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Title: Blücher (1858)
Description: Artículo biográfico de Marx y Engels para la New American Cyclopaedia sobre el mariscal prusiano Blücher: su carrera, las campañas de 1813, 1814 y 1815 analizadas al detalle y un retrato del «mariscal Adelante» como general de caballería, soldado modelo y héroe popular fabricado por los reformadores prusianos.
Author: Karl Marx, Friedrich Engels
Date: 1858
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1858%20Bl%C3%BCcher
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*Escrito en inglés por Karl Marx y Friedrich Engels entre el 22 de septiembre y el 30 de octubre de 1857 y publicado sin firma en* The New American Cyclopaedia *(Nueva York, D. Appleton and Company), vol. III, 1858, págs. 386-392. Traducido del texto de la enciclopedia (escaneos de dominio público del Internet Archive, con el OCR corregido sobre las imágenes de las páginas), cotejado con la versión alemana de Marx/Engels,* Werke*, tomo 14 (Berlín, 1961), págs. 170-186, por la Escuela de marxismo, 2026. La enciclopedia imprime el artículo en un solo párrafo y marca con una raya los cambios de asunto; aquí esos cambios se dan como párrafos. Las notas son nuestras.* [Texto original en inglés](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1858%20Bl%C3%BCcher)

BLÜCHER, Gebhard Leberecht von, príncipe de Wahlstatt, mariscal de campo prusiano, nacido el 16 de diciembre de 1742 en Rostock, en Mecklemburgo-Schwerin, y muerto en Krieblowitz, en Silesia, el 12 de septiembre de 1819. En 1754, siendo todavía un muchacho, fue enviado a la isla de Rügen, y allí se alistó en secreto como alférez en un regimiento de húsares suecos para servir contra Federico II de Prusia. Hecho prisionero en la campaña de 1758, tras un año de cautiverio y después de obtener la baja en el servicio sueco, se dejó convencer para entrar en el ejército prusiano. El 3 de marzo de 1771 fue nombrado capitán primero de caballería. En 1778, como el capitán von Jägersfeld, hijo natural del margrave de Schwedt, fue nombrado en su lugar para la plaza vacante de mayor, escribió a Federico II: «Señor, se me ha preferido a Jägersfeld, que no tiene más mérito que el de ser hijo del margrave de Schwedt. Ruego a Vuestra Majestad que me conceda la baja». En respuesta, Federico II mandó encerrarlo en prisión, pero cuando, a pesar de un encierro bastante prolongado, se negó a retirar su carta, el rey accedió a su petición con una nota en estos términos: «El capitán von Blücher puede irse al diablo». Se retiró entonces a la Silesia polaca, se casó poco después, se hizo labrador, adquirió una pequeña finca en Pomerania y, a la muerte de Federico II, volvió a entrar en su antiguo regimiento como mayor, con la condición expresa de que su nombramiento se fechara en 1779. Pocos meses después murió su mujer. Tras participar en la incruenta invasión de Holanda, fue nombrado teniente coronel el 3 de junio de 1788. El 20 de agosto de 1790 pasó a ser coronel y comandante del 1.er batallón del regimiento de húsares en el que había entrado en 1760. En 1794 se distinguió como jefe de la caballería ligera durante la campaña del Palatinado contra la Francia republicana. Ascendido a general de brigada[^1] el 28 de mayo de 1794, tras el victorioso encuentro de Kirrweiler, las acciones de Luxemburgo,[^2] Kaiserslautern, Morschheim, Weidenthal, Edesheim y Edenkoben le dieron una reputación creciente. Sin dejar de inquietar a los franceses con audaces golpes de mano y empresas afortunadas, nunca descuidó tener al cuartel general provisto de la mejor información sobre los movimientos enemigos. Su diario, escrito durante esta campaña y publicado en 1796 por el conde Goltz, su ayudante, está considerado, pese a su estilo iletrado, una obra clásica sobre el servicio de vanguardia. Tras la paz de Basilea volvió a casarse. Federico Guillermo III, a su subida al trono, lo nombró teniente general, y en esa calidad ocupó y administró como gobernador Erfurt, Mühlhausen y Münster. En 1805 se reunió bajo su mando en Bayreuth un pequeño cuerpo para vigilar las consecuencias inmediatas que tenía para Prusia la batalla de Austerlitz, es decir, la ocupación del principado de Ansbach por el cuerpo de Bernadotte. En 1806 mandó la vanguardia prusiana en la batalla de Auerstädt. Pero su carga fue quebrada por el terrible fuego de la artillería de Davout, y el rey de Prusia rechazó su propuesta de renovarla con tropas frescas y toda la caballería. Tras la doble derrota de Auerstädt y Jena, se retiró Elba abajo, mientras Napoleón empujaba al grueso del ejército prusiano en una persecución desenfrenada de Jena a Stettin. En su movimiento de retirada, Blücher fue recogiendo los restos de distintos cuerpos, que hincharon su ejército hasta unos 25.000 hombres. Su retirada sobre Lübeck, ante las fuerzas reunidas de Soult, Bernadotte y Murat, es uno de los pocos episodios honrosos de aquella época de degradación alemana. Como Lübeck era territorio neutral, el haber convertido las calles de aquella ciudad abierta en escenario de una lucha desesperada, que la expuso a un saqueo de 3 días por la soldadesca francesa, fue objeto de una censura apasionada; pero en las circunstancias de entonces lo importante era dar al pueblo alemán al menos un ejemplo de resistencia firme. Expulsado de Lübeck, tuvo que capitular en la llanura de Radkow[^3] el 6 de noviembre de 1806,[^4] con la condición expresa de que se hiciera constar por escrito como