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Title: Historia del comercio del opio (1858)
Description: Dos editoriales de Marx para el New-York Daily Tribune sobre la historia del comercio del opio, impuesto a China por la Compañía de las Indias Orientales y el gobierno británico, cuyas finanzas indias descansan en su carácter de contrabando: el principio de la moral frente al principio del lucro.
Author: Karl Marx
Date: 1858-08-31
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1858%20Historia%20del%20comercio%20del%20opio
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*Escrito en inglés por Karl Marx el 31 de agosto y el 3 de septiembre de 1858 y publicado como editorial en el* New-York Daily Tribune*, del 20 y del 25 de septiembre de 1858 (núms. 5433 y 5438). Traducido del original inglés según la transcripción de Harold Newson del texto de* Marx on China, 1853-1860 *(Londres, 1951) en el Marx-Engels Archive (marxists.org), cotejado con la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 12 (Berlín, 1961, pp. 549-556), por la Escuela de marxismo, 2026. Se corrigen las erratas de lectura de la transcripción cotejándolas con la MEW, entre ellas «principle of self» por «pelf» (en la MEW, «Mammon») y «Hong Kong merchants» por «Hong merchants»; se señala con [...] una laguna del segundo artículo. Las notas son nuestras. [Texto original en inglés](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1858%20History%20of%20the%20Opium%20Trade).*

## I

La noticia del nuevo tratado arrancado a China por los plenipotenciarios aliados[^1] parece haber evocado las mismas desatadas perspectivas de una inmensa extensión del comercio que danzaron ante los ojos del espíritu comercial en 1845, tras la conclusión de la primera guerra china. Suponiendo que los telegramas de San Petersburgo hayan dicho la verdad, ¿es del todo seguro que a la multiplicación de sus emporios ha de seguir un aumento del comercio chino? ¿Hay alguna probabilidad de que la guerra de 1857-1858 conduzca a resultados más espléndidos que la guerra de 1839-1842? Lo cierto es que el tratado de 1842,[^2] en lugar de aumentar las exportaciones norteamericanas e inglesas a China, solo sirvió para precipitar y agravar la crisis comercial de 1847. De modo semejante, al suscitar sueños de un mercado inagotable y fomentar falsas especulaciones, el tratado actual puede contribuir a preparar una nueva crisis en el mismo momento en que el mercado mundial se recupera lentamente de la reciente sacudida universal. Además de su resultado negativo, la primera guerra del opio consiguió estimular el comercio del opio a costa del comercio legítimo, y lo mismo hará esta segunda guerra del opio si Inglaterra no se ve obligada, por la presión general del mundo civilizado, a abandonar el cultivo forzoso del opio en la India y la propaganda armada del opio en China. Renunciamos a detenernos en la moralidad de ese comercio, que Montgomery Martin,[^3] inglés él mismo, describe en los términos siguientes:

> «Vaya, la “trata de esclavos” era misericordiosa comparada con el “comercio del opio”. Nosotros no destruíamos los cuerpos de los africanos, porque nuestro interés inmediato era mantenerlos vivos; no degradábamos su naturaleza, ni corrompíamos sus mentes, ni destruíamos sus almas. Pero el vendedor de opio mata el cuerpo después de haber corrompido, degradado y aniquilado el ser moral de unos desdichados pecadores, mientras cada hora trae nuevas víctimas a un Moloc que no conoce la saciedad, y donde el asesino inglés y el suicida chino rivalizan en ofrendas ante su altar.»

Los chinos no pueden aceptar a la vez las mercancías y la droga; en las circunstancias actuales, la extensión del comercio chino se resuelve en la extensión del comercio del opio; el crecimiento de este último es incompatible con el desarrollo del comercio legítimo: estas proposiciones estaban bastante generalmente admitidas hace dos años. Una comisión de la Cámara de los Comunes, nombrada en 1847 para examinar el estado de las relaciones comerciales británicas con China, informó así:

> Lamentamos «que el comercio con ese país se encuentre desde hace algún tiempo en un estado muy poco satisfactorio, y que el resultado de nuestras relaciones ampliadas no haya realizado en modo alguno las justas esperanzas que naturalmente se habían fundado en un acceso más libre a un mercado tan magnífico.... Encontramos que las dificultades del comercio no nacen de una falta de demanda en China de artículos de la manufactura británica, ni de la creciente competencia de otras naciones.... El pago del opio ... absorbe la plata, con grave perjuicio del tráfico general de los chinos; y el té y la seda tienen de hecho que absorber el resto».

*The Friend of China*,[^4] del 28 de julio de 1849, generalizando la misma proposición, dice en términos expresos:

> «El comercio del opio progresa sin cesar. El aumento del consumo de té y de seda en Gran Bretaña y en los Estados Unidos solo tendría por resultado el aumento del comercio del opio; la causa de los fabricantes no tiene esperanza.»

