---
Title: La crisis industrial y comercial (1855)
Description: Cuatro correspondencias de Marx para la Neue Oder-Zeitung que demuestran, con las cifras del comercio exterior británico, que la crisis de 1854 es fruto del propio ciclo comercial, de la sobreproducción y la sobreespeculación tras la prosperidad de 1853, y no de la guerra, y que denuncian a la escuela de Manchester, que aprovecha la crisis para atacar la limitación legal de la jornada de trabajo.
Author: Karl Marx
Date: 1855-01-08
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1855%20La%20crisis%20industrial%20y%20comercial
---


*Escrito por Karl Marx en Londres entre el 8 y el 22 de enero de 1855 y publicado en la* Neue Oder-Zeitung *(Breslau), núms. 17, 19, 33 y 41, del 11, 12, 20 y 25 de enero de 1855. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 10 (Berlín, 1961, pp. 602-609), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título lo pusieron los editores de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1855%20Die%20Industrie-%20und%20Handelskrise).*

## N.º 17, 11 de enero de 1855

Londres, 8 de enero. Mientras los clubes y los periódicos de aquí se ocupan con chismorreo engreído de «crisis ministeriales», no encuentran tiempo para reconocer el hecho incomparablemente más importante de que *ha vuelto a estallar una de las grandes crisis industriales y comerciales inglesas*, y con dimensiones más funestas que en 1847 y 1836. Esta evidencia, que no habían conseguido producir las quiebras que estallan esporádicamente desde hace tres meses y que en los últimos tiempos crecen en número e intensidad, se ha vuelto por fin ineludible con la publicación de los informes comerciales anuales y de las listas de exportación e importación de los últimos once meses dadas a conocer por el Board of Trade.[^1] De estas últimas listas se desprende que la exportación ha disminuido en 1.710.677 libras esterlinas en comparación con los once meses correspondientes de 1853, y en 1.856.988 libras si se compara solo el último mes, del 5 de noviembre al 5 de diciembre, en ambos años. De las listas de exportación tomamos los siguientes detalles, que muestran la caída en algunas de las ramas industriales más importantes:

|  | 1853 | 1854 |
|---|---|---|
|  | libras | libras |
| Manufacturas de algodón | 23.757.155 | 22.877.050 |
| Hilo de algodón | 6.322.639 | 6.055.640 |
| Manufacturas de lino | 4.379.732 | 3.735.221 |
| Hilo de lino | 1.069.812 | 852.763 |
| Manufacturas de lana | 9.470.413 | 8.566.723 |
| Manufacturas de seda | 1.492.785 | 1.144.506 |
| Exportación de maquinaria | 1.368.027 | 1.271.503 |

En los *informes comerciales* se intenta, naturalmente, hacer responsable a la guerra de la crisis de 1854, igual que se hizo responsable a la revolución de 1848 de una crisis que ya había estallado en 1847. Sin embargo, esta vez hasta el *Economist* de Londres, que por principio suele explicar las crisis por circunstancias accidentales, ajenas al comercio y a la industria, se ve obligado a reconocer que los accidentes y las pérdidas comerciales de 1854 son el comienzo de una reacción natural contra la «prosperidad convulsiva» de 1853. Dicho de otro modo, el ciclo comercial ha vuelto a llegar al punto en que la sobreproducción y la sobreespeculación se convierten en crisis. La mejor prueba: *los Estados Unidos de Norteamérica*, a los que la guerra de Oriente solo ha afectado en la medida en que dio a su construcción naval y a su comercio marítimo un auge inaudito y les abrió salida para algunos productos brutos que antes suministraba de modo más exclusivo Rusia. En los Estados Unidos la crisis dura ya más de cuatro meses y sigue creciendo, aunque de 1.208 bancos ya han quebrado 107, es decir, aproximadamente la duodécima parte, y se ha producido tal paralización de la industria, unida a tal reducción del salario en los estados industriales del este, que el mes pasado más de 4.000 inmigrantes europeos han *«reemigrado» a Europa*. A la crisis inglesa de 1836 *siguió* la crisis norteamericana de 1837. Esta vez el curso es el inverso. Norteamérica ha tomado la iniciativa de la quiebra. Los Estados Unidos y Australia están igualmente inundados de productos ingleses. Qué importancia tiene esto para el comercio inglés puede verse en que de los aproximadamente 100 millones de libras esterlinas en mercancías que Gran Bretaña exportó en 1853, 25 millones correspondieron a los Estados Unidos y 15 millones a Australia. Después de los Estados Unidos y Australia, el mercado de salida más importante eran las Indias Orientales. Pero las Indias Orientales estaban ya en 1852 tan saturadas que solo una extensión completamente nueva del comercio a través del Panyab y el Sind hacia Bujará, Afganistán y Baluchistán, y desde allí, por un lado, hacia Asia central y, por otro, hacia Persia, logró mantener a duras penas la exportación a la antigua altura de 8 millones de libras. Ahora todos los canales de salida están tan obstruidos también allí que hace poco se embarcaron mercancías del Indostán para Australia y se llevó así «lechuzas a Atenas».[^2] El único mercado al que, a consecuencia de la guerra de Oriente, se abasteció durante un tiempo con «prudencia» fue el mercado de *Levante*. Sin embargo, es un secreto a voces en la City que, desde que la crisis de los Estados Unidos y el estancamiento de Australia obligaron al comercio a buscar con angustia todos los mercados que tal vez no estuvieran todavía saturados, Constantinopla se convirtió en el depósito de todas las mercancías necesitadas de comprador y ahora tiene que considerarse también «cerrada». Del mismo modo, el último movimiento de España se ha aprovechado para introducir por el contrabando tantas mercancías inglesas como el país pueda absorber. El último intento de este tipo se hace ahora en los estados sudamericanos, cuya escasa capacidad de consumo, sin embargo, no necesita demostración.

