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Title: La sublevación en la India, 3 de octubre (1857)
Description: Editorial de Marx para el New-York Daily Tribune sobre la amenaza de retirada ante Delhi, el peligro de Lucknow y de la línea del Ganges y la extensión de la rebelión al ejército de Bombay; los refuerzos llegarán tarde y a cuentagotas.
Author: Karl Marx
Date: 1857-09-18
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1857%20La%20sublevaci%C3%B3n%20en%20la%20India%2C%203%20de%20octubre
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*Escrito en inglés por Karl Marx el 18 de septiembre de 1857 y publicado como editorial en el* New-York Daily Tribune*, núm. 5134, del 3 de octubre de 1857. Traducido del original inglés según la transcripción del Marx-Engels Internet Archive (marxists.org), cotejada con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 12 (Berlín, 1961, pp. 293-297), por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la transcripción inglesa; la fecha añadida, la de su publicación, lo distingue de otros artículos del mismo título. Se corrigen algunas erratas evidentes de la transcripción, cotejadas con la versión alemana. Las notas son nuestras. [Texto original en inglés](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1857%20The%20Revolt%20in%20India%2C%20October%203).*

Las noticias de la India que nos llegaron ayer presentan un aspecto muy desastroso y amenazador para los ingleses, aunque, como puede verse en otra columna, nuestro inteligente corresponsal en Londres las juzga de otro modo. De Delhi tenemos detalles hasta el 29 de julio y un informe posterior según el cual, a causa de los estragos del cólera, las fuerzas sitiadoras se habían visto obligadas a retirarse de delante de Delhi e instalar sus cuarteles en Agra. Es cierto que ninguno de los periódicos de Londres admite este informe, pero a lo sumo podemos considerarlo algo prematuro. Como sabemos por toda la correspondencia de la India, el ejército sitiador había sufrido duramente en las salidas efectuadas el 14, el 18 y el 23 de julio. En esas ocasiones los rebeldes combatieron con una vehemencia más temeraria que nunca y con una gran ventaja por la superioridad de sus cañones.

> «Nosotros disparamos —escribe un oficial británico— piezas de 18 libras y obuses de 8 pulgadas, y los rebeldes responden con piezas de veinticuatro y de treinta y dos.» «En las dieciocho salidas que hemos tenido que aguantar —dice otra carta— hemos perdido un tercio de nuestros efectivos entre muertos y heridos.»

De refuerzos, todo lo que cabía esperar era un cuerpo de sijs al mando del general Van Cortlandt. El general Havelock, tras librar varias batallas victoriosas, se vio obligado a replegarse sobre Cawnpore, abandonando por el momento el socorro de Lucknow. Al mismo tiempo, las lluvias habían empezado con fuerza ante Delhi, lo que necesariamente aumentaba la virulencia del cólera. El despacho que anuncia la retirada a Agra y el abandono, al menos por el momento, del intento de tomar la capital del Gran Mogol tiene, pues, que resultar cierto pronto, si no lo es ya.

En la línea del Ganges el interés principal está en las operaciones del general Havelock, cuyas hazañas en Fatehpur, Cawnpore y Bithur han sido, naturalmente, alabadas con bastante extravagancia por nuestros colegas de Londres. Como hemos dicho más arriba, tras haber avanzado veinticinco millas desde Cawnpore, se vio obligado a replegarse sobre esa plaza, no solo para dejar allí a sus enfermos, sino para esperar refuerzos. Es motivo de hondo pesar, pues indica que el intento de rescatar Lucknow ha fracasado. La única esperanza de la guarnición británica de esa plaza está ahora en la fuerza de 3.000 gurjas que Jang Bahadur ha enviado desde Nepal en su socorro. Si no logran levantar el sitio, la carnicería de Cawnpore se repetirá en Lucknow. Y no será eso todo. La toma por los rebeldes de la fortaleza de Lucknow y la consiguiente consolidación de su poder en Oudh amenazarían de flanco todas las operaciones británicas contra Delhi y decidirían la balanza de las fuerzas en lucha en Benarés y en todo el distrito de Bihar. Cawnpore perdería la mitad de su importancia y vería amenazadas sus comunicaciones con Delhi, por un lado, y con Benarés, por otro, por los rebeldes dueños de la fortaleza de Lucknow. Esta eventualidad aumenta el doloroso interés con que han de esperarse las noticias de ese lugar. El 16 de junio la guarnición calculaba que podría resistir seis semanas con raciones de hambre. Hasta la última fecha de los despachos habían transcurrido ya cinco de esas semanas. Todo depende allí ahora de los refuerzos de Nepal, anunciados pero todavía no seguros.

Si bajamos por el Ganges desde Cawnpore hasta Benarés y el distrito de Bihar, las perspectivas británicas son aún más sombrías. Una carta de *The Bengal Gazette*, fechada en Benarés el 3 de agosto, dice

> «que los amotinados de Danapur, tras cruzar el Son, marcharon sobre Arrah. Los habitantes europeos, con razón alarmados por su seguridad, escribieron a Danapur pidiendo refuerzos. En consecuencia, se enviaron dos vapores con destacamentos de los regimientos 5.º, 10.º y 37.º de Su Majestad. En plena noche, uno de los vapores encalló en el fango y quedó atascado. Se desembarcó a toda prisa a los hombres, que avanzaron a pie, pero sin tomar las debidas precauciones. De pronto fueron atacados por ambos lados con un fuego nutrido y cerrado, y 150 hombres de su pequeña fuerza, entre ellos varios oficiales, quedaron fuera de combate. Se supone que todos los europeos de la guarnición, unos 47, han sido asesinados».

