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Title: La guerra de Crimea (1855)
Description: Editorial de Engels para el New-York Daily Tribune, escrito al tomar Pélissier el mando: tras el fiasco de la expedición a Kerch, examina las vías para rodear la posición rusa sobre el Chernaya, por Alushta o por los senderos de montaña, y las escasas posibilidades de un asalto directo a Sebastopol.
Author: Friedrich Engels
Date: 1855-05-21
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1855%20La%20guerra%20de%20Crimea
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*Escrito en inglés por Friedrich Engels el 21 de mayo de 1855 y publicado como editorial en el* New-York Daily Tribune*, núm. 4411, del 8 de junio de 1855. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 11 (Berlín, 1961, pp. 231-238), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1855%20Der%20Krimkrieg).*

Mientras escribimos, tienen que haber empezado en Crimea las operaciones de campaña de las que hace unos días hablábamos como en preparación. Con estas operaciones la guerra, en la medida en que se limita a la península, entra en una fase nueva y probablemente decisiva. La rápida llegada de las reservas piamontesas y francesas, y sobre todo el súbito cambio a consecuencia del cual Canrobert ha trocado su mando por el de un solo cuerpo mientras Pélissier[^1] asume el mando supremo, son señales seguras de que ha llegado la hora de un cambio en la táctica de los aliados.

En cuanto a una descripción general del terreno al que ha de trasladarse el teatro de operaciones y a una visión general de las fuerzas que ahora entran en juego, remitimos a nuestro artículo anterior. Se recordará que la posición principal del ejército ruso de observación, que mantiene la comunicación con el lado norte de Sebastopol, está en la meseta entre Inkerman y el lugar donde la carretera de Balaklava a Simferópol cruza la cresta que separa los valles del Chernaya y del Belbek. Esta posición, de gran fuerza natural, la han atrincherado por completo los rusos. Se extiende unas cuatro millas entre la cabecera de la bahía de Sebastopol y la cadena montañosa inaccesible, y los rusos podrán concentrar allí por lo menos 50.000 o 60.000 hombres de infantería y artillería, lo que basta de sobra para la defensa.

Atacar de frente esta posición exigiría una gran superioridad numérica y traería consigo sacrificios terribles; ahora bien, los aliados no pueden permitirse ni lo uno ni lo otro. Aun cuando lograran conquistar los atrincheramientos, sus pérdidas serían tan graves que no estarían en condiciones de proseguir la campaña con energía. Por eso tienen que tratar de apartar de allí a una parte de los rusos y encontrar caminos para rodearlos. Con este fin se había emprendido la misteriosa expedición a Kerch. Unos 15.000 hombres de los aliados se embarcaron, pasaron ante Yalta a la vista de los rusos, navegaron hasta Kerch y volvieron.[^2] Por qué no intentaron desembarcar se pretende explicar con una orden telegráfica de París. En todo caso, este mero sucedáneo de una demostración ha de calificarse de fiasco completo; a ningún general en su sano juicio se le podría inducir a dividir sus tropas para llevar a cabo una expedición que no se atreve siquiera a dar la apariencia de un combate. Un ataque a Kaffa, aun si se había considerado en el cuartel general, parece haberse abandonado también finalmente. Llevar tropas a Eupatoria para avanzar desde ese punto no podía entrar en consideración, porque de lo contrario se habría enviado allí enseguida a las reservas piamontesas y francesas. Y como ni en la costa entre Balaklava y Kaffa ni entre Sebastopol y Eupatoria hay otro puerto o una buena rada, parece que se ha abandonado finalmente la idea de rodear a los rusos por mar; no queda, pues, otra cosa que rodearlos por tierra, lo que, como ya hemos señalado, tiene que resultar una operación sumamente difícil.

