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Title: Napoleón y Barbès — El timbre de los periódicos (1855)
Description: Crónica de Marx para la Neue Oder-Zeitung sobre la contramanifestación cartista prevista para la visita de Luis Bonaparte a Londres y sobre el proyecto para suprimir el timbre de los periódicos: la libertad de prensa como privilegio del capital y el Times, Leviatán venal, retratado por el diputado Drummond.
Author: Karl Marx
Date: 1855-03-27
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1855%20Napole%C3%B3n%20y%20Barb%C3%A8s%20-%20El%20timbre%20de%20los%20peri%C3%B3dicos
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*Escrito por Karl Marx en Londres el 27 de marzo de 1855 y publicado en la* Neue Oder-Zeitung *(Breslau), núm. 151, del 30 de marzo de 1855. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 11 (Berlín, 1961, pp. 158-160), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1855%20Napoleon%20und%20Barb%C3%A8s%20-%20Zeitungsstempel).*

*Londres*, 27 de marzo. Sabemos por la mejor fuente que la visita de Bonaparte al palacio de St. James, esperada para el 16 de abril,[^1] dará lugar a una gran *contramanifestación*. Los cartistas, en efecto, han invitado al refugiado francés *Armand Barbès*[^2] a visitar Londres también el 16 de abril, donde se le recibirá con una procesión pública y un gran mitin. Es dudoso, sin embargo, que su estado de salud le permita un viaje por mar.

El proyecto de ley para suprimir el timbre de los periódicos pasó ayer en segunda lectura en la Cámara de los Comunes. Las disposiciones principales de este proyecto son las siguientes: 1.º se suprime el timbre obligatorio de los periódicos; 2.º las publicaciones periódicas impresas en papel timbrado siguen gozando del privilegio del transporte gratuito por correo. Una tercera cláusula se refiere al tamaño de los impresos transportados por correo, y otra dispone que los periódicos timbrados tienen que depositar fianzas en previsión de eventuales demandas por difamación. Para caracterizar el antiguo sistema fiscal de la prensa bastan dos hechos. Editar un diario en Londres requiere un capital de por lo menos 50.000 o 60.000 libras esterlinas. Toda la prensa inglesa, con muy pocas excepciones, hace al nuevo proyecto una oposición sin vergüenza ni decoro. ¿Hacen falta otras pruebas de que el viejo sistema era un sistema de aranceles protectores para la prensa existente y un sistema prohibitivo contra la libre producción intelectual? Hasta ahora la libertad de prensa era en Inglaterra el privilegio exclusivo del capital. Los pocos semanarios que representan los intereses de la clase trabajadora —de diarios, naturalmente, ni hablar— van tirando gracias a las aportaciones semanales de los obreros, que en Inglaterra saben hacer por los fines públicos sacrificios muy distintos que en el continente. El patetismo tragicómico y fanfarrón con que el Leviatán de la prensa inglesa —el *Times*— lucha *pro aris et focis*,[^3] es decir, por el monopolio de los periódicos, ora comparándose modestamente con el templo del oráculo de Delfos, ora asegurando que Inglaterra solo posee una institución digna de conservarse, a saber, el *Times*; ora reclamando la autocracia del periodismo mundial y, sin necesidad de un tratado de Küçük Kaynarca,[^4] el protectorado de todos los plumíferos europeos.

Todo el *cant*[^5] del *Times* recibió en la sesión de ayer de la Cámara de los Comunes la respuesta que merecía del estrafalario *Drummond*:[^6]

> «La prensa actual era una especulación mercantil y nada más... Los señores Walter» (principales accionistas del *Times*) «tenían, naturalmente, el mismo derecho a establecer una fábrica de politiquería de café que el señor Bright una fábrica de percal... El *Times* entendía el negocio mejor que sus rivales. La familia Walter siempre había tenido a mano hombres avispados, abogados con siete años de práctica o gente parecida, siempre dispuestos a defender cualquier cosa y su contraria. Ahí estaban, por ejemplo, los señores Barnes, Alsager, Sterling, Delane, Morris, Lowe y Dasent. Todos estos caballeros eran de opiniones distintas. Los periódicos necios, que no entendían bien el negocio, como el *Morning Chronicle*, por ejemplo, se adherían a un partido determinado. Uno era peelita, otro derbista, etc. Cuando el partido de los peelitas florecía, florecía también su periódico; cuando decaía, decaía también el periódico. Evidentemente, esos no eran hombres de negocios. El verdadero arte —en el que el *Times* era maestro— consistía en alquilar una cuadrilla de caballeros de opiniones distintas y ponerlos a escribir. Naturalmente, a ninguno de estos señores se le podía acusar de inconsecuencia; cada uno podía seguir siempre fiel a la misma opinión, y estos escritores eran individualmente muy consecuentes, mientras que, tomados colectivamente, nada en el mundo podía ser más inconsecuente. La verdadera perfección del periodismo le parecía consistir en esto: honradez individual, desvergüenza colectiva, en lo político como en lo literario. Esto era muy lucrativo, y el *Times* le recordaba siempre a uno de sus arrendatarios, al que propuso desecar un terreno pantanoso. ¡Ni hablar!, dijo el arrendatario. ¡No lo deseque usted! Con tiempo húmedo hay en él algo para la vaca, y cuando no hay nada para la vaca, siempre vuelve a salir algo para el cerdo, y cuando no hay nada para el cerdo, siempre queda algo para el ganso. En cuanto a la venalidad de los periódicos, había pruebas positivas respecto al *Times*, del que Napoleón dijo: “Me han enviado el *Times*, el infame *Times*, el periódico de los Borbones”. En una obra de O'Meara[^7] se hace constar que recibía de estos 6.000 francos al mes. O'Meara había tenido en su poder el recibo del dinero recibido, firmado por el director del periódico. O'Meara había hecho constar también que Napoleón, antes de su exilio en Elba, recibió propuestas de varios periódicos, en particular del *Times*, para que escribiera en ellos. Las había rechazado, pero más tarde había tenido motivos para arrepentirse de su decisión».

Solo observaremos al respecto que el *Times*, en 1815, insistía en que se fusilara por sentencia de un consejo de guerra a Napoleón, al que presentaba como centro de la demagogia europea. El mismo periódico, en 1816, quería devolver a los Estados Unidos de Norteamérica, «ese funesto ejemplo de insurrección afortunada», a la dominación forzosa inglesa.

[^1]: Napoleón III y la emperatriz Eugenia visitaron Inglaterra del 16 al 21 de abril de 1855.
[^2]: Armand Barbès (1809-1870), revolucionario francés, condenado en 1849 por su participación en la jornada del 15 de mayo de 1848, indultado en 1854 y exiliado voluntario.
[^3]: «Por los altares y los hogares», es decir, por lo más sagrado.
[^4]: El tratado de Küçük Kaynarca (1774), que terminó la guerra ruso-turca de 1768-1774 y en el que Rusia fundó luego su pretensión al protectorado sobre los cristianos ortodoxos del Imperio otomano.
[^5]: Hipocresía, jerga gazmoña.
[^6]: Henry Drummond (1786-1860), banquero y diputado tory, uno de los fundadores de la Iglesia católica apostólica.
[^7]: Barry Edward O'Meara (1786-1836), médico de Napoleón en Santa Elena, autor de *Napoleon in Exile, or a Voice from St. Helena* (1822).
