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Title: El Spree y el Mincio (1859)
Description: Artículo de Marx en Das Volk: Bonaparte se sirve de Kossuth, Klapka, Vogt y Garibaldi como Voltaire de sus monos, pero no puede cerrar el cráter de la revolución, y la mediación armada de Prusia la pone a la orden del día.
Author: Karl Marx
Date: 1859-06-25
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1859%20El%20Spree%20y%20el%20Mincio
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*Escrito en alemán por Karl Marx y publicado en* Das Volk *(Londres), núm. 8, del 25 de junio de 1859. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 13 (Berlín, 1961, pp. 391-393), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Se corrigen algunas erratas evidentes de la edición digital de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1859%20Spree%20und%20Mincio).*

Como es sabido, Voltaire tenía en Ferney cuatro monos a los que había puesto los nombres de sus cuatro adversarios literarios, Fréron, La Beaumelle, Nonnotte y Lefranc de Pompignan.[^1] No pasaba día sin que el poeta les diera de comer con su propia mano, los obsequiara con puntapiés, les pellizcara las orejas, les pinchara la nariz con agujas, les pisara el rabo, los metiera en capuchas de cura y los maltratara de todas las maneras imaginables. Estos monos de la crítica le eran tan necesarios al viejo de Ferney para desahogar su bilis, satisfacer su odio y calmar su miedo a las armas de la polémica como lo son los monos de la revolución para Luis Bonaparte en Italia. También a los Kossuth, Klapka, Vogt y Garibaldi[^2] se les da de comer, se les ponen collares de oro, se les tiene bajo siete llaves, y ora se les halaga, ora se les sirven puntapiés, según prevalezca en el humor de su amo el odio o el miedo a la revolución. Los pobres monos de la revolución han de ser también sus rehenes: han de garantizar al hombre del 2 de diciembre el armisticio del partido revolucionario, para que pueda destruir sin estorbo los arsenales de las bombas de Orsini[^3] y sorprender y estrangular en su propio campo al enemigo ante el que tanto tiempo tembló en las Tullerías.

El Imperio *tiene que volver a significar la paz*,[^4] o no valía la pena haber cometido tantas infamias, prestado tantos falsos juramentos y soportado tantas humillaciones para fundarlo. Un Imperio inseguro por las bombas revolucionarias, las sociedades secretas, los burgueses insolentes y los soldados desenfrenados es insoportable. *Marchons!* Aquí está la gloria, aquí están las ideas napoleónicas, la libertad, la nacionalidad, la independencia, todo lo que queráis; pero *marchons, marchons!*

La idea de hacer de Italia una ratonera de la revolución es bastante astuta; solo que no puede llevarse a cabo, porque todo el que se deja atrapar en ella deja de tener la menor importancia para el partido revolucionario en el mismo instante en que muerde el cebo. Querer cerrar el cráter de la revolución arrojando en él de cabeza a los señores Kossuth, Klapka, Vogt y Garibaldi es verdaderamente pueril y solo sirve para acelerar la erupción.

Aunque con su ayuda se lograra apagar en Italia una bomba de Orsini, estallaría otra en Francia, en Alemania, en Rusia o dondequiera que sea; porque la exigencia de la revolución y su necesidad natural son tan generales como la desesperación de los pueblos pisoteados sobre los que habéis edificado vuestro trono, como el odio de los proletarios saqueados con cuya miseria tan divertido juego os habéis traído. Y solo cuando la revolución se ha convertido en fuerza elemental, incalculable e inevitable como el rayo, cuyo trueno no oís hasta que su proyectil mortal ha partido sin remedio, solo entonces es segura su erupción.

Dónde y cómo se produzca esa erupción tiene poca importancia. Lo principal es que se produzca. Esta vez parece que Prusia está destinada a dar expresión, a su pesar, a la necesidad revolucionaria general. El príncipe regente,[^5] que, por sí solo, «nunca dijo una tontería y nunca hizo nada sensato»,[^6] se ve obligado, por puro amor al conservadurismo, a asumir en serio el papel revolucionario con el que L[uis] Bonaparte, por miedo, afectación y capricho, no hace más que coquetear.

La *mediación armada* de Prusia, es decir, su alianza con Austria, *significa la revolución*.

El tono general de la prensa de Berlín prueba que, con la movilización del ejército, se ha abandonado la neutralidad como posición insostenible. Con mucha razón observa la *National-Zeitung*, órgano de los arrebatos liberales del gabinete:

> «La neutralidad puede ser, en las circunstancias actuales, un papel adecuado para Bélgica, Holanda o Suiza; para Prusia, la neutralidad es la muerte».

