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Title: La guerra anglo-francesa contra Rusia (1855)
Description: Dos crónicas de Marx y Engels para la Neue Oder-Zeitung sobre «la guerra incomprensible» en sus seis teatros, del mar Blanco a Armenia, el sitio soñoliento de Sebastopol y la supuesta destrucción de Sveaborg, un bombardeo cuyos resultados apenas valen lo que costó.
Author: Karl Marx, Friedrich Engels
Date: 1855-08-17
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1855%20La%20guerra%20anglo-francesa%20contra%20Rusia
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*Escrito por Karl Marx y Friedrich Engels (correspondencias fechadas en Londres el 17 y el 18 de agosto de 1855) y publicado en la* Neue Oder-Zeitung *(Breslau), núms. 385 y 387, del 20 y el 21 de agosto de 1855. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 11 (Berlín, 1961, pp. 493-497), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título lo pusieron los editores de la MEW; los corchetes son suyos. Se corrigen unas pocas erratas evidentes de la edición digital de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1855%20Der%20englisch-franz%C3%B6sische%20Krieg%20gegen%20Ru%C3%9Fland).*

## I. N.º 385, 20 de agosto de 1855

*Londres*, 17 de agosto. La guerra anglo-francesa contra Rusia figurará sin duda siempre en la historia militar como «la guerra *incomprensible*». Fanfarronería unida a la acción más mezquina, preparativos enormes y resultados insignificantes, una prudencia que roza la timidez seguida de una temeridad como la que nace de la ignorancia, algo más que mediocridad en los generales emparejado con algo más que valentía en las tropas, derrotas casi deliberadas pisándoles los talones a victorias ganadas por malentendidos, ejércitos arruinados por la negligencia y salvados de nuevo por el más extraño azar: un gran conjunto de contradicciones e inconsecuencias. Y esto caracteriza a los rusos casi tanto como a sus enemigos. Si los ingleses han destruido un ejército modelo por la mala administración de los funcionarios civiles y la indolente incapacidad de los oficiales; si los franceses se exponen a peligros inútiles y tienen que soportar pérdidas enormes solo porque Luis Napoleón pretendía dirigir la guerra desde París, los rusos han sufrido pérdidas semejantes a consecuencia de la mala administración y de órdenes necias, pero perentorias, de Petersburgo. Del talento militar del emperador Nicolás han «callado» cuidadosamente, desde la guerra con Turquía de 1828-1829, hasta sus más serviles panegiristas. Si los rusos pueden presentar a Totleben,[^1] que *no* es ruso, tienen en cambio a Gorchakov[^2] y [otros] ...*ov*, que en nada se quedan atrás de los Saint-Arnaud y los Raglan[^3] en incapacidad.

Cabría pensar que al menos ahora, cuando tantas cabezas se ocupan en idear planes plausibles de ataque y de defensa, con tales masas de tropas y de material, que crecen día a día, tendría que nacer alguna idea arrolladora. Pero nada de eso. La guerra avanza a rastras, y su mayor duración solo sirve para extender el espacio en que se libra. Cuantos más teatros de guerra nuevos se abren, menos ocurre en cada uno de ellos. Tenemos ya seis: *el mar Blanco, el Báltico, el Danubio, Crimea, el Cáucaso* y *Armenia*. Lo que ocurre en esta asombrosa extensión puede decirse en el espacio de una columna.

Del *mar Blanco* los anglo-franceses, prudentemente, no dicen nada. Allí solo tienen dos objetivos militares posibles: impedir el comercio costero y de otra clase de los rusos en esas aguas y, si es posible, tomar Arcángel. Lo primero se ha intentado, pero solo en parte; las escuadras aliadas, tanto el año pasado como este, llegaron siempre demasiado tarde y luego zarparon demasiado pronto. El segundo objetivo, la toma de Arcángel, ni siquiera se ha acometido. En lugar de perseguir esta su verdadera tarea, la escuadra de bloqueo se ha distraído con ataques ruines contra aldeas rusas y laponas y con la destrucción de los pobres bienes de míseros pescadores. ¡Los corresponsales ingleses disculpan este proceder vergonzoso con la malhumorada irritación de una escuadra que se siente incapaz de hacer nada serio! ¡Vaya defensa!

En el *Danubio* no pasa nada. Ni siquiera se limpia el delta de este río de los bandidos que lo infestan. Austria tiene la llave de la puerta que por este lado conduce a Rusia, y parece resuelta a no soltarla.

En el *Cáucaso* todo está tranquilo. Los temibles circasianos, como todos los montañeses salvajes e independientes, parecen plenamente satisfechos con la retirada de la columna móvil rusa de sus valles y no muestran ningún deseo de bajar a la llanura, salvo para hacer correrías de saqueo. Solo saben combatir en su propio suelo, y además la perspectiva de la anexión a Turquía no parece entusiasmarles en absoluto.