causa de su rendición la «falta de municiones y víveres». Liberado bajo palabra de honor, se fue a Hamburgo a matar el tiempo con sus hijos jugando a las cartas, fumando y bebiendo. Canjeado por el general Victor, fue nombrado gobernador general de Pomerania; pero uno de los artículos secretos de la alianza concertada por Prusia con Napoleón el 21 de febrero de 1812[^5] estipulaba su retiro del servicio, como el de Scharnhorst y otros destacados patriotas prusianos. Para endulzarle esta desgracia oficial, el rey le regaló en secreto la hermosa finca de Kunzendorf, en Silesia. En los años que marcaron la transición de la paz de Tilsit a la guerra de independencia alemana, Scharnhorst y Gneisenau, los jefes del Tugendbund,[^6] deseosos de improvisar un héroe popular, eligieron a Blücher. Tan bien supieron propagar su fama entre las masas que, cuando Federico Guillermo III llamó a las armas a los prusianos con la proclama del 17 de marzo de 1813, tuvieron fuerza suficiente para imponérselo al rey como general en jefe del ejército prusiano. En las batallas de Lützen y Bautzen, muy reñidas pero desgraciadas para los aliados, actuó a las órdenes de Wittgenstein. Durante la retirada de los ejércitos aliados de Bautzen a Schweidnitz, se emboscó en Haynau y desde allí cayó con su caballería sobre la vanguardia francesa al mando de Maison, que perdió en el encuentro 1.500 hombres y 11 cañones. Con esta sorpresa Blücher levantó la moral del ejército prusiano e hizo a Napoleón muy cauto en la persecución. El mando de Blücher sobre un ejército independiente data de la expiración del armisticio de Trachenberg, el 10 de agosto de 1813.[^7] Los soberanos aliados habían dividido entonces sus fuerzas en 3 ejércitos: el ejército del Norte, al mando de Bernadotte, situado a lo largo del bajo Elba; el gran ejército, que avanzaba a través de Bohemia, y el ejército de Silesia, con Blücher como comandante en jefe, asistido por Gneisenau como jefe de Estado Mayor y por Müffling como cuartel maestre general. Estos 3 hombres, que siguieron a su lado en el mismo puesto hasta la paz de 1815, le proporcionaron todos sus planes estratégicos. El propio Blücher, como dice Müffling, «no entendía nada de la dirección estratégica de una guerra; tan poco, en efecto, que cuando se le presentaba para su aprobación un plan, aunque se refiriera a una operación sin importancia, no era capaz de formarse una idea clara de él ni de juzgar si era bueno o malo». Como muchos de los mariscales de Napoleón, era incapaz de leer los mapas. El ejército de Silesia se componía de 3 *cuerpos de ejército*: 40.000 rusos al mando del conde Langeron, 16.000 hombres al mando del barón von Sacken y un cuerpo prusiano de 40.000 hombres al mando del general York. La posición de Blücher al frente de este ejército heterogéneo era extremadamente difícil. Langeron, que había tenido ya mandos independientes y no se resignaba a servir a las órdenes de un general extranjero, sabía además que Blücher había recibido órdenes secretas de limitarse a la defensiva, pero ignoraba por completo que este, en una entrevista con Barclay de Tolly en Reichenbach, el 11 de agosto,[^8] había arrancado permiso para obrar según las circunstancias. De ahí que Langeron se creyera autorizado a desobedecer las órdenes cada vez que el general en jefe le parecía apartarse del plan convenido, y en esta conducta amotinada lo apoyaba con fuerza el general York. El peligro que nacía de este estado de cosas era cada vez más amenazador cuando la batalla del Katzbach dio a Blücher sobre su ejército el ascendiente que lo llevó hasta las puertas de París. El mariscal Macdonald, encargado por Napoleón de rechazar al ejército de Silesia hacia el interior de Silesia, comenzó la batalla atacando el 26 de agosto los puestos avanzados de Blücher, situados de Prausnitz a Kraitsch, donde el Neisse desemboca en el Katzbach.[^9] La llamada batalla del Katzbach consistió en realidad en 4 acciones distintas, la primera de las cuales —el desalojo a la bayoneta de unos 8 batallones franceses, apenas una décima parte de las fuerzas enemigas, de una meseta situada detrás de una loma en la orilla derecha del Neisse— tuvo resultados del todo desproporcionados con su importancia inicial: porque los fugitivos de la meseta no fueron recogidos en Niedercrayn y dejados detrás del Katzbach en Kraitsch, en cuyo caso su huida no habría influido en absoluto en el resto del ejército francés; porque los cuerpos de Sacken y de Langeron, situados en la orilla izquierda del Neisse, infligieron al enemigo distintas derrotas al caer la noche; porque el mariscal Macdonald, que mandaba en persona en la orilla izquierda y se había defendido débilmente hasta las 7 de la tarde contra el ataque de Langeron, hizo marchar a sus tropas inmediatamente después de la puesta del sol hacia Goldberg, en tal estado de agotamiento que ya no podían combatir y tenían que caer en manos del enemigo; y, por último, por la estación, pues las lluvias violentas convirtieron en torrentes rápidos los arroyos, por lo demás insignificantes, que los franceses en fuga tenían que atravesar —el Neisse, el Katzbach, el Deichsel y el Bober— e hicieron los caminos casi impracticables. Así ocurrió que, con la ayuda de las milicias rurales de las montañas, en el flanco izquierdo del ejército de Silesia, la batalla del Katzbach, insignificante en sí, se saldó con la captura de 18.000 a 20.000 prisioneros, más de 200 piezas de artillería y más de 300 carros de munición, de hospital