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Title: La situación en Europa - La situación financiera de Francia (1857)
Description: Editorial de Marx para el New-York Daily Tribune: Inglaterra, atada por la India y China, afrontará una nueva revolución en el continente como una prueba seria; en Francia, las elecciones de París y la larga caída de la Bolsa parisina anuncian el comienzo de una nueva revolución.
Author: Karl Marx
Date: 1857-07-10
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1857%20La%20situaci%C3%B3n%20en%20Europa%20-%20La%20situaci%C3%B3n%20financiera%20de%20Francia
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*Escrito en inglés por Karl Marx el 10 de julio de 1857 y publicado como editorial en el* New-York Daily Tribune*, núm. 5075, del 27 de julio de 1857. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 12 (Berlín, 1961, pp. 234-237), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW, que añadió el subtítulo. Se corrige una errata evidente de la edición digital de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1857%20Die%20Lage%20in%20Europa%20%E2%80%93%20Die%20Finanzlage%20Frankreichs).*

La soporífera inercia que desde el fin de la guerra de Oriente[^1] había marcado la fisonomía de Europa da paso ahora muy deprisa a un aspecto animado e incluso febril. Ahí está Gran Bretaña, con su movimiento de reforma que se perfila en el horizonte y sus dificultades en la India. Es cierto que el *Times* de Londres cuenta al mundo que, salvo los que tienen amigos en la India,

> «el público británico en su conjunto espera la llegada de las próximas noticias de la India con el mismo interés con que esperaríamos un vapor de Australia que se retrasa o el resultado de un motín en Madrid».

Pero el mismo día ese mismo *Times*, en su artículo financiero, deja caer la máscara de la orgullosa indiferencia y delata los verdaderos sentimientos de John Bull de este modo:

> «Una depresión persistente del mercado de valores como la que reina ahora casi no tiene precedentes, dado el aumento ininterrumpido de las reservas de metales preciosos en los bancos y la perspectiva de una buena cosecha. La inquietud por la India eclipsa todas las demás consideraciones, y si mañana llegara alguna noticia grave, lo más probable es que provocara un pánico».

Especular sobre el curso de los acontecimientos en la India sería inútil precisamente ahora, cuando con cada correo cabe esperar noticias auténticas. Pero es evidente que, en caso de un estallido revolucionario serio en el continente europeo, Inglaterra, despojada de soldados y de barcos por la guerra de China y las sublevaciones de la India, se mostraría incapaz de recuperar la altiva posición que ocupó en 1848 y 1849. Por otra parte, Inglaterra no puede permitirse quedarse al margen, porque la guerra de Oriente y la alianza con Napoleón la han encadenado recientemente a la política continental, y eso precisamente cuando la completa desintegración de sus partidos políticos tradicionales y el creciente antagonismo entre las clases del país que le procuran la riqueza exponen más que nunca su tejido social a sacudidas convulsivas. Cuando en 1848-1849 su poder pesaba como una pesadilla sobre la revolución europea, Inglaterra primero tuvo un poco de miedo de esa revolución, después se distrajo de su aburrimiento innato contemplándola, después la traicionó un poco, después coqueteó un poco con ella y, por último, se puso en serio a sacarle dinero. Hasta puede decirse que su prosperidad industrial, bastante maltrecha por la crisis comercial de 1846-1847, se restableció en cierta medida con ayuda de la revolución de 1848. Pero la revolución en el continente no será para Inglaterra ni un espectáculo con que deleitarse ni una desgracia con que especular, sino una prueba seria que tendrá que superar.

Si cruzamos el canal de la Mancha, vemos que la superficie de la sociedad tiembla y vacila bajo el efecto de los incendios subterráneos. Las elecciones de París[^2] no son tanto los heraldos como el comienzo real de una nueva revolución. Responde por entero al pasado histórico de Francia que Cavaignac[^3] haya tenido que prestar bandera y nombre a la oposición contra Napoleón, igual que en su día Odilon Barrot[^4] había abierto bajo su bandera el ataque contra Luis Felipe.[^5] Al igual que Odilon Barrot, tampoco Cavaignac es a los ojos del pueblo más que un pretexto, aunque ambos sean para la burguesía nociones serias. El nombre bajo el que se inicia una revolución no es nunca el que lleva la bandera el día del triunfo. Para tener alguna probabilidad de éxito, los movimientos revolucionarios en la sociedad moderna tienen que tomar prestada al principio su bandera de aquellos elementos del pueblo que, aunque en oposición al gobierno existente, están en completa armonía con el orden social existente. En una palabra, las revoluciones tienen que recibir de las propias clases dominantes su entrada para la escena oficial.