Uno de los principales comerciantes norteamericanos en China, en un artículo publicado en el *Merchants' Magazine* de Hunt[^5] de enero de 1850, redujo toda la cuestión del comercio con China a este punto: «¿Qué rama del comercio hay que suprimir, el comercio del opio o el comercio de exportación de productos norteamericanos o ingleses?». Los propios chinos tenían exactamente la misma opinión del asunto. Montgomery Martin cuenta: «Pregunté al taotai[^6] de Shanghái cuál sería el mejor medio de aumentar nuestro comercio con China, y su primera respuesta, en presencia del capitán Balfour,[^7] cónsul de Su Majestad, fue: “Dejen de enviarnos tanto opio, y podremos comprarles sus manufacturas”».

La historia del comercio general de los últimos ocho años ha ilustrado de una manera nueva y llamativa estas proposiciones; pero, antes de analizar los efectos perniciosos del comercio del opio sobre el comercio legítimo, nos proponemos dar una breve reseña del nacimiento y el progreso de ese tráfico portentoso que, ya consideremos las trágicas colisiones que forman, por así decir, el eje en torno al cual gira, ya los efectos que ha producido en las relaciones generales entre el mundo oriental y el occidental, está solo en los anales de la humanidad. Antes de 1767, la cantidad de opio exportada de la India no pasaba de 200 cajas, de unas 133 libras de peso cada una. El opio estaba admitido legalmente en China como medicina, con el pago de un derecho de unos 3 dólares por caja; los portugueses, que lo traían de Turquía, eran casi los únicos que lo importaban al Celeste Imperio. En 1773, el coronel Watson y el vicepresidente Wheeler, personas que merecen ocupar un lugar entre los Hermentiers, los Palmer[^8] y otros envenenadores de fama mundial, sugirieron a la Compañía de las Indias Orientales la idea de emprender el tráfico del opio con China. En consecuencia, se estableció un depósito de opio en barcos anclados en una bahía al sudoeste de Macao. La especulación fracasó. En 1781 el gobierno de Bengala envió a China un buque armado cargado de opio, y en 1794 la Compañía estacionó un gran buque de opio en Whampoa, el fondeadero del puerto de Cantón. Parece que Whampoa resultó un depósito más cómodo que Macao, porque solo dos años después de elegirlo, el gobierno chino juzgó necesario dictar una ley que amenazaba a los contrabandistas chinos de opio con ser apaleados con una caña de bambú y expuestos por las calles con collares de madera al cuello. Hacia 1798 la Compañía de las Indias Orientales dejó de ser exportadora directa de opio, pero se convirtió en su productora. Se estableció en la India el monopolio del opio; y mientras a los barcos de la propia Compañía se les prohibía hipócritamente traficar con la droga, las licencias que concedía a los barcos particulares que comerciaban con China contenían una cláusula que les imponía una pena si se cargaban con opio que no fuera de fabricación de la Compañía. En 1800 la importación en China había llegado a 2.000 cajas. Tras haber tenido durante el siglo XVIII el aspecto común a todas las contiendas entre el comerciante extranjero y la aduana nacional, la lucha entre la Compañía de las Indias Orientales y el Celeste Imperio tomó, desde principios del siglo XIX, rasgos muy distintos y excepcionales; mientras el emperador chino, para atajar el suicidio de su pueblo, prohibía a la vez la importación del veneno por los extranjeros y su consumo por los naturales, la Compañía de las Indias Orientales iba convirtiendo rápidamente el cultivo del opio en la India y su venta de contrabando a China en partes internas de su propio sistema financiero.

Mientras el semibárbaro se atenía al principio de la moral, el civilizado le oponía el principio del lucro. Que un imperio gigantesco, que contiene casi un tercio del género humano, que vegeta a despecho del tiempo, aislado por la exclusión forzosa del intercambio general y que así se las arregla para engañarse con ilusiones de perfección celeste; que un imperio así sea al fin alcanzado por el destino con ocasión de un duelo a muerte en el que el representante del mundo anticuado aparece movido por motivos éticos, mientras el representante de la abrumadora sociedad moderna lucha por el privilegio de comprar en los mercados más baratos y vender en los más caros: esto es, en verdad, una especie de copla trágica más extraña que cuanto ningún poeta se hubiera atrevido a imaginar.

## II

Fue la asunción del monopolio del opio en la India por el gobierno británico lo que condujo a la proscripción del comercio del opio en China. Los crueles castigos infligidos por el legislador celeste a sus propios súbditos contumaces y la severa prohibición establecida en las aduanas chinas resultaron igualmente inútiles. El efecto siguiente de la resistencia moral del chino fue la desmoralización, por obra del inglés, de las autoridades imperiales, de los funcionarios de aduanas y de los mandarines en general. La corrupción que carcomió el corazón de la burocracia celeste y destruyó el baluarte de la constitución patriarcal entró de contrabando en el imperio junto con las cajas de opio, desde los buques depósito ingleses anclados en Whampoa.

