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Title: Las reformas en el ejército ruso (1857)
Description: Editorial de Engels para el New-York Daily Tribune sobre la reorganización del ejército ruso tras la guerra de Crimea: supresión de los estados mayores de cuerpo y de brigada, focos de malversación, disolución del cuerpo de dragones y refuerzos en el Cáucaso.
Author: Friedrich Engels
Date: 1857-04-16
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1857%20Las%20reformas%20en%20el%20ej%C3%A9rcito%20ruso
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*Escrito en inglés por Friedrich Engels el 16 de abril de 1857 y publicado como editorial en el* New-York Daily Tribune*, núm. 5006, del 6 de mayo de 1857. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 12 (Berlín, 1961, pp. 194-197), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Se corrigen unas pocas erratas evidentes de la edición digital de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1857%20Die%20Reformen%20in%20der%20russischen%20Armee).*

Cuando estalló en Europa la guerra que acaba de terminar, un gran número de militares señalaba, no sin cierto sentimiento de reverencia, la maravillosa organización del ejército ruso. Mientras en Francia y en Inglaterra había que formar brigadas, divisiones y cuerpos de ejército con elementos que hasta entonces no habían tenido relación alguna entre sí, mientras había que nombrar comandantes para dirigir unidades que nunca antes habían visto y formar estados mayores con oficiales venidos de todos los rincones del país, en Rusia la enorme máquina de guerra estaba ya completamente montada en todas sus subdivisiones desde hacía años; cada regimiento tenía su lugar invariable en la organización del conjunto; cada unidad, de la compañía al cuerpo de ejército, tenía su comandante fijo, y cada división de alguna importancia, su estado mayor regular. Se decía que la máquina estaba de hecho en estado de funcionar; que solo esperaba la voz de mando, que se diera vapor, para moverse con la mayor facilidad; que cada diente, cada rueda, cada tornillo, cada polea, cada correa, cada válvula y cada palanca estaba en su sitio, hacía su trabajo y nada más. Eso al menos, se nos decía, es lo que íbamos a ver. Por desgracia, vimos algo muy distinto. Los cuerpos de ejército casi nunca estaban completos, porque divisiones enteras, y aún más a menudo brigadas, estaban destacadas en teatros de guerra lejanos, mientras que los cuerpos principales se mezclaban con otras tropas para completarlos. Resultó que el empeño en mantener juntos en lo posible los elementos de cada cuerpo, de cada división y de cada brigada estorbaba los movimientos del ejército en marcha no menos que el riguroso reglamento fijado para el orden de batalla; y, por último, las minuciosas subdivisiones del mando, con todos los generales de cuerpo, de división y de brigada y sus respectivos estados mayores, todos ellos muy familiarizados con sus tropas, bien conocidos entre sí y muy duchos en sus propios cargos y deberes, todo esto resultó ser una única y enorme conspiración para estafar al gobierno su dinero y al soldado sus raciones, su ropa y su bienestar.

Si estos hechos necesitaban todavía una confirmación oficial, el gobierno ruso acaba de darla. La nueva organización del ejército ruso se dirige ante todo y principalmente a destruir esos focos de malversación en gran escala, los estados mayores y cuarteles generales subordinados. Se suprimen los estados mayores de los cuerpos de ejército y de las brigadas. Es más, hasta la denominación de brigada desaparece del ejército ruso. Los seis cuerpos de línea se ponen bajo el mando de un solo hombre, el príncipe M. D. Gorchakov I,[^1] antiguo comandante en jefe en Crimea. Cada cuerpo tiene, es cierto, un general en jefe; pero como no tiene estado mayor —es decir, ningún medio para llevar realmente a cabo los detalles de ese mando—, es a lo sumo el inspector de su cuerpo, una especie de interventor de los cinco generales de división que tiene a sus órdenes. En realidad, los generales de las treinta divisiones (dieciocho de infantería, seis de caballería y seis de artillería) que forman el llamado «primer ejército» dependen directamente del comandante en jefe; y en cada división, a su vez, los coroneles de los cuatro regimientos de infantería o de caballería y los jefes de batería dependen directamente del general de división. Los generales de brigada, completamente superfluos con esta nueva distribución, quedan agregados al estado mayor del general de división como sus suplentes y auxiliares en el mando. La razón de todo esto es bastante clara.