Las elecciones de París, las detenciones de París y las persecuciones de París solo pueden juzgarse en su verdadera luz si se tiene en cuenta el estado de la Bolsa de París, cuyos violentos movimientos precedieron a la agitación electoral y también la sobrevivieron. Ni siquiera en los tres últimos meses de 1856, cuando toda Europa sufría los dolores de una crisis financiera, conoció la Bolsa de París una depreciación tan fuerte y persistente de todos los valores como la que se produjo durante todo el pasado mes de junio y a comienzos de julio. Además, el proceso no se desarrolló ahora a base de caídas y subidas bruscas, sino que todo bajó de un modo completamente metódico y solo en los últimos desplomes repentinos se ajustó a las leyes habituales de la caída. Las acciones del Crédit mobilier, que a comienzos de junio estaban a unos 1.300 francos, habían bajado el 26 a 1.162 francos, el 3 de julio a 1.095, el 4 a 975 y el 7 a 890. Las acciones del Banco de Francia, que a comienzos de junio se cotizaban a más de 4.000 francos, habían caído, pese a los nuevos derechos de monopolio y privilegios concedidos al Banco, a 3.065 francos el 26 de junio y a 2.890 el 3 de julio, y el 9 de julio no daban más de 2.900. Las rentas al tres por ciento, las acciones de los principales ferrocarriles, como el del Norte, el de Lyon y el del Mediterráneo, las de las líneas de la *Grande Fusion* y las acciones de todas las demás sociedades por acciones han participado en la debida proporción en este largo movimiento a la baja.

La nueva ley bancaria, que revela la situación desesperada del tesoro bonapartista, ha quebrantado a la vez la confianza del público en la propia administración del Banco. Si el último informe del Crédit mobilier revelaba la oquedad interna de esa institución y la gran extensión de los intereses ligados a ella, informaba también al público de que entre sus directores y el emperador se libraba una lucha y de que se estaba pensando en un golpe de Estado financiero. Para hacer frente a sus obligaciones más apremiantes, el Crédit mobilier se ha visto en efecto obligado a arrojar al mercado unos veinte millones en valores de su cartera. Al mismo tiempo, los ferrocarriles y otras sociedades por acciones, para poder pagar sus dividendos y obtener los medios de continuar o comenzar las obras emprendidas, han tenido igualmente que vender valores, exigir nuevos desembolsos sobre sus viejas acciones o procurarse capital emitiendo acciones nuevas. De ahí la prolongada depresión del mercado de valores francés, que dista mucho de ser fruto de circunstancias puramente fortuitas y que volverá en forma agravada en cada nueva liquidación.

Los alarmantes síntomas de la presente enfermedad pueden deducirse del hecho de que Émile Péreire,[^6] el gran curandero financiero del Segundo Imperio, haya salido a escena y presentado a Luis Napoleón un informe en el que pone como lema las palabras que este pronunció en 1850 en un discurso al Consejo General de Agricultura y Comercio:

> «La disposición a confiar, no lo olvidemos nunca, es el lado moral de los intereses materiales —el espíritu que anima el cuerpo—; mediante la confianza multiplica por diez el valor de todos los productos».

El señor Péreire pasa luego a explicar, de un modo que nuestros lectores ya conocen, la caída de los valores del país en 980.000.000 de francos en los últimos cinco meses. Termina sus lamentaciones con estas palabras fatales: «El presupuesto del miedo es casi igual al presupuesto de Francia». Si Francia, como afirma el señor Péreire, además de los 200.000.000 de dólares que tiene que pagar en impuestos para sostener el Imperio, tiene que pagar otro tanto por miedo a perderlo, entonces los días de esa costosa institución, que en su día se aceptó desde el punto de vista exclusivo de ahorrar dinero, están en verdad contados. Si los trastornos financieros del Imperio han provocado sus dificultades políticas, estas a su vez repercutirán sin duda sobre aquellos. Es precisamente este estado del Imperio francés el que da su verdadero significado a los recientes estallidos en España e Italia,[^7] así como a las complicaciones escandinavas pendientes.

[^1]: La guerra de Crimea (1853-1856).

[^2]: En las elecciones al Cuerpo Legislativo de junio-julio de 1857 resultaron elegidos en París cinco candidatos de la oposición republicana, entre ellos Cavaignac.

[^3]: Louis-Eugène Cavaignac (1802-1857), general republicano que aplastó la insurrección obrera de junio de 1848 en París y fue jefe del poder ejecutivo hasta diciembre de ese año.

[^4]: Odilon Barrot (1791-1873), jefe de la oposición dinástica liberal bajo Luis Felipe; dirigió la campaña de los banquetes que precedió a la revolución de febrero de 1848.

[^5]: La frase está estropeada en la versión digital de la MEW («den Angriff gegen Louis-Philippe Banner eingeleitet hatte»); se traduce por el sentido.

[^6]: Émile Péreire (1800-1875), banquero, fundador del Crédit mobilier con su hermano Isaac.

[^7]: En junio de 1857 hubo un levantamiento campesino en Andalucía y los mazzinianos intentaron sublevaciones en Génova y Livorno y el desembarco de Pisacane en Sapri.