Aparte de la carretera de encima de Inkerman ocupada por los rusos, solo hay otra carretera militar que lleva de Balaklava a Simferópol. Va a lo largo de la costa sur hasta Alushta, donde tuerce hacia el interior, cruza las montañas al este del Chatyr-Dag, o monte de la Tienda, el más alto de Crimea, a 2.800 pies sobre el nivel del mar, y baja por el valle del Salgir, el río principal de Crimea, hasta Simferópol. De Balaklava a Alushta hay cuatro jornadas de marcha y de Alushta a Simferópol tres, en total unas 95 millas inglesas. Pero como no hay caminos secundarios por los que las tropas pudieran marchar en varias columnas paralelas, todo el ejército tendría que avanzar por esta única carretera en una columna enormemente estirada, con lo que tendría que marchar por lo menos cuatro o cinco días en un flujo ininterrumpido. Cerca de Alushta y en el puerto de montaña hay algunas fortificaciones antiguas, y podemos estar seguros de que el puerto mismo se encontrará fuertemente atrincherado. En lugar de siete días, el ejército necesitaría quizá doce antes de poder siquiera cruzar el puerto del Chatyr-Dag: tiempo de sobra para que los rusos atacaran el cuerpo que se quedara a guardar el sitio, o para marchar con la mayor parte de sus fuerzas contra el enemigo y salirle al encuentro desde las colinas con fuerzas superiores cuando desembocara del desfiladero, mientras columnas ligeras y móviles, lanzadas por los senderos del alto Kacha y del Alma, se echarían sobre su flanco y su retaguardia. El mayor fallo de un movimiento de flanco por Alushta sería, sin embargo, la falta absoluta de una base de operaciones. La rada abierta de Alushta no permite pensar siquiera en convertir ese lugar en una base provisional; así, incluso antes de pasar Alushta, la infantería ligera rusa, bajando por los senderos que cruzan las montañas, puede cortar con toda eficacia la comunicación con Balaklava.

Por eso difícilmente puede emprenderse la marcha por Alushta. El riesgo pesa mucho más que las posibles ventajas. Hay, sin embargo, otro camino para rodear a los rusos. Si en la marcha por Alushta todas las ventajas que la gran carretera ofrece a los aliados quedan compensadas en gran medida por el hecho de que los rusos pueden aprovechar los senderos para sus ataques, ¿por qué no habrían de servir esos mismos senderos a los aliados con la misma ventaja? Eso supondría un modo de operar completamente distinto. En este caso los aliados situarían el grueso de sus tropas de campaña, incluido el cuerpo destinado a bloquear el lado norte de Sebastopol, justo enfrente del campamento ruso de encima de Inkerman, y obligarían así a sus adversarios a retener la gran masa de sus tropas en los atrincheramientos. Entretanto, los zuavos, los cazadores, la infantería ligera, los tiradores británicos e incluso los cazadores de África a caballo, y también la artillería de montaña que pudiera reunirse, se formarían en tantas columnas como senderos hay que llevan del valle de Baidar y de la costa sur cerca de Alupka, a 30 millas de Balaklava, a los valles del Belbek y del Kacha. Una marcha nocturna bastaría para llevar a las tropas que tienen que rodear el extremo del flanco izquierdo ruso por el valle de Baidar hasta la costa sur, donde el enemigo ya no puede alcanzarlas. Otra jornada de marcha las llevaría a Alupka. Por encima de Alupka se extiende la cadena escarpada de los montes Yaila, que en su vertiente norte forma, a unos 2.000 pies sobre el nivel del mar, una meseta que ofrece buenos pastos para las ovejas; la meseta desciende, por precipicios rocosos, a los estrechos valles de los riachuelos Biyuk-Uzen y Uzen-Bash, que al confluir forman el río Belbek. Tres senderos suben a esta meseta cerca de Alupka y desembocan en los valles de los dos riachuelos Uzen. Todo este terreno es perfectamente practicable para una infantería como los zuavos y los cazadores, acostumbrados en África a guerras de montaña de una clase mucho más difícil. Del valle del alto Chernaya, más conocido con el nombre de valle de Baidar, llevan por lo menos dos senderos al valle del alto Belbek, y por último sale un sendero de la carretera de Balaklava a Simferópol poco antes del puerto, cruza la cresta tres millas al sudeste de la granja de Mackenzie y lleva directamente al flanco izquierdo de las posiciones atrincheradas de los rusos. Por penosos que sean estos senderos, tienen que ser transitables para las tropas ligeras francesas de África. «Por donde pasa una cabra, puede pasar un hombre; por donde pasa un hombre, un batallón entero; por donde pasa un batallón entero, pueden pasar con algún trabajo uno o dos caballos, y al final quizá se consiga también hacer pasar una pieza de campaña». No deberíamos extrañarnos, en verdad, si estos trillados caminos de ovejas y senderos marcados en los mapas resultaran incluso caminos de carro, malos, sí, pero del todo utilizables para un movimiento de flanco en el que la artillería pudiera acompañar a las columnas. En ese caso el rodeo debería hacerse con las fuerzas más fuertes posibles, y entonces los rusos, aun sin un ataque frontal serio, se verían pronto obligados a abandonar sus atrincheramientos. Pero si estos senderos no son practicables para las piezas de campaña (los cohetes y los obuses de montaña pasan por todas partes), los destacamentos que rodean se convertirán en simples columnas móviles que, en la medida de lo posible, expulsarán a las tropas rusas de los valles altos del Belbek, penetrarán en el valle del Kacha, amenazarán la retaguardia de los rusos, cortarán sus comunicaciones, destruirán sus convoyes, recogerán noticias fiables, reconocerán el país y atraerán sobre sí tantos destacamentos rusos como sea posible, hasta que el camino que ofrezca menos dificultades se haya hecho lo bastante practicable para que pueda pasar la artillería. Entonces se les podrían enviar fuerzas considerables detrás y amenazar tan seriamente la retaguardia rusa que se forzara la evacuación de los atrincheramientos. No creemos que un avance de infantería y caballería ligera solas por estas montañas, sobre el flanco izquierdo y la retaguardia de los rusos, pueda lograr semejante efecto, porque no podrían amenazar seriamente las comunicaciones rusas sin bajar a un terreno donde la artillería recobra toda su eficacia y asegura así la superioridad al bando que la posee. Pero no cabe duda de que, con algo de ingenio, puede ponerse a la artillería en condiciones de seguir a las columnas que rodean. En Jena Napoleón mostró lo que puede hacerse con un simple sendero que sube serpenteando por una colina empinada: en cinco horas el camino quedó lo bastante ancho para los cañones, los prusianos fueron atacados por el flanco y la victoria del día siguiente quedó asegurada.[^3] Y por donde pasa una *arba* de Crimea,[^4] pasa también una pieza de campaña; algunos de los senderos en cuestión, en especial los que llevan del Chernaya al Belbek, parecen ser viejos caminos de esas *arbas*.