y de bagajes, con sus bagajes, etc. Después de la batalla, Blücher hizo todo lo posible por incitar a sus fuerzas a emplear hasta el último aliento en la persecución del enemigo, haciéndoles ver con razón que «con un poco de esfuerzo corporal podían ahorrarse una nueva batalla». El 3 de septiembre cruzó el Neisse con su ejército, y el 4 siguió por Bischofswerda para concentrarse en Bautzen. Con este movimiento salvó al gran ejército, que, derrotado en Dresde el 27 de agosto y obligado a retirarse detrás de los Montes Metálicos, quedó ahora desahogado, pues Napoleón se vio obligado a avanzar con refuerzos hacia Bautzen para recoger allí al ejército derrotado en el Katzbach y ofrecer batalla al ejército de Silesia. Durante su estancia en el rincón sudeste de Sajonia, en la orilla derecha del Elba, Blücher, con una serie de retiradas y avances, rehuyó siempre la batalla cuando Napoleón se la ofrecía, pero entró siempre en combate cuando encontraba destacamentos aislados del ejército francés. Los días 22, 23 y 24 de septiembre ejecutó una marcha de flanco por la derecha del enemigo, avanzando a marchas forzadas hacia el bajo Elba, cerca del ejército del Norte. El 2 de octubre tendió un puente de pontones sobre el Elba en Elster, y en la mañana del 3 su ejército desfiló por él. Este movimiento, no solo audaz sino incluso arriesgado, pues abandonaba por completo sus líneas de comunicación, lo exigían razones políticas supremas, y llevó finalmente a la batalla de Leipzig, que sin Blücher el lento y excesivamente cauto gran ejército nunca habría arriesgado. El ejército del Norte, del que Bernadotte era comandante en jefe, tenía unos 90.000 hombres, y por eso era de la mayor importancia que avanzara sobre Sajonia. Gracias al estrecho contacto que mantenía con Bülow y Wintzingerode, los jefes de los cuerpos prusiano y ruso que formaban parte del ejército del Norte, Blücher obtuvo las pruebas más convincentes de los coqueteos de Bernadotte con los franceses y de la imposibilidad de incitarlo a actividad alguna mientras se encontrara solo en un teatro de guerra aparte. Bülow y Wintzingerode se declararon dispuestos a actuar a pesar de Bernadotte, pero para ello necesitaban el apoyo de 100.000 hombres. De ahí la resolución de Blücher de aventurarse en su marcha de flanco, en la que persistió pese a las órdenes que había recibido de los soberanos de acercarse a ellos por la izquierda, hacia Bohemia. No se dejó desviar de su propósito por los obstáculos que Bernadotte le ponía sistemáticamente en el camino, ni siquiera después de cruzar el Elba el ejército de Silesia. Antes de salir de Bautzen había enviado a un oficial de confianza a Bernadotte para informarle de que, como el ejército del Norte era demasiado débil para operar solo en la orilla izquierda del Elba, él vendría con el ejército de Silesia y cruzaría por Elster el 3 de octubre; lo invitaba, pues, a cruzar el Elba al mismo tiempo y a avanzar con él hacia Leipzig. Como Bernadotte no hizo caso de este mensaje y el enemigo ocupaba Wartenburg, frente a Elster, Blücher desalojó primero al enemigo y luego, para protegerse en caso de que Napoleón cayera sobre él con todas sus fuerzas, empezó a establecer un campamento atrincherado de Wartenburg a Bleddin. Desde allí avanzó hacia el Mulde. El 7 de octubre, en una entrevista con Bernadotte, se convino que ambos ejércitos marcharían sobre Leipzig. El 9, mientras el ejército de Silesia se preparaba para esta marcha, Bernadotte, ante la noticia del avance de Napoleón por el camino de Meissen, se empeñó en retirarse detrás del Elba, y solo consintió en quedarse en la orilla izquierda con la condición de que Blücher se decidiera a cruzar con él el Saale para tomar posiciones detrás de ese río. Aunque con este movimiento el ejército de Silesia volvía a perder su línea de comunicación, Blücher consintió, porque de otro modo el ejército del Norte se habría perdido de hecho para los aliados. El 10 de octubre todo el ejército de Silesia estaba reunido con el ejército del Norte en la orilla izquierda del Mulde, cuyos puentes estaban destruidos. Bernadotte declaró entonces que se había hecho necesaria una retirada sobre Bernburg, y Blücher, con el único fin de impedirle pasar a la orilla derecha del Elba, volvió a ceder, con la condición de que Bernadotte cruzara el Saale en Wettin y tomara allí posiciones. El 11 de octubre, cuando sus columnas estaban cruzando la carretera de Magdeburgo a Halle, Blücher, informado de que, pese a su promesa formal, Bernadotte no había construido ningún puente en Wettin, resolvió seguir esa carretera a marchas forzadas. Napoleón, viendo que los ejércitos del Norte y de Silesia eludían aceptar la batalla que les había ofrecido al concentrarse en Düben, y sabiendo que no podían evitarla sin retirarse al otro lado del Elba; sabiendo además que solo le quedaban 4 días antes de tener que hacer frente al gran ejército y quedar así entre dos fuegos, emprendió una marcha por la orilla derecha del Elba hacia Wittenberg para atraer con este movimiento simulado a los ejércitos del Norte y de Silesia al otro lado del Elba y descargar luego un golpe rápido sobre el gran ejército. Bernadotte, en efecto, inquieto por sus líneas de comunicación con Suecia, dio a su ejército la orden de pasar sin demora a la orilla derecha del Elba por un puente construido en Aken, al tiempo que ese mismo día, el 13 de octubre, informaba a Blücher de que el emperador Alejandro, por ciertas razones importantes, lo había puesto (a Blücher) a sus órdenes. En consecuencia, le pedía que siguiera sus movimientos por la orilla derecha del Elba con el ejército de Silesia lo antes posible. Si Blücher hubiera mostrado en esta ocasión menos resolución y hubiera seguido al ejército del Norte, la campaña se habría perdido, pues los ejércitos de Silesia y del Norte, que sumaban juntos unos 200.000 hombres, no habrían estado presentes en la batalla de Leipzig. Respondió a Bernadotte que, según todas sus informaciones, Napoleón no tenía la menor intención de trasladar el teatro de la guerra a la orilla derecha del Elba, sino solo de despistarlos. Al mismo tiempo conjuró a Bernadotte a que renunciara al proyectado paso del Elba. Como entretanto había instado una y otra vez al gran ejército a avanzar sobre Leipzig, ofreciéndose a reunirse con él allí, recibió por fin, el 15 de octubre, la tan esperada invitación. Avanzó inmediatamente hacia Leipzig, mientras Bernadotte se retiraba hacia Petersberg. En su marcha de Halle a Leipzig, el 16 de octubre, derrotó en Möckern, en una batalla muy reñida, al 6.º cuerpo del ejército francés, al mando de Marmont, al que tomó 54 piezas de artillería. Sin demora envió noticia del resultado de esta batalla a Bernadotte, que no estuvo presente en la primera jornada de la batalla de Leipzig. En la segunda, el 17 de octubre, Blücher desalojó al enemigo de la orilla derecha del Parthe, con excepción de algunas casas y atrincheramientos cerca de la puerta de Halle. El 18, al amanecer, tuvo una entrevista en Brachenfeld[^10] con Bernadotte, quien declaró que no podía atacar en la orilla izquierda del Parthe si Blücher no le daba para aquel día 30.000 hombres del ejército de Silesia. Mirando exclusivamente al interés del conjunto, Blücher consintió sin vacilar, pero con la condición de quedarse él mismo con esos 30.000 hombres y asegurar así su vigorosa cooperación en el ataque. Tras la victoria final del 19 de octubre, y durante toda la retirada de Napoleón de Leipzig al Rin, solo Blücher lo persiguió en serio. Mientras el 19 de octubre los generales al mando se reunían con los soberanos en la plaza del mercado de Leipzig y se perdía un tiempo precioso en cumplidos mutuos, su ejército de Silesia marchaba ya en persecución del enemigo hacia Lützen. En su marcha de Lützen a Weissenberg[^11] lo alcanzó el príncipe Guillermo de Prusia para entregarle el nombramiento de mariscal de campo prusiano. Los soberanos aliados habían dejado a Napoleón tomar una ventaja que ya no podía recuperarse, pero desde Eisenach en adelante Blücher se encontraba cada tarde en la habitación que Napoleón había dejado por la mañana. Cuando estaba a punto de marchar sobre Colonia para cruzar allí el Rin, se le llamó y se le ordenó bloquear Maguncia en la orilla izquierda; su rápida persecución hasta el Rin había roto la Confederación del Rin y separado sus tropas de las divisiones francesas en que aún estaban encuadradas. Mientras el cuartel general del ejército de Silesia se establecía en Höchst, el gran ejército subía hacia el alto Rin. Así terminó la campaña de 1813, cuyo éxito se debió por entero a la audaz iniciativa y a la energía férrea de Blücher.

Los aliados estaban divididos sobre el plan de operaciones que había que seguir entonces: unos proponían quedarse en el Rin y adoptar allí una posición defensiva; otros, cruzar el Rin y marchar sobre París. Tras muchas vacilaciones de los soberanos, Blücher y sus amigos se impusieron, y se adoptó la resolución de avanzar sobre París en un movimiento concéntrico: el gran ejército partiría de Suiza, Bülow de Holanda y Blücher, con el ejército de Silesia, del Rin medio. Para la nueva campaña se pusieron a disposición de Blücher 3 cuerpos más, a saber, el de Kleist, el del elector de Hesse y el del duque de Sajonia-Coburgo. Dejando parte del cuerpo de Langeron para sitiar Maguncia y los nuevos refuerzos para que lo siguieran como segunda línea, Blücher cruzó el Rin el 1 de enero de 1814 por 3 puntos, Mannheim, Caub y Coblenza, empujó a Marmont más allá de los Vosgos y del Sarre, en el valle del Mosela, situó el cuerpo de York entre las fortalezas del Mosela y, con una fuerza de 28.000 hombres, compuesta por el cuerpo de Sacken y una división del cuerpo de Langeron, siguió por Vaucouleurs y Joinville hacia Brienne para unirse por su izquierda con el gran ejército. En Brienne, el 29 de enero, fue atacado por Napoleón, cuyas fuerzas sumaban unos 40.000 hombres, cuando el cuerpo de York seguía separado del ejército de Silesia y el gran ejército, de 110.000 hombres, solo había llegado a Chaumont. Blücher tuvo, pues, que hacer frente a fuerzas de Napoleón muy superiores, pero este ni lo atacó con su vigor habitual ni estorbó su retirada a Trannes, salvo con algunas escaramuzas de caballería. Tras tomar Brienne, situar parte de sus tropas en sus cercanías y ocupar Dienville, La Rothière y Chaumesnil con 3 cuerpos distintos, Napoleón habría podido caer el 30 de enero sobre Blücher con fuerzas superiores, pues este seguía esperando sus refuerzos. Pero Napoleón mantuvo una actitud pasiva mientras el gran ejército se concentraba por Bar-sur-Aube y destacamentos suyos reforzaban el flanco derecho de Blücher. La inactividad del emperador se explica por las esperanzas que ponía en las negociaciones del congreso de paz de Châtillon, que había logrado poner en marcha y con el que esperaba ganar tiempo. De hecho, una vez efectuada la unión del ejército de Silesia con el gran ejército, el partido diplomático