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Title: Las perspectivas de la guerra (1855)
Description: Editorial de Engels para el New-York Daily Tribune que calcula las fuerzas rusas y aliadas en Crimea y en todo el Imperio ruso y prevé ante Sebastopol una guerra de posiciones sangrienta y sin resultados, salvo que Rusia, libre de la amenaza austriaca, lance refuerzos decisivos.
Author: Friedrich Engels
Date: 1855-07-20
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1855%20Las%20perspectivas%20de%20la%20guerra
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*Escrito en inglés por Friedrich Engels hacia el 20 de julio de 1855 y publicado como editorial en el* New-York Daily Tribune*, núm. 4459, del 4 de agosto de 1855, con el título «War Prospects». El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 11 (Berlín, 1961, pp. 368-372), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Buena parte del texto coincide con la segunda mitad de la correspondencia de Marx y Engels para la* Neue Oder-Zeitung *«Del Parlamento — Desde el teatro de la guerra», del 20 de julio de 1855. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1855%20Perspektiven%20des%20Krieges).*

Según nuestras últimas noticias, se había producido una pausa en las operaciones de guerra en Crimea. No más intentos de asalto; los cañones casi han enmudecido, y si no se cruzara constantemente fuego de fusilería entre las dos líneas de atrincheramientos, si los aliados no adelantaran su posición hacia la colina de Malájov con minas y zapas y si los rusos no hicieran salidas ocasionales, podrían creerse suspendidas las hostilidades. Es la calma que precede a la tormenta. Con toda probabilidad, se ha librado ya ante Sebastopol una batalla más feroz que las de Inkerman, el Mamelón Verde o el asalto del 18 de junio.[^1]

El mes de agosto tiene que decidir hasta cierto punto el desenlace de la campaña. Para entonces habrá llegado la mayor parte, si no la totalidad, de los refuerzos rusos, mientras que las filas de los aliados tienen que haberse aclarado por las enfermedades. Si se mantienen en la meseta del Quersoneso,[^2] ya será mucho. La toma del lado sur de Sebastopol en este año es una idea que hasta la prensa inglesa ha abandonado ya. Solo les queda la esperanza de derribar la ciudad pieza a pieza, y si se empeñan en avanzar con la misma prisa que hasta ahora, el sitio igualará en duración al de Troya. No hay razón alguna para creer que vayan a llevar a cabo su obra a mayor velocidad, pues ahora estamos informados de manera casi oficial de que el sistema erróneo seguido hasta aquí va a mantenerse con obstinación. El corresponsal en Crimea del *Constitutionnel* de París, un hombre de alto rango en el ejército francés —se cree que es el general Regnault de Saint-Jean-d'Angély, comandante de la Guardia—,[^3] ha dicho claramente que el público puede ahorrarse el trabajo de especular sobre una campaña en campo abierto y el eventual cerco del lado norte de Sebastopol. En las circunstancias actuales, dice, eso no podría hacerse sin levantar el sitio y sin abandonar a los rusos toda la meseta. Se ha decidido, por tanto, golpear con la mayor dureza posible sobre la posición ya atacada, hasta su completa destrucción. Pues bien, en los anuncios de esta carta puede uno apoyarse, ya que hay toda clase de razones para creer no solo que el emperador francés los aprueba, sino incluso que revisa antes de imprimirse todo informe que procede de esa fuente. Además, Regnault es uno de sus favoritos especiales.