Pero para realizar semejante movimiento la primera condición es disponer de fuerzas suficientes. Los rusos tendrán sin duda la ventaja del número y conocerán mejor el terreno. Lo primero puede compensarse con un avance audaz de Omer Bajá de Eupatoria hacia el Alma. Aunque la superioridad rusa en caballería no le permita avanzar deprisa ni lejos, si maniobra bien y asegura bien sus comunicaciones puede obligar al príncipe Gorchakov[^5] a emplear más infantería contra él. Pero fiarse de una operación secundaria de este tipo sería algo demasiado inseguro para los aliados. Para llevar a cabo el avance desde Balaklava, lo mejor para ellos sería, pues, trasladar al Quersoneso, uno o dos días antes del ataque real, a unos 20.000 turcos (lo que han hecho, como informamos hace algún tiempo), donde valdrían el doble que en Eupatoria. Eso les permitiría atacar a los rusos con casi 110.000 hombres, incluidos unos 6.000 de caballería, a los que estos podrían oponer unos 65.000-75.000 hombres (incluidos 15.000 a 20.000 de la guarnición del lado norte) y 10.000 de caballería. Pero en cuanto el cuerpo que rodea empiece a amenazar el flanco izquierdo y la retaguardia de los rusos, las fuerzas que se le podrían oponer serán relativamente débiles, porque los destacamentos del lado norte no podrían exponerse al peligro de quedar cortados de su campamento atrincherado alrededor de la ciudadela; y por eso los aliados, que estarían en condiciones de emplear todo su ejército de campaña disponible dondequiera que quisieran, serían muy superiores. En este caso podrían contar, pues, con el éxito; pero si atacan a los rusos sin esa ayuda, y si es exacta la proporción numérica de ambos ejércitos tal como la da una fuente fidedigna, tienen pocas posibilidades de éxito. Su cuerpo de flanco sería demasiado débil y los rusos podrían no hacerle el menor caso, y estos, a su vez, con una salida audaz de sus líneas, podrían precipitar a los aliados debilitados por el barranco abajo hasta el Chernaya.

Se considera posible también otra maniobra de los aliados: un asalto directo al lado sur de Sebastopol. Se dice incluso que desde París se ha telegrafiado una orden terminante de emprender este asalto y que Canrobert dimitió porque no podía hacerse responsable de ejecutar un movimiento que, en su opinión, habría costado la pérdida de 40.000 hombres. A juzgar por lo que hemos conocido de las ideas militares de Luis Bonaparte, que exhibe con su intromisión en la presente campaña, no es en absoluto increíble que se haya dado semejante orden. Pero es todavía menos probable que ni siquiera un *sabreur*[^6] tan temerario como Pélissier hubiera asumido la ejecución de semejante orden. El mes pasado los soldados franceses tienen que haberse hecho una idea bastante buena de la resistencia que encontrarán en un asalto. Y una operación que no puede ejecutarse sin perder unos 40.000 hombres, más de un tercio de todo el ejército disponible para el asalto, tiene ciertamente muy pocas perspectivas de éxito. Pélissier ansiará, sí, recoger el bastón de mariscal que se le escurrió de las manos a Canrobert, pero dudamos mucho de que sea lo bastante bonapartista para jugarse su fortuna y su reputación contra semejante superioridad. Pero aun suponiendo que el asalto hubiera tenido éxito, que se hubieran tomado no solo la primera línea de defensa sino también la segunda, que incluso las barricadas, las casas aspilleradas y los barracones de los defensores que cierran el acceso a los fuertes de la costa, que también estos fuertes de la costa hubieran sido tomados y que todo el lado sur hubiera caído en manos de los aliados con una pérdida de, digamos, solo 30.000 hombres frente a una pérdida de 20.000 rusos, ¿qué pasaría entonces? Los aliados habrían perdido 10.000 hombres más que los rusos, tendrían que abandonar enseguida la plaza fortificada y la campaña sería todavía más difícil que antes.

