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Title: El gran debate parlamentario (1855)
Description: Correspondencia de Marx para la Neue Oder-Zeitung sobre el final ridículo del debate de dos semanas sobre la guerra, que la Cámara de los Comunes enterró en una carcajada, y sobre lo que perdieron en él peelitas, escuela de Manchester, tories y ministeriales; con una carta sobre la flota rusa de Kronstadt.
Author: Karl Marx
Date: 1855-06-09
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1855%20El%20gran%20debate%20parlamentario
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*Escrito por Karl Marx en Londres el 9 de junio de 1855 y publicado en la* Neue Oder-Zeitung *(Breslau), núm. 267, del 12 de junio de 1855. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 11 (Berlín, 1961, pp. 282-284), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1855%20Die%20gro%C3%9Fe%20parlamentarische%20Debatte).*

*Londres*, 9 de junio. El gran debate parlamentario ha terminado, o más bien ha reventado de salivación. La moción de Baring pasó sin oposición *«entre la hilaridad general de la Cámara»*. La moción, todo lo insulsa que es, concluye con un mensaje de guerra a la Corona. ¿Declaró la Cámara la guerra *«une guerre pour rire»* o se declaró a sí misma *«un parlement pour rire»*?[^1] En todo caso, la verdadera conclusión del debate de dos semanas no estuvo en la aprobación de la moción de Baring, mera formalidad, sino en la risa general, en el espasmo muscular espontáneo y antirreglamentario, en el indiscreto grito de la naturaleza en el que la «honorable Cámara» enterró mociones y contramociones, enmiendas y subenmiendas, ministerio y oposición, discursos, réplicas, sermones, deducciones, sarcasmo estridente y patética invocación, oración por la paz y grito de guerra, táctica y falta de tacto, a sí misma y su votación. La Cámara se salvó de la situación ridícula riéndose de sí misma. Así confesó que en su medio parlamentario la seriedad de alcance histórico universal se tuerce primero en seriedad convencional, hasta que la seriedad fingida se trueca en broma natural.

Todo intento de empujar a Palmerston a formular la política ministerial, a pronunciarse sobre el objeto, la tendencia y el fin de la guerra, fracasó por completo. Declaró sin rodeos: «*Es imposible* preguntar a un ministro, ni a ningún conocido cualquiera, por el objeto de la guerra». Lo que más le sirvió fueron los hombres de la paz. ¿Queréis saber para qué hacemos la guerra? Ahí está Richard Cobden, que quiere la paz a cualquier precio. ¿No preferís la guerra sin precio alguno a la paz a cualquier precio? ¡Pegadle a Richard Cobden! Así interponía constantemente entre él y sus antagonistas a Cobden o a Bright[^2] o a Graham o a Gladstone.

Los héroes del algodón no solo le sirvieron de relleno con el que acolchó su guerrera. Más aún. Fabricó pólvora con el algodón.[^3] Se vio al mismo tiempo durante el debate que Palmerston tiene ahora en Russell, como antes en Aberdeen, un pararrayos, un pararrayos perteneciente al propio gabinete, para su sacrosanta persona. Con ese fin había enviado a Russell a Viena, con el fin de convertirlo en su pararrayos. Y, como antes Layard y compañía a Aberdeen, ahora Roebuck[^4] declara a Russell responsable de los *shortcomings*, de las deficiencias, del heroico Palmerston. Como entonces por los peelitas, ahora los russellitas le impiden el «aleteo» de su «alma libre». Lleva colgadas esas pesas, no como los relojes de la Selva Negra, para poder andar, sino para poder dar mal la hora.

Todas las camarillas de la Cámara de los Comunes han salido dañadas del combate convencional y fingido. Los *peelitas* han confesado por fin que hasta ahora eran oficiales sin ejército. Han renunciado a la pretensión de formar una fracción propia y se han sumado abiertamente a la escuela de Manchester. Ellos, a quienes se confió la dirección del ejército y de la marina durante el primer año de la guerra, se han denunciado neciamente a sí mismos como los *traidores* dentro de la coalición al profesar su fe en la paz perpetua, para gozoso asombro de Palmerston y Russell. Se han hecho imposibles.