Arrah, en el distrito británico de Shahabad, en la presidencia de Bengala, es una ciudad situada en el camino de Danapur a Ghazipur, veinticinco millas al oeste de la primera y setenta y cinco al este de la segunda. La propia Benarés estaba amenazada. Esta plaza tiene un fuerte construido según los principios europeos y se convertiría en otra Delhi si cayera en manos de los rebeldes. En Mirzapur, situada al sur de Benarés y en la orilla opuesta del Ganges, se ha descubierto una conspiración musulmana, mientras que en Berhampore, sobre el Ganges, a unas dieciocho millas de Calcuta, se había desarmado al 63.º de infantería indígena. En una palabra, el descontento por un lado y el pánico por otro se extendían por toda la presidencia de Bengala, hasta las mismas puertas de Calcuta, donde se temía con angustia que el gran ayuno del Muharram,[^1] cuando los seguidores del islam, exaltados hasta un frenesí fanático, andan con las espadas dispuestas a combatir a la menor provocación, acabara probablemente en un ataque general contra los ingleses, y donde el gobernador general se ha visto obligado a desarmar a su propia guardia de corps. El lector comprenderá, pues, en el acto que la principal línea británica de comunicaciones, la línea del Ganges, corre peligro de ser interrumpida, cortada y separada. Eso afectaría al avance de los refuerzos que han de llegar en noviembre y aislaría la línea británica de operaciones del Jumna.

También en la presidencia de Bombay los asuntos toman un aspecto muy grave. El motín del 27.º de infantería indígena de Bombay en Kolhapur es un hecho, pero su derrota por las tropas británicas es solo un rumor. El ejército indígena de Bombay ha estallado en motines sucesivos en Nagpur, Aurangabad, Hyderabad y, por último, en Kolhapur. La fuerza efectiva del ejército indígena de Bombay es de 43.048 hombres, mientras que en esa presidencia solo hay, de hecho, dos regimientos europeos. Se contaba con el ejército indígena no solo para mantener el orden dentro de los límites de la presidencia de Bombay, sino para enviar refuerzos al Sind, en el Punyab, y formar las columnas dirigidas sobre Mhow e Indore para recuperar y conservar esas plazas, establecer comunicaciones con Agra y socorrer a la guarnición de esa plaza. La columna del general de brigada Stuart, encargada de esta operación, se componía de 300 hombres del 3.º regimiento europeo de Bombay, 250 del 5.º de infantería indígena de Bombay, 1.000 del 25.º de infantería indígena de Bombay, 200 del 19.º de infantería indígena de Bombay y 800 del 3.er regimiento de caballería del contingente de Hyderabad. Con esta fuerza, que suma 2.250 soldados indígenas, hay unos 700 europeos, sobre todo del 86.º de infantería de la reina y del 14.º de dragones ligeros de la reina. Los ingleses habían reunido además en Aurangabad una columna del ejército indígena para intimidar a los territorios desafectos de Khandesh y Nagpur y servir al mismo tiempo de apoyo a las columnas volantes que actúan en la India central.

Se nos dice que en esa parte de la India «se ha restablecido la tranquilidad», pero no podemos fiarnos del todo de este resultado. En realidad, lo que decide la cuestión no es la ocupación de Mhow, sino la conducta que sigan el Holkar y el Scindia, los dos príncipes marathas.[^2] El mismo despacho que nos informa de la llegada de Stuart a Mhow añade que, aunque el Holkar seguía siendo leal, sus tropas se habían vuelto ingobernables. Sobre la política del Scindia no se dice una palabra. Es joven, popular, lleno de fuego, y se le consideraría la cabeza natural y el punto de reunión de toda la nación maratha. Tiene 10.000 soldados propios bien disciplinados. Su defección de los británicos no solo les costaría la India central, sino que daría una fuerza y una consistencia inmensas a la liga revolucionaria. La retirada de las fuerzas que están ante Delhi y las amenazas y solicitaciones de los descontentos pueden inducirle por fin a ponerse del lado de sus compatriotas. Pero la influencia principal sobre el Holkar, como sobre el Scindia, la ejercerán los marathas del Decán, donde, como ya hemos dicho, la rebelión ha levantado por fin decididamente la cabeza. Es aquí también donde la fiesta del Muharram es especialmente peligrosa. Hay, pues, alguna razón para prever una rebelión general del ejército de Bombay. También el ejército de Madrás, que suma 60.555 soldados indígenas y se recluta en Hyderabad, Nagpur y Malwa, los distritos mahometanos más fanáticos, no tardaría en seguir el ejemplo. Así pues, si se considera que la estación de las lluvias, en agosto y septiembre, paralizará los movimientos de las tropas británicas e interrumpirá sus comunicaciones, parece razonable suponer que, pese a su fuerza aparente, los refuerzos enviados desde Europa, al llegar demasiado tarde y solo con cuentagotas, resultarán insuficientes para la tarea que se les impone. Casi podemos esperar, durante la próxima campaña, una repetición de los desastres de Afganistán.[^3]

[^1]: El mes del calendario musulmán en cuyos diez primeros días los chiíes conmemoran el martirio de Husain. En 1857 empezó a finales de agosto.

[^2]: Tukoji Rao Holkar II (1835-1886), maharajá de Indore, y Jayaji Rao Scindia (1835-1886), maharajá de Gwalior.

[^3]: En la primera guerra anglo-afgana, en enero de 1842, el ejército británico que se retiraba de Kabul fue aniquilado.
