---
Title: Armada española (1858)
Description: Artículo de Marx y Engels para la New American Cyclopaedia sobre la Armada Invencible de Felipe II: su composición según las fuentes de la época, la campaña del canal de la Mancha de 1588 y su desastre final en las costas de Escocia e Irlanda.
Author: Karl Marx, Friedrich Engels
Date: 1858
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1858%20Armada%20espa%C3%B1ola
---


*Escrito en inglés por Karl Marx y Friedrich Engels entre finales de julio y el 23 de octubre de 1857 y publicado sin firma en* The New American Cyclopaedia *(Nueva York, D. Appleton and Company), vol. II, 1858, págs. 105-106. Traducido del texto de la enciclopedia (escaneos de dominio público del Internet Archive, con el OCR corregido sobre las imágenes de las páginas), cotejado con la versión alemana de Marx/Engels,* Werke*, tomo 14 (Berlín, 1961), págs. 164-167, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras.* [Texto original en inglés](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1858%20Armada%2C%20Spanish)

ARMADA ESPAÑOLA: el gran armamento naval que el rey Felipe II de España envió en 1588 a la conquista de Inglaterra para, de ese modo, «servir a Dios y devolver a su Iglesia muchísimas almas contritas que están oprimidas por los herejes, enemigos de nuestra santa fe católica, que las tienen sometidas a sus sectas y a la desdicha» (*Expedit. Hispan. in Angl. Vera Descriptio*, A. D. 1588).[^1] La relación más completa de este armamento la da un libro publicado por orden de Felipe más o menos cuando zarpó, con el título de *La Felicísima Armada que el Rey Don Felipe nuestro Señor mandó juntar en el Puerto de Lisboa 1588. Hecha por Pedro de Paz Salas*. Se consiguió un ejemplar de esta obra para lord Burleigh,[^2] de modo que el Gobierno inglés conoció de antemano todos los detalles de la expedición. (Ese ejemplar, que contiene notas hasta marzo de 1588, se encuentra hoy en el Museo Británico.) Según él, la flota se componía de 65 galeones y naves grandes, 25 *urcas* de 300 a 700 toneladas, 19 pataches de 70 a 100 toneladas, 13 fragatas pequeñas, 4 galeazas y 4 galeras: en total, 130 barcos, con un arqueo total de 75.868 toneladas. Iban armados con 2.431 cañones, 1.497 de ellos de bronce, en su mayoría cañones enteros (de 48 libras), culebrinas (largas de 30 y de 20 libras), etc.; la munición consistía en 123.790 balas y 5.175 quintales de pólvora, lo que daba unos 50 disparos por pieza con una carga media de 4½ libras. Los barcos llevaban una tripulación de 8.052 marineros y transportaban 19.295 soldados y 180 sacerdotes y frailes. Iban a bordo mulas, carros, etc., para mover la artillería de campaña una vez desembarcada. El conjunto estaba aprovisionado, según la misma fuente, para 6 meses. Esta flota, sin igual en su tiempo, debía dirigirse a la costa de Flandes, donde otro ejército de 30.000 infantes y 4.000 jinetes, al mando del duque de Parma, había de embarcar bajo su protección en barcos de fondo plano construidos con ese fin y tripulados por marineros traídos del Báltico. Todos juntos debían seguir luego hacia Inglaterra. En este país, la reina Isabel había aumentado con enérgicos esfuerzos su flota, de 30 barcos al principio, hasta unos 180 de distintos tamaños, pero en general inferiores en este aspecto a los españoles. Llevaban, sin embargo, 17.500 marineros, y tenían por tanto tripulaciones mucho más numerosas que la flota española. Las fuerzas militares inglesas se dividían en dos ejércitos: uno, de 18.500 hombres, al mando del conde de Leicester, para hacer frente de inmediato al enemigo; el otro, de 45.000, para la defensa de la persona de la reina. Según un manuscrito del Museo Británico titulado «Details of the English Force Assembled to Oppose the Spanish Armada» (MS. Reg. 18th c. xxi.),[^3] se esperaban además 2.000 infantes de los Países Bajos. La armada debía salir de Lisboa a principios de mayo, pero por la muerte del almirante Santa Cruz y de su vicealmirante[^4] se retrasó la partida. Se nombró entonces capitán general de la flota al duque de Medina Sidonia, hombre del todo ajeno a las cosas del mar; su vicealmirante, Martínez de Recalde, era en cambio un marino experto. Tras salir de Lisboa hacia La Coruña para tomar provisiones, el 29 de mayo de 1588, la flota fue dispersada por una violenta tormenta y, aunque todos los barcos salvo cuatro se reunieron en La Coruña, estaban considerablemente maltrechos y hubo que repararlos. Como llegaron a Inglaterra noticias de que el armamento había quedado completamente inutilizado, el Gobierno ordenó desarmar sus propios barcos; pero lord Howard, el almirante, se opuso a esta orden, se