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Title: La nueva ley sobre el Banco de Francia (1857)
Description: Editorial de Marx para el New-York Daily Tribune sobre la dimisión del gobernador d'Argout y la ley bancaria de 1857, que amplía a costa del Estado los privilegios del Banco de Francia y delata los apuros de dinero del régimen bonapartista.
Author: Karl Marx
Date: 1857-06
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1857%20La%20nueva%20ley%20sobre%20el%20Banco%20de%20Francia
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*Escrito en inglés por Karl Marx en junio de 1857 (la MEW da como fecha de redacción el 2 de julio, lo que no casa con la de publicación) y publicado como editorial en el* New-York Daily Tribune*, núm. 5045, del 20 de junio de 1857. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 12 (Berlín, 1961, pp. 222-225), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título lo pusieron los editores de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1857%20Das%20neue%20Gesetz%20%C3%BCber%20die%20Bank%20von%20Frankreich).*

La nueva ley sobre el Banco de Francia y la dimisión del conde d'Argout,[^1] gobernador del Banco, son acontecimientos bastante notables en la historia financiera del actual Imperio. Puesto por Luis Felipe en 1833 a la cabeza de la bancocracia francesa, el señor d'Argout se distinguió por la tenacidad con que se aferró a su cargo durante 23 años y por la circunspecta prudencia con que capeó las tormentas de 1848 y 1851. La revolución de 1848 no iba dirigida solo contra Luis Felipe, sino más aún contra la alta finanza, que tenía su centro en el Banco de Francia. Esta institución, y a su cabeza esa figura impopular, parecían por eso, naturalmente, los primeros blancos de un ataque revolucionario. El conde d'Argout subestimó las perspectivas inmediatas del momento y se creyó lo bastante fuerte para empujar a la burguesía a una contrarrevolución mediante una agravación artificial de la crisis financiera. Con ese fin cortó de pronto la concesión de los créditos en que solía descansar la actividad comercial de París; pero el inmenso peligro que provocó así a sabiendas, en lugar de hacer tambalearse al gobierno provisional, se volvió contra el propio Banco. En vez de la contrarrevolución que esperaba confiado, se produjo una afluencia extraordinaria al Banco para cobrar. Si d'Argout había calculado mal las fuerzas del pueblo, juzgó con más agudeza las posibilidades del gobierno. No solo lo obligó a dar curso forzoso a los billetes del Banco y a contratar humildemente, en las condiciones más desfavorables, un empréstito con la misma empresa a la que el propio gobierno acababa de salvar de una ruina irreparable, sino que aprovechó también la ocasión para aumentar las fuentes de beneficio del Banco, consiguiéndole el privilegio de emitir billetes de menor valor nominal, y para ampliar su monopolio, acabando con los bancos de emisión de provincias. Antes de 1847, el billete más pequeño que emitía el Banco de Francia era de 500 francos; en 1848 se le autorizó a emitir billetes de 200 y de 100 francos. El lugar de los bancos provinciales, privados del privilegio de emitir billetes de que habían gozado hasta entonces, lo ocuparon nuevas sucursales del Banco de Francia. A consecuencia de estos cambios, su circulación total, que a fines de 1847 no era más que de 48.000.000 de dólares, alcanzó a fines de 1855 la suma de 122.445.000 dólares; sus operaciones brutas, que en 1847 no llegaban todavía a 375.000.000 de dólares, habían subido ya en 1855 a 940.600.000 dólares, de los cuales 549.000.000 procedían de la actividad de las sucursales; y sus acciones, que antes de la revolución solían cotizarse a unos 2.000 francos, se venden ahora a 4.500 francos. Antes de 1848, el Banco de Francia era más una institución parisina que francesa. Los nuevos privilegios que le concedió el gobierno revolucionario lo convirtieron en una empresa privada de toda Francia. Así, el monopolio de la aristocracia financiera que la revolución de febrero trataba de romper fue ampliado, reforzado y reorganizado, gracias a la hábil gestión de d'Argout, precisamente por medio de esa misma revolución.

La segunda gran catástrofe que d'Argout tuvo que afrontar fue el golpe de Estado,[^2] cuyo éxito dependía principalmente de que se abrieran por la fuerza las arcas del Banco confiadas a su custodia. El dúctil gobernador no solo hizo la vista gorda ante el robo con fractura de Bonaparte, sino que contribuyó mucho a calmar los temores del mundo comercial manteniéndose en su puesto en un momento en que la retirada de la administración de todas las personas respetables, o que querían serlo, amenazaba seriamente con comprometer al usurpador. En recompensa por esos buenos servicios, Bonaparte se avino a no sacar provecho de la cláusula de la última renovación del privilegio del Banco, de 1840, según la cual los estatutos habrían podido revisarse en 1855. Como su amigo el difunto mariscal Soult,[^3] d'Argout nunca fue fiel a otra cosa que a la posición y al sueldo. Que su dimisión como gobernador del Banco de Francia se produzca en este momento solo puede explicarse por la misma razón que, según la creencia popular, mueve a las ratas a abandonar el barco que se hunde.

