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Title: La acción del 23 de marzo (1855)
Description: Correspondencia de Engels para la Neue Oder-Zeitung sobre la salida rusa de la noche del 22 al 23 de marzo de 1855 contra las trincheras aliadas ante Sebastopol, un sitio sin ideas en el que los sitiados avanzan sobre los sitiadores.
Author: Friedrich Engels
Date: 1855-04-15
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1855%20La%20acci%C3%B3n%20del%2023%20de%20marzo
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*Escrito por Friedrich Engels en Londres el 15 de abril de 1855 y publicado en la* Neue Oder-Zeitung *(Breslau), núm. 179, del 18 de abril de 1855. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 11 (Berlín, 1961, pp. 189-192), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1855%20Die%20Aff%C3%A4re%20vom%2023.%20M%C3%A4rz).*

Londres, 15 de abril. El sitio de Sebastopol se arrastra, lento, aburrido, vacío de acontecimientos y de decisiones, apenas animado aquí y allá por algunas escaramuzas sin resultado o ataques inconexos en los que el último es siempre la copia del penúltimo y el original del siguiente. Exceptuando la superioridad que la defensa despliega en el ramo de ingenieros, seguramente pocas campañas de igual duración ofrecen el espectáculo de una mediocridad igual en los oficiales que mandan en ambos bandos.

Tenemos a la vista los partes oficiales franceses e ingleses sobre la acción del 23 de marzo;[^1] un parte ruso detallado no lo hemos visto todavía. Como de costumbre, los partes de los generales aliados están envueltos en un claroscuro tan artístico que no podemos sacar nada preciso de ellos. Con ayuda de cartas privadas inglesas y de correspondencias de prensa pueden reconstruirse, sin embargo, los contornos principales del suceso. El *ataque de la derecha* de los aliados, dirigido contra el frente sudeste de Sebastopol, ha avanzado hasta 600 yardas de la primera línea rusa mediante tres líneas de aproches o zigzags, unidas en sus extremos por la llamada segunda paralela. Más allá de esta, los tres zigzags siguen avanzando, aunque lenta e irregularmente; se pretende unirlos mediante una tercera paralela y formar en el aproche central una plaza de armas, o lugar cubierto, lo bastante espacioso para albergar una reserva. De los tres aproches, el del centro está en manos de los ingleses, mientras que el de la derecha y el de la izquierda los ocupan los franceses. Estos dos aproches de flanco han avanzado más que el central, de modo que aquí las trincheras francesas están unas 50 yardas más cerca de la plaza que la posición ocupada por los ingleses.

El 23 de marzo, antes del amanecer, fuerzas rusas considerables, unos 12 batallones, avanzaron desde la ciudad contra las obras de sitio. Sabiendo muy bien que las trincheras se habían construido con total descuido de las precauciones habituales y reglamentarias, que sus flancos ni estaban suficientemente replegados ni defendidos por reductos, y que, en consecuencia, un golpe audaz contra los extremos de los flancos de la paralela tenía que llevar al interior de las trincheras, los rusos empezaron su ataque con un movimiento súbito y rápido con el que rodearon los extremos oriental y occidental de la paralela. Un ataque de frente ocupaba a la guardia de trinchera y a sus reservas, mientras que las columnas que desbordaban, pese a la valiente resistencia de los franceses, bajaban a las obras y barrían la trinchera hasta llegar a la posición central defendida por los británicos. Las líneas británicas, a salvo de un hostigamiento serio por el frente, no fueron molestadas hasta que el tiroteo que se libraba a derecha e izquierda hubo atraído a parte de sus reservas, y aun entonces el ataque de frente no fue muy violento, porque la fuerza de la salida estaba concentrada en las columnas que desbordaban. Pero también estas, por la gran extensión de la trinchera que ya habían arrollado, habían perdido su primer ímpetu, y cuando llegaron hasta los británicos sus oficiales tenían que tener constantemente presente la eventualidad de la retirada final. El combate llegó por eso muy pronto al punto en que ambas partes mantienen su terreno, y ese es el momento en que un destacamento de salida tiene que pensar en una retirada segura. Eso hicieron los rusos. Sin un intento serio de desalojar a los británicos de su posición, sostuvieron el combate hasta que el grueso de sus tropas se hubo acercado considerablemente a Sebastopol, y entonces su retaguardia salió corriendo, duramente castigada por las reservas francesas y británicas.

Los rusos debieron de esperar encontrar en la segunda paralela muchos cañones, munición abundante y otro material de guerra. Destruirlo puede haber sido el único fin de su salida. Pero no encontraron casi nada de todo eso y no ganaron nada con la salida, salvo la certeza de que todavía son capaces de presentar el frente más fuerte a esa distancia de sus propias líneas, en la primera o la segunda hora de una salida y antes de que puedan reunirse las reservas enemigas. Eso vale algo, pero apenas las pérdidas de una salida semejante. El daño material que causaron a las obras de sitio quedó reparado en uno o dos días, y el efecto moral producido por esta salida ha de cifrarse en cero. Como toda salida termina en una retirada, los sitiadores se tienen siempre por vencedores. Si la pérdida de los sitiados no es desproporcionadamente pequeña en comparación con la de los sitiadores, el efecto moral es por término medio más alentador para estos que para aquellos.