Pero hay un factor que excluye de inmediato la idea de un asalto general directo. Basándonos en informes semioficiales, en un artículo anterior sobre el sitio nos vimos obligados, solo para la polémica, a admitir que los rusos habían sido expulsados de sus nuevas obras exteriores ante Sebastopol. Al mismo tiempo señalamos que teníamos toda la razón para dudar de la exactitud de esos informes, porque los aliados habrían proclamado a voz en grito y sin ambigüedad cualquier éxito de ese tipo. Ahora sabemos con certeza por el lado ruso que los reductos Kamchatka (el Mamelon), Selenginsk y Volinsk siguen en su poder, mientras que informes del campamento aliado no solo lo confirman, sino que admiten también que los sitiados han levantado otras obras exteriores. La superioridad que los aliados habían ganado al adelantar sus aproches más cerca de la fortaleza ha quedado, pues, completamente compensada por los contraaproches de los rusos, y la línea en la que ambos bandos pueden enfrentarse con fuerzas iguales está todavía lejos del foso principal. Pero un asalto solo es aconsejable cuando la línea en la que la fuerza del atacante iguala a la del defensor en las operaciones ordinarias de sitio pasa por el foso principal. Es claro que de lo contrario las columnas de asalto serían abatidas y aniquiladas antes de llegar siquiera al borde del parapeto. Mientras no se pueda rechazar a los rusos al otro lado del foso principal, será, pues, imposible asaltar la muralla principal situada detrás de ese foso. En cuanto a la segunda línea levantada detrás de ese foso, ni siquiera puede hablarse por ahora de tomarla.

Es posible que haya alguna posibilidad de éxito para un ataque parcial contra el lado izquierdo, o lado de la ciudad, en el sector del bastión de la Cuarentena al bastión Flagstaff, donde los franceses llevan su ataque principal. Pero a este respecto la política del gobierno francés nos deja completamente a oscuras en cuanto a la extensión y la fuerza de las obras exteriores rusas, y las últimas noticias rusas, todas transmitidas recientemente por telégrafo, no contienen una exposición precisa y detallada. Los rusos admiten, sin embargo, que las obras francesas junto al bastión Flagstaff están pegadas a la muralla principal y que allí ha estallado una mina, aunque sin resultados importantes. Aquí, pues, un asalto local podría tener éxito, pero por la posición saliente de este bastión y por el terreno dominante que hay detrás (el reducto ruso de Yazonovski)[^7] es muy dudoso que se ganara algo con la conquista de este bastión, que debe de haber sido aislado del resto de las obras por uno o dos traveses en su retaguardia, con lo que se impide a las columnas de asalto establecerse allí o, al menos, seguir avanzando.

Tanto si se intenta el asalto como si se emprenden operaciones de campaña, los aliados tendrán que luchar con dificultades considerables. Pero en todo caso se acerca a su fin la manera soñolienta de hacer la guerra que se ha practicado desde la llegada de los aliados ante Sebastopol, y pueden esperarse ahora acontecimientos emocionantes y operaciones de verdadero interés militar.

[^1]: Aimable Pélissier (1794-1864), general francés que se había distinguido en la conquista de Argelia; sucedió a Canrobert al frente del ejército de Oriente a mediados de mayo de 1855.

[^2]: La expedición naval aliada contra Kerch, que zarpó a comienzos de mayo de 1855 y fue llamada de vuelta antes de desembarcar por una orden telegráfica de Napoleón III. Una segunda expedición tomó Kerch el 24 de mayo.

[^3]: La víspera de la batalla de Jena (14 de octubre de 1806), Napoleón hizo ensanchar un sendero que subía al Landgrafenberg para llevar artillería a la meseta que dominaba las posiciones prusianas.

[^4]: Carro tártaro de dos ruedas altas, el vehículo corriente en Crimea.

[^5]: El príncipe Mijaíl Gorchakov (1793-1861), comandante en jefe ruso en Crimea desde marzo de 1855.

[^6]: «Sablista», militar de acción, más dado al sable que a la reflexión.

[^7]: Según la MEW, el texto inglés dice aquí «the Russian Garden Battery», la batería del Jardín.