Criado por la Compañía de las Indias Orientales, combatido en vano por el gobierno central de Pekín, el comercio del opio fue tomando proporciones cada vez mayores, hasta que en 1816 absorbía unos 2.500.000 dólares. La apertura en aquel año del comercio indio, con la sola excepción del comercio del té, que siguió siendo monopolio de la Compañía de las Indias Orientales, dio un estímulo nuevo y poderoso a las operaciones de los contrabandistas ingleses. En 1820 el número de cajas introducidas de contrabando en China había aumentado a 5.147; en 1821, a 7.000, y en 1824, a 12.639. Entretanto, el gobierno chino, al tiempo que dirigía amenazadoras reconvenciones a los comerciantes extranjeros, castigaba a los comerciantes del *hong*,[^9] conocidos como sus cómplices, desplegaba una actividad insólita en la persecución de los consumidores indígenas de opio y aplicaba en sus aduanas medidas más rigurosas. El resultado final, como el de esfuerzos semejantes en 1794, fue desplazar los depósitos de opio de una base de operaciones precaria a otra más cómoda. Macao y Whampoa fueron abandonados por la isla de Lintin, a la entrada del río de Cantón, para convertirse allí en [...] tripulados.[^10] Del mismo modo, cuando el gobierno chino consiguió momentáneamente detener las operaciones de las antiguas casas de Cantón, el comercio solo cambió de manos y pasó a una clase inferior de hombres, dispuestos a ejercerlo a todo riesgo y por cualquier medio. Gracias a las mayores facilidades así obtenidas, el comercio del opio aumentó en los diez años de 1824 a 1834 de 12.639 a 21.785 cajas.

Como los años 1800, 1816 y 1824, el año 1834 marca una época en la historia del comercio del opio. La Compañía de las Indias Orientales perdió entonces no solo su privilegio de comerciar con el té chino, sino que tuvo que suspender y abstenerse de todo negocio comercial. Al transformarse así la Compañía de establecimiento mercantil en establecimiento meramente gubernamental, el comercio con China quedó completamente abierto a la empresa privada inglesa, que lo impulsó con tal vigor que en 1837 se introdujeron con éxito de contrabando en China 39.000 cajas de opio, valoradas en 25.000.000 de dólares, pese a la desesperada resistencia del gobierno celeste. Dos hechos reclaman aquí nuestra atención: primero, que de cada paso en el progreso del comercio de exportación a China desde 1816, una parte desproporcionadamente grande recayó progresivamente en la rama del contrabando de opio; y segundo, que a la par con la extinción gradual del interés mercantil ostensible del gobierno angloindio en el comercio del opio creció la importancia de su interés fiscal en ese tráfico ilícito. En 1837 el gobierno chino había llegado por fin a un punto en que no podía aplazarse más una acción decidida. La continua salida de plata causada por las importaciones de opio había empezado a desordenar el erario, así como la circulación monetaria del Celeste Imperio. Xu Naiji,[^11] uno de los estadistas chinos más distinguidos, propuso legalizar el comercio del opio y sacar dinero de él; pero tras una deliberación completa, en la que participaron todos los altos funcionarios del imperio y que se prolongó durante más de un año, el gobierno chino decidió que, «a causa de los daños que infligía al pueblo, no debía legalizarse el nefando tráfico». Ya en 1830 un derecho del 25 por ciento habría producido un ingreso de 3.850.000 dólares. En 1837 habría producido el doble, pero entonces el bárbaro celeste se negó a establecer un impuesto que sin duda habría crecido en proporción a la degradación de su pueblo. En 1853, Xianfeng,[^12] el actual emperador, en circunstancias todavía más apuradas y con pleno conocimiento de la inutilidad de todos los esfuerzos por detener la creciente importación de opio, perseveró en la severa política de sus antepasados. Permítaseme observar, *en passant*, que al perseguir el consumo de opio como una herejía, el emperador dio a su tráfico todas las ventajas de una propaganda religiosa. Las medidas extraordinarias del gobierno chino en los años 1837, 1838 y 1839, que culminaron en la llegada del comisario Lin[^13] a Cantón y en la confiscación y destrucción, por orden suya, del opio de contrabando, dieron el pretexto para la primera guerra anglo-china, cuyos resultados se desarrollaron en la rebelión china,[^14] el agotamiento completo del erario imperial, el avance victorioso de Rusia desde el norte y las dimensiones gigantescas que tomó el comercio del opio en el sur. Aunque proscrito en el tratado con que Inglaterra puso fin a una guerra comenzada y proseguida en su defensa, el comercio del opio ha gozado prácticamente de completa impunidad desde 1843. La importación se calculaba en 1856 en unos 35.000.000 de dólares, mientras que en el mismo año el gobierno angloindio obtenía del monopolio del opio un ingreso de 25.000.000 de dólares, justo la sexta parte de sus ingresos totales como Estado. Los pretextos con que se ha emprendido la segunda guerra del opio son demasiado recientes para necesitar comentario.[^15]

No podemos dejar esta parte del asunto sin señalar una flagrante contradicción del gobierno británico, que tanto predica el cristianismo y tanto trafica con la civilización. En su calidad imperial, finge ser completamente ajeno al contrabando de opio y hasta firma tratados que lo proscriben. Sin embargo, en su calidad india, impone el cultivo del opio a Bengala, con gran daño para los recursos productivos de ese país; obliga a una parte de los *ryots*[^16] indios a dedicarse al cultivo de la adormidera; atrae a otra parte a lo mismo a fuerza de anticipos de dinero; mantiene en sus manos como estricto monopolio la fabricación al por mayor de la droga nociva; vigila con todo un ejército de espías oficiales su cultivo, su entrega en los lugares fijados, su espesamiento y preparación al gusto de los consumidores chinos, su empaquetado en una forma especialmente adaptada a la comodidad del contrabando y, por último, su transporte a Calcuta, donde se subasta en las ventas del gobierno y los funcionarios del Estado lo entregan a los especuladores, para pasar de ahí a manos de los contrabandistas que lo desembarcan en China. La caja que le cuesta al gobierno británico unas 250 rupias se vende en la subasta de Calcuta a un precio que va de 1.210 a 1.600 rupias. Pero, no satisfecho todavía con esta complicidad de hecho, el mismo gobierno lleva hasta hoy cuentas expresas de pérdidas y ganancias con los comerciantes y armadores que se embarcan en la arriesgada operación de envenenar un imperio.

Las finanzas indias del gobierno británico se han hecho depender, en efecto, no solo del comercio del opio con China, sino del carácter de contrabando de ese comercio. Si el gobierno chino legalizara el comercio del opio y tolerara a la vez el cultivo de la adormidera en China, el erario angloindio sufriría una seria catástrofe. Mientras predica abiertamente el libre comercio del veneno, defiende en secreto el monopolio de su fabricación. Siempre que examinamos de cerca la naturaleza del librecambio británico, encontramos por lo general en el fondo de su «libertad» el monopolio.

[^1]: Los tratados de Tianjin, firmados en junio de 1858 por China con Gran Bretaña, Francia, Rusia y los Estados Unidos durante la segunda guerra del opio (1856-1860).

[^2]: El tratado de Nankín, del 29 de agosto de 1842, que puso fin a la primera guerra del opio: China cedió Hong Kong, abrió cinco puertos al comercio británico y pagó una indemnización.

[^3]: Robert Montgomery Martin (1803-1868), estadístico e historiador de las colonias británicas, tesorero de Hong Kong en 1844-1845.

[^4]: *The Friend of China*, periódico inglés de Hong Kong.

[^5]: *Merchants' Magazine and Commercial Review*, revista mensual de Nueva York fundada por Freeman Hunt.

[^6]: Alto funcionario provincial chino, intendente de un circuito.

[^7]: George Balfour (1809-1894), oficial británico, primer cónsul en Shanghái (1843-1846).

[^8]: William Palmer (1824-1856), médico inglés ahorcado en 1856 por envenenamiento. No hemos identificado a los Hermentiers.

[^9]: Los comerciantes del *cohong* de Cantón, gremio que tenía el monopolio del comercio con los extranjeros hasta 1842.

[^10]: Faltan aquí palabras en el texto inglés de que disponemos. La MEW dice: «para estacionar allí definitivamente los depósitos de opio en barcos fuertemente armados y bien tripulados».

[^11]: Xu Naiji (1777-1839), alto funcionario chino, que en 1836 propuso legalizar el opio; el texto inglés lo llama Heu Nailzi.

[^12]: El emperador Xianfeng (1831-1861), que reinó desde 1850; el texto inglés lo llama Hien Fang.

[^13]: Lin Zexu (1785-1850), comisario imperial enviado a Cantón en 1839 para acabar con el contrabando de opio; hizo destruir más de veinte mil cajas.

[^14]: La rebelión de los Taiping, iniciada en 1850-1851.

[^15]: El incidente del *Arrow*, en octubre de 1856, cuando las autoridades chinas de Cantón detuvieron la tripulación de un barco con pabellón británico; los británicos lo tomaron como pretexto para bombardear Cantón.

[^16]: Campesinos cultivadores de la India.