En este caso, como Canrobert y Raglan necesitaban más que nunca un éxito aparente, esta salida, con sus diminutos frutos y su precipitada retirada final, les vino extraordinariamente bien. Las tropas francesas se atribuyen especial mérito por haber perseguido al enemigo hasta muy cerca de las líneas de Sebastopol. Esto, sin embargo, no es tan difícil en circunstancias parecidas, porque los cañones de la plaza no pueden disparar por miedo a alcanzar a sus propias tropas. Los británicos, por su parte, mientras pasan en silencio por encima de su posición excepcionalmente retrasada, que les da más el carácter de una reserva que el de un cuerpo de tropas en primera línea de combate, vuelven a presumir —esta vez, sin embargo, con menos motivo que nunca— de su propia invencibilidad y del valor inquebrantable que prohíbe al soldado británico retroceder ni una pulgada. Los oficiales británicos en manos de los rusos, cogidos de en medio de esos soldados inquebrantables y mandados sin novedad a Sebastopol, el coronel Kelly[^2] y otros, saben lo que vale todo este *cant*.[^3]

Entretanto, los grandes estrategas de la prensa británica siguen declarando con notable énfasis que, antes de pensar en un asalto a Sebastopol, hay que tomar sin falta las obras exteriores recién levantadas por los rusos, y esperan que esto suceda pronto. Su afirmación es sin duda tan verdadera como trivial, pero la cuestión es *cómo* tomarlas, si los aliados ni siquiera pudieron impedir que se terminaran a la vista de sus propias baterías. El ataque contra el Selenginsk (en el monte Sapun)[^4] mostró con bastante claridad que una obra así puede ocuparse por un momento con grandes sacrificios de vidas, pero es difícil decir con qué provecho, si ni siquiera puede sostenerse durante el tiempo necesario para destruirla. El hecho es que estas nuevas obras, que forman parte integrante del sistema defensivo ruso y que están dominadas en los flancos y por la retaguardia por la línea principal rusa, no pueden tomarse si no se emplean contra ellas los mismos medios que contra la línea principal. Hay que adelantar los aproches hasta una distancia conveniente, terminar paralelas cubiertas con plazas de armas, levantar y artillar baterías para batir la línea principal rusa, antes de que pueda pensarse en serio en atacar estas obras exteriores y apoderarse de ellas. El *Times*, el que más gritaba pidiendo la toma de estas obras exteriores, solo olvidó comunicar el nuevo método con el que, según anunciaba confiado, esta difícil tarea se resolvería en un par de horas. Apenas había dejado ver sus esperanzas optimistas cuando llegó una carta de su corresponsal en Crimea que no solo declaraba inexpugnables las nuevas obras exteriores rusas, sino que las presentaba a la vez como el simple primer mojón de un avance ulterior proyectado de los contraaproches rusos. Las trincheras de tiradores ante el reducto del Mamelon (que los rusos llaman Kamchatka) se han unido entre sí mediante una trinchera regular y forman así una nueva línea de defensa. Entre el reducto del Mamelon y el reducto Selenginsk (en el monte Sapun) se ha excavado otra trinchera que forma tres lados de un cuadrado y enfila una parte de los aproches franceses. Lo que está claro es que los rusos se proponen un sistema completo de puestos avanzados para cubrir el Malájov[^5] por el frente en ambos lados y quizá, finalmente, establecerse en las trincheras de los aliados. Si semejante intento tuviera éxito, las líneas de sitio quedarían rotas por este lado del ataque. Mientras que los aliados, en los últimos seis meses, solo han mantenido su terreno y más bien han reforzado que adelantado sus baterías, los rusos han avanzado considerablemente sobre ellos en un solo mes y siguen avanzando. ¡Desde luego! Muchas defensas han sido más gloriosas que la de Sebastopol, pero es imposible, desde el sitio de Troya, señalar en los anales de la guerra un sitio tan inconexo, tan falto de ideas y tan carente de gloria como el sitio de Sebastopol.

[^1]: La salida de la guarnición de Sebastopol en la noche del 22 al 23 de marzo de 1855 contra las trincheras aliadas del ataque de la derecha, frente al Malájov y al Mamelon.

[^2]: El teniente coronel Richard Kelly, del 34.º regimiento británico, herido y hecho prisionero en esa salida.

[^3]: Palabra inglesa: jerga hipócrita, palabrería santurrona.

[^4]: El reducto Selenginsk, levantado por los rusos en febrero de 1855 ante el Malájov; los franceses lo atacaron sin éxito en la noche del 23 al 24 de febrero.

[^5]: El Malájov, colina fortificada al este de Sebastopol, clave de su defensa.
