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Title: El presupuesto del señor Disraeli (1858)
Description: Correspondencia de Marx desde Londres para el New-York Daily Tribune sobre el presupuesto de Disraeli de 1858, que cubre sin subir el impuesto sobre la renta el déficit heredado de Palmerston y da la puntilla al fondo de amortización de la deuda, el gran fraude financiero nacido de las fantasías del doctor Price sobre el interés compuesto.
Author: Karl Marx
Date: 1858-04-20
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1858%20El%20presupuesto%20del%20se%C3%B1or%20Disraeli
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*Escrito en inglés por Karl Marx (correspondencia fechada en Londres el 20 de abril de 1858) y publicado en el* New-York Daily Tribune*, núm. 5318, del 7 de mayo de 1858. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 12 (Berlín, 1961, pp. 445-449), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Se corrigen dos erratas de la edición digital de la MEW y se recomponen las tablas. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1858%20Das%20Budget%20des%20Herrn%20Disraeli).*

Londres, 20 de abril de 1858

El discurso sobre el presupuesto que el señor Disraeli pronunció el 19 de abril en la Cámara de los Comunes llena unas diez columnas del *Times* de Londres, pero en todo caso se lee con agrado, quizá con más agrado incluso que *The Young Duke*,[^1] del mismo autor. Por la claridad del análisis, la sencillez de la exposición, la hábil disposición y el manejo desenvuelto de los detalles, contrasta felizmente con las pesadas y prolijas disertaciones de noches enteras de su predecesor palmerstoniano.[^2] No contiene ninguna novedad sorprendente, ni lo pretende. El señor Disraeli se encontraba en la feliz situación de un ministro de Hacienda que tiene que vérselas con un déficit que no ha hecho él, sino que encontró al llegar. Su papel era el del médico, no el del paciente. Por un lado tenía que cubrir un déficit; por otro, toda reducción seria del gasto quedaba excluida por las aventuras en que Inglaterra se había embarcado bajo la égida de lord Palmerston. El señor Disraeli dijo sin rodeos a la Cámara de los Comunes que, si quería una política de invasión y agresión, tenía que pagarla, y que su griterío por la economía era pura burla, puesto que iba unido a una disposición sin escrúpulos a cualquier gasto. Según la declaración de Disraeli, los gastos del ejercicio 1858-1859 serían los siguientes:

|  | £ |
|---|---|
| Gastos de la deuda pública consolidada | 28.400.000 |
| Gastos fijos con cargo al fondo consolidado | 1.900.000 |
| Presupuesto del ejército | 11.750.000 |
| Gastos de la marina, incluido el servicio de paquebotes | 9.860.000 |
| Servicios civiles | 7.000.000 |
| Departamento de recaudación | 4.700.000 |
| Bonos del Tesoro que vencen en mayo de 1858 | 2.000.000 |
| Fondo de amortización de las deudas de guerra | 1.500.000 |
| Total de gastos | 67.110.000 |

Los ingresos de 1858-1859 se calcularon así:

|  | £ |
|---|---|
| Aduanas | 23.400.000 |
| Impuestos sobre el consumo | 18.100.000 |
| Timbre | 7.550.000 |
| Contribución territorial e inmobiliaria | 3.200.000 |
| Correos | 3.200.000 |
| Impuesto sobre la propiedad y la renta | 6.100.000 |
| Tierras de la Corona | 270.000 |
| Varios | 1.300.000 |
| Total de ingresos | 63.120.000 |

