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Title: La sublevación en la India, 4 de agosto (1857)
Description: Correspondencia de Marx para el New-York Daily Tribune sobre el sitio de Delhi y la extensión del motín por el ejército de Bengala: aunque Delhi caiga, la rebelión no se apagará, y habrá que reconquistar toda la presidencia de Bengala a costa del pueblo británico.
Author: Karl Marx
Date: 1857-07-17
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1857%20La%20sublevaci%C3%B3n%20en%20la%20India%2C%204%20de%20agosto
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*Escrito en inglés por Karl Marx en Londres el 17 de julio de 1857 y publicado en el* New-York Daily Tribune*, núm. 5082, del 4 de agosto de 1857. Traducido del original inglés según la transcripción del Marx-Engels Internet Archive (marxists.org), cotejada con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 12 (Berlín, 1961, pp. 238-241), por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la transcripción inglesa; la fecha añadida, la de su publicación, lo distingue de otros artículos del mismo título. Se corrigen algunas erratas evidentes de la transcripción, cotejadas con la versión alemana. Las notas son nuestras. [Texto original en inglés](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1857%20The%20Revolt%20in%20India%2C%20August%204).*

Londres, 17 de julio de 1857

El 8 de junio se cumplía justo un mes desde que Delhi cayó en manos de los cipayos sublevados y estos proclamaron a un emperador mogol.[^1] Pero sería absurdo pensar siquiera que los amotinados puedan sostener la antigua capital de la India frente a las fuerzas británicas. Delhi solo está fortificada por una muralla y un foso sencillo, mientras que las alturas que la rodean y la dominan están ya en poder de los ingleses, que, aun sin batir las murallas, podrían forzar su rendición en muy poco tiempo con el fácil procedimiento de cortarle el suministro de agua. Además, una tropa abigarrada de soldados amotinados que han asesinado a sus propios oficiales, han roto los lazos de la disciplina y no han logrado dar con un hombre a quien confiar el mando supremo es sin duda el cuerpo menos capaz de organizar una resistencia seria y prolongada. Para confundir aún más la confusión, las filas variopintas de Delhi crecen cada día con la llegada de nuevos contingentes de amotinados de todas las partes de la presidencia de Bengala, que, como siguiendo un plan concertado, se arrojan en la ciudad condenada. Las dos salidas que los amotinados arriesgaron fuera de las murallas el 30 y el 31 de mayo, y en las que fueron rechazados las dos veces con grandes pérdidas, parecen haber nacido más de la desesperación que de un sentimiento cualquiera de confianza en sí mismos o de fuerza. Lo único que asombra es la lentitud de las operaciones británicas, que, sin embargo, se explica hasta cierto punto por los horrores de la estación y la falta de medios de transporte. Además del general Anson, el comandante en jefe,[^2] unos 4.000 soldados europeos, según cartas francesas, han caído ya víctimas del calor mortífero, y hasta los periódicos ingleses confiesan que en los combates ante Delhi los hombres sufrieron más por el sol que por los disparos del enemigo. A causa de la escasez de sus medios de transporte, el grueso de las fuerzas británicas, acantonado en Ambala, empleó unos veintisiete días en su marcha sobre Delhi, de modo que avanzó al ritmo de hora y media diaria, más o menos. Causó otro retraso la falta de artillería pesada en Ambala y la consiguiente necesidad de traer un tren de sitio del arsenal más cercano, que estaba nada menos que en Phillaur, al otro lado del Sutlej.

Con todo, la noticia de la caída de Delhi puede llegar cualquier día; pero ¿y después? Si la posesión indiscutida, durante un mes, del centro tradicional del Imperio indio por los rebeldes ha obrado quizá como el fermento más poderoso para descomponer por completo el ejército de Bengala, extender el motín y la deserción desde Calcuta hasta el Punyab, en el norte, y hasta Rajputana, en el oeste, y sacudir la autoridad británica de un extremo a otro de la India, no podría cometerse mayor error que suponer que la caída de Delhi, aunque siembre la consternación en las filas de los cipayos, basta para apagar la rebelión, para detener su avance o para restablecer el dominio británico. De todo el ejército indígena de Bengala, que cuenta unos 80.000 hombres —unos 28.000 rajputs, 23.000 brahmanes, 13.000 mahometanos, 5.000 hindúes de castas inferiores, y el resto europeos—, han desaparecido 30.000 por motín, deserción o licenciamiento. En cuanto al resto de ese ejército, varios regimientos han declarado abiertamente que seguirán siendo fieles y apoyarán a la autoridad británica, salvo en el asunto en que ahora están metidas las tropas indígenas: no ayudarán a las autoridades contra los amotinados de los regimientos indígenas y, al contrario, asistirán a sus *bhaies* (hermanos). La verdad de esto se ha visto en casi todas las guarniciones desde Calcuta. Los regimientos indígenas se quedaban pasivos durante un tiempo; pero, en cuanto se creían lo bastante fuertes, se amotinaban. Un corresponsal en la India de *The London Times* no deja ninguna duda sobre la «lealtad» de los regimientos que aún no se han pronunciado y de los habitantes indígenas que todavía no han hecho causa común con los rebeldes.