Si Bonaparte logra realizar sus nobles propósitos en Italia, la consecuencia, según el mismo periódico, aun si la guerra queda localizada y Francia no saca de ella ninguna adquisición territorial directa, no sería sino un protectorado militar francés sobre toda la península. Con ello la hegemonía ruso-francesa sobre el continente europeo, que en los últimos tres años se había dejado sentir ya tanto, se reforzaría hasta el punto de poder pasar en cualquier momento al reparto del dominio proclamado en Santa Elena. El nuevo Imperio mostraría exactamente las tendencias del primero y estaría incluso mejor situado, ya que nadie lo presiona desde fuera y puede, por tanto, elegir a su antojo el momento, el lugar y la ocasión para aislar a sus adversarios y aniquilarlos luego uno por uno. Para frustrar el éxito de este plan de batalla, llevado hasta ahora con tanta habilidad, Prusia se vería obligada a ir con Austria, en modo alguno con el propósito de tomar partido por la política de los Habsburgo, sino para luchar por su propia existencia.

Ese es más o menos el contenido del artículo citado, que se considera el programa de la política de la regencia. Nadie cree en el éxito del último intento de mediación, que se ha encargado al señor von Werther.[^7] Pero si Napoleón accediera a una paz que, en el mejor de los casos, tendría que dar nuevo alimento al descontento de sus oficiales y soldados, ya no haría falta combatirlo. Entonces se le podría aplicar lo que Horace Walpole dijo del diplomático sardo marqués de Very: está muerto, pero desea que se mantenga en secreto unos días más. Por mucho tiempo no lo conseguiría.

Si esa mediación, que difícilmente se ha emprendido en serio, fracasa, las batallas entre la tiranía napoleónica y el despotismo de los Habsburgo se librarán en el Mincio, pero las batallas de la libertad se librarán en el Óder y el Vístula. Ya se han concentrado enormes masas de tropas en Kalisz, a dos millas[^8] de la frontera prusiana. Se ha anunciado el paso por Hannover de un cuerpo de ejército prusiano en dirección al Rin, otro se mueve hacia el sur, y los comandantes de los distintos cuerpos federales han sido convocados a una conferencia militar en Berlín. Todas estas medidas solo afectan a la movilización de la vanguardia. El *ejército* que ha de librar la lucha contra Francia y Rusia aún no existe y solo puede reclutarse en el pueblo; no en el pueblo que declama los poemas teutones del teutón Luis,[^9] sino en el pueblo que se levanta con toda la energía demoledora del entusiasmo revolucionario. Si no se logra despertar ese entusiasmo, la movilización de los Hohenzollern, la mediación armada, la declaración de guerra, la conducción de la guerra, etc., descansan en el cálculo infantil del negro de la Costa de Oro que cree asestar a su adversario un golpe mortal si consigue ahorcarse él mismo en el poste de la puerta de su enemigo.

[^1]: Élie Fréron (1718-1776), Laurent Angliviel de La Beaumelle (1726-1773), Claude-François Nonnotte (1711-1793) y Jean-Jacques Lefranc de Pompignan (1709-1784), críticos y adversarios de Voltaire.

[^2]: Lajos Kossuth (1802-1894) y György Klapka (1820-1892), dirigentes de la revolución húngara de 1848-1849, negociaron en 1859 con Napoleón III la formación de una legión húngara; Carl Vogt (1817-1895), naturalista y diputado de 1848, hacía desde Ginebra propaganda bonapartista (Marx le respondió en 1860 con *Herr Vogt*).

[^3]: Felice Orsini (1819-1858), revolucionario italiano, atentó con bombas contra Napoleón III el 14 de enero de 1858.

[^4]: Variación sobre la frase de Luis Bonaparte en Burdeos (octubre de 1852): «L'Empire, c'est la paix» («El Imperio es la paz»).

[^5]: Guillermo de Prusia (1797-1888), regente desde 1858 por la enfermedad de su hermano Federico Guillermo IV, y luego rey y emperador alemán.

[^6]: Paráfrasis del epitafio burlesco que el conde de Rochester dedicó a Carlos II de Inglaterra: «Who never said a foolish thing, / Nor ever did a wise one».

[^7]: Karl von Werther (1809-1894), embajador de Prusia en Viena.

[^8]: Millas alemanas, de unos 7,5 kilómetros.

[^9]: Luis I de Baviera (1786-1868), autor de poesías patrióticas; «teutsch» es grafía arcaizante y enfática de «deutsch».