La comparación entre los gastos y los ingresos previstos muestra un déficit claro de 4.000.000 de libras esterlinas, a pesar de las previsiones bastante confiadas del señor Disraeli sobre el rendimiento eventual de las aduanas, los impuestos sobre el consumo y los correos. ¿Cómo se cubrirá este déficit? Los palmerstonianos se habían regocijado con la sola idea de que el señor Disraeli se vería obligado a aplazar la rebaja del impuesto sobre la renta de 7 a 5 peniques por libra, acordada para el año próximo, una propuesta a la que precisamente el señor Disraeli y el señor Gladstone se habían opuesto con energía cuando la presentó sir Cornewall Lewis. Entonces se habría armado el griterío sobre el egoísmo partidista de la oposición y se habría sacado buen partido de la impopularidad del impuesto sobre la renta. En una palabra, el impuesto sobre la renta era el escollo en el que, según se predecía con toda confianza, había de estrellarse la nave del Estado de Derby. Pero el señor Disraeli era un zorro demasiado viejo para dejarse coger en semejante trampa. Contra lo que se esperaba, dijo a la Cámara que en los últimos cinco años John Bull se había «portado» en materia de hacienda como un niño bueno, que había soportado valientemente las cargas públicas y que, por tanto, no se le debía afligir en sus difíciles circunstancias actuales con un impuesto por el que siempre había sentido especial aversión; tanto más cuanto que el acuerdo aprobado por una gran mayoría de la Cámara de los Comunes en 1853 había prometido al niño bueno la rebaja progresiva del impuesto y, al cabo de cierto número de años, su supresión definitiva.[^3] La receta del propio señor Disraeli para cubrir el déficit y asegurar incluso un pequeño superávit de los ingresos se reduce a lo siguiente: aplazar a una fecha posterior el reembolso de los bonos del Tesoro por valor de dos millones de libras esterlinas; suspender el pago de las 1.300.000 libras del fondo de amortización de las deudas de guerra hasta que exista un superávit *bona fide* que pueda aplicarse a ello; igualar el impuesto inglés y el irlandés sobre los aguardientes, subiendo el irlandés de 6 chelines y 10 peniques a 8 chelines por galón, con lo que el Tesoro ingresaría 500.000 libras más; y, por último, introducir un timbre de un penique sobre los cheques, que rendiría 300.000 libras más.

En cuanto a los nuevos impuestos menores que pide el señor Disraeli, no se les puede hacer ninguna objeción seria. Aunque los representantes de Paddy[^4] creyeron, naturalmente, que era su deber protestar, toda reducción del consumo de alcohol en Irlanda ha de considerarse una medida saludable. Al proponerla, el ministro de Hacienda no pudo resistir la tentación de divertirse a costa de sus amigos irlandeses. «Con espíritu de sincera cordialidad» pidió a los «ingeniosos irlandeses» que aprobaran la propuesta de gravar los «espíritus irlandeses» y mezclaran sus «espíritus» con los de los ingleses y los escoceses, etc.[^5] El timbre de un penique sobre los cheques lo atacó con violencia el señor Glyn,[^6] representante de los círculos bancarios y bursátiles de Londres. Aquel desdichado penique, lo sentía con toda seguridad, impediría a la circulación monetaria del país cumplir sus funciones; pero, sea cual fuere el espanto que el señor Glyn sintiera o fingiera sentir ante la audacia de cobrar un pequeño impuesto a los banqueros y a los agiotistas de la Bolsa, sus sentimientos probablemente no hallarán eco en la masa del pueblo británico.

El rasgo más importante del presupuesto del señor Disraeli es la liquidación del fondo artificial de amortización de la deuda pública, ese gran fraude financiero que sir Cornewall Lewis había vuelto a introducir con ocasión de las deudas contraídas en la guerra con Rusia. El fondo de amortización británico original es uno de esos engaños monstruosos que ofuscan las facultades intelectuales de toda una generación y cuya naturaleza la generación siguiente apenas puede comprender. Fue en 1771 cuando el doctor Richard Price,[^7] en sus *Observations on Reversionary Payments*, reveló por primera vez al mundo los misterios del interés compuesto y del fondo de amortización.