El zar puede fiarse del príncipe Gorchakov, y Gorchakov, por su parte, puede fiarse hasta cierto punto de los oficiales de su estado mayor personal. Con la exactitud burocrática y las gradaciones jerárquicas del sistema anterior, la influencia directa del comandante en jefe terminaba en los jefes de cuerpo. Estos y sus estados mayores tenían que transmitir las órdenes a las divisiones, cuyos estados mayores las pasaban a su vez a las brigadas, de cuyos estados mayores llegaban a los coroneles de los regimientos, que velaban por su ejecución efectiva. Esto no era más que un sistema bien organizado de fraude, malversación y robo; y cuanto mejor organizado estaba el propio servicio del ejército, tanto más organizado y fructífero era el saqueo del tesoro público. Así se vio durante la guerra en la marcha de los cuerpos primero, segundo y tercero desde Polonia hacia el sur; y solo para poner remedio a este mal ha dejado el gobierno ruso a todos los comandantes de cuerpo en una existencia meramente nominal y ha suprimido por completo a los comandantes de brigada. Ahora solo hay dos grados intermedios entre el comandante en jefe y los oficiales de compañía, a saber, el general de división y el coronel; y solo hay un estado mayor, el de la división, que pueda aprovecharse para fines de malversación. Si el gobierno logra extirpar de los estados mayores de división la costumbre del saqueo, puede esperar con razón desterrar poco a poco esa costumbre también de los estados mayores de regimiento.

Así se trastorna toda la organización del ejército quitando de la cadena dos eslabones cuya necesidad se pondrá sin duda de manifiesto en tiempo de guerra. El gobierno ruso reconoce, sin embargo, que ni los jefes de cuerpo ni los generales de brigada pueden quedar excluidos por completo de su jerarquía militar. El jefe de cuerpo se mantiene, pero como un mero títere, mientras que el general de brigada queda relevado por completo de su mando y convertido en un simple apéndice del comandante de división. Esto no significa otra cosa sino que el poder de mando de estos oficiales queda en suspenso durante la paz, mientras se les mantiene dispuestos para emplearlos en cuanto estalle una guerra. De hecho, en el único ejército que todavía tiene al enemigo enfrente —el del Cáucaso— se han mantenido las brigadas. ¿Hacen falta más pruebas de que la supresión de las brigadas en el resto del ejército no es más que un intento de dejar sin capacidad de daño a los jefes de brigada y a sus estados mayores mientras dure la paz?

Otro cambio importante es la disolución del gran cuerpo de dragones, que constaba de diez regimientos de ocho escuadrones cada uno, adiestrados tanto para el servicio de infantería como para el de caballería. Este cuerpo estaba destinado a desempeñar un papel destacado en todas las grandes batallas. Llegado el momento decisivo, debía lanzarse con la rapidez de la caballería sobre una posición importante en el flanco o la retaguardia del enemigo, desmontar, convertirse en dieciséis batallones de infantería y, apoyado por su artillería montada pesada, sostener la posición. En toda la última guerra este cuerpo no hizo acto de presencia, y la total incapacidad de esas tropas híbridas para la guerra activa parece haberse reconocido en todas partes. La consecuencia es la transformación de esos infantes montados, especie de anfibios, en caballería regular y su reparto, en doce regimientos de ocho escuadrones cada uno, entre los seis cuerpos de ejército del «primer ejército». Con ello han desaparecido, a los pocos años de su muerte, las dos grandes creaciones con las que el zar Nicolás[^2] esperaba ganarse un lugar entre los mayores organizadores militares de su tiempo.

Entre otros cambios, mencionaremos la formación de un segundo batallón de tiradores para cada cuerpo de ejército y la creación de dos nuevos regimientos de infantería en el ejército del Cáucaso. Con la primera innovación se remedia hasta cierto punto la gran escasez de caballería ligera.[^3] La segunda muestra que Rusia está decidida a terminar cuanto antes el conflicto del Cáucaso.[^4] Por la misma razón se mantienen todavía unidas las brigadas de reserva de los cuerpos del Cáucaso. Es probable, por tanto, que ya se haya abierto en aquella región una campaña de cierta importancia.

[^1]: Mijaíl Dmítrievich Gorchakov (1793-1861), comandante en jefe del ejército ruso en Crimea en 1855-1856; el número romano lo distingue de otros generales del mismo apellido.

[^2]: Nicolás I (1796-1855), zar de Rusia desde 1825.

[^3]: Así en la MEW; por tratarse de batallones de tiradores, cabría esperar «infantería ligera».

[^4]: La guerra contra los montañeses del Cáucaso, dirigidos por el imán Shamil, que no terminó hasta su captura en 1859.