La historia de la nueva ley bancaria la señala como uno de los negocios más oscuros que caracterizan la época del actual Imperio. Durante la crisis financiera que estalló en Europa a fines de 1856, la modificación de la ley bancaria vigente se discutió por primera vez con el pretexto plausible de que las gigantescas transacciones del Banco descansaban sobre un capital demasiado pequeño. Durante más de seis meses se celebraron, en presencia de Napoleón III, conferencias secretas entre los representantes del Banco, por un lado, y los grandes financieros de París, los ministros y el Consejo de Estado, por otro. Pero el actual proyecto de ley no se presentó al Cuerpo Legislativo hasta la víspera de su disolución definitiva. En las deliberaciones previas en los *bureaux*[^4] fue duramente atacado; la comisión nombrada para examinarlo lo hizo literalmente trizas, y hasta se amenazó con rechazarlo por completo. Pero Bonaparte conocía a sus criaturas. Les dio a entender con una seña que la decisión del gobierno estaba tomada y que tenían que elegir entre aprobar la ley o ser apartados de sus prebendas en las próximas elecciones. Para ayudarles a desprenderse de los últimos restos de su pudor, la discusión de la ley se aplazó hasta el último día de la legislatura. Con algunos cambios insignificantes fue aprobada entonces, naturalmente. ¿Qué carácter ha de tener una ley que necesitó tantos subterfugios para salir adelante en un cuerpo como el Cuerpo Legislativo?

En efecto, ni siquiera en tiempos de Luis Felipe, cuando el Banco de Francia y los Rothschild tenían manifiestamente el derecho de vetar cualquier proyecto de ley que les resultara incómodo, ningún ministro se habría atrevido a proponer que el Estado se les entregara por completo. El gobierno renuncia al derecho, todavía garantizado en el privilegio de 1846,[^5] de modificar la nueva ley bancaria antes de que expire su vigencia. Los privilegios del Banco, que siguen en vigor otros diez años, se prorrogan generosamente por un nuevo período de treinta años. Se permite al Banco rebajar a 50 francos el valor nominal de sus billetes; el alcance de esta cláusula se comprende plenamente si tenemos en cuenta que en 1848 la introducción de los billetes de 200 y de 100 francos permitió al Banco sustituir por su propio papel moneda unos 30.000.000 de dólares en oro y plata. De las enormes ganancias que con toda seguridad afluirán al Banco gracias a este cambio no se reserva la menor parte a la nación, que, por el contrario, tiene que pagar al Banco el crédito que se le ha concedido a este en nombre de Francia. El privilegio de establecer sucursales en los departamentos donde todavía no las hay no se concede al Banco de Francia como concesión del gobierno al Banco, sino, al contrario, como concesión del Banco al gobierno. El permiso de cobrar a su clientela más del 6 por ciento de interés legal no está limitado por más obligación que la de añadir los beneficios así obtenidos al capital del Banco y no a sus dividendos anuales. La rebaja del tipo de interés de su cuenta corriente con el Tesoro del cuatro al tres por ciento queda más que compensada por la supresión de aquella cláusula de la ley de 1840 según la cual el Banco no podía cobrar interés alguno mientras el saldo fuera inferior a 80.000.000 [de francos], siendo por lo demás de 82.000.000 [de francos] el saldo medio de esas cuentas. Por último, no es menos importante que las 91.250 acciones de nueva emisión, de 1.000 francos de valor nominal, se adjudiquen exclusivamente a los poseedores de las 91.250 acciones que existen realmente; y mientras las acciones del Banco se negocian ahora en la bolsa a 4.500 francos, estas nuevas acciones se emitirán para los antiguos accionistas a 1.100 francos. Esta ley, cortada de arriba abajo a la medida de la bancocracia a costa del Estado, ofrece la prueba más concluyente de los apuros de dinero en que ya se ve metido el gobierno bonapartista. En compensación por todas las concesiones, ese gobierno recibe la suma de 20.000.000 de dólares, que el Banco ha de invertir en *rentes* al tres por ciento que se crearán con ese fin y cuyo precio mínimo se fija en 75 francos. Toda la transacción parece abonar con fuerza la idea, extendida en el continente europeo, de que Bonaparte ya ha sacado una suma considerable de las arcas del Banco y ahora se afana por vestir sus operaciones fraudulentas con un ropaje más o menos respetable.

[^1]: Antoine Maurice Apollinaire d'Argout (1782-1858), varias veces ministro con Luis Felipe y gobernador del Banco de Francia hasta 1857.

[^2]: El golpe de Estado de Luis Bonaparte del 2 de diciembre de 1851.

[^3]: Nicolas Jean-de-Dieu Soult (1769-1851), mariscal de Napoleón I y luego presidente del Consejo de ministros con Luis Felipe.

[^4]: Las secciones en que se dividía la Cámara para el examen previo de los proyectos de ley.

[^5]: Así en la MEW; más arriba se habla de la renovación del privilegio en 1840.