La *escuela de Manchester* quiere, en efecto, la paz para poder hacer la guerra industrialmente, hacia fuera y hacia dentro. Quiere el dominio de la burguesía inglesa en el mercado mundial, donde solo ha de lucharse con sus armas, las balas de algodón, y en la propia Inglaterra, donde el aristócrata ha de ser eliminado por superfluo para la producción moderna y el proletario sojuzgado como mero instrumento de esa producción, mientras que ella, como directora de la producción, ha de dirigir también el Estado y apropiarse de las dignidades del Estado. Y ahora Cobden denuncia a un clérigo, el doctor Griffiths, por haber declarado superflua la Cámara de los Lores en un mitin público. Y Bright llora por la suerte de los niños *reales*, a los que la ruina que trae consigo la guerra obligará a lavarse sus propias camisas. Ambos denuncian la agitación popular. ¿Son estos los héroes de la Liga contra las Leyes de Cereales[^5] que, llevados a lo alto por las olas de la agitación popular, denunciaban el «esplendor bárbaro de la Corona», los lores, la aristocracia terrateniente, etc., como «falsos costes de producción»? Toda su gracia consistía en la lucha contra la aristocracia, sin exceptuar la homilía de la paz. ¡Y ahora denuncian a la masa ante la aristocracia! *Et propter vitam vivendi perdere causas*.[^6] La escuela de Manchester ha renunciado en este debate a su razón de ser.

Los tories, por su parte, han descubierto un partido de la paz en su propio seno y han demostrado que han conservado tan poco la tradición de ser los representantes del nacionalismo inglés como su odio a los «Bonapartes».

¿Y los ministeriales, por último? Nada los caracteriza mejor que su convulsivo aferrarse a una moción que el propio Palmerston había tenido que rechazar una semana antes, que su autor quería dejar caer y que Walpole[^7] aceptó en nombre de los tories, Gladstone en nombre de los hombres de la paz y la Cámara en nombre de la «hilaridad general».

El *Morning Herald* ha recibido el siguiente escrito del golfo de Finlandia:

> «A dieciséis millas de Kronstadt, 28 de mayo. El *Orion* ha hecho un reconocimiento. Informa de que la escuadra rusa de Kronstadt consta de 6 navíos de línea en condiciones de navegar, otros tantos navíos de línea casi desarbolados, 13 navíos de línea que, por su aspecto, han sido convertidos en baterías flotantes, 8 grandes vapores y un gran número de cañoneras, que no se logró contar. En una visita a Bomarsund[^8] lo hemos encontrado todo en el estado en que lo habíamos dejado; los rusos no han hecho nada por reconstruir las fortificaciones. No se dejó ver ningún habitante. Los castigos impuestos a quienes el año pasado comerciaron con las escuadras aliadas han vuelto muy cauta a la población».

[^1]: «Una guerra de broma», «un parlamento de broma» (en francés).

[^2]: John Bright (1811-1889), fabricante de algodón, con Cobden jefe de la escuela de Manchester.

[^3]: Juego de palabras con el algodón pólvora, explosivo obtenido tratando el algodón con ácido nítrico.

[^4]: John Arthur Roebuck (1801-1879), diputado radical, presidente del comité de investigación sobre el estado del ejército en Crimea.

[^5]: La Anti-Corn Law League, fundada en Manchester en 1838 y dirigida por Cobden y Bright, para lograr la derogación de los aranceles sobre el grano, que se consiguió en 1846.

[^6]: «Y por salvar la vida perder las razones de vivir» (Juvenal, *Sátiras*, VIII, 84).

[^7]: Spencer Horatio Walpole (1806-1898), tory, ministro del Interior en el gabinete de Derby de 1852.

[^8]: Fortaleza rusa de las islas Åland, tomada y destruida por los aliados en agosto de 1854.