En *Asia*, Turquía aparece tal como es en esencia: su ejército refleja aquí por completo el estado de decadencia del imperio. Hubo que llamar en su ayuda al giaur franco;[^4] pero los francos no pudieron hacer nada allí, salvo levantar obras de campaña. Todos sus intentos de obligar a las tropas a una forma civilizada de hacer la guerra fracasaron por completo. Los rusos han cercado Kars[^5] y parecen dispuestos a atacarla en regla. Es difícil descubrir una posibilidad de socorro para la ciudad, a menos que Omer Bajá desembarque con 20.000 hombres en Batumi y caiga sobre el flanco de los rusos. Sigue siendo incomprensible, y nada halagador para los rusos, que hayan actuado de manera tan vacilante y cautelosa frente a un enemigo tan mal disciplinado, cuando tenían a su disposición de 20.000 a 30.000 buenas tropas. Sean cuales sean los éxitos que obtengan en este teatro de guerra, el resultado podrá ser a lo sumo la toma de Kars y de Erzurum, pues una marcha sobre Constantinopla a través de Asia Menor está completamente descartada. Por eso la guerra en Asia tiene por ahora un interés más bien local, y como apenas es posible, dada la inexactitud de los mapas existentes, formarse desde lejos un juicio táctico o estratégico acertado, no entraremos en detalles. Quedan los dos teatros principales de la guerra, Crimea y el Báltico.

## II. N.º 387, 21 de agosto de 1855

*Londres*, 18 de agosto. En Crimea el sitio sigue arrastrándose, soñoliento. Durante todo el mes de julio los franceses y los ingleses han trabajado en sus nuevas *aproches* contra el Gran Redán y el Malájov, y aunque oíamos continuamente que se habían acercado «mucho» a los rusos, ahora nos enteramos de que el 4 de agosto la cabeza de la zapa no estaba a menos de 115 metros del foso principal ruso, y quizá ni siquiera tan cerca. Es sin duda satisfactorio ver al fogoso Pélissier[^6] obligado a confesar que su «sistema de asaltos» ha fracasado y que las obras regulares de sitio tienen que abrir camino a sus columnas. No obstante, no deja de ser una manera peculiar de hacer la guerra la de tener a 200.000 hombres tumbados tranquilamente en sus tiendas, muriendo entretanto de cólera y de fiebre a la espera de que se terminen las trincheras. Si el Chernaya no puede cruzarse, en vista de la inexpugnable posición rusa del otro lado, como afirman los periódicos de París, una expedición por mar a Eupatoria y un intento de obligar a los rusos por ese lado a salir a campo abierto y de averiguar su fuerza real y el estado de sus recursos podrían lograr, con todo, algo provechoso. Tal como están las cosas, los ejércitos turco y sardo y, a medias, el francés y el inglés están reducidos al papel de espectadores pasivos. Por eso una gran parte de ellos podría emplearse en diversiones. Pero las únicas diversiones de que tenemos noticia se representan en el anfiteatro de Astley, en los Surrey Gardens y en los Cremorne Gardens,[^7] donde todas las noches los rusos sufren espantosos reveses entre la tormenta de aplausos de los patrióticos *cockneys*.

Los rusos deben de estar recibiendo en este momento todos sus refuerzos y haber alcanzado, para el período inmediato, el máximo de su fuerza. Los ingleses envían algunos regimientos más, los franceses han expedido de 10.000 a 15.000 hombres, y otros los siguen; en total se añadirán a las fuerzas aliadas de Crimea de 50.000 a 60.000 hombres de tropas frescas. Además, el gobierno francés ha registrado o comprado un gran número de vapores fluviales (se habla de 50 a 100), destinados todos a una expedición en el mar Negro. Queda por ver si son para el mar de Azov o para entrar en el Dniéper y el Bug, donde Ochákov, Kinburn, Jersón y Nikoláyev ofrecerían objetivos de ataque. Ya advertimos antes de que hacia mediados de agosto habría choques sangrientos, puesto que por entonces los rusos, una vez recibidos los refuerzos, volverían a tomar la *iniciativa*. En efecto, han hecho, bajo el general Liprandi, una salida contra los franceses y los sardos apostados en el Chernaya y han sido rechazados con grandes pérdidas. Las pérdidas de los aliados *no* se dan, y por eso deben de haber sido muy considerables. Hacen falta algo más que noticias telegráficas para entrar en detalles sobre este asunto.