Dada la importancia decisiva de la crisis inglesa para la situación social y política del mundo entero, será necesario volver con más extensión y en detalle sobre la historia del comercio inglés de 1854.

## N.º 19, 12 de enero de 1855

Londres, 9 de enero. El aumento del comercio y la industria ingleses en el periodo de 1849 a 1853 puede juzgarse por los datos siguientes. En 1846 el tonelaje de los barcos cargados de mercancías que salieron de los puertos británicos y entraron en ellos fue de 9.499.000; en 1850 esa cantidad había crecido hasta 12.020.000 toneladas y en 1853 hasta nada menos que 15.381.000, justo el doble del tonelaje de 1843. En 1846 el valor de la exportación de manufacturas y productos brutos británicos fue de 57.786.000 libras esterlinas; en 1850, en cambio, de 71.367.000, y en 1853 de más de 98.000.000, es decir, más del doble de la exportación total de 1842. ¿Qué papel desempeñan los Estados Unidos de Norteamérica y Australia en este aumento de la exportación? En 1842 el valor de las exportaciones británicas a Australia no llegaba a 1 millón de libras; en 1850 alcanzaron casi 3 millones, y en 1853 nada menos que 14.513.000 libras. En 1842 se exportó a los Estados Unidos por valor de 3.582.000 libras; en 1850, por casi 15 millones, y en 1853, por nada menos que 23.658.000 libras. De estas cifras se sigue, en primer lugar, que el año 1854 constituye en la historia comercial moderna un punto de inflexión del todo análogo a los años 1825, 1836 y 1847; luego, que la crisis de los Estados Unidos no es más que un momento de la crisis inglesa, y por último, que la guerra de 1854, a la que *Le Pays, Journal de l'Empire* llama con mucho acierto *une guerre pacifique*, una guerra pacífica,[^3] no ha ejercido influencia alguna sobre esta catástrofe social o, si alguna, a lo sumo una influencia retardadora, de freno. Algunas ramas de la industria, por ejemplo la manufactura del cuero, del hierro y de la lana, así como la construcción naval, se han visto sostenidas directamente por la demanda de guerra. El susto que provocó una declaración de guerra después de cuarenta años de paz paralizó por un momento el vuelo de la especulación. Los empréstitos de los distintos estados europeos causados por la guerra mantuvieron el tipo de interés a una altura que impidió la precipitación de las empresas industriales y retrasó así la crisis. Pero, dice la Peace Society,[^4] ¿no ha subido la guerra los precios del grano? ¿No equivale la subida de los precios del grano a una disminución del *domestic trade*, es decir, del consumo británico de productos industriales? ¿Y no es esta contracción del mercado propio el elemento principal de la crisis? En primer lugar, hay que recordar que el año de mayor prosperidad británica, 1853, fue un año de precios del grano *altos*, y que los precios del grano de 1854 estuvieron por término medio *por debajo* de los de 1853, de modo que ni la prosperidad de 1853 ni los síntomas de crisis de 1854 pueden explicarse por el estado de los precios del grano. Pero dejemos a un lado la influencia de los precios del grano sobre la industria: ¿cuál fue la influencia de la guerra sobre los precios del grano? Dicho de otro modo: ¿han subido los precios del grano porque ha disminuido el suministro de Rusia? Del total del grano y la harina que importa Gran Bretaña, a Rusia le corresponde aproximadamente un 14 por ciento, y como la importación total solo cubre alrededor del 20 por ciento del consumo nacional, Rusia suministra cerca del 2½ por ciento del consumo nacional. El *último* informe *oficial* sobre la importación comparada de grano y harina de las distintas partes del mundo y países a Gran Bretaña se publicó a comienzos de noviembre de 1854 y da una tabla comparativa de los nueve primeros meses de 1853 y 1854. Según ella, en 1853 la importación total de trigo fue de 3.770.921 *quarters*, de los cuales 773.507 procedían de Rusia y 209.000 de Moldavia y Valaquia. La importación total de harina fue de 3.890.746 quintales, de los cuales 64 correspondían a Rusia y nada en absoluto a los Principados del Danubio. En el año de guerra de 1854 Gran Bretaña recibió de Rusia 505.000 *quarters* de trigo y de Moldavia y Valaquia 118.000. Nadie pretenderá que *esta* merma (compensada además por una mayor importación de harina de otros países) haya disparado los precios de la *excelente* cosecha de 1854 aproximadamente a la altura de los *malos* años 1852 y 1853. Al contrario. La desaparición de *todo* el grano ruso no habría producido semejante efecto. Lo que sigue siendo enigmático, aunque *carezca de importancia* para la cuestión económica, es la merma en el suministro de los *Principados del Danubio*. El enigma se resuelve fácilmente. Si la coalición bloqueó *nominalmente* los puertos *rusos* del mar Negro, bloqueó en cambio *realmente*, primero el Bósforo y luego las bocas del Danubio, en vez de a Rusia, a Turquía y a los Principados del Danubio. Las cruzadas rusas contra la Media Luna, 1812, 1828, 1848 (entonces supuestamente contra los *rebeldes* de Iași y Bucarest) y 1854, ¿quién no sabe que estaban condicionadas en parte por la competencia comercial de las provincias de la Rusia meridional contra los Principados del Danubio y, de paso, contra el comercio de Bosnia, Serbia y Bulgaria que se hacía por el Danubio? ¡Qué *genialidad*, pues, por parte de un ministerio *inglés*, castigar a Rusia dejando libre el comercio de Odesa y de Taganrog y suprimiendo, bloqueando, el de los *competidores de Rusia* en el Danubio, cortándose así a sí mismo el suministro!