> «Si leen ustedes —dice— que *todo está tranquilo*, entiendan que las tropas indígenas no se han alzado todavía en motín abierto; que la parte descontenta de los habitantes no está aún en rebelión abierta; que son demasiado débiles, o creen serlo, o que esperan un momento más oportuno. Cuando lean que alguno de los regimientos indígenas de Bengala, de caballería o de infantería, ha dado "muestras de lealtad", entiendan que solo la mitad de los regimientos mencionados tan favorablemente es fiel de verdad; la otra mitad no hace más que representar un papel, para coger mejor desprevenidos a los europeos cuando llegue el momento oportuno o para tener más en su mano, alejando las sospechas, la ayuda a sus compañeros amotinados.»

En el Punyab, solo se ha evitado la rebelión abierta licenciando a las tropas indígenas. En Oudh, de los ingleses solo puede decirse que conservan Lucknow, la residencia, mientras que en todas las demás partes los regimientos indígenas se han sublevado, han escapado con sus municiones, han quemado hasta los cimientos todos los *bungalows* y se han unido a los habitantes que han tomado las armas. Ahora bien, la situación real del ejército inglés la demuestra mejor que nada el hecho de que se haya considerado necesario, tanto en el Punyab como en Rajputana, formar cuerpos volantes. Eso significa que los ingleses no pueden fiarse ni de sus tropas cipayas ni de los indígenas para mantener abiertas las comunicaciones entre sus fuerzas dispersas. Como los franceses durante la guerra de la Independencia española,[^3] solo dominan el trozo de tierra que ocupan sus propias tropas y las inmediaciones que ese trozo domina; para las comunicaciones entre los miembros dispersos de su ejército dependen de cuerpos volantes, cuya acción, precarísima de por sí, pierde naturalmente intensidad a medida que se extiende sobre un espacio mayor. La insuficiencia real de las fuerzas británicas la prueba además el hecho de que, para retirar los caudales de las guarniciones desafectas, se vieran obligados a hacerlos transportar por los propios cipayos, que, sin excepción alguna, se sublevaron en el camino y huyeron con los caudales que se les habían confiado. Ninguna de las tropas enviadas desde Inglaterra llegará, en el mejor de los casos, antes de noviembre, y como aún sería más peligroso retirar tropas europeas de las presidencias de Madrás y Bombay —pues el 10.º regimiento de cipayos de Madrás ha dado ya síntomas de descontento—, hay que abandonar toda idea de recaudar los impuestos ordinarios en la presidencia de Bengala y dejar que siga el proceso de descomposición. Aun suponiendo que los birmanos no aprovechen la ocasión, que el maharajá de Gwalior siga apoyando a los ingleses y que el soberano de Nepal, que manda el mejor ejército de la India, permanezca quieto;[^4] que la desafecta Peshawar no se una a las inquietas tribus de las montañas y que el sah de Persia no sea tan necio como para evacuar Herat,[^5] aun así habrá que reconquistar toda la presidencia de Bengala y rehacer todo el ejército angloindio. El coste de esta empresa enorme recaerá íntegramente sobre el pueblo británico. En cuanto a la idea, lanzada por lord Granville[^6] en la Cámara de los Lores, de que la Compañía de las Indias Orientales puede reunir los medios necesarios con empréstitos indios, su solidez puede juzgarse por los efectos que ha producido en el mercado de dinero de Bombay el estado de agitación de las provincias del noroeste. Un pánico inmediato se apoderó de los capitalistas indígenas, se retiraron de los bancos sumas muy grandes, los títulos del Estado resultaron casi invendibles y empezó un atesoramiento en gran escala, no solo en Bombay, sino también en sus alrededores.

[^1]: Los cipayos de Meerut, sublevados el 10 de mayo de 1857, tomaron Delhi el 11 y proclamaron emperador de la India al anciano soberano mogol Bahadur Shah II (1775-1862), a quien la Compañía de las Indias Orientales mantenía como rey nominal de Delhi.

[^2]: George Anson (1797-1857), comandante en jefe del ejército británico en la India, murió de cólera el 27 de mayo de 1857, durante la marcha sobre Delhi.

[^3]: En inglés, *Peninsular war*: la guerra de 1808-1814 contra la ocupación napoleónica de España y Portugal.

[^4]: El maharajá de Gwalior era Jayaji Rao Scindia (1835-1886). En Nepal gobernaba de hecho el primer ministro Jang Bahadur Rana (1817-1877), que acabó enviando tropas en ayuda de los británicos.

[^5]: Por el tratado de paz firmado en París el 4 de marzo de 1857, que puso fin a la guerra anglopersa, Persia se comprometió a evacuar Herat, ocupada por sus tropas en octubre de 1856.

[^6]: Granville George Leveson-Gower, conde de Granville (1815-1891), político whig, lord presidente del Consejo en el gobierno de Palmerston.