insistió en que durante las deliberaciones del congreso de paz la guerra solo se hiciera en apariencia. El príncipe Schwarzenberg envió a un oficial a Blücher para obtener su conformidad, pero Blücher lo despidió con esta respuesta: «Tenemos que ir a París. Napoleón ha visitado todas las capitales de Europa; ¿vamos a ser menos corteses? En una palabra, tiene que bajar del trono, y hasta que no lo derribemos no tendremos descanso». Expuso las grandes ventajas de que los aliados atacaran a Napoleón cerca de Brienne antes de que pudiera traer el resto de sus tropas, y se ofreció a dar él mismo el ataque con tal de que se le reforzara en ausencia de York. La consideración de que el ejército no podía subsistir en el árido valle del Aube y tendría que retirarse si no atacaba hizo prevalecer su consejo. Se decidió la batalla, pero el príncipe Schwarzenberg, en lugar de lanzar sobre el enemigo todas las fuerzas reunidas de que disponía, se limitó a prestar a Blücher el cuerpo del príncipe heredero de Wurtemberg (40.000 hombres), el de Gyulay (12.000) y el de Wrede (12.000). Napoleón, por su parte, ni sabía ni sospechaba nada de la llegada del gran ejército. Cuando hacia la una del 1 de febrero le anunciaron que Blücher avanzaba, no quiso creerlo. Una vez cerciorado, montó a caballo con la idea de eludir la batalla, y dio órdenes en ese sentido a Berthier. Pero cuando, entre Brienne-le-Vieux y La Rothière, llegó adonde estaba la joven guardia, que había tomado las armas al oír acercarse el cañoneo, fue recibido con tal entusiasmo que creyó oportuno aprovechar la ocasión y exclamó: «*L’artillerie en avant!*».[^12] Así, hacia las 4, empezó en serio el combate de La Rothière. Pero al primer revés Napoleón dejó de tomar parte personal en la batalla. Como su infantería se había metido en la aldea de La Rothière, el combate fue largo y encarnizado, y Blücher tuvo incluso que hacer entrar su reserva. Los franceses no fueron desalojados de la aldea hasta las 11 de la noche, cuando Napoleón ordenó la retirada de su ejército, que había perdido 4.000 o 5.000 hombres entre muertos y heridos, 2.500 prisioneros y 53 cañones. Si los aliados, que estaban entonces a solo 6 días de marcha de París, hubieran avanzado con vigor, Napoleón habría tenido que sucumbir ante su inmensa superioridad numérica; pero los soberanos, temerosos todavía de cerrar a Napoleón el camino de la paz en el congreso de Châtillon, permitieron al príncipe Schwarzenberg, el comandante en jefe del gran ejército, aprovechar cualquier pretexto para rehuir una acción decisiva. Mientras Napoleón ordenaba a Marmont volver por la orilla derecha del Aube hacia Ramerupt y él mismo se retiraba por una marcha de flanco sobre Troyes, el ejército aliado se dividió en 2 ejércitos: el gran ejército avanzó lentamente sobre Troyes y el ejército de Silesia marchó hacia el Marne, donde Blücher sabía que encontraría a York, además de parte de los cuerpos de Langeron y de Kleist, de modo que sus fuerzas totales aumentarían hasta unos 50.000 hombres. El plan era que persiguiera hasta París al mariscal Macdonald, que entretanto había aparecido en el bajo Marne, mientras Schwarzenberg contenía al ejército principal francés en el Sena. Pero Napoleón, viendo que los aliados no sabían aprovechar su victoria y seguro de volver al Sena antes de que el gran ejército hubiera podido avanzar mucho en dirección a París, resolvió caer sobre el ejército de Silesia, más débil. En consecuencia, dejó 20.000 hombres al mando de Victor y Oudinot frente a los 100.000 hombres del gran ejército, avanzó con 40.000 hombres, los cuerpos de Mortier y de Ney, en dirección al Marne, recogió en Nogent el cuerpo de Marmont y el 9 de febrero llegó con estas fuerzas reunidas a Sézanne. Entretanto, Blücher había seguido por Saint-Ouen y Sommepuis el camino pequeño que lleva a París y había establecido el 9 de febrero su cuartel general en la pequeña ciudad de Vertus. La distribución de sus fuerzas era esta: unos 10.000 hombres en su cuartel general; 18.000, al mando de York, situados entre Dormans y Château-Thierry, en persecución de Macdonald, que estaba ya en la gran carretera de posta que lleva de Épernay a París; 30.000, al mando de Sacken, entre Montmirail y La Ferté-sous-Jouarre, destinados a impedir la proyectada unión de la caballería de Sébastiani con Macdonald y a cortar a este el paso en La Ferté-sous-Jouarre; el general ruso Olsúfiev, acantonado con 5.000 hombres en Champaubert. Esta defectuosa distribución, por la que el ejército de Silesia quedaba desplegado en una posición muy extensa, *en escalón*, se debía a los motivos contradictorios que movían a Blücher. Por una parte, quería cortar a Macdonald e impedir su unión con la caballería de Sébastiani; por otra, recoger los cuerpos de Kleist y de Kaptsévich, que avanzaban desde Châlons y esperaban reunirse con él el 9 y el 10. Un motivo lo retenía, el otro lo empujaba. El 9 de febrero, Napoleón cayó sobre Olsúfiev en Champaubert y lo derrotó. Blücher, con Kleist y Kaptsévich, que entretanto habían llegado, pero sin la mayor parte de su caballería, avanzó contra Marmont, al que Napoleón había destacado, y lo siguió en su retirada hacia La Fère-Champenoise, pero al saber del desastre de Olsúfiev volvió esa misma noche con sus 2 cuerpos a Bergères para cubrir allí el camino de Châlons. Tras un combate afortunado el día 10, Sacken había rechazado a Macdonald al otro lado del Marne, en Trilport, pero al saber en la noche de ese mismo día la marcha de