## N.º 33, 20 de enero de 1855

Londres, 16 de enero. El *Economist* de Londres observa a propósito de la actual crisis comercial e industrial:

> «Sea cual sea la caída en la exportación de otros artículos, no alcanza a la maquinaria. En lugar de disminuir, el valor de la exportación de maquinaria ha aumentado en 1854 en comparación con 1853. Así pues, otros países están haciendo uso actualmente de nuestra maquinaria. En este aspecto ya no tenemos ninguna ventaja sobre ellos. Francia, Alemania, Bélgica, Holanda, Suiza y los Estados Unidos son ahora todos grandes países manufactureros, y algunos de ellos tienen ventajas sobre nosotros. Tenemos que correr una carrera, y no podemos correrla con éxito si nos atamos las piernas. La experiencia ha convencido a todo el mundo de que las restricciones inventadas en beneficio del terrateniente le perjudicaron a él mismo; de que las restricciones inventadas en favor de los fabricantes se volvieron contra ellos mismos; y poco a poco también los obreros de las fábricas descubrirán que las restricciones legales que existen en su beneficio solo pueden perjudicarles. Es de esperar, sin embargo, que lo descubran antes de que los países antes mencionados hayan hecho tales progresos que puedan excluir a Inglaterra de sus propios mercados y de los de terceros y reducir a nuestros obreros fabriles a la más extrema miseria».

