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Title: El curso de la guerra contra los moros (1859)
Description: Editorial de Engels para el New-York Daily Tribune sobre las primeras semanas de la guerra de África: la inactividad de O'Donnell ante Ceuta, el valor de los moros en terreno quebrado y la inexperiencia del ejército español en el combate de escaramuza.
Author: Friedrich Engels
Date: 1859-12
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1859%20El%20curso%20de%20la%20guerra%20contra%20los%20moros
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*Escrito en inglés por Friedrich Engels a finales de 1859 (la MEW lo fecha hacia el 10 de diciembre, pero el texto recoge noticias del 20 de diciembre) y publicado como editorial en el* New-York Daily Tribune*, núm. 5846, del 19 de enero de 1860. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 13 (Berlín, 1961, pp. 548-551), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1859%20Der%20bisherige%20Verlauf%20des%20Krieges%20gegen%20die%20Mauren).*

Hemos esperado mucho tiempo alguna acción decisiva por parte del ejército español en Marruecos que pudiera dar por terminado el primer periodo, o periodo preparatorio, de la guerra.[^1] Pero en vano. El mariscal O'Donnell[^2] no parece tener prisa por dejar su campamento en las alturas del Serrallo, y nos vemos así obligados a examinar sus operaciones cuando apenas han empezado.

El 13 de noviembre, la primera división del ejército español de operaciones, al mando del general Echagüe,[^3] embarcó en Algeciras y unos días después desembarcó en Ceuta. El 17 salió de la ciudad y ocupó el Serrallo, es decir, la Casa Blanca, un gran edificio situado a una milla y media por delante de las posiciones de Ceuta. En esta zona el terreno es muy accidentado y quebrado, y especialmente apropiado para escaramuzas y combates irregulares. Tras un intento fallido de recuperar el Serrallo esa misma noche, los moros se retiraron, y los españoles empezaron a levantar un campamento atrincherado como base para futuras operaciones.

El 22 atacaron el Serrallo los anyerinos, una tribu mora que habita la zona en torno a Ceuta. Este combate abrió una serie de choques sin resultado que constituyen hasta ahora toda la campaña y que se parecen uno a otro como dos gotas de agua. Los moros atacan las líneas españolas en mayor o menor número e intentan apoderarse de parte de ellas mediante sorpresas o maniobras de engaño. Según los informes moros, por lo general lo consiguen, pero vuelven a abandonar los reductos porque no tienen artillería. Según los españoles, ningún moro ha visto nunca el interior de un reducto español, y todos sus ataques han resultado completamente inútiles. En el primer ataque, los anyerinos no pasaban de 1.600 hombres. Al día siguiente recibieron un refuerzo de 4.000 y reanudaron enseguida el ataque. El 22 y el 23 estuvieron llenos de escaramuzas, pero el 25 los moros avanzaron con todas sus tropas y se libró un encarnizado combate en el que el general Echagüe fue herido en la mano. Este ataque de los moros fue tan serio que sacó un poco al Cid Campeador O'Donnell de la modorra con que había llevado la guerra hasta entonces. Ordenó enseguida que embarcaran la segunda división, al mando del general Zavala, y la división de reserva, al mando del general Prim,[^4] y se trasladó él mismo a Ceuta. En la noche del 27, todo el ejército español de operaciones estaba concentrado ante esa plaza. El 29 hubo un nuevo ataque de los moros, que se repitió el 30. Ahora empezaron los españoles a pensar en su estrecha posición; el objetivo de su primer avance había de ser Tetuán, situada a unas 20 millas al sur de Ceuta y a cuatro millas del mar. Empezaron a construir una carretera hacia esa ciudad; los moros no opusieron resistencia hasta el 9 de diciembre. En la mañana de ese día sorprendieron a las guarniciones de los dos reductos más importantes, pero, como de costumbre, los abandonaron en el curso del día. El 12 hubo otro combate ante el campamento español, a unas cuatro millas de Ceuta; y el 20 telegrafía O'Donnell que los moros habían vuelto a atacar los dos reductos, pero que habían sido, como de costumbre, gloriosamente rechazados. Así pues, el 20 de diciembre las cosas no habían avanzado ni una jota desde el 20 de noviembre. Los españoles seguían a la defensiva y, pese a los anuncios hechos hacía quince días o tres semanas, no había señales de avance.

Con todos los refuerzos recibidos hasta el 8 de diciembre, los españoles contaban con 35.000 a 40.000 hombres, y 30.000 podrían estar disponibles para operaciones ofensivas. Con semejante fuerza, la conquista de Tetuán debería ser fácil. Es cierto que no hay buenos caminos y que todas las provisiones del ejército tienen que traerse de Ceuta. Pero ¿cómo lo hicieron los franceses en Argelia o los ingleses en la India? Además, las mulas y las bestias de tiro españolas no están tan malacostumbradas por los buenos caminos de su tierra como para que puedan negarse a andar por suelo moro. Alegue O'Donnell lo que alegue en su justificación, no puede haber excusa para esta inactividad continua. Los españoles son ahora tan fuertes como puedan serlo en cualquier momento de la campaña, salvo que reveses inesperados obliguen a esfuerzos extraordinarios. Los moros, en cambio, se hacen más fuertes cada día. El campamento de Tetuán, al mando del hach Abd es-Salam, que proporcionó las tropas para el ataque a la línea española del 3 de diciembre, ha crecido ya hasta 10.000 hombres sin contar la guarnición de la ciudad. En Tánger había otro campamento al mando de Muley Abbás,[^5] y llegaban constantemente refuerzos del interior. Solo esta consideración habría debido mover a O'Donnell a avanzar en cuanto lo permitiera el tiempo. Ha tenido buen tiempo, pero no ha avanzado. Sin duda es señal de una indecisión completa; se dio cuenta de que los moros no son ni mucho menos los adversarios despreciables que esperaba. No cabe duda de que estos han combatido magníficamente, y la mejor prueba de ello son las ruidosas quejas que llegan del campamento español sobre las ventajas que el terreno ante Ceuta ofrece a los moros.