Napoleón sobre Champaubert, se apresuró a volver el 11 hacia Montmirail. Antes de llegar tuvo que formar en Vieux-Maisons frente al emperador, que venía de Montmirail a su encuentro. Batido con grandes pérdidas antes de que York pudiera unirse a él, los dos generales efectuaron su unión en Viffort y se retiraron el 12 de febrero a Château-Thierry, donde York tuvo que sostener un combate de retaguardia muy costoso, y desde allí se replegaron a Oulchy-la-Ville. Tras ordenar a Mortier que persiguiera a York y a Sacken por el camino de Fismes, Napoleón se quedó el 13 en Château-Thierry. Sin saber dónde estaban York y Sacken ni qué resultado habían tenido sus combates, Blücher había observado tranquilamente desde Bergères, durante el 11 y el 12, a Marmont, situado frente a él en Étoges. Cuando el 13 supo la derrota de sus generales, y suponiendo que Napoleón se había marchado en busca del gran ejército, cedió a la tentación de descargar un golpe de despedida sobre Marmont, al que consideraba la retaguardia de Napoleón. Avanzando sobre Champaubert, empujó a Marmont hasta Montmirail, donde el 14 se le unió Napoleón, que se volvió entonces contra Blücher, le salió al encuentro a mediodía en Vauchamps con 20.000 hombres, pero casi sin caballería, lo atacó, envolvió sus columnas con la caballería y lo rechazó con grandes pérdidas sobre Champaubert. En su retirada desde allí, el ejército de Silesia habría podido llegar a Étoges antes de que oscureciera sin pérdidas considerables si Blücher no se hubiera complacido en la lentitud deliberada del movimiento retrógrado. Así, fue atacado durante toda su marcha, y un destacamento de sus fuerzas, la división del príncipe Augusto de Prusia, fue acosado de nuevo desde las calles laterales de Étoges al atravesar la población. Hacia medianoche Blücher llegó a su campamento de Bergères, salió de allí tras unas horas de descanso hacia Châlons, llegó hacia mediodía del 15 de febrero y se le unieron las fuerzas de York y de Sacken el 16 y el 17. Los distintos encuentros de Champaubert, Montmirail, Château-Thierry, Vauchamps y Étoges le habían costado 15.000 hombres y 27 cañones; de los errores estratégicos que llevaron a estos desastres son responsables únicamente Gneisenau y Müffling. Dejando a Marmont y a Mortier frente a Blücher, Napoleón volvió con Ney a marchas forzadas al Sena, donde Schwarzenberg había rechazado a Victor y a Oudinot, que se habían retirado al otro lado del Yerres y habían recogido allí 12.000 hombres al mando de Macdonald y algunos refuerzos de España. El 16 los sorprendió la llegada repentina de Napoleón, seguida el 17 por la de sus tropas. Tras unirse a los mariscales, se lanzó contra Schwarzenberg, al que encontró situado en un amplio triángulo cuyos vértices eran Nogent, Montereau y Sens. Atacados y derrotados sucesivamente por Napoleón los generales a sus órdenes, Wittgenstein, Wrede y el príncipe heredero de Wurtemberg, el príncipe Schwarzenberg puso pies en polvorosa, se retiró hacia Troyes y avisó a Blücher para que se reuniera con él, de modo que pudieran dar juntos la batalla en el Sena. Blücher, que entretanto había recibido nuevos refuerzos, acudió inmediatamente a la llamada, entró en Méry el 21 de febrero y esperó allí todo el día 22 las disposiciones para la batalla prometida. Por la tarde supo que se había propuesto a Napoleón un armisticio por medio del príncipe de Liechtenstein y que este se había encontrado con una negativa rotunda. Despachando al instante a un oficial de confianza a Troyes, conjuró al príncipe Schwarzenberg a dar la batalla, y hasta se ofreció a darla él solo con tal de que el gran ejército formara la reserva; pero Schwarzenberg, más asustado todavía por la noticia de que Augereau había rechazado al general Bubna hasta Suiza, había ordenado ya la retirada sobre Langres. Blücher comprendió enseguida que una retirada sobre Langres llevaría a una retirada al otro lado del Rin; y, para apartar a Napoleón de la persecución del desmoralizado gran ejército, resolvió marchar de nuevo derecho en dirección a París, hacia el Marne, donde podía esperar ahora reunir un ejército de 100.000 hombres, pues Wintzingerode había llegado con unos 25.000 hombres a las cercanías de Reims, Bülow estaba en Laon con 16.000, se esperaba de Erfurt el resto del cuerpo de Kleist y de Maguncia el resto del cuerpo de Langeron, al mando de Saint-Priest. Fue esta segunda separación de Blücher respecto al gran ejército lo que inclinó la balanza contra Napoleón. Si este hubiera seguido al gran ejército en retirada en lugar de al ejército de Silesia que avanzaba, la campaña se habría perdido para los aliados. El paso del Aube antes de que Napoleón lo siguiera, el único punto difícil del avance de Blücher, lo efectuó tendiendo un puente de pontones en Anglure el 24 de febrero. Napoleón, que ordenó a Oudinot y a Macdonald seguir al gran ejército con unos 25.000 hombres, salió de Herbisse el 26 con Ney y Victor en persecución del ejército de Silesia. Al aviso de Blücher de que el gran ejército solo tenía ya delante a los 2 mariscales, Schwarzenberg detuvo su retirada, cobró ánimo, se volvió contra Oudinot y Macdonald y los batió el 27 y el 28. La intención de Blücher era concentrar su ejército en algún punto lo más cercano posible a París. Marmont seguía con sus tropas en Sézanne, mientras Mortier estaba en Château-Thierry. Ante el avance de Blücher, Marmont se retiró, se unió el 26 con Mortier en La Ferté-sous-Jouarre y se retiró desde allí con él sobre