El señor *Wilson*,[^5] director del *Economist* y factótum en el Ministerio de Hacienda del ungido y untuoso Gladstone, apóstol de la libertad y cazador de cargos en una sola persona, un hombre que en una columna de su periódico niega la necesidad del Estado en general y en la otra demuestra la indispensabilidad del ministerio de coalición en particular, el señor Wilson, decimos, empieza su homilía con un hecho deliberadamente falseado. Las listas de exportación de 1854 contienen, en efecto, dos rúbricas sobre la exportación de maquinaria. La primera, referida a las locomotoras de ferrocarril, muestra que en 1853 se exportó por valor de 443.254 libras y en 1854 por 525.702, lo que sin duda es un aumento de 82.448 libras. La segunda rúbrica, en cambio, en la que se incluye toda la maquinaria empleada en las fábricas y, en general, cualquier otra clase de maquinaria salvo las locomotoras, muestra 1.368.027 libras para 1853 frente a 1.271.503 para 1854, es decir, una caída de 96.524 libras. Sumadas ambas rúbricas, resulta, pues, una caída de 14.076 libras. Este detalle caracteriza a los señores de la escuela de Manchester.[^6] Consideran, en efecto, que el momento actual es oportuno para suprimir la «restricción» que existe en favor de los obreros fabriles, a saber, la limitación legal de la jornada de trabajo para los jóvenes menores de 18 años, para las mujeres y para los niños menores de 12.[^7] Para alcanzar un fin tan elevado bien pueden falsearse algunas cifras. Pero según el *Manchester Examiner*, el órgano particular del cuáquero Bright,[^8] y según todas las circulares comerciales de los distritos fabriles, los mercados exteriores, los canales tradicionales de salida del excedente de nuestras manufacturas, gimen bajo el peso de nuestra sobreproducción y nuestra sobreespeculación. Si se ha llegado a semejante saturación del mercado mundial pese a la improvisación de dos nuevos mercados de oro, Australia y California, pese al telégrafo eléctrico, que ha convertido a toda Europa en una gran bolsa de comercio, pese a los ferrocarriles y los vapores, que han multiplicado de modo increíble las comunicaciones y, por tanto, el intercambio, ¿cuánto se habría hecho esperar la crisis si los fabricantes hubieran tenido libertad para hacer trabajar 18 horas en lugar de 11? El cálculo es demasiado sencillo para necesitar solución. Pero la precipitación relativa de la crisis no habría sido la única diferencia. Toda una generación obrera habría perdido un 50 por ciento de su fuerza física, de su desarrollo intelectual y de su vitalidad. La misma escuela de Manchester que responderá a este reparo:

> ¿Debería afligirnos esta pena,  
> si acrecienta nuestro placer?[^9]

¡atruena a Inglaterra con lamentos sentimentales por los sacrificios humanos que cuesta la guerra con Rusia, que cuesta cualquier guerra! Dentro de unos días oiremos al señor Cobden[^10] en Leeds protestar contra la matanza mutua de cristianos. Dentro de unas semanas lo oiremos en el Parlamento protestar contra las «restricciones» que frenan el consumo demasiado rápido de criaturas humanas en las fábricas. De todas las hazañas heroicas, ¿solo considera legítima una, la de Herodes?

Coincidimos con la escuela de Manchester en que las limitaciones legales obligatorias de la jornada de trabajo no señalan precisamente un grado elevado del desarrollo social. Pero no encontramos el defecto en las leyes, sino en las condiciones que las hacen necesarias.

## N.º 41, 25 de enero de 1855

Londres, 22 de enero. Es sabido que el canciller del Tesoro Robinson[^11] abrió el Parlamento de 1825 con un ditirambo sobre el auge inaudito del comercio y la industria. Pocas semanas después, el Banco de Inglaterra estaba a punto de suspender sus pagos en metálico. Desde entonces Robinson conservó el mote de «Prosperity Robinson» («Robinson Prosperidad») que le colgó Cobbett.[^12] Como en Inglaterra se aman los precedentes históricos, Prosperity Robinson no podía dejar de encontrar sucesores. El discurso de la Corona con que se abrió la última sesión extraordinaria del Parlamento felicitó al país por el extraordinario estado de prosperidad de la agricultura, la manufactura y el comercio. Y, sin embargo, ya había desaparecido incluso la *apariencia* que pudo cegar a Robinson. Las felicitaciones ministeriales parecen formar parte del ceremonial con que en Inglaterra se anuncian como es debido las sacudidas del mercado mundial. Pero más extraño que el lenguaje de los ministros es en este momento el silencio de la prensa. ¿Cree que puede *burkear* la crisis comercial,[^13] como en los cenáculos literarios de París se *burkea* a los libros mal vistos, por la conspiración del silencio? Pero las listas de precios hablan, las listas de quiebras de la *Gazette*[^14] hablan y las cartas de los «corresponsales comerciales» hablan. Pronto hablarán también los periódicos. La semana pasada se produjeron en la City suspensiones de pagos muy considerables, entre las cuales las más importantes fueron la de los señores Lonergan y Cía., dedicados al comercio con España y las Indias Occidentales; la de los señores Rogers, Lowrey, que hacían negocios con Manchester y el distrito fabril circundante; la de los señores Kotherington y Cía., del comercio con América; y por último la de los hermanos Aubertius, una casa antigua y respetable. Los compromisos de estas distintas casas ascienden, según se dice, a una media de 100.000 a 150.000 libras esterlinas. Para esta semana se esperan nuevas suspensiones de pagos de al menos siete casas importantes de la City.