> «El dinero», decía, «que rinde interés compuesto crece al principio despacio; pero como el ritmo de crecimiento se acelera continuamente, al cabo de algún tiempo se hace tan rápido que desafía toda imaginación. Un penique prestado a interés compuesto del 5 % el día del nacimiento de nuestro Salvador habría crecido ya hasta una suma mayor que la que contendrían 150 millones de tierras, todas de oro macizo. Pero prestado a interés simple, en el mismo tiempo solo habría crecido hasta 7 chelines y 4½ peniques. Hasta ahora nuestro gobierno ha preferido mejorar sus finanzas por este último camino en lugar de por el primero». «Por eso un Estado nunca tiene por qué verse en dificultades, pues con los ahorros más pequeños puede pagar la mayor deuda en un tiempo tan corto como su interés lo requiera. En este plan no importa qué interés esté obligado a pagar el Estado por el dinero; pues cuanto más alto sea el interés, antes pagará un fondo así el capital prestado».

En consecuencia, proponía

> «invertir constantemente una reserva anual, junto con los intereses de las sumas amortizadas con ella, con el fin de redimir la deuda pública; o, en otras palabras, la creación de un fondo de amortización de la deuda pública».

Este plan fantástico, todavía menos sensato que el plan financiero del loco de una de las novelas de Cervantes que proponía a todo el pueblo español abstenerse de comer y beber solo dos semanas para obtener los medios de saldar la deuda pública,[^8] ocupó, sin embargo, la imaginación de Pitt. Según él mismo reconoció, sobre esta base levantó en 1786 su fondo de amortización de la deuda pública, al que asignó una suma fija de 5.000.000 de libras esterlinas, que había de pagarse «puntualmente» cada año con este fin. El sistema no se abandonó hasta 1825, cuando la Cámara de los Comunes acordó que solo el superávit *bona fide* de los ingresos del país se emplearía en pagar la deuda pública. Todo el sistema del crédito público quedó embrollado por esta extraña clase de fondo de amortización. Entre lo que se tomaba prestado por necesidad y lo que se tomaba arbitrariamente, entre los empréstitos que aumentaban la deuda y los que habían de pagarla, se produjo una confusión enmarañada; intereses e intereses compuestos, deudas y amortización bailaban en sucesión incesante ante los ojos de la gente; había tal fantasmagoría de consolidados y bonos, de obligaciones y letras del Tesoro, de capital sin intereses e intereses sin capital, que el entendimiento más claro se extraviaba. El principio del doctor Price era que el Estado debía tomar dinero prestado a interés simple para multiplicarlo a interés compuesto. En realidad, el Reino Unido contrajo una deuda de 1.000 millones de libras esterlinas por la que recibió nominalmente unos 600 millones, mientras que 390 millones de esa suma se destinaron, no a pagar la deuda, sino a mantener el fondo de amortización. El ministro de Hacienda palmerstoniano había intentado volver a cargar a John Bull con esta gloriosa institución, que caracteriza la edad de oro de los agiotistas y los especuladores. El señor Disraeli le dio el *coup de grâce*.

[^1]: Novela de Disraeli publicada en 1831.

[^2]: George Cornewall Lewis, ministro de Hacienda (canciller del Exchequer) en el gabinete de Palmerston de 1855 a 1858.

[^3]: Según el presupuesto de Gladstone de 1853, el impuesto sobre la renta debía ir bajando hasta desaparecer en 1860.

[^4]: Apodo popular del irlandés.

[^5]: Juego de palabras con *spirits*, que en inglés significa a la vez «espíritus», «ánimo» y «bebidas espirituosas».

[^6]: George Carr Glyn (1797-1873), banquero londinense y diputado liberal.

[^7]: Richard Price (1723-1791), filósofo moral y economista inglés. Marx cita este mismo pasaje en *El capital*, libro III, capítulo 24.

[^8]: El arbitrista del *Coloquio de los perros*, de Cervantes, que proponía que todos los vasallos ayunaran un día al mes para pagar las deudas del rey.
