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Title: La última treta de Napoleón (1855)
Description: Editorial de Engels para el New-York Daily Tribune sobre el proyectado viaje de Luis Bonaparte a Crimea, que su posición le impone aunque pueda costarle la corona; cuenta los refuerzos aliados, muestra que ni con ellos podrán echar a los rusos de Crimea y señala el error fundamental de todo el plan: dar un valor ficticio a Sebastopol.
Author: Friedrich Engels
Date: 1855-04-07
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1855%20La%20%C3%BAltima%20treta%20de%20Napole%C3%B3n
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*Escrito en inglés por Friedrich Engels y publicado como editorial en el* New-York Daily Tribune*, núm. 4358, del 7 de abril de 1855. Traducido del original inglés según* The Eastern Question *(Londres, 1897, pp. 526-530), que lo atribuye a Marx, cotejado con la versión alemana de la MEW (Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 11, Berlín, 1961, pp. 146-149), que da la autoría, por la Escuela de marxismo, 2026. Se corrige según la MEW la errata «20.000» por «120.000». El título es el de ambas ediciones. Las notas son nuestras. [Texto original en inglés](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1855%20Napoleon%27s%20Last%20Dodge).*

«Si Creso cruza el Halis, destruirá un gran imperio».[^1] Esta respuesta, dada al rey lidio por el oráculo de Delfos, podría enviarse ahora con igual acierto a Luis Bonaparte en su excursión a Crimea. No es el Imperio ruso el que este viaje está destinado a destruir, sino el suyo.

Una posición extraordinaria y anómala crea necesidades anómalas. Cualquier otro hombre en su lugar sería tenido por loco si emprendiera este viaje, cuyas probabilidades desfavorables son a las favorables como diez a uno. Luis Bonaparte tiene que ser muy consciente de ello, y sin embargo tiene que ir. Él es el autor de toda la expedición; él ha metido a los ejércitos aliados en su poco envidiable situación actual, y está obligado ante toda Europa a sacarlos de ella. Es su primera hazaña militar, y de su desenlace dependerá, al menos por algún tiempo, su reputación como general. Responde de su éxito con una prenda no menor que su corona.

Hay además razones menores que contribuyen igualmente a hacer de este arriesgado viaje una necesidad de Estado. Los soldados de Oriente han mostrado en más de una ocasión que sus esperanzas en las glorias militares del nuevo Imperio se han visto tristemente defraudadas. En Varna y en Bazardjik,[^2] sus propias tropas saludaban a los paladines del Carlomagno de imitación con el título de «monos». «*¡Abajo los monos! ¡Viva* Lamoricière!»[^3] era el grito de los zuavos cuando Saint-Arnaud y Espinasse[^4] los enviaron al desierto búlgaro a morir de cólera y de fiebre. Ahora ya no son solo los generales desterrados aquellos cuya fama y popularidad se oponen a los jefes de dudosa reputación que mandan ahora el ejército francés. La singular conducta de Napoleón Jérôme hijo[^5] mientras estuvo en Oriente ha recordado a los viejos soldados de Argelia el comportamiento tan distinto de los príncipes de Orleans en África, que, dígase de ellos lo que se quiera, siempre estuvieron a la cabeza de las tropas y cumplieron con su deber de soldados. El contraste entre el joven Aumale[^6] y el joven Napoleón era desde luego lo bastante fuerte para hacer decir a los soldados: si los Orleans siguieran en el poder, los príncipes estarían con nosotros en las trincheras, compartiendo nuestros peligros y fatigas; ¡y eso que no se llamaban Napoleón! Así *hablan* los soldados, ¿y qué se puede hacer para hacerlos callar? El hombre al que se le permite llevar el uniforme de general de división ha conseguido echar una mancha sobre las tradiciones militares del nombre de Napoleón; el resto de la familia son todos civiles muy tranquilos, naturalistas, curas, o bien aventureros redomados; el viejo Jérôme[^7] no puede ir, por su edad y porque sus hazañas guerreras de otro tiempo no le ponen gran aureola de gloria en torno a la cabeza; de modo que a Luis Napoleón no le queda más remedio que ir él mismo. Además, el rumor del viaje a Crimea se ha difundido hasta en las aldeas más remotas de Francia, y el campesinado lo ha acogido con entusiasmo; y fue el campesinado el que hizo emperador a Luis Napoleón. Los campesinos están convencidos de que un emperador hecho por ellos, y que lleva el nombre de Napoleón, tiene que ser realmente un *Napoleón redivivo*; su lugar está, a sus ojos, a la cabeza de las tropas, que, guiadas por él, rivalizarán con las legiones del Gran Ejército. Si Sebastopol no se ha tomado, es solo porque el emperador no ha ido todavía allí; que vaya una vez al lugar, y las murallas de la fortaleza rusa se desmoronarán como los muros de Jericó. Así, aunque alguna vez quisiera retirar su promesa de ir, no puede hacerlo ya, una vez que ha corrido la noticia.

En consecuencia, todo se está preparando. A las diez divisiones que hay ahora en Crimea seguirán cuatro nuevas, dos de las cuales formarán, al comienzo de la campaña, un ejército de reserva en Constantinopla. Una de estas divisiones se compondrá de la Guardia Imperial; otra, de las compañías de *élite* reunidas, o sea, los granaderos y cazadores[^8] del ejército de París; las otras dos divisiones (la 11.ª y la 12.ª) se están embarcando o concentrando ya en Tolón y Argel. Este nuevo refuerzo llevaría las tropas francesas en Crimea a unos 100.000 o 110.000 hombres, mientras que a finales de abril llegarán los 15.000 soldados piamonteses[^9] y numerosos refuerzos británicos. Pero aun así difícilmente cabe esperar que los aliados puedan estar en situación de abrir la campaña en mayo con un ejército de 150.000 hombres. El estado del Quersoneso heracleótico, convertido en un gran cementerio pésimamente administrado, es tal que, con la vuelta del tiempo caluroso y húmedo, el conjunto ha de formar un semillero de pestilencias de todas clases; y la parte de las tropas que tenga que quedarse en él estará expuesta a pérdidas por enfermedad y muerte mucho más terribles que las de cualquier momento anterior. Los aliados no tienen ninguna posibilidad de salir con un ejército activo de su posición actual antes de que hayan llegado todos sus refuerzos; y eso será hacia mediados de mayo, cuando las enfermedades ya tendrán que haber estallado.

En el mejor de los casos, los aliados tendrán que dejar 40.000 hombres ante el lado sur de Sebastopol y tendrán de 90.000 a 100.000 hombres libres para una expedición contra el ejército ruso de campaña. A menos que maniobren muy bien y que los rusos cometan grandes errores, este ejército, al desembocar del Quersoneso, tendrá que derrotar primero a los rusos y rechazarlos de Simferópol antes de poder unirse a los turcos en Eupatoria. Supongamos, sin embargo, que la unión se efectúa sin dificultad; el mayor refuerzo que los turcos aportarán a esta abigarrada masa de franceses, ingleses y piamonteses será de 20.000 hombres, no muy aptos para una batalla en campo abierto. En total, esto daría un ejército de unos 120.000 hombres. No es fácil ver cómo se espera que semejante ejército viva en un país agotado por los propios rusos, pobre en grano, y cuyo principal recurso, el ganado, los rusos tendrán buen cuidado de llevarse hacia Perekop. El menor avance exigiría un forrajeo extenso y numerosos destacamentos para asegurar los flancos y las comunicaciones con el mar. La caballería irregular rusa, que hasta ahora no ha tenido ocasión de actuar, empezará entonces sus operaciones de hostigamiento. Entretanto, los rusos también habrán recibido sus refuerzos; la publicidad con que se han hecho los armamentos franceses durante las últimas seis semanas ha permitido a los rusos tomar sus medidas a tiempo. No puede caber duda de que en este momento dos o tres divisiones rusas, bien del ejército de Volinia y Besarabia, bien de las reservas recién formadas, estarán en marcha para mantener allí el equilibrio de fuerzas.

El mayor destacamento que tendrá que hacer el ejército aliado será, sin embargo, la fuerza que ha de cercar Sebastopol por el lado norte. Para ello habrá que apartar 20.000 hombres, y es muy dudoso que el resto de sus fuerzas, trabadas como han de estar por las dificultades de abastecimiento y estorbadas por los trenes de carros de pertrechos y provisiones, baste entonces para expulsar de Crimea al ejército ruso de campaña.

Lo cierto es que los laureles con que Luis Bonaparte se propone ganarse en Crimea el nombre de un Napoleón están colgados bastante alto y no será tan fácil cogerlos. Todas las dificultades mencionadas hasta aquí son, sin embargo, de carácter meramente local. La gran objeción contra esta manera de hacer la campaña en Crimea es, al fin y al cabo, que traslada una cuarta parte de las fuerzas disponibles de Francia a un teatro de guerra secundario, donde ni siquiera el mayor éxito decide nada. Es esta obstinación absurda por Sebastopol, que degenera en una especie de superstición y da a los éxitos, y también a los reveses, valores ficticios, la que constituye el gran error fundamental de todo el plan. Y es este valor ficticio dado a los acontecimientos de Crimea el que rebota con fuerza redoblada sobre el desdichado autor del proyecto. Para Alejandro, Sebastopol no es Rusia, ni mucho menos; pero para Luis Bonaparte la imposibilidad de tomar Sebastopol es la pérdida de Francia.

[^1]: Según Heródoto (*Historias*, I, 53), el oráculo respondió a Creso, rey de Lidia, que si atacaba a los persas destruiría un gran imperio; Creso cruzó el río Halis y fue el suyo el que destruyó.
[^2]: Hoy Dobrich, en el nordeste de Bulgaria. En el verano de 1854 el cólera diezmó a las tropas francesas en la Dobrudja.
[^3]: En francés en el original: *A bas les singes! Vive Lamoricière!* El general Christophe Léon Louis Juchault de Lamoricière (1806-1865), uno de los jefes de la guerra de Argelia, desterrado tras el golpe de Estado del 2 de diciembre de 1851.
[^4]: Charles Marie Esprit Espinasse (1815-1859), general francés, uno de los ejecutores del golpe de Estado de 1851.
[^5]: El príncipe Napoleón (Jérôme Napoléon Bonaparte, 1822-1891), primo de Napoleón III, que había mandado una división en Crimea.
[^6]: Henri d'Orléans, duque de Aumale (1822-1897), hijo del rey Luis Felipe, que se distinguió en la conquista de Argelia.
[^7]: Jérôme Bonaparte (1784-1860), el hermano menor de Napoleón I, antiguo rey de Westfalia.
[^8]: *Voltigeurs*, las compañías ligeras de los batallones de infantería francesa.
[^9]: El reino de Cerdeña (Piamonte) se había adherido a la alianza anglo-francesa en enero de 1855 y envió a Crimea un cuerpo expedicionario de unos 15.000 hombres.