Cuál ha de ser la consecuencia de todo esto es fácil de predecir. El ejército ruso en Sebastopol y sus alrededores consta ahora del 3.º y el 4.º cuerpo, de dos divisiones del 5.º y una división del 6.º, además de infantes de marina, marineros, tropas locales, cosacos y caballería, que forman una fuerza armada de 180 batallones, o de 90.000 hombres de infantería y 30.000 de artillería y caballería, más unos 40.000 enfermos y heridos. Hasta el *Moniteur* francés estima su fuerza efectiva en armas en 110.000 hombres. Ahora bien, todo el 2.º cuerpo (50 batallones, 32 escuadrones, 96 cañones) y dos divisiones de granaderos con una división de caballería (24 batallones, 32 escuadrones, 72 cañones) están en marcha o ya en las cercanías de Sebastopol. Representan una fuerza adicional de 55.000 hombres de infantería, 10.000 de caballería y cosacos y 5.000 de artillería. Así, los rusos habrán concentrado pronto una fuerza de por lo menos 175.000 hombres, o sea, bastante más de lo que puede quedarles a los aliados tras sus recientes pérdidas en combates y epidemias. Que los rusos podrán así mantener por lo menos el terreno que tenían hasta ahora es sin duda lo mínimo que puede esperarse de ellos, sobre todo porque pueden relevar constantemente con tropas frescas a las tropas de la guarnición agotadas por los esfuerzos.

Los aliados, por otra parte, no tienen ninguna posibilidad de recibir refuerzos semejantes. Cuentan ahora con 21 divisiones de infantería (12 francesas, 4 inglesas, 3 turcas y 2 piamontesas), o sea, unos 190 batallones, 3 divisiones de caballería (1 francesa, 1 inglesa y 1 turca), o sea, unos 60 escuadrones, y un número proporcionado de cañones. Pero como sus batallones, y sobre todo sus escuadrones, están muy mermados por las pérdidas de la campaña, su fuerza total no pasará de 110.000 hombres de infantería, 7.500 de caballería y de 20.000 a 25.000 de artillería, tren y no aptos para el servicio. Si las fuerzas de las dos partes combatientes se equilibran ahora tanto, antes de la llegada de los refuerzos rusos, la balanza tiene que inclinarse evidentemente contra los aliados en cuanto estos lleguen. Todos los refuerzos aliados llegados y los que se envían ahora son meros destacamentos de los depósitos para completar los batallones y escuadrones en campaña, y no son muy fuertes, si damos crédito a lo que afirma la prensa. Con todo, tres divisiones marcharán, según se dice, a Marsella y Tolón, donde se concentran vapores, mientras que en Inglaterra los regimientos destinados a Crimea han recibido orden de estar listos para embarcar de inmediato. Sumarán aproximadamente una división de infantería y una de caballería. Así, durante los meses de agosto y septiembre podrán ir llegando a Crimea unos 33.000 hombres de infantería con quizá 2.500 de caballería y artillería; pero todo esto depende mucho de la rapidez con que se los transporte. En todo caso, los aliados volverán a estar en inferioridad numérica y pueden volver a quedar encerrados en la meseta donde pasaron el último y triste invierno. No nos atrevemos a decidir si esta vez los rusos lograrán expulsarlos de ese sólido refugio. Pero mantener su propio terreno es evidentemente todo lo que los aliados pueden esperar, a no ser que reciban refuerzos de una magnitud verdaderamente gigantesca. Así, la guerra promete reducirse a una serie de encuentros sangrientos y sin resultado, en los que cada bando enviará día tras día nuevas unidades a enfrentarse cuerpo a cuerpo con el enemigo, ya sea en las murallas de la ciudad, en los parapetos de las trincheras o en las alturas escarpadas en torno a Inkerman y Balaklava. No puede concebirse ninguna situación de ejércitos enemigos en que mayor derramamiento de sangre conduzca a resultados menos importantes que los que cabe esperar de tales combates.

