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Title: La guerra no avanza (1859)
Description: Editorial de Engels para el New-York Daily Tribune: dos ejércitos gigantescos frente a frente sin combatir, la indecisión de Gyulay, las inundaciones de la Lomellina que obligan a los austriacos a retirarse ante los elementos y el despliegue de los aliados.
Author: Friedrich Engels
Date: 1859-05-16
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1859%20La%20guerra%20no%20avanza
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*Escrito en inglés por Friedrich Engels el 16 de mayo de 1859 y publicado como editorial en el* New-York Daily Tribune*, núm. 5647, del 27 de mayo de 1859. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 13 (Berlín, 1961, pp. 339-343), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Se corrigen algunas erratas de la edición digital de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1859%20Der%20Krieg%20geht%20nicht%20vorw%C3%A4rts).*

Nuestros últimos telegramas del teatro de la guerra, que llegaron ayer con el *Asia*, alcanzan hasta el 13 de este mes, es decir, exactamente tres días más que las noticias traídas por el *Vanderbilt*. Estos telegramas consisten en breves y bastante confusos boletines del Gobierno sardo; los austriacos no dan partes de sus movimientos. En esos tres días no ocurrió nada de gran importancia. La campaña sigue manteniendo, en cuanto a lentitud, la primacía en los anales de la guerra moderna. Casi nos creemos trasladados a aquellos tiempos antediluvianos de una guerra pomposa e inactiva a los que Napoleón había puesto un fin tan repentino y tan decidido. Ahí están, frente a frente, en una línea de más de 40 millas, dos ejércitos gigantescos, cada uno de ellos capaz de operar en campaña con 100.000 a 140.000 hombres. Uno avanza; el otro reconoce, tiende sus antenas ora a un punto, ora a otro de la posición enemiga, y luego se retira, mientras el primero se queda en el terreno que ocupa, de modo que ahora los separa una distancia de ocho a veinte millas.

Hay algunos hechos que dan una explicación razonable de esta anomalía; pero sigue siendo una anomalía, y ello por el error que el bando atacante cometió al comienzo de la campaña. Como ya hemos expuesto, todo el propósito y el objetivo de la invasión austriaca del Piamonte quedaron frustrados por una indolencia y una indecisión de los movimientos austriacos que apenas pueden atribuirse a otra cosa que a la volubilidad del general Gyulay. Los informes recibidos desde entonces confirman plenamente esta opinión. Los austriacos no dan explicación alguna de la extraña conducta de su ejército, prueba clara de que toda la responsabilidad recae en su comandante en jefe. De hecho, ya una semana después de empezar la campaña los boletines austriacos empezaron a hablar del mal tiempo y de las inundaciones del país para justificar que su general se hubiera visto obligado a retirar sus tropas de los arrozales febriles del Po. Y ahora nos escribe nuestro bien informado corresponsal de Londres que el emperador austriaco ha relevado a Gyulay del mando supremo y que, imitando el ejemplo de Luis Napoleón, asumirá el mando junto con el general Hess.

Por lo que podemos juzgar ahora, la campaña parece haberse desarrollado así. Primero se adelantó el ala derecha austriaca contra Novara y Vercelli, con demostraciones en el lago Mayor. El centro, y probablemente también el ala izquierda, que marchaban en líneas paralelas por Vigevano y Pavía, se quedaron bastante atrás. El grueso de la columna de Pavía no llegó a Lomello hasta el 2 de mayo. La posición adelantada del ala derecha tenía al parecer por objeto, primero, distraer la atención de los aliados con la amenaza de un ataque contra el Dora y contra Turín y, segundo, requisar los recursos de la parte alta de la Lomellina en provecho del ejército austriaco. Solo el 3 de mayo se