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Title: ¡Invasión! (1859)
Description: Artículo de Marx en el semanario londinense Das Volk sobre la idea napoleónica de invadir Inglaterra, que tras la guerra de Italia vuelve una y otra vez a la orden del día: la paz armada como dogma, la táctica bonapartista de retroceder para avanzar y la invasión como apuesta a todo o nada de un régimen abocado a la ruina.
Author: Karl Marx
Date: 1859-07-30
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1859%20%C2%A1Invasi%C3%B3n%21
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*Escrito por Karl Marx en alemán y publicado en* Das Volk *(Londres), núm. 13, del 30 de julio de 1859. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 13 (Berlín, 1961, pp. 444-446), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1859%20Invasion!).*

De todos los dogmas de la política mojigata de nuestros días, ninguno ha causado más desgracias que el de que «para tener paz hay que prepararse para la guerra». Esta gran verdad, que se distingue sobre todo por contener una gran mentira, es el grito de guerra que ha llamado a las armas a Europa entera y ha engendrado un fanatismo tan soldadesco que cada nuevo tratado de paz se ve como una nueva declaración de guerra y se explota con avidez. Mientras los Estados de Europa se han convertido así en otros tantos campamentos, cuyos mercenarios arden en deseos de lanzarse unos contra otros y degollarse mutuamente en honor de la paz, antes de cada nuevo estallido solo se trata de la insignificante menudencia de saber de qué lado ponerse. En cuanto los parlamentarios diplomáticos dejan resuelta satisfactoriamente esta consideración secundaria con ayuda del acreditado *si vis pacem, para bellum*,[^1] comienza una de esas guerras civilizadoras cuya frívola barbarie pertenece a la mejor época de los caballeros salteadores, pero cuya refinada perfidia es exclusiva del período más moderno de la burguesía imperialista.

En tales circunstancias, no debe extrañarnos que la disposición general a la barbarie adquiera cierto método, que la inmoralidad se haga sistema, que la falta de ley tenga sus legisladores y el derecho del puño sus códigos. Si se vuelve tan a menudo a las *idées napoléoniennes*,[^2] es porque esas fantasías disparatadas del prisionero de Ham se han convertido en el Pentateuco de la moderna religión de los estafadores y en la revelación de la estafa imperial de la guerra y de la bolsa.

Luis Napoleón declaró en Ham:

> «Rara vez triunfa al primer golpe una gran empresa».

Convencido de esta verdad, domina el arte de retirarse en el momento oportuno para tomar poco después un nuevo impulso, y de repetir esta maniobra hasta que su adversario se confía y las consignas repartidas se vuelven triviales, ridículas y, precisamente por eso, peligrosas. Este arte de contemporizar para engañar a la opinión pública, de retroceder para avanzar con menos estorbos, en una palabra, el secreto del *ordre, contre-ordre, désordre*,[^3] fue su aliado más poderoso en el golpe de Estado.

Respecto a la idea napoleónica de la *invasión de Inglaterra*, parece querer seguir la misma táctica. Esta palabra, tantas veces desmentida, tantas veces ridiculizada, tantas veces ahogada en champán de Compiègne,[^4] vuelve a ponerse una y otra vez, pese a todas las derrotas aparentes que ha sufrido, en el orden del día del chismorreo europeo. Nadie sabe de dónde sale de repente, pero todos sienten que su mera existencia es una potencia aún no vencida. Hombres serios, como lord Lyndhurst, con sus 84 años, y Ellenborough, que no es ciertamente un cobarde,[^5] retroceden ante el misterioso poder de esta palabra. Si una simple frase es capaz de causar tan fuerte impresión en el gobierno, el Parlamento y el pueblo, eso solo prueba que se siente y se sabe instintivamente que tras ella marcha un ejército de 400.000 hombres con el que habrá que luchar a vida o muerte, o no habrá manera de librarse de la siniestra palabra.

El artículo del *Moniteur* que, comparando el presupuesto naval inglés con el francés, presenta a Inglaterra como la autora responsable de los costosos armamentos; el tono irritado de la introducción y de la conclusión de este documento, salidas de la más alta mano; el comentario oficioso de la *Patrie*, que contiene una amenaza abiertamente impaciente; la orden, que sigue inmediatamente, de poner en pie de paz las fuerzas francesas: todos estos son momentos tan característicos de la táctica bonapartista que se comprende muy bien la atención seriísima que la prensa y la opinión pública inglesas dedican a la cuestión de la invasión. Si Francia «*no se arma*», como nos declaraba enfáticamente el señor Walewski[^6] antes de estallar la guerra de Italia, con la conciencia de su inocencia incomprendida, de ahí sale una campaña libertadora de tres meses; pero, si encima *desarma* al ejército que no estaba armado, podemos prepararnos para un golpe extraordinario.

Sin duda, el señor Bonaparte no podría conducir a sus hordas pretorianas a ninguna empresa más popular en Francia y en gran parte del continente europeo que una invasión de Inglaterra. Cuando Blücher, en su visita a Inglaterra, recorrió a caballo las calles de Londres, exclamó con la alegría espontánea de su conciencia de soldado: «¡Dios mío, qué ciudad para saquearla!»; una exclamación cuyo poder de seducción sabrán apreciar los pretorianos imperiales. Pero la invasión sería popular también entre la burguesía dominante, y precisamente por las razones que da el *Times* para mantener la *entente cordiale*, cuando dice:

> «Nos alegra ver a Francia poderosa. Mientras colaboremos como protectores del orden y amigos de la civilización, su fuerza es nuestra fuerza y *su prosperidad es nuestra fortaleza*».

Con una flota de 449 buques, de los que 265 son vapores de guerra, con un ejército de 400.000 hombres al que Italia ha costado sangre y *gloire*, con el testamento de Santa Elena[^7] en el bolsillo y la ruina inevitable ante los ojos, el señor Bonaparte es precisamente el hombre que lo jugará todo a la invasión. Tiene que jugárselo todo a una carta; tarde o temprano, pero tiene que jugar.

[^1]: «Si quieres la paz, prepara la guerra», máxima latina derivada de Vegecio.

[^2]: *Des idées napoléoniennes* (Las ideas napoleónicas), libro de Luis Napoleón Bonaparte publicado en 1839. Tras el fallido golpe de Boulogne (1840) estuvo preso en la fortaleza de Ham hasta su fuga en 1846.

[^3]: «Orden, contraorden, desorden».

[^4]: El palacio de Compiègne, residencia de otoño de Napoleón III, donde celebraba recepciones con invitados extranjeros.

[^5]: John Singleton Copley, lord Lyndhurst (1772-1863), varias veces lord canciller; Edward Law, conde de Ellenborough (1790-1871), político tory, antiguo gobernador general de la India.

[^6]: Alexandre Colonna-Walewski (1810-1868), hijo natural de Napoleón I, ministro de Asuntos Exteriores de Napoleón III de 1855 a 1860.

[^7]: El testamento de Napoleón I, redactado en Santa Elena en 1821.