hizo a la vela hacia La Coruña, averiguó la verdad y a su regreso prosiguió los preparativos de guerra. Poco después, informado de que la armada estaba a la vista, levó anclas y la acompañó canal arriba, hostigando a los barcos españoles cada vez que se presentaba la ocasión. Los españoles, entretanto, siguieron hacia la costa de Flandes, manteniéndose lo más juntos posible. En los distintos encuentros menores que se produjeron, los barcos más manejables, las tripulaciones más numerosas y la mejor marinería de los ingleses les dieron siempre la victoria sobre los pesados galeones españoles, faltos de marineros y atestados como estaban de soldados. La artillería española, además, se servía muy mal y casi siempre apuntaba demasiado alto. Frente a Calais la armada echó el ancla, en espera de que la flota del duque de Parma saliera de los puertos flamencos; pero pronto recibió aviso de que los barcos de este, inútiles para el combate, no podían salir hasta que la armada hubiera pasado el estrecho y ahuyentado a la escuadra de bloqueo angloholandesa. Levó, pues, anclas de nuevo, pero, a la vista de Dunkerque, quedó encalmada entre la flota inglesa, por un lado, y la holandesa, por el otro. Lord Howard preparó brulotes y, cuando en la noche del 7 de agosto volvió a levantarse la brisa, lanzó 8 de ellos contra el enemigo. Provocaron un pánico completo en la flota española. Unos barcos levaron anclas, otros cortaron los cables y quedaron a merced del viento; toda la flota cayó en la confusión, y varios barcos chocaron entre sí y quedaron inutilizados. Por la mañana el orden estaba lejos de haberse restablecido y las distintas divisiones estaban dispersas por todas partes. Entonces lord Howard, reforzado como estaba por los barcos equipados por la nobleza y la *gentry* y por la escuadra de bloqueo al mando de lord Byron,[^5] y hábilmente secundado por sir Francis Drake, atacó al enemigo a las 4 de la mañana. La batalla, o más bien la caza (pues los ingleses eran a todas luces superiores en todos los puntos de ataque), duró hasta que oscureció. Los españoles lucharon con valor, pero sus pesados barcos no servían para navegar en aguas estrechas ni para un combate en movimiento. Fueron completamente derrotados y sufrieron graves pérdidas. Frustrada así la unión con los transportes del duque de Parma, un desembarco en Inglaterra de la armada sola estaba descartado. Resultó que se había consumido la mayor parte de las provisiones de a bordo, y como el acceso a la Flandes española era ya imposible, no quedaba más que volver a España a cargar nuevas provisiones. (Véase «Certain Advertisements out of Ireland, Concerning the Losses and Distresses Happened to the Spanish Navie on the Coast of Ireland», Londres, 1588: declaración de Emanuel Fremosa, que sirvió en el *San Juan*, de 1.100 toneladas, nave capitana del almirante Recalde.) Como el paso por el canal estaba también cerrado por la flota inglesa, no quedaba más remedio que dar la vuelta a Escocia para regresar. La armada apenas fue hostigada por la flota de lord Seymour, enviada en su persecución, porque esa flota estaba mal provista de municiones y no podía aventurarse a atacar. Pero después de que los españoles hubieran doblado las Orcadas se levantaron terribles tormentas que dispersaron toda la flota. Algunos barcos fueron arrastrados hasta la costa de Noruega, donde se estrellaron contra las rocas; otros se hundieron en el mar del Norte o chocaron contra las rocas de la costa de Escocia o de las Hébridas. Poco después les sorprendieron nuevas tormentas en la costa occidental de Irlanda, donde se perdieron más de 30 barcos. Los tripulantes que lograron llegar a tierra fueron en su mayoría muertos; unos 200 fueron ejecutados por orden del lord diputado.[^6] De toda la flota, no más de 60 barcos, y estos en el estado más lamentable y con el hambre a bordo, llegaron a Santander hacia mediados de septiembre, cuando se abandonó definitivamente el plan de invadir Inglaterra.

[^1]: *Expeditionis Hispanorum in Angliam vera descriptio* («Verdadera descripción de la expedición de los españoles contra Inglaterra»), obra de 1588. La cita va en un inglés arcaizante en la enciclopedia.
[^2]: William Cecil, lord Burghley, secretario de Estado y luego lord tesorero de Isabel I.
[^3]: Manuscrito de la Biblioteca Real (*Royal MS.*) del Museo Británico.
[^4]: Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, murió en Lisboa en febrero de 1588.
[^5]: Así en la enciclopedia y en la MEW. La escuadra de bloqueo de los Estrechos la mandaba lord Henry Seymour, al que el artículo menciona más abajo.
[^6]: Sir William Fitzwilliam, lord diputado (virrey) de Irlanda.
