forma del proyecto sobre los derechos de los judíos; otros tres se retiraron: el proyecto contra el soborno electoral, el de reorganización de la administración civil y el proyecto de reforma; uno pasó: el de reforma de la Universidad de Oxford, pero en un estado horriblemente mutilado.

No necesitamos detenernos aquí en la conducción de la guerra ni en los esfuerzos diplomáticos de la coalición. Todo el mundo los tiene aún frescos en la memoria. El Parlamento, que había suspendido sus sesiones el 12 de agosto del año pasado, volvió a reunirse en diciembre para aprobar con toda rapidez dos medidas de la máxima urgencia: el proyecto de ley de la legión extranjera y el que permite a la milicia, como tal, prestar servicio voluntario en el extranjero. Ambas han quedado hasta hoy en el papel. Entretanto han llegado las noticias sobre el estado desastroso del ejército británico en Crimea. La indignación pública se encendió; los hechos eran manifiestos e indiscutibles; los ministros tuvieron que pensar en su dimisión. El Parlamento se reunió en enero, Roebuck anunció su moción, lord John Russell desapareció en el acto, y una derrota sin paralelo en la historia del Parlamento derribó a todos los talentos tras un debate de solo unos días.

Gran Bretaña puede jactarse de más de un gobierno mezquino; pero un gabinete tan mezquino, tan miserable, tan codicioso y a la vez tan arrogante como el de «todos los talentos» no lo ha habido nunca. Empezó con jactancias desenfrenadas, vivió de sutilezas y derrotas, y terminó en una ignominia tan completa como es humanamente posible.

[^1]: El primer gobierno conservador de Edward Stanley, conde de Derby (febrero-diciembre de 1852), con Benjamin Disraeli como ministro de Hacienda.

[^2]: Los conservadores partidarios del librecambio que siguieron a Robert Peel (1788-1850) tras la derogación de las leyes de cereales en 1846; con los whigs formaron la coalición de Aberdeen.

[^3]: Grupo de diputados irlandeses católicos de la Cámara de los Comunes.

[^4]: Alusión al «ministerio de todos los talentos» (*Ministry of All the Talents*), el gabinete de coalición de 1806-1807.

[^5]: Los judíos no podían ocupar escaño en el Parlamento porque el juramento de los diputados incluía la fórmula «por la verdadera fe de un cristiano». La exclusión no se levantó hasta 1858.

[^6]: En abril de 1853 la policía registró en Rotherhithe, cerca de Londres, la fábrica de cohetes de William Hale y lo acusó de fabricarlos para los emigrados húngaros de Kossuth.

[^7]: En 1844, siendo ministro del Interior, sir James Graham hizo abrir la correspondencia de Mazzini y comunicó su contenido a los gobiernos de Austria y de Nápoles.

[^8]: El Board of Control, órgano del gobierno británico que supervisaba la administración de la Compañía de las Indias Orientales; Charles Wood (1800-1885) fue su presidente de 1852 a 1855. La ley de 1853 sobre la India dejó la carta de la Compañía en vigor hasta que el Parlamento dispusiera otra cosa.

[^9]: William Ewart Gladstone (1809-1898), peelita, ministro de Hacienda del gabinete Aberdeen.

[^10]: Sir George Hamilton Seymour (1797-1880), embajador británico en San Petersburgo; en enero y febrero de 1853 informó a su gobierno de las conversaciones en que Nicolás I le propuso repartirse la herencia del «enfermo», el Imperio otomano. La correspondencia se publicó en marzo de 1854.

[^11]: Joseph Napier (1804-1882), fiscal general de Irlanda en el gabinete Derby de 1852.

[^12]: La batalla naval de Sinope, del 30 de noviembre de 1853.

[^13]: John Sadleir (1813-1856), banquero y diputado irlandés, uno de los jefes de la Brigada Irlandesa.

[^14]: Henry George Grey, tercer conde Grey (1802-1894), whig, ministro de las Colonias de 1846 a 1852.

[^15]: La ley de residencia (*Law of Settlement*), que regulaba el derecho de los pobres a recibir asistencia en la parroquia donde estaban avecindados.