Los españoles cuentan que los moros son muy temibles entre los matorrales y los barrancos, y que además conocen cada palmo de terreno; pero que, en cuanto bajan a los llanos, la solidez de la infantería española obliga pronto a los irregulares moros a dar media vuelta y huir. Es una conclusión bastante inquietante en una época en que el combate de escaramuza en terreno quebrado constituye las tres cuartas partes de toda batalla. Si los españoles, después de seis semanas ante Ceuta, no conocen el terreno tan bien como los moros, tanto peor para ellos. Que el terreno quebrado es más favorable para los irregulares que el llano está completamente claro. Pero incluso en terreno quebrado la infantería regular debería ser muy superior a los irregulares. El sistema moderno del combate de escaramuza, con grupos de apoyo y reservas detrás de la cadena dispersa de tiradores, la regularidad de los movimientos, la posibilidad de tener bien en la mano a las tropas y de hacer que se apoyen mutuamente y se empleen todas en un objetivo común, todo ello da a las tropas regulares tal superioridad sobre las bandas irregulares que, en un terreno especialmente apropiado para las escaramuzas, los irregulares nunca deberían ser capaces de resistirles, ni siquiera en una proporción de dos contra uno. Ante Ceuta, sin embargo, la proporción es la inversa. Los españoles son superiores en número y, aun así, no se atreven a avanzar. La única conclusión es que el ejército español no domina en absoluto el combate de escaramuza y que, por tanto, la inferioridad de cada soldado en este tipo de lucha compensa las ventajas que deberían darle su disciplina y su instrucción regular. En efecto, parece que se combate con inusitada frecuencia cuerpo a cuerpo, con yatagán y bayoneta. Cuando los españoles están lo bastante cerca, los moros dejan de disparar y se lanzan sobre ellos espada en mano, exactamente como solían hacer los turcos, y eso no es sin duda muy agradable para tropas tan inexpertas como las españolas. Con todo, los muchos encuentros que ha habido deberían haberlas familiarizado con las particularidades del modo de combatir de los moros y con la manera adecuada de hacerle frente; y si seguimos encontrando al comandante indeciso y aferrado a su posición defensiva, no podemos dar un buen certificado a su ejército.

El plan de campaña español parece, a juzgar por las medidas tomadas hasta ahora, considerar Ceuta como base de operaciones y Tetuán como primer objetivo de ataque. La parte de Marruecos situada justo enfrente de la costa española forma una especie de península de unas 30 a 40 millas de ancho y 30 millas de largo. Tánger, Ceuta, Tetuán y Larache (El-Araich) son las cuatro ciudades principales de esta península. Tomando estas cuatro ciudades, de las que Ceuta está ya en manos de los españoles, podría someterse fácilmente esta península y utilizarla como base para nuevas operaciones contra Fez y Mequínez. La conquista de esta península debería ser, pues, el objetivo de los españoles, y la toma de Tetuán el primer paso hacia él. Este plan parece bastante razonable; limita las operaciones a un territorio pequeño, cerrado por tres lados por el mar y por el cuarto por dos ríos (el de Tetuán y el Lucus), y por eso mucho más fácil de conquistar que el país más al sur. Evita además la necesidad de operar en el desierto, lo que habría sido inevitable si se hubiera tomado Mogador o Rabat como base de operaciones; y lleva la zona de combate cerca de las fronteras de España, pues de ellas solo la separa el estrecho de Gibraltar. Pero, sean cuales sean las ventajas de este plan, no sirven de nada si el plan no se ejecuta; y si O'Donnell sigue como hasta ahora, se cubrirá de vergüenza a sí mismo y a la reputación del ejército español, pese al lenguaje altisonante de su boletín.

[^1]: España declaró la guerra a Marruecos el 22 de octubre de 1859, tomando como pretexto los ataques de las cabilas vecinas a las obras de fortificación de Ceuta. La guerra terminó con la paz de Wad-Ras del 26 de abril de 1860.
[^2]: Leopoldo O'Donnell (1809-1867), presidente del Consejo de Ministros desde 1858, mandaba en persona el ejército de África; la toma de Tetuán le valió el título de duque de Tetuán.
[^3]: Rafael Echagüe (1815-1887), general español, jefe del primer cuerpo del ejército de África.
[^4]: Juan Zavala (1804-1879) y Juan Prim (1814-1870), generales españoles; Prim se distinguió en la batalla de los Castillejos y recibió el título de marqués de los Castillejos.
[^5]: Muley el Abbás, hermano del sultán de Marruecos Sidi Mohamed, mandaba el ejército marroquí.
