---
Title: La marcha de la guerra (1855)
Description: Editorial de Engels para el New-York Daily Tribune: Omer Bajá inmovilizado en Eupatoria, el ataque sin sentido de Canrobert del 24 de febrero y los contraaproches rusos ante Malájov y el bastión Kornílov, con los que los sitiados ponen a los sitiadores a la defensiva; elogio de Totleben y de la defensa de Sebastopol.
Author: Friedrich Engels
Date: 1855-04-17
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1855%20La%20marcha%20de%20la%20guerra
---


*Escrito en inglés por Friedrich Engels y publicado como editorial en el* New-York Daily Tribune*, núm. 4366, del 17 de abril de 1855. Buena parte del texto coincide con «Sobre la situación en Crimea», escrito para la* Neue Oder-Zeitung*. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 11 (Berlín, 1961, pp. 169-172), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1855%20Der%20Verlauf%20des%20Krieges).*

Mientras los diplomáticos se han reunido en Viena para negociar sobre la suerte de Sebastopol y los aliados intentan concluir la paz en las mejores condiciones posibles, los rusos vuelven a pasar en todas partes a la ofensiva en Crimea, aprovechando los errores de sus adversarios y su propia posición central en el país. Si uno recuerda las fanfarronadas con que los aliados empezaron su invasión, la situación de las cosas parece bastante curiosa y produce el efecto de una sátira enorme de la presunción y la necedad humanas. Pero, a pesar de este lado cómico, el drama es en el fondo profundamente trágico; por eso invitamos de nuevo a nuestros lectores a considerar seriamente los hechos tal como resultan de nuestras últimas noticias, que recibimos el domingo por la mañana con el *America*.[^1]

En Eupatoria, Omer Bajá[^2] está ahora inmovilizado de hecho por el lado de tierra. Su superioridad en caballería permite a los rusos situar sus piquetes y escuchas cerca de la ciudad, recorrer los alrededores con patrullas que cortan los suministros y que, en caso de una salida seria, se repliegan sobre su infantería. Así, como suponíamos, hacen todo lo necesario para tener en jaque a una fuerza turca superior con quizá no más de una cuarta o una tercera parte de su número. Omer Bajá aguarda la llegada de refuerzos de caballería y, entretanto, ha estado en el campamento franco-inglés para informar a sus aliados de que de momento no puede hacer nada y de que un refuerzo de unos 10.000 soldados franceses sería muy deseable. Sin duda, pero no menos deseable para el propio Canrobert, que ya debe de haber descubierto que dispone a la vez de demasiadas tropas y de demasiado pocas: demasiadas para la mera continuación del sitio como tal y para la defensa del Chernaya, pero no bastantes para salir desde el Chernaya, empujar a los rusos hacia el interior y cercar el fuerte del Norte. Destacar 10.000 hombres a Eupatoria no permitiría a los turcos salir a campaña con éxito, tanto más cuanto que su ausencia debilitaría al ejército francés precisamente cuando tuviera que salir a campaña junto con los refuerzos que lleguen en primavera.

El sitio presenta de momento un aspecto bastante desolador. El ataque nocturno de los zuavos del 24 de febrero tuvo resultados aún más desastrosos de lo que informamos hace una semana. Del propio despacho de Canrobert se desprende que él mismo no entendía lo que pretendía cuando ordenó ese ataque. Dice:

> «Logrado ya el objetivo del ataque, nuestras tropas se retiraron, porque nadie podía pensar que pudiéramos establecernos en un punto tan completamente expuesto al fuego enemigo».

Pero ¿qué objetivo se había logrado? ¿Qué había que hacer allí si la posición no podía mantenerse? Absolutamente nada. La destrucción del reducto no se había completado, ni habría podido completarse bajo el fuego enemigo, aun si los zuavos, como pretendía el primer parte, hubieran tomado por completo la obra durante un rato. Pero eso nunca ocurrió; el parte ruso lo niega con toda decisión, y Canrobert tampoco insiste en nada parecido. ¿Qué pretendía, entonces, este ataque? Sencillamente esto: Canrobert, al ver que los rusos se establecían en una posición que ponía a los sitiadores en una situación muy difícil y a la vez humillante, lanzó sus tropas al ataque sin reflexión, sin tomarse siquiera la molestia de examinar el desenlace posible del asunto. Fue una matanza completamente absurda, que seguirá siendo una mancha en la reputación militar de Canrobert. Si puede encontrarse alguna excusa, solo está en la suposición de que las tropas francesas ya no podían esperar más el asalto y el general quiso darles por eso un ligero anticipo de él. Pero esta excusa desacredita a Canrobert tanto como el propio ataque.

