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Title: La moción de Disraeli (1855)
Description: Correspondencia de Marx para la Neue Oder-Zeitung sobre la moción de Disraeli y sus enmiendas, con el retrato de lord John Russell, que antes de la guerra reconoció el protectorado ruso sobre los cristianos de Turquía y en la conferencia de Viena defendió el «honor y la dignidad de Rusia», y el alegato de Disraeli contra la doble política de guerra y diplomacia.
Author: Karl Marx
Date: 1855-05-28
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1855%20La%20moci%C3%B3n%20de%20Disraeli
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*Escrito por Karl Marx en Londres el 28 de mayo de 1855 y publicado en la* Neue Oder-Zeitung *(Breslau), núm. 247, del 31 de mayo de 1855. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 11 (Berlín, 1961, pp. 253-256), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1855%20Disraelis%20Antrag).*

Londres, 28 de mayo. Un «menú abundante», como dice el elegante Gladstone, ofrecía a la Cámara de los Comunes la elección entre la moción de Disraeli y la enmienda de Baring a la moción de Disraeli, entre la subenmienda de sir W. Heathcote a la enmienda de Baring y la contrasubenmienda del señor Lowe contra Disraeli, Baring y sir W. Heathcote.[^1] La moción de Disraeli contiene una censura a los ministros y un mensaje de guerra a la Corona, la primera precisa, el segundo elástico, unidos ambos por una cópula solo accesible al proceso del pensamiento parlamentario. La forma endeble en que va envuelto el mensaje de guerra pronto quedó explicada. Disraeli tenía que temer un motín en su propio campo. Un tory, el marqués de Granby, habló *en contra*; otro, lord Stanley,[^2] habló a favor, pero ambos en el sentido de la paz. La enmienda de Baring era *ministerial*. Suprime el voto de censura contra el gabinete y adopta la parte belicosa de la moción con la terminología del propio Disraeli, solo que anteponiendo que la Cámara «ha visto con pesar que las conferencias de Viena no han llevado al fin de las hostilidades». Sopla frío y caliente con el mismo aliento. El «pesar» para el partido de la paz, la «continuación de la guerra» para el partido de la guerra, ningún compromiso concreto del gabinete con ningún partido: una trampa para votos, negros y blancos, texto para la flauta y texto para la trompeta. La subenmienda de Heathcote remata la enmienda de doble lengua de Baring con un giro puramente idílico, añadiendo las palabras: «que la Cámara sigue abrigando el deseo» (*cherishing* es una expresión de lo más entrañable) «de que las comunicaciones en curso lleguen a un final feliz». La enmienda de Lowe, al contrario, declara despachadas las negociaciones de paz con el rechazo por Rusia del tercer punto y justifica así el mensaje de guerra a la Corona. Ya se ve: la enmienda ecléctica del ministerio ha dejado frente a frente, independientes y en paz, los dos lados que trataba de disimular y neutralizar. ¡Continuación de las conferencias de Viena!, grita Heathcote. ¡Nada de conferencia de Viena!, responde Lowe.[^3] ¡Conferencia de Viena y conducción de la guerra!, susurra Baring. Oiremos desarrollar los temas de este terceto de hoy en ocho días, y volvemos por ahora al debate sobre la moción de Disraeli, cuya primera velada solo vio figurar a tres personajes principales y de Estado, *Disraeli*, *Gladstone* y *Russell*: el primero agudo y contundente, el segundo pulido y casuístico, el tercero chato y gritón.

No nos sumamos al reproche de que Disraeli, con su ataque personal contra Russell, perdiera de vista la «cosa misma». Los secretos de la guerra ruso-inglesa no han de buscarse en el teatro de la guerra, sino en Downing Street. Russell, ministro de Asuntos Exteriores en tiempos de las comunicaciones secretas del gabinete de Petersburgo; Russell, enviado extraordinario en tiempos de la última conferencia de Viena; Russell, al mismo tiempo *leader* de la Cámara de los Comunes: él es la Downing Street ambulante, él es su secreto *desvelado*. No porque sea el alma del ministerio, sino porque es su birimbao.