De una carta comercial de Birmingham del 20 de enero tomamos los siguientes detalles sobre el estado de la industria del sur de Staffordshire:

> «Con excepción de las casas siderúrgicas que producen material de guerra por encargo del gobierno, muy pocas tienen algún pedido, y las que lo tienen, a precios sumamente reducidos. Con 8 libras y 10 chelines se compra ahora una tonelada de hierro en barras que a mediados del verano se cotizaba a 2 libras,[^15] pero aun a estos precios rebajados apenas se consiguen ventas, de modo que hay que limitar la producción. Pocos de los grandes intereses de los Estados Unidos de Norteamérica han sufrido más de la crisis comercial de allí que el negocio del hierro. Casi todas las grandes ferrerías de los Estados Unidos, en las que se han invertido sumas enormes, han puesto a sus obreros en la calle, y sin perspectivas de reanudar pronto el trabajo. Por eso hay que considerar el consumo de hierro de América casi enteramente suspendido, y no tenemos que esperar de allí más pedidos.

> »El sábado pasado se despidió a muchos obreros de las fábricas de estaño (de Birmingham), y esta tarde (20 de enero) les seguirán más. Los trabajadores del bronce y del latón no están en mejor situación, porque aquí, en la mayoría de las grandes fábricas, solo se trabaja jornada reducida.

> »En artículos de moda, los pedidos que quedan son muy escasos, y los viajantes que buscan pedidos de primavera en este ramo envían a casa informes muy desalentadores.

> »El estado del mercado de dinero sigue perturbando todas las ramas del comercio. Los bancos aprietan de la manera más perjudicial, y en este momento solo va bien un negocio, el del prestamista. A las pequeñas casas de préstamo acuden en tropel los solicitantes, y los descontadores de letras hacen una buena cosecha».

[^1]: La Junta de Comercio, el departamento del gobierno británico encargado del comercio y de su estadística.

[^2]: Locución alemana equivalente a llevar agua al mar: la lechuza era el símbolo de Atenas, donde abundaba.

[^3]: Según la MEW, la *Neue Oder-Zeitung* decía aquí *La Patrie* en lugar de *Le Pays*.

[^4]: La Sociedad de la Paz (*Peace Society*), asociación pacifista inglesa ligada a los librecambistas.

[^5]: James Wilson (1805-1860), fundador y director del *Economist*, secretario financiero del Tesoro en el gabinete Aberdeen.

[^6]: Los librecambistas de la burguesía industrial, cuyo centro era Manchester, encabezados por Cobden y Bright.

[^7]: La ley de las diez horas de 1847 y la ley de fábricas de 1850 limitaban la jornada de los menores de 18 años y de las mujeres en las fábricas textiles; la de los niños, por las leyes de 1833 y 1844.

[^8]: John Bright (1811-1889), fabricante de Rochdale, cuáquero y jefe, con Cobden, de los librecambistas.

[^9]: Goethe, «A Suleika», en el *Diván de Oriente y Occidente*. En alemán: «Sollte diese Qual uns quälen, / Da sie unsere Lust vermehrt?».

[^10]: Richard Cobden (1804-1865), fabricante y jefe de los librecambistas, opuesto a la guerra de Crimea.

[^11]: Frederick John Robinson (1782-1859), después lord Goderich y conde de Ripon, canciller del Tesoro de 1823 a 1827. La crisis comercial estalló a fines de 1825.

[^12]: William Cobbett (1763-1835), publicista radical inglés.

[^13]: De *to burke*, ahogar en silencio, por William Burke, asesino que en 1828 asfixiaba a sus víctimas en Edimburgo para vender los cadáveres a los anatomistas.

[^14]: La *London Gazette*, boletín oficial del gobierno británico, que publicaba las quiebras.

[^15]: Así en el texto de la MEW; la cifra parece estropeada.
