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Title: El ministerio Derby — La falsa dimisión de Palmerston (1858)
Description: Editorial de Marx para el New-York Daily Tribune sobre la caída de Palmerston por su ley de conspiración, dictada desde París tras el atentado de Orsini: la alternancia rutinaria de whigs y tories, la paradoja de que los gobiernos tories traigan las reformas y la negativa de Inglaterra a seguir siendo el padrino del Imperio francés.
Author: Karl Marx
Date: 1858-02-26
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1858%20El%20ministerio%20Derby%20-%20La%20falsa%20dimisi%C3%B3n%20de%20Palmerston
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*Escrito en inglés por Karl Marx el 26 de febrero de 1858 y publicado como editorial en el* New-York Daily Tribune*, núm. 5272, del 15 de marzo de 1858. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 12 (Berlín, 1961, pp. 403-406), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Se corrigen algunas erratas de la edición digital de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1858%20Das%20Ministerium%20Derby%20-%20Der%20tr%C3%BCgerische%20R%C3%BCcktritt%20Palmerstons).*

Si Orsini no mató a Luis Napoleón, a quien sin duda mató fue a Palmerston. Desde el punto de vista histórico es muy adecuado que este jugador político, a quien un mandarín chino de Cantón convirtió en dictador de Inglaterra,[^1] haya caído al fin a manos de un carbonario italiano en París. Pero que hubiera de sucederle lord Derby rebasa ya el rango de un simple acontecimiento histórico y se acerca a la sublimidad de una ley histórica. Corresponde al funcionamiento tradicional de la Constitución británica. A Pitt le sucedió Fox; a Fox, Perceval, un Pitt más débil; a Wellington, Grey, un Fox más débil; a Grey, Wellington; a Wellington, Melbourne, un Grey más débil; a Melbourne, otra vez Wellington con el nombre de Peel; a Peel, otra vez Melbourne con el nombre de Russell; a Russell, Derby, el sustituto de Peel; a Derby, otra vez Russell. ¿Por qué no habría de suceder de nuevo Derby a Palmerston, el usurpador del puesto de Russell?

Si hay en Inglaterra alguna fuerza nueva capaz de acabar con la vieja rutina, de la que este último cambio de sitio entre los honorables caballeros de un lado de la Cámara y los honorables caballeros del otro es un ejemplo; si hay algún hombre o algún grupo de hombres capaces de enfrentarse a la clase dominante tradicional y desplazarla, el mundo todavía no los ha descubierto. Pero de una cosa no cabe duda, a saber, de que un gobierno tory es mucho más favorable al progreso de toda clase que cualquier otro. En los últimos cincuenta años, todos los movimientos populares se han iniciado o se han consumado bajo el gobierno de los tories. Un ministerio tory aprobó la ley de emancipación de los católicos.[^2] Bajo un ministerio tory el movimiento de la reforma[^3] se hizo irresistible. La imposición de un impuesto sobre la renta, que, por absurdo que sea en su forma actual, contiene los rudimentos de una tributación proporcional, es obra de un ministerio tory. La Liga contra las Leyes de Cereales, débil y tímida bajo el gobierno whig, tomó dimensiones revolucionarias bajo los tories; y mientras Russell, en sus vuelos más audaces, nunca se aventuró más allá de un arancel fijo tan moderado como él mismo, Peel no pudo menos que mandar las leyes de cereales a la tumba de todos los Capuletos.[^4] Son también los tories quienes han hecho, por así decir, popular a la aristocracia, aportándole energía y talento plebeyos para reforzar sus fuerzas. Gracias a los tories, Canning, hijo de una actriz, gobernó como un lord sobre la vieja aristocracia terrateniente; y lo mismo Peel, hijo de un fabricante de hilados de algodón enriquecido que había empezado trabajando en un telar manual; y lo mismo Disraeli, hijo de un simple literato y, para colmo, judío. El propio lord Derby convirtió al hijo de un pequeño tendero de Lewes en lord canciller de Inglaterra con el nombre de lord St. Leonards.[^5] Los whigs, en cambio, se han mostrado siempre bastante fuertes para enterrar a sus criaturas plebeyas bajo vanas condecoraciones o para dejarlas caer con insultos altaneros. A Brougham, el alma del movimiento de la reforma, se lo liquidó elevándolo a lord; y a Cobden, cabeza de la Liga contra las Leyes de Cereales, los mismos whigs a los que había devuelto al poder le ofrecieron el puesto de vicepresidente de la Junta de Comercio.

En cuanto a las capacidades puramente intelectuales, el nuevo gabinete resiste sin esfuerzo la comparación con su predecesor. Hombres como Disraeli, Stanley y Ellenborough[^6] no pierden nada si se los pone frente a gente de la catadura de un señor Vernon Smith, antes de la Junta de Control,[^7] de un lord Panmure, ministro de la Guerra, al que solo su «Cuiden de Dowb»[^8] puede hacer inmortal, y de un sir C. C. Lewis,[^9] con el aburrimiento de la *Edinburgh Review*, o incluso de grandes de la moral como Clanricarde,[^10] el lord del Sello Privado. En realidad, Palmerston no solo había sustituido el ministerio de todos los partidos por un ministerio de ningún partido, sino también el gabinete de todos los talentos por un gabinete sin ningún talento, salvo el suyo propio.

No cabe duda de que Palmerston no tenía idea de que su caída fuera definitiva. Creía que lord Derby rechazaría ahora el puesto de primer ministro igual que lo había hecho durante la guerra de Crimea. Entonces la reina habría llamado a Russell; pero como el grueso de sus propias tropas servía a las órdenes de Palmerston y el grueso del ejército enemigo había tomado posiciones a las órdenes de Disraeli, habría renunciado a formar gabinete, tanto más cuanto que él, un whig, no podía recurrir al «último recurso», la disolución de un Parlamento elegido bajo las banderas whigs. Así, tras una semana de vacilaciones, la vuelta de Palmerston al poder se habría hecho inevitable. Esa bonita cuenta no ha salido porque Derby ha aceptado. El ministerio tory podrá durar más o menos. Los tories podrán sostenerse varios meses antes de verse obligados a recurrir a la disolución, medida que sin duda aplicarán antes de renunciar definitivamente al poder. Pero dos cosas son seguras: que su mandato se distinguirá por la introducción de medidas muy liberales en materia de reformas sociales (la conducta pasada de lord Stanley y la ley de educación de sir John Pakington[^11] lo garantizan) y, sobre todo, que traerá en la política exterior un cambio muy benéfico y grato. Es verdad que muchos pensadores y publicistas superficiales afirman que la caída de Palmerston no sería un golpe eficaz contra Luis Napoleón, porque varios de los nuevos ministros tories están personalmente en buenos términos con el déspota francés e Inglaterra no está en condiciones de hacer la guerra a una enorme potencia continental. Pero precisamente porque Inglaterra no es capaz de empezar una nueva guerra, consideramos muy significativa la respuesta que Gran Bretaña ha dado a las amenazas y exigencias fanfarronas de los sátrapas de Luis Napoleón. Los liberales independientes del Parlamento, que expresaron el sentir inequívoco y apasionado de la nación, no respondieron al despacho de Walewski[^12] rechazando la ley de Palmerston sobre la conspiración porque Malmesbury y Disraeli fueran a entrar en el ministerio. Lord Derby podrá tropezar y caer, pero la resolución por la que se aprobó la moción de Milner Gibson[^13] permanecerá a pesar de todo y dará fruto.

No creemos en ninguna alianza cordial y duradera entre el torismo británico y el bonapartismo francés. Los instintos, las tradiciones y las aspiraciones de ambos partidos se rebelan contra ella. No creemos posible que el nuevo gabinete recoja la ley de Palmerston sobre la conspiración y la saque adelante, como predicen con tanta confianza los periódicos de París. Y si el gabinete obra así, no lo hará antes de haber respondido a Walewski y a De Morny,[^14] y de haber respondido con el espíritu de Pitt y de Castlereagh. Con todos sus defectos, el torismo tendría que haber cambiado de naturaleza para estar dispuesto a cambiar las leyes de Inglaterra a una señal de un Bonaparte.

Por lo demás, la importancia de la última resolución no depende de ninguna suposición de que vaya a estallar pronto la discordia entre ambos gobiernos. La consideramos importantísima como proclamación a Europa de que Gran Bretaña ha dejado de hacer de padrino del Imperio francés. Así se entiende en Bruselas, en Turín y aun en Viena, y así se entenderá pronto en Berlín, en Madrid y en San Petersburgo. Inglaterra, que tanto tiempo fue el carcelero del primer Napoleón, se ha negado rotundamente a seguir siendo el lacayo de su sucesor.

[^1]: Alusión al conflicto de Cantón de 1856 con el comisario imperial Ye Mingchen: derrotado en los Comunes en marzo de 1857 por su política china, Palmerston disolvió el Parlamento y ganó las elecciones con una mayoría holgada. Cayó el 19 de febrero de 1858, cuando la Cámara rechazó su ley sobre la conspiración para el asesinato, presentada a instancias del gobierno francés tras el atentado de Orsini contra Napoleón III (14 de enero de 1858).

[^2]: El gabinete de Wellington, en 1829.

[^3]: El movimiento por la reforma electoral que culminó en la ley de 1832.

[^4]: Expresión de Edmund Burke para algo enterrado sin remedio. Peel derogó las leyes de cereales en 1846.

[^5]: Edward Sugden, lord St. Leonards (1781-1875), lord canciller en el primer gabinete de Derby (1852).

[^6]: Edward Henry Stanley (1826-1893), hijo de lord Derby, ministro de las Colonias y luego presidente de la Junta de Control; Edward Law, conde de Ellenborough (1790-1871), presidente de la Junta de Control y antiguo gobernador general de la India.

[^7]: Organismo del gobierno británico que supervisaba la administración de la Compañía de las Indias Orientales. Robert Vernon Smith (1800-1873) la presidió de 1855 a 1858.

[^8]: Fox Maule, lord Panmure (1801-1874), ministro de la Guerra de 1855 a 1858, telegrafió en 1855 al mando británico en Crimea recomendándole a su sobrino, el capitán Dowbiggin: «Take care of Dowb».

[^9]: George Cornewall Lewis (1806-1863), canciller del Exchequer de 1855 a 1858 y antiguo director de la *Edinburgh Review*.

[^10]: Ulick John de Burgh, marqués de Clanricarde (1802-1874), lord del Sello Privado desde febrero de 1858; su nombramiento fue muy criticado por un escándalo judicial en el que se había visto envuelto.

[^11]: John Pakington (1799-1880), primer lord del Almirantazgo en el gabinete de Derby, había presentado en 1855 un proyecto de ley de enseñanza elemental.

[^12]: Alexandre Walewski (1810-1868), ministro de Asuntos Exteriores de Napoleón III, cuyo despacho del 20 de enero de 1858 acusaba a Inglaterra de dar asilo a asesinos.

[^13]: Thomas Milner Gibson (1806-1884), de la escuela de Manchester, presentó la enmienda que censuraba al gobierno por no haber respondido al despacho de Walewski y que derribó a Palmerston.

[^14]: Charles de Morny (1811-1865), hermanastro de Napoleón III, presidente del Cuerpo Legislativo, que en su discurso de enero de 1858 atacó el asilo inglés a los refugiados.