Hay, sin embargo, una posibilidad de que ocurra algo decisivo. Si los rusos consiguieran traer, además de las tropas ya llegadas, otros 50.000 hombres, para asegurar así a su ejército una superioridad incontestable, podrían infligir a los aliados serias derrotas y obligarlos así a reembarcar. Para juzgar esta posibilidad hemos de considerar las fuerzas que los rusos mantienen en armas a lo largo de toda su extensa frontera. El ejército de Crimea, incluidos los refuerzos mencionados, lo calculamos en unos 175.000 hombres. En el Cáucaso, donde además de las unidades locales y los cosacos están empeñadas las divisiones 16.ª y 17.ª, pueden tener unos 60.000 hombres. En Besarabia tienen, según se dice, 60.000 hombres al mando de Lüders;[^4] cabe suponer que estas tropas constan principalmente de batallones combinados y reservas, ya que allí solo hay una división de infantería del 5.º cuerpo y nunca se ha comunicado nada de que hayan marchado allí tropas del 1.º o del 2.º cuerpo. En Polonia y Volinia quedarían dos divisiones de la Guardia, una división de granaderos, dos divisiones del 1.er cuerpo de ejército y diversas reservas: en total, unos 160.000 hombres. La mayor parte de las reservas y una parte de la Guardia están concentradas en el Báltico de la siguiente manera: 50.000 hombres al mando de Sievers en las provincias bálticas alemanas, 30.000 al mando de Berg en Finlandia y 50.000 al mando de Rüdiger como ejército de reserva en San Petersburgo y sus alrededores;[^5] en total, unos 585.000 hombres. El resto de las fuerzas rusas, unos 65.000 hombres, se encuentra en el interior del país; así, la fuerza armada total ascendería a 650.000 hombres. Si se tienen en cuenta las enormes levas realizadas en Rusia, esta cifra no parece en modo alguno exagerada.

Ahora bien, está claro que en esta época avanzada del año los rusos no tienen que temer ningún peligro serio de un desembarco en la costa del Báltico, y que podría efectuarse un desplazamiento general hacia el sur de los diversos destacamentos que allí se encuentran, para liberar así, digamos, 30.000 hombres, que se sustituirían por *opolchentsy*[^6] u otras tropas del interior del país. Estos 30.000 hombres, si fueran a Polonia, liberarían en ese país un número igual de tropas, y cuando los austriacos hayan reducido su ejército de la frontera a la inofensiva cifra de 70.000 u 80.000 hombres, lo que según se dice ocurrirá en un futuro próximo, podrían ahorrarse del ejército de Polonia otros 30.000-40.000 hombres. Así podrían encontrarse las tropas para un refuerzo tal que excluiría toda posibilidad de que los aliados llegaran nunca a dominar ellos solos Crimea, y ese refuerzo podría llevarse al teatro de la guerra hacia mediados de octubre. Pero surge la pregunta de si el gobierno podrá abastecer durante el invierno a un número tan grande de tropas, sobre todo ahora que el mar de Azov ha quedado limpio de barcos rusos. Sobre esto no tenemos datos suficientes para dar una opinión; pero si puede hacerse y se recurriera a esa medida, los aliados podrían bombardear con el mismo provecho las rocas que rodean el puerto de Balaklava que las murallas de Sebastopol, defendidas directa e indirectamente por una fuerza de 250.000 hombres.

Hasta ahora, 300.000 austriacos han tenido en jaque a Rusia en el flanco de su línea de comunicaciones con Crimea. En cuanto Rusia se libre de esa traba, los aliados se darán cuenta pronto de con qué potencia se las ven. Han dejado pasar el tiempo en que, apoyados indirectamente por Austria, habrían podido conquistar Sebastopol. Ahora que Rusia empieza a sentirse segura por ese lado y solo tiene que vérselas con los aliados, es demasiado tarde.

[^1]: La batalla de Inkerman (5 de noviembre de 1854); la toma del Mamelón Verde por los franceses (7 de junio de 1855); el asalto fallido al Malájov y al Redán (18 de junio de 1855).

[^2]: La meseta al sur de Sebastopol, entre la ciudad y Balaklava, ocupada por los ejércitos aliados.

[^3]: Auguste Regnault de Saint-Jean-d'Angély (1794-1870), general francés, comandante de la Guardia Imperial en Crimea; había sido ministro de la Guerra en enero de 1851.

[^4]: Alexander von Lüders (1790-1874), general ruso.

[^5]: Friedrich Wilhelm Rembert von Berg (1793-1874) y Fiódor Rüdiger (1784-1856), generales rusos.

[^6]: Milicias rusas reclutadas para la guerra (*opolchenie*).