Meaux. Fracasado el intento de Blücher, durante 2 días, de cruzar el Ourcq y obligar a la batalla a los 3 mariscales con un frente muy adelantado, se vio obligado a marchar por la orilla derecha del Ourcq. Llegó a Oulchy-le-Château el 2 de marzo, supo en la mañana del 3 la capitulación de Soissons, obra de Bülow y Wintzingerode, y en el curso del mismo día cruzó el Aisne y concentró todo su ejército en Soissons. Napoleón, que había cruzado el Marne en La Ferté-sous-Jouarre, 2 marchas forzadas detrás de Blücher, avanzó en dirección a Château-Thierry y Fismes y, tras pasar el Vesle, cruzó el Aisne en Berry-au-Bac el 6 de marzo, después de que un destacamento de su ejército reconquistara Reims. Blücher se proponía al principio ofrecer batalla detrás del Aisne cuando Napoleón pasara ese río, y había dispuesto sus tropas con ese fin. Cuando se dio cuenta de que Napoleón tomaba la dirección de Fismes y Berry-au-Bac para dejar atrás el ejército de Silesia por la izquierda, decidió atacarlo de flanco desde Craonne, en posición oblicua, inmediatamente después de que desembocara de Berry-au-Bac, de modo que Napoleón se habría visto obligado a combatir con un desfiladero a la espalda. Con sus fuerzas ya situadas, el ala derecha en el Aisne y la izquierda en el Lette, a medio camino de Soissons a Craonne, renunció a este excelente plan al cerciorarse de que Wintzingerode había dejado a Napoleón pasar el 6 por Berry-au-Bac sin molestarlo, y de que este había llegado a adelantar un destacamento por el camino de Laon. Creyó entonces necesario no aceptar una batalla decisiva más que en Laon. Para retrasar a Napoleón, que por Corbeny, en la calzada de Reims, podía llegar a Laon tan pronto como el ejército de Silesia desde Craonne, Blücher situó el cuerpo de Vorontsov entre el Aisne y el Lette, en la fuerte meseta de Craonne, mientras despachaba 10.000 jinetes al mando de Wintzingerode para avanzar por Festieux hacia Corbeny con la orden de caer sobre el flanco derecho y la retaguardia de Napoleón en cuanto este se empeñara en el ataque contra Vorontsov. Como Wintzingerode no ejecutó la maniobra que se le había confiado, Napoleón desalojó a Vorontsov de la meseta el 7, pero perdió él mismo 8.000 hombres, mientras Vorontsov escapaba con una pérdida de 4.700 y conseguía retirarse en buen orden. El 8 Blücher había concentrado sus tropas en Laon, donde la batalla debía decidir la suerte de ambos ejércitos. Aparte de su superioridad numérica, la vasta llanura que se extiende ante Laon era especialmente adecuada para desplegar los 20.000 jinetes del ejército de Silesia, mientras que Laon mismo, situado en la meseta de una colina aislada que por todos lados tiene una pendiente de 12, 16, 20 a 30 grados y a cuyo pie hay 4 aldeas, ofrecía grandes ventajas tanto para la defensa como para el ataque. Aquel día, el ala izquierda francesa, mandada por el propio Napoleón, fue rechazada, mientras que el ala derecha, al mando de Marmont, sorprendida en sus vivacs al caer la noche, quedó tan completamente batida que el mariscal no pudo detener a sus tropas antes de llegar a Fismes. Napoleón, completamente aislado con su ala, de solo 35.000 hombres, y encerrado en una mala posición, habría tenido que ceder ante fuerzas muy superiores y enardecidas por la victoria. Pero a la mañana siguiente un acceso de fiebre y una inflamación de los ojos inutilizaron a Blücher, mientras Napoleón seguía en la misma posición en actitud provocadora, lo que intimidó hasta tal punto a los hombres que dirigían ahora las operaciones que no solo detuvieron el avance de sus propias tropas, ya iniciado, sino que dejaron a Napoleón retirarse tranquilamente a Soissons al caer la noche. Aun así, la batalla de Laon había quebrantado sus fuerzas, física y moralmente. En vano intentó rehacerse con la toma por sorpresa, el 13 de marzo, de Reims, que había caído en manos de Saint-Priest. Tan bien se comprendía ahora su situación que, cuando el 17 y el 18 avanzó sobre Arcis-sur-Aube contra el gran ejército, el propio Schwarzenberg, aunque solo tenía 80.000 hombres frente a los 25.000 de Napoleón, se atrevió a hacerle frente y a aceptar una batalla que duró el 20 y el 21. Cuando Napoleón la interrumpió, el gran ejército lo siguió hasta Vitry y se unió a su espalda con el ejército de Silesia. En su desesperación, Napoleón buscó un último refugio en una retirada sobre Saint-Dizier, con la pretensión de poner así en peligro, con su puñado de hombres, al enorme ejército aliado cortándole su principal línea de comunicación y de retirada entre Langres y Chaumont: un movimiento al que los aliados respondieron con su marcha sobre París. El 30 de marzo tuvo lugar la batalla ante París, en la que el ejército de Silesia tomó al asalto Montmartre. Aunque Blücher no se había restablecido desde la batalla de Laon, apareció un momento en la batalla a caballo, con una visera sobre los ojos, pero tras la capitulación de París dejó el mando, con el pretexto de su enfermedad y por la causa real del choque entre su odio declarado a los franceses y la actitud diplomática que los soberanos aliados creyeron oportuno adoptar. Así, entró en París el 31 de marzo como un particular. Durante toda la campaña de 1814 fue el único en el ejército aliado que representó el principio de la ofensiva. Con la batalla de La Rothière desbarató a los pacificadores de Châtillon; con su resolución en Méry salvó a los aliados de una retirada ruinosa; y con la batalla de Laon decidió la primera capitulación de París.