A finales de 1854, cuenta Disraeli, Russell tocó la trompeta de guerra y declaró en pleno Parlamento, entre los sonoros *cheers* de la Cámara:

> «Inglaterra no podía deponer las armas hasta obtener garantías *materiales* que redujeran el poder de Rusia a *proporciones* inofensivas para Europa y dieran así plena seguridad para el futuro».

Ese mismo hombre era miembro de un gabinete que aprobó el protocolo de Viena del 5 de diciembre de 1853,[^4] en el que los plenipotenciarios francés e inglés estipularon que la guerra no debía llevar a una disminución ni a una alteración de las «condiciones materiales» del Imperio ruso. Clarendon,[^5] interpelado por Lyndhurst sobre este protocolo, declaró en nombre del ministerio:

> «Podía ser el deseo de Prusia y de Austria, pero no era el deseo ni de Francia ni de Inglaterra que se produjera una reducción del poder ruso en Europa».

Russell denunció ante la Cámara de los Comunes la conducta del emperador Nicolás como «falsa y fraudulenta». En julio de 1854 anunció con ligereza la invasión de Crimea, y declaró la destrucción de Sebastopol una necesidad europea. Derribó por último a Aberdeen porque, en su opinión, llevaba la guerra con demasiada flojedad.[^6] Hasta aquí la piel de león; ahora el león. Russell fue ministro de Asuntos Exteriores durante dos o tres meses en 1853,[^7] en la época en que Inglaterra recibió de Petersburgo la *«correspondencia secreta y confidencial»*[^8] en la que Nicolás pedía abiertamente el reparto de Turquía, que había de conseguirse principalmente mediante su pretendido protectorado sobre los súbditos cristianos de Turquía, un protectorado del que Nesselrode[^9] confiesa en su último despacho que nunca existió. ¿Qué hizo Russell? Dirigió al enviado inglés en Petersburgo un despacho en el que se dice literalmente:

> «Cuanto más adopte el gobierno turco las reglas de una ley imparcial y de una administración equitativa, menos necesario encontrará el emperador de Rusia ejercer la *protección* excepcional que ha encontrado tan difícil y molesta, aunque sin duda le esté prescrita por el deber y consagrada por el tratado».

Así concede Russell de antemano el punto en litigio. Declara el protectorado no solo legal, sino obligatorio. Lo deriva del tratado de Kaynarca. ¿Y qué declara el «cuarto punto» del congreso de Viena? «Que la interpretación errónea del tratado de Küçük Kaynarca es la causa principal de la guerra actual». Si antes del estallido de la guerra vemos así a Russell como abogado del *derecho* de Rusia —abandonado ahora incluso por Nesselrode—, al final del primer periodo de la guerra, en el congreso de Viena, lo divisamos como representante del *honor* de Rusia. En cuanto empezó el verdadero negocio, el 26 de marzo, la discusión sobre el tercer punto, se levanta Russell, el devorador de rusos, y declara con toda solemnidad:

> «A los ojos de Inglaterra y de sus aliados, las mejores y *únicas admisibles* condiciones de paz eran las que, estando en mayor armonía con el honor y la dignidad de Rusia, asegurasen al mismo tiempo a Europa, etc.».

El 17 de abril, por eso, los plenipotenciarios rusos se negaron a tomar la iniciativa de las propuestas sobre el tercer punto, convencidos, tras la declaración de Russell, de que las condiciones que iban a ofrecer los plenipotenciarios aliados estarían concebidas con un espíritu más ruso que las que la propia Rusia pudiera urdir. Pero ¿estaba la limitación del poder naval ruso «en la mayor armonía con el honor de Rusia»? Por eso Nesselrode, en su última circular, se atiene a la concesión de Russell del 26 de marzo. Cita a Russell. Le pregunta si las propuestas del 19 de abril eran «las mejores y únicas admisibles». Russell aparece como el patrono de Rusia en el umbral de la guerra. Aparece como su patrono al final del primer periodo de la guerra, en la mesa verde del palacio del conde Buol.

Hasta aquí Disraeli contra Russell. Luego atribuyó tanto los desastres en el teatro de la guerra como el malestar en el propio país a la acción contradictoria del ministerio, que trabajaba en Crimea por la guerra y en Viena por la paz, combinando una diplomacia belicosa con una guerra diplomática.

> «Niego», exclamó, «que para hacer la guerra baste con recaudar impuestos y equipar expediciones. Hay que mantener el espíritu del pueblo. No podéis hacerlo si inculcáis constantemente al país que lo que se busca es la paz y que todo el punto en torno al cual gira la controversia es, al fin y al cabo, de un carácter relativamente mezquino. La gente se somete a grandes sacrificios cuando cree tener que enfrentarse a un enemigo colosal. La gente se somete a grandes sacrificios cuando cree estar metida en una lucha en la que se juegan la reputación del país, su existencia y su poder. Pero si duplicáis o triplicáis el impuesto sobre la renta, si arrancáis a los hombres de sus hogares para llevarlos al servicio de las armas, si ensombrecéis los corazones de Inglaterra con desastres sangrientos, si hacéis todo eso, el pueblo no debe oír que la cuestión es si Rusia ha de mantener tres u ocho fragatas en el mar Negro… Para hacer la guerra con eficacia no solo es necesario mantener el espíritu del país, sino también el espíritu de las potencias extranjeras. Estad seguros de que, mientras apeléis a una potencia extranjera para que actúe como mediadora, esa potencia nunca actuará como vuestra aliada… Lord Palmerston asegura que no concluirá una paz vergonzosa. El noble lord responde de sí mismo; pero ¿quién responde del noble lord?… No podéis libraros de vuestras dificultades por medio de las conferencias de Viena; con la diplomacia no haréis más que aumentar las dificultades y los peligros. Vuestra posición es completamente falsa; y nunca podréis hacer con éxito una guerra ofensiva sin el apoyo de un pueblo entusiasta y de aliados convencidos de vuestra resolución. Deseo que la Cámara, con su votación de esta noche, ponga fin a este sistema doble y defectuoso, a un sistema a la vez de guerra y de diplomacia, y que declare en lenguaje abierto e inequívoco que ha pasado el tiempo de las negociaciones. Creo que nadie que haya leído la circular de Nesselrode puede dudarlo».

[^1]: Sir Francis Thornhill Baring (1796-1866), whig, antiguo ministro de Hacienda; sir William Heathcote (1801-1881), conservador; Robert Lowe (1811-1892), liberal.

[^2]: Charles Manners, marqués de Granby (1815-1888), y Edward Henry Stanley, lord Stanley (1826-1893), hijo de lord Derby, diputados tories.

[^3]: La edición digital de la MEW escribe aquí *Löwe* («león») en lugar de *Lowe*.

[^4]: El protocolo firmado en Viena el 5 de diciembre de 1853 por los representantes de Inglaterra, Francia, Austria y Prusia, que garantizaba la integridad del Imperio otomano y ofrecía su mediación entre Rusia y Turquía.

[^5]: George Villiers, conde de Clarendon (1800-1870), ministro de Asuntos Exteriores desde 1853; John Singleton Copley, lord Lyndhurst (1772-1863), antiguo lord canciller tory.

[^6]: Russell dimitió del gabinete Aberdeen el 23 de enero de 1855, antes de la votación de la moción de Roebuck que lo derribó.

[^7]: Russell fue ministro de Asuntos Exteriores en el gabinete Aberdeen de diciembre de 1852 a febrero de 1853.

[^8]: Los informes del embajador británico en Petersburgo, sir Hamilton Seymour, sobre sus conversaciones de enero y febrero de 1853 con Nicolás I acerca del «hombre enfermo», publicados por el gobierno británico en marzo de 1854.

[^9]: Karl Robert Nesselrode (1780-1862), canciller y ministro de Asuntos Exteriores de Rusia.
