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Title: El avance de Rusia en Asia central (1858)
Description: Editorial de Engels para el New-York Daily Tribune sobre el avance ruso en Asia central desde la expedición de Perovski contra Jiva: fuertes, pozos y flotillas que convierten el desierto turanio en base de operaciones y abren a Rusia tres rutas hacia la India.
Author: Friedrich Engels
Date: 1858-10-08
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1858%20El%20avance%20de%20Rusia%20en%20Asia%20central
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*Escrito en inglés por Friedrich Engels hacia el 8 de octubre de 1858 y publicado en el* New-York Daily Tribune*, núm. 5471, del 3 de noviembre de 1858, como editorial. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 12 (Berlín, 1961, pp. 598-603), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1858%20Das%20Vordringen%20Ru%C3%9Flands%20in%20Zentralasien).*

Hace algunas semanas informamos del enorme avance que Rusia ha llevado a cabo en los últimos años en Asia oriental, en la costa occidental del océano Pacífico. Llamamos ahora la atención de nuestros lectores sobre un avance semejante de la misma potencia en otra región, en Asia central.

La probabilidad de un choque entre las dos grandes potencias asiáticas, Rusia e Inglaterra, en algún punto a medio camino entre Siberia y la India, de un conflicto entre los cosacos y los cipayos a orillas del Oxus, se ha discutido a menudo desde que en 1839 Inglaterra y Rusia enviaron al mismo tiempo ejércitos a Asia central. La singular derrota de esos ejércitos —una derrota causada en ambos bandos por la aspereza del país y de su clima—[^1] quitó durante un tiempo interés a tales especulaciones. Inglaterra vengó su derrota con una marcha victoriosa, pero sin resultado, sobre Kabul. Rusia pareció tragarse su vergüenza; pero cuán poco renunció a sus planes y con qué éxito alcanzó sus objetivos lo veremos enseguida. Cuando estalló la guerra recién terminada, volvió a plantearse la cuestión de si era practicable un avance ruso sobre la India; pero entonces el público sabía poco de dónde estaban los puestos avanzados rusos y por dónde reconocían sus patrullas adelantadas. Los periódicos indios daban de vez en cuando noticias de supuestas conquistas rusas en Asia central, pero no se les prestaba atención. Finalmente, durante la guerra anglo-persa de 1856,[^2] se volvió a discutir toda la cuestión.

Entretanto, las cosas han cambiado y siguen cambiando rápidamente en Asia central. Cuando Napoleón, en 1812, marcó en su mapa Moscú como base de operaciones para una campaña contra la India, no hacía más que seguir a Pedro el Grande. Ya en 1717 aquel príncipe previsor, que trazó a sus sucesores todas las direcciones posibles de conquista, envió contra Jiva una expedición que, naturalmente, resultó infructuosa.[^3] Durante mucho tiempo Rusia no tocó las estepas turanias; pero entretanto se pobló de cosacos el país entre el Volga y el río Ural y se estableció a lo largo de este río la línea cosaca. Más allá de ese río, sin embargo, la soberanía de Rusia sobre las tres hordas o pueblos de los kirguises[^4] siguió siendo puramente nominal, y estos y los jivanos saqueaban las caravanas rusas, hasta que en 1833 Rusia envió a Oremburgo como comandante en jefe al general Vasili Perovski.[^5] Este encontró las relaciones comerciales de Rusia con el interior y el sur de Asia completamente interrumpidas por los nómadas saqueadores, hasta el punto de que ni siquiera habían bastado las escoltas militares que en los años anteriores se habían asignado a las caravanas para protegerlas. Para poner fin a esa situación organizó primero columnas móviles contra los kirguises, y muy poco después empezó a establecer en su territorio puestos militares de cosacos. En pocos años los sometió así al control y al dominio efectivos de Rusia, y entonces emprendió el viejo plan de Pedro el Grande contra Jiva.

Obtenida la autorización del emperador, organizó una fuerza de la entidad aproximada de una división de infantería (8.000 hombres), con numerosas unidades de cosacos semirregulares y de caballería irregular baskir y kirguís. Se reunieron quince mil camellos para el transporte de víveres a través de las estepas desérticas. Emprender la expedición en verano era imposible por la falta de agua. Perovski se decidió, pues, por una campaña de invierno y se puso en marcha desde Oremburgo en noviembre de 1839. El resultado es conocido. Las ventiscas y un frío extraordinario arruinaron su ejército, mataron los camellos y los caballos y lo obligaron a retirarse con pérdidas muy grandes. Y sin embargo la empresa cumplió su fin de cara al exterior; pues mientras Inglaterra no ha podido nunca hasta hoy vengar el asesinato de sus enviados Stoddart y Conolly en Bujará,[^6] el kan de Jiva liberó a todos los prisioneros rusos y envió una embajada a San Petersburgo a pedir la paz.