En el asunto de Malájov, los rusos demostraron su superioridad en tierra inmediatamente delante de sus obras defensivas. La obra situada en la cresta de la colina y atacada en vano por los zuavos la llaman ellos reducto de Selenguinsk, por el regimiento que la defiende. Se pusieron en seguida a explotar su ventaja y a aprovechar la seguridad de victoria así ganada. Selenguinsk se amplió y reforzó, se subieron cañones, aunque tuvieron que pasar bajo el fuego más intenso de los sitiadores, y desde allí se abrieron contraaproches, probablemente para levantar delante del reducto una o dos obras menores. Asimismo, en otro lugar, frente al bastión Kornílov, se ha levantado una serie de nuevos reductos, 300 yardas por delante de las antiguas fortificaciones rusas. A juzgar por los informes británicos anteriores, semejante medida parece muy asombrosa, porque siempre se nos había dicho que los aliados habían abierto sus propias trincheras a menor distancia de las líneas rusas. Pero, como pudimos establecer hace aproximadamente un mes de la mejor fuente militar, las líneas francesas estaban todavía a unas 400 yardas de las obras avanzadas rusas, y las británicas incluso al doble. Ahora, por fin, en la carta del 16 de marzo, el corresponsal del *Times* confiesa que aun en esas últimas fechas las trincheras británicas estaban todavía a 600 u 800 yardas, y que *¡en realidad las baterías que están a punto de batir al enemigo son las mismas que abrieron fuego el pasado 17 de octubre!* ¡Este es, pues, el gran progreso del sitio, este el avance de las trincheras que ha costado la vida a dos tercios del ejército británico!

En estas circunstancias había espacio de sobra entre las dos líneas de baterías para levantar las nuevas obras rusas; pero, aun así, sigue siendo una empresa sin igual, la más audaz y hábil que haya emprendido nunca una guarnición sitiada. No equivale a nada menos que a abrir una nueva paralela contra los aliados a una distancia de 300 o 400 yardas de sus obras; a un contraaproche en la mayor escala contra los sitiadores, que con ello quedan de golpe reducidos a la defensiva, mientras que la primera condición esencial de un sitio es que los sitiadores reduzcan a los sitiados a la defensiva. Así, las tornas se han vuelto por completo, y los rusos van en franco ascenso.

Cualesquiera que sean los errores y los experimentos fantásticos que hayan cometido los ingenieros rusos a las órdenes de Schilder en Silistra,[^3] aquí, en Sebastopol, los aliados tienen que vérselas evidentemente con una casta de hombres muy distinta. La orientación exacta y rápida, la ejecución inmediata, audaz e impecable de que han dado prueba los ingenieros rusos al levantar sus líneas en torno a Sebastopol, la atención incansable con que se protegió cada punto débil en cuanto el enemigo lo descubría, la excelente disposición de la línea de fuego, que permite concentrar en cualquier punto dado del terreno del frente un fuego superior al del sitiador, la preparación de una segunda, una tercera y una cuarta línea de fortificación detrás de la primera; en una palabra, toda la dirección de esta defensa ha sido clásica. El último avance ofensivo en la colina de Malájov y delante del bastión Kornílov no tiene igual en la historia de los sitios y hace de sus autores figuras de primer orden en su terreno. Es de justicia añadir que el coronel Totleben,[^4] jefe de ingenieros de Sebastopol, es una figura relativamente desconocida en el servicio militar ruso. Pero no debemos tener la defensa de Sebastopol por un ejemplo típico del arte de los ingenieros rusos. El término medio entre Silistra y Sebastopol se acerca más a la realidad.

Tanto en Crimea como en Inglaterra y Francia empieza ahora a descubrirse, aunque solo poco a poco, que no hay ninguna posibilidad de tomar Sebastopol por asalto. En este penoso apuro, el *Times* de Londres se ha dirigido a una «alta autoridad militar» y ha sabido por ella que lo único razonable sería tomar la ofensiva, bien cruzando el Chernaya y efectuando la unión con los turcos de Omer Bajá, antes o después de una batalla contra el ejército ruso de observación, bien mediante una diversión hacia Kaffa,[^5] que obligaría a los rusos a dividirse. Como el ejército aliado cuenta ahora entre 110.000 y 120.000 hombres, tales movimientos tienen que estar a su alcance. Pues bien, nadie sabe mejor que Canrobert y Raglan que cruzar el Chernaya y unirse al ejército de Omer Bajá sería muy deseable; pero, como hemos demostrado una y otra vez, por desgracia los 110.000 o 120.000 hombres de los aliados no existen ni han existido nunca en las alturas ante Sebastopol. El 1 de marzo su número no pasaba de 90.000 hombres aptos para el servicio. Y en cuanto a una expedición a Kaffa, ¡los rusos no podrían desear nada mejor que ver dispersas las tropas aliadas en tres puntos distintos, a 60-150 millas del punto central, cuando no son lo bastante fuertes en ninguno de los dos puntos que ocupan ahora para cumplir la tarea que tienen delante! ¡Evidentemente, la «alta autoridad militar» le ha tomado el pelo al *Times* al aconsejarle en serio que abogue por una nueva edición de la expedición de Eupatoria!

[^1]: Vapor correo de la línea Cunard entre Liverpool y América del Norte.
[^2]: Omer Bajá (Mihajlo Latas, 1806-1871), general otomano de origen croata, comandante en jefe del ejército turco.
[^3]: Karl Andréievich Schilder (1785-1854), general de ingenieros ruso, que dirigió los trabajos de sitio de Silistra en 1854 y murió de las heridas recibidas allí.
[^4]: Eduard Ivánovich Totleben (1818-1884), ingeniero militar ruso, organizador de la defensa de Sebastopol.
[^5]: Hoy Feodosia, en la costa sudoriental de Crimea.