Tras la primera paz de París acompañó al emperador Alejandro y al rey Federico Guillermo de Prusia en su visita a Inglaterra, donde fue festejado como el héroe del día. Se le colmó de todas las condecoraciones militares de Europa; el rey de Prusia creó para él la orden de la Cruz de Hierro;[^13] el príncipe regente de Inglaterra le regaló su retrato, y la Universidad de Oxford le otorgó el grado académico de doctor en Derecho. En 1815 decidió de nuevo la última campaña contra Napoleón. Tras la desastrosa batalla de Ligny, el 16 de junio, aunque tenía ya 73 años, convenció a su ejército derrotado de que se rehiciera y marchara pisando los talones a su vencedor, de modo que pudo presentarse en la tarde del 18 de junio en el campo de batalla de Waterloo, hazaña sin precedentes en la historia de la guerra. Su persecución de los fugitivos franceses después de la batalla de Waterloo, de Waterloo a París, solo tiene un paralelo: la persecución, igualmente notable, de los prusianos por Napoleón de Jena a Stettin. Entró entonces en París al frente de su ejército e hizo incluso nombrar a Müffling, su cuartel maestre general, gobernador general militar de París. Exigió que se fusilara a Napoleón, que se volara el puente de Jena y que se restituyeran a sus propietarios originales los tesoros saqueados por los franceses en las distintas capitales de Europa. Su primer deseo lo frustró Wellington y el segundo los soberanos aliados, mientras que el último se cumplió. Permaneció en París 3 meses, frecuentando muy a menudo las mesas de juego de *rouge-et-noir*. En el aniversario de la batalla del Katzbach visitó Rostock, su ciudad natal, cuyos habitantes se unieron para levantarle un monumento público. A su muerte, todo el ejército prusiano llevó luto durante 8 días. *Le vieux diable*,[^14] como lo apodaba Napoleón, «el mariscal Adelante», como lo llamaban los rusos del ejército de Silesia, era esencialmente un general de caballería. En esta especialidad sobresalía porque solo exigía conocimientos tácticos y ninguno estratégico. Compartía en el más alto grado el odio popular contra Napoleón y los franceses, y era popular entre la multitud por sus pasiones plebeyas, su sentido común grosero, la vulgaridad de sus maneras y la tosquedad de su lenguaje, al que sin embargo sabía dar en las ocasiones adecuadas un toque de elocuencia fogosa. Era el modelo de soldado. Dando ejemplo como el más valiente en la batalla y el más infatigable en el esfuerzo; ejerciendo una influencia fascinadora sobre el soldado raso; uniendo a su bravura temeraria una sagaz apreciación del terreno, una rápida resolución en las situaciones difíciles, una tenacidad en la defensa igual a su energía en el ataque y la inteligencia suficiente para encontrar por sí mismo el buen camino en las combinaciones sencillas y para confiar en Gneisenau en las más complicadas, fue el verdadero general para las operaciones militares de 1813-1815, que tuvieron el carácter mitad de guerra regular y mitad de guerra insurreccional.

[^1]: En inglés, *major-general*; en el ejército prusiano, *Generalmajor*, el primer grado de general.
[^2]: Así («Luxemburg») en la enciclopedia y en la MEW.
[^3]: Ratekau, cerca de Lübeck.
[^4]: Así en la enciclopedia; la MEW da el 7 de noviembre de 1806, fecha de la capitulación.
[^5]: Así en la enciclopedia; la MEW da el 24 de febrero de 1812, fecha del tratado de alianza franco-prusiano.
[^6]: La «Liga de la Virtud», sociedad patriótica prusiana fundada en 1808 contra la dominación napoleónica.
[^7]: El armisticio de Pläswitz (4 de junio - 10 de agosto de 1813), durante el cual los aliados concertaron en Trachenberg su plan de campaña.
[^8]: Así en la enciclopedia; la MEW dice «el 1 de agosto».
[^9]: Se trata del Neisse rabioso (*Wütende Neiße*), afluente del Katzbach, en Silesia.
[^10]: Así en la enciclopedia («Brachenfeld»); la MEW dice Breitenfeld.
[^11]: Así en la enciclopedia («Weissenberg»); la MEW dice Weißenfels, que es lo correcto.
[^12]: «¡La artillería, adelante!».
[^13]: Así en la enciclopedia y en la MEW. La Cruz de Hierro se había creado en marzo de 1813; para Blücher se creó en 1815 una gran cruz especial de la orden.
[^14]: «El viejo diablo».
