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Title: [El comercio de Rusia con China] (1857)
Description: Editorial de Marx para el New-York Daily Tribune sobre el comercio terrestre de Rusia con China por Kiajta: excluida del comercio marítimo, Rusia puede salir ganando más que nadie de la guerra anglo-francesa contra China.
Author: Karl Marx
Date: 1857-03-18
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1857%20El%20comercio%20de%20Rusia%20con%20China
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*Escrito en inglés por Karl Marx hacia el 18 de marzo de 1857 y publicado como editorial en el* New-York Daily Tribune*, núm. 4981, del 7 de abril de 1857. Traducido del original inglés según la transcripción del Marx-Engels Internet Archive (marxists.org), cotejada con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 12 (Berlín, 1961, pp. 153-155), por la Escuela de marxismo, 2026. El título entre corchetes es el de los editores de la MEW; la transcripción lo titula «Rusia y China». Se corrigen pequeñas erratas de la transcripción, entre ellas el año 1853 (la transcripción dice 1857), cotejado con la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en inglés](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1857%20Russian%20Trade%20with%20China).*

En materia de comercio y trato con China, cuya expansión por la fuerza han emprendido lord Palmerston y Luis Napoleón, se sienten a todas luces no pocos celos de la posición que ocupa Rusia. De hecho, es muy posible que Rusia, sin gasto alguno de dinero ni despliegue de fuerza militar, acabe ganando más, a consecuencia de la actual querella con los chinos, que cualquiera de las naciones beligerantes.

Las relaciones de Rusia con el Imperio chino son de lo más peculiares. Mientras a los ingleses y a nosotros (pues en las actuales hostilidades los franceses son poco más que aficionados, ya que en realidad no tienen comercio con China) no se nos concede el privilegio de comunicarnos directamente ni siquiera con el virrey de Cantón, los rusos gozan de la ventaja de mantener una embajada en Pekín. Se dice, ciertamente, que esa ventaja solo se compra consintiendo en que Rusia figure en la Corte Celeste como una de las dependencias tributarias del Imperio chino. Con todo, permite a la diplomacia rusa, como en Europa, establecer en China una influencia propia que no se limita en modo alguno a operaciones puramente diplomáticas. Excluidos del comercio marítimo con China, los rusos están libres de todo interés o implicación en las disputas pasadas o presentes sobre ese asunto; y escapan además a la antipatía con que desde tiempo inmemorial los chinos han mirado a todos los extranjeros que se acercan a su país por mar, confundiéndolos, y no del todo sin razón, con los aventureros piratas que al parecer han infestado siempre las costas chinas. Pero, como compensación por esta exclusión del comercio marítimo, los rusos disfrutan de un comercio interior y terrestre que les es propio y en el que parece imposible que tengan rival alguno. Este tráfico, regulado por un tratado de 1787, en el reinado de Catalina II,[^1] tiene su principal centro de operaciones, si no el único, en Kiajta, situada en la frontera de la Siberia meridional y de la Tartaria china, sobre un afluente del lago Baikal y a unas cien millas al sur de la ciudad de Irkutsk. Este comercio, que se hace en una especie de feria anual, lo dirigen doce factores, seis rusos y seis chinos, que se reúnen en Kiajta y fijan los tipos (pues el comercio es enteramente de trueque) a que han de intercambiarse las mercancías que aporta cada parte. Los principales artículos del comercio son, por parte de los chinos, el té, y por parte de los rusos, los tejidos de algodón y de lana. Este comercio parece haber crecido considerablemente en los últimos años. La cantidad de té vendida a los rusos en Kiajta no pasaba hace diez o doce años de una media de cuarenta mil cajas; pero en 1852 llegó a ciento setenta y cinco mil, la mayor parte de ellas de esa calidad superior bien conocida por los consumidores del continente como té de caravana, por oposición al artículo inferior que se importa por mar. Los demás artículos que vendían los chinos eran pequeñas cantidades de azúcar, algodón, seda en bruto y tejidos de seda, pero todo en cantidades muy limitadas. Los rusos pagaban más o menos por igual en géneros de algodón y de lana, más pequeñas cantidades de cuero ruso, metales labrados, pieles y hasta opio. El importe total de las mercancías compradas y vendidas (que en las cuentas publicadas parecen figurar a precios muy moderados) alcanzó la elevada suma de más de quince millones de dólares. En 1853, a causa de los disturbios internos de China y de la ocupación del camino de las provincias del té por bandas de rebeldes merodeadores, la cantidad de té enviada a Kiajta bajó a cincuenta mil cajas, y el valor total del comercio de ese año fue solo de unos seis millones de dólares. En los dos años siguientes, sin embargo, este comercio se reanimó, y el té enviado a Kiajta para la feria de 1855 no bajó de ciento doce mil cajas.

A consecuencia del aumento de este comercio, Kiajta, que está dentro de la frontera rusa, ha pasado de ser un simple fuerte y campo de feria a una ciudad considerable. Se la ha elegido como capital de esa parte de la región fronteriza y va a recibir la dignidad de tener un comandante militar y un gobernador civil. Al mismo tiempo, se ha establecido hace poco una comunicación postal directa y regular para la transmisión de despachos oficiales entre Kiajta y Pekín, que dista de ella unas novecientas millas.

Es evidente que, si las actuales hostilidades acabaran con la supresión del comercio marítimo, Europa podría recibir por esta ruta todo su abastecimiento de té. De hecho, se sugiere que, aun con el comercio marítimo abierto, Rusia, una vez terminado su sistema de ferrocarriles, podría convertirse en un poderoso competidor de las naciones marítimas en el abastecimiento de té a los mercados europeos. Esos ferrocarriles darán comunicación directa entre los puertos de Kronstadt y Libau[^2] y la antigua ciudad de Nizhni Nóvgorod, en el interior de Rusia, residencia de los comerciantes que llevan el comercio de Kiajta. El abastecimiento de té a Europa por esta ruta terrestre es sin duda más probable que el empleo para ese fin de nuestro proyectado ferrocarril del Pacífico.[^3] También la seda, la otra gran exportación de China, es un artículo de tan poco volumen en comparación con su coste que su transporte por tierra no es en modo alguno imposible; y este tráfico chino abre a las manufacturas rusas una salida que no pueden encontrar en ninguna otra parte.

Podemos observar, sin embargo, que los esfuerzos de Rusia no se limitan en modo alguno al desarrollo de este comercio interior. Hace varios años que tomó posesión de las orillas del río Amur, país de origen de la raza que hoy reina en China.[^4] Sus esfuerzos en esta dirección sufrieron algún freno e interrupción durante la última guerra, pero sin duda se reanudarán y se impulsarán con energía. Posee las islas Kuriles y las costas vecinas de Kamchatka. Mantiene ya una flota en esos mares, y sin duda aprovechará cualquier oportunidad que se presente para obtener una participación en el comercio marítimo con China. Esto, sin embargo, le importa poco comparado con la expansión de ese comercio terrestre del que posee el monopolio.

[^1]: El comercio de Kiajta se basaba en el tratado ruso-chino de Kiajta de 1727; el comercio, interrumpido varias veces, se reanudó por un acuerdo de 1792.
[^2]: Hoy Liepāja, en Letonia.
[^3]: Desde 1853 el Congreso de los Estados Unidos hacía estudiar varios trazados para un ferrocarril transcontinental hasta el Pacífico, que no se terminó hasta 1869.
[^4]: Los manchúes, de la dinastía Qing. Desde 1849-1850 los rusos exploraron y ocuparon la desembocadura del Amur; el tratado de Aigun (1858) les dio la orilla izquierda del río.