En el *Báltico*, por último, «se ha asestado un gran golpe». *A great blow has been struck!* Véase la prensa inglesa. ¡Bombardeo de Sveaborg! ¡Destrucción de Sveaborg![^8] ¡Todas las obras de tierra y de otra clase yacen en ruinas! ¡En verdad, Sveaborg ha dejado de existir! ¡Glorioso triunfo de los aliados! ¡La flota se encuentra en un estado de entusiasmo indescriptible! Y ahora considérese el hecho mismo. Las flotas aliadas, 6 navíos de línea, 4 o 5 grandes fragatas (*blockships*) y unas 30 bombardas y cañoneras, zarparon el 7 de agosto de Reval hacia Sveaborg. El 8 tomaron sus posiciones. Las unidades de menor calado pasaron los bancos de arena y las rocas al oeste de la fortaleza, por donde no pueden pasar los buques mayores, y se situaron, al parecer, a gran distancia de tiro de las islas sobre las que se asienta Sveaborg. Los grandes buques se quedaron fuera y, por lo que podemos juzgar, fuera del alcance de las obras de la fortaleza. Entonces las cañoneras y las bombardas abrieron fuego. No parece que se intentara el tiro directo, sino solo el lanzamiento de bombas con la mayor elevación que permitían los cañones. El bombardeo duró 45 horas. Se causó cierto daño, que sin embargo es imposible evaluar sin informes detallados de ambas partes. El arsenal y varios polvorines (evidentemente pequeños) fueron destruidos. La «ciudad» de Sveaborg (por lo que sabemos, solo unas pocas casas habitadas por gente empleada en la flota o en las fortificaciones) quedó reducida a cenizas. El daño causado a las fortificaciones mismas no puede ser sino insignificante, pues las flotas, según declaran los dos almirantes, no tuvieron *ni un solo muerto*, solo unos pocos heridos y ninguna pérdida de material. La mejor prueba de que se mantuvieron del lado seguro; y siendo así, podían bombardear, pero no actuar por fuego directo, que es lo único con que pueden destruirse las obras de una fortaleza. Dundas,[^9] mucho más decoroso y mesurado en su despacho que el almirante francés (al menos según el texto del *Moniteur*, que quizá se coloreó en París), reconoce que el daño causado se limita, de las 7 islas que forman Sveaborg, a las 3 situadas al oeste del canal de entrada principal a la bahía de Helsinki. Ni siquiera parece haberse intentado un ataque contra la entrada principal. Los grandes buques parecen haberse quedado mirando sin hacer nada, y la acción decisiva en un ataque de este tipo, el desembarco de tropas para apoderarse de las obras y destruirlas, ni se planteó. Así, el daño causado recae exclusivamente sobre provisiones y almacenes, es decir, sobre cosas fáciles de reponer. Si los rusos ponen en ello tiempo y medios, Sveaborg puede estar en tres semanas en tan buen estado como siempre. Militarmente hablando, no ha sufrido en absoluto, y toda la historia se reduce a un acto cuyos resultados materiales apenas valen lo que costó producirlos y que solo se emprendió, en parte, porque la flota del Báltico tenía que haber hecho algo antes de volver a casa y, en parte, porque Palmerston quería cerrar la sesión parlamentaria con fuegos artificiales. Por desgracia, para ese fin llegó 24 horas tarde. Esta es la gloriosa destrucción de Sveaborg por las flotas aliadas. Volveremos sobre el tema en cuanto se disponga de informes detallados.

[^1]: Eduard Totleben (1818-1884), ingeniero militar ruso de familia alemana del Báltico, director de las obras de defensa de Sebastopol.

[^2]: Mijaíl Gorchakov (1793-1861), comandante en jefe del ejército ruso en Crimea desde marzo de 1855.

[^3]: Armand de Saint-Arnaud (1798-1854) y lord Raglan (1788-1855), los primeros comandantes en jefe francés e inglés en Crimea; los dos murieron en campaña.

[^4]: Giaur: infiel, para los turcos. Francos: así se llamaba en Levante a los europeos occidentales.

[^5]: La fortaleza turca de Kars, en Armenia, bloqueada por los rusos desde junio de 1855; capituló en noviembre.

[^6]: Aimable Pélissier (1794-1864), general francés, comandante en jefe en Crimea desde mayo de 1855.

[^7]: Lugares de espectáculo de Londres, donde se representaban batallas de la guerra de Crimea.

[^8]: La fortaleza que defendía Helsinki por mar, sobre un grupo de islas a la entrada del puerto (hoy Suomenlinna). Las flotas aliadas la bombardearon el 9 y el 10 de agosto de 1855.

[^9]: Richard Saunders Dundas (1802-1861), almirante británico, al mando de la flota del Báltico en 1855.