Perovski se puso entonces a preparar una línea de operaciones a través de las estepas kirguises. Antes de dieciocho meses, expediciones de científicos e ingenieros se ocupaban, bajo protección militar, en levantar el plano de todo el país al norte del Jaxartes (Sir Daria) y del mar de Aral. Se exploraron la naturaleza del suelo, las mejores zonas para caminos y los mejores lugares para grandes pozos. A cortos intervalos se perforaron o excavaron esos pozos y se rodearon de fortificaciones lo bastante fuertes para resistir cualquier ataque de las hordas nómadas y lo bastante amplias para almacenar provisiones considerables. Karabutak e Irgiz, sobre el río del mismo nombre, sirvieron de centros de defensa en el norte de las estepas kirguises; entre ellos y las ciudades del río Ural, las rutas están jalonadas cada diez o doce millas por fuertes menores y pozos.

El paso siguiente se dio en 1847, cuando se construyó un fuerte en el Sir Daria, a unas 45 millas de su desembocadura. El fuerte recibió el nombre de Aralsk.[^7] Podía alojar una guarnición de un batallón o más. Muy pronto se convirtió en el centro de un extenso asentamiento ruso de agricultores en el curso inferior del río y en las orillas vecinas del mar de Aral; Rusia tomó entonces posesión formal de todo el país al norte de ese mar y del delta del Sir Daria. En 1848 y 1849 se levantó por primera vez un plano detallado del mar, se descubrió un nuevo grupo de islas y se destinó en el acto a cuartel general de la flotilla de vapores del Aral, cuya construcción se empezó sin demora. Se construyó otro fuerte en una isla que domina la desembocadura del Sir Daria. Al mismo tiempo se reforzó aún más y se completó la línea de comunicación de Oremburgo al mar de Aral.

Perovski, que en 1842 se había retirado de su puesto de comandante de Oremburgo, volvió a ocuparlo y en la primavera de 1853 avanzó con fuerzas considerables hasta Aralsk. Se cruzó el desierto sin grandes dificultades, y el ejército marchó entonces Sir Daria arriba, mientras un vapor de poco calado acompañaba por el río el movimiento de las tropas. Al llegar a Ak-Mechet,[^8] una fortaleza unas 450 millas río arriba que pertenecía al kan de Kokand, los rusos la tomaron al asalto y la convirtieron en el acto, con tanto éxito, en baluarte propio que un ejército de Kokand que la atacó en diciembre siguiente sufrió una derrota completa.

En 1854, mientras la atención de Europa estaba puesta en las batallas libradas en el Danubio y en Crimea, Perovski avanzó contra Jiva desde su base de operaciones recién conquistada en el Sir Daria con 17.000 soldados; pero el kan no esperó su llegada al Oxus. Envió al campamento de los rusos emisarios que concluyeron un tratado *por el cual el kan de Jiva reconocía la soberanía de Rusia*. Le cedía el derecho de decidir sobre la guerra y la paz, además del poder supremo sobre la vida y la muerte y el derecho a fijar las rutas de caravanas, los tributos y los aranceles y a dictar a perpetuidad normas para el comercio en general en todo Jiva. Un cónsul ruso se instaló en Jiva y asumió a la vez la función de árbitro supremo en todos los asuntos políticos de Jiva, árbitro subordinado al gobierno ruso.

Con el sometimiento de Jiva la conquista del Turán está decidida en lo esencial; quizá entretanto lo esté también de hecho. Los kanes de Kokand y de Bujará han enviado asimismo emisarios a San Petersburgo. Los tratados concluidos con ellos no se han publicado, pero pueden adivinarse con bastante facilidad. Sea cual sea la independencia que Rusia esté dispuesta a dejar a estos minúsculos Estados, cuya única fuerza estaba en su inaccesibilidad, que ya no existe, al menos para Rusia, esa independencia es solo nominal, pues una fuerza de unos 20.000 hombres, lanzada desde Jiva o desde Ak-Mechet contra los fértiles valles del Alto Turán, bastaría de sobra para aplastar todo intento de oposición y marchar de un extremo a otro del país. Que desde 1854 Rusia no ha estado ociosa en estas regiones podemos darlo por sentado, aunque mantiene en demasiado secreto sus actividades, y, tras su avance rápido, callado y tenaz por el Turán durante los últimos veinticinco años, cabe esperar con seguridad que su bandera ondee pronto sobre los pasos del Hindu Kush y del Bolor Tagh.[^9]

El enorme valor de estas conquistas, desde el punto de vista militar, está en su importancia como núcleo de una base de operaciones ofensiva contra la India. Y, en efecto, ante semejante avance de los rusos hasta el centro de Asia, el plan de atacar la India por el norte abandona el reino de la especulación vaga y adquiere algo así como una forma definida. Las regiones tropicales de Asia están separadas de las que pertenecen a la zona templada por un ancho cinturón de desiertos que va de las costas del golfo Pérsico, a través del continente, hasta las fuentes del Amur. Dejando aparte el territorio del Amur, este cinturón era hasta hace poco casi infranqueable para los ejércitos; la única ruta concebible a través de él es la de Astrabad, en el mar Caspio, por Herat, a Kabul y al Indo. Pero ahora que los rusos están en el bajo Jaxartes (Sir Daria) y en el Oxus (Amu Daria), y que caminos militares y fuertes ofrecen agua y provisiones a un ejército en marcha, el desierto de Asia central ha dejado de ser un obstáculo militar. En lugar de la única ruta, inacabada, de Astrabad por Herat al Indo, Rusia dispone ahora de tres rutas distintas, que en un plazo no lejano pueden estar del todo preparadas para la marcha de un ejército. Queda, en primer lugar, la vieja ruta por Herat, que, tal como están las cosas, ya no puede estar cerrada a Rusia; está, en segundo lugar, el valle del Oxus, de Jiva a Balj; en tercer lugar, el valle del Jaxartes, de Ak-Mechet a Kokand, desde donde la fuerza podría avanzar, a través de un país bien regado y poblado, sobre Samarcanda y Balj. Herat, Samarcanda y Balj formarían una base principal de operaciones contra la India. Balj está a solo 500 millas de Peshawar, el puesto avanzado noroccidental del imperio angloindio. Samarcanda y Balj pertenecen al kan de Bujará, que está ahora mismo en poder de Rusia, y con Astrabad (que los rusos están ocupando ahora o pueden ocupar cualquier día) y Balj en manos de Rusia, Herat no podrá sustraerse a su presa en cuanto quiera apoderarse de ella. En cuanto esta base de operaciones esté realmente en posesión rusa, Inglaterra tendrá que luchar por su imperio indio. De Balj a Kabul apenas hay más distancia que de Kabul a Peshawar, y este solo hecho muestra cuán pequeño se ha vuelto ya el espacio neutral entre Siberia y la India.

El hecho es que, si el avance ruso continúa al mismo ritmo y con la misma energía y tenacidad que en los últimos veinticinco años, en diez o quince años oiremos a los moscovitas llamar a las puertas de la India. Una vez atravesadas las estepas kirguises, llegan a las regiones relativamente bien cultivadas y fértiles del sudeste del Turán, cuya conquista nadie puede disputarles y que puede abastecer sin esfuerzo durante años a un ejército de cincuenta o sesenta mil hombres, un ejército lo bastante fuerte para marchar, llegado el caso, hasta el Indo. En diez años un ejército así puede someter por completo el país, proteger la construcción de caminos y la colonización de un inmenso territorio por campesinos rusos de la Corona (como ocurre ahora en el mar de Aral), atemorizar a todos los Estados vecinos y preparar la base y la línea de operaciones de una campaña de la India. Que tal campaña llegue a emprenderse algún día depende de eventualidades políticas que hoy solo son objeto de especulaciones remotas.

[^1]: En 1839 el ejército angloindio invadió Afganistán y ocupó Kabul; en el invierno de 1841-1842 la guarnición británica, al retirarse de Kabul, fue aniquilada. Ese mismo año de 1839 salió contra Jiva la expedición rusa de Perovski de la que se habla más adelante. En 1842 una expedición británica de castigo volvió a ocupar Kabul y se retiró enseguida.
[^2]: Guerra entre Inglaterra y Persia (1856-1857), originada por la toma de Herat por los persas.
[^3]: La expedición del príncipe Alexandr Bekóvich-Cherkaski contra Jiva (1717) terminó con la matanza de la mayor parte de sus tropas.
[^4]: En la terminología rusa de la época, «kirguises» designaba a los kazajos, divididos en tres hordas (yüz): la Mayor, la Media y la Menor.
[^5]: Vasili Perovski (1794-1857), general ruso, gobernador militar de Oremburgo en 1833-1842 y gobernador general de 1851 a 1857.
[^6]: Charles Stoddart y Arthur Conolly, oficiales británicos enviados a Bujará, ejecutados allí por orden del emir en 1842.
[^7]: El fuerte de Raim, llamado también fortificación del Aral (Aralsk).
[^8]: Ak-Mechet, tomada por los rusos en 1853 y rebautizada Fuerte Perovski; hoy Kyzylorda, en Kazajistán.
[^9]: Bolor Tagh, nombre que se daba entonces a la cadena montañosa que separa el Pamir del Turquestán oriental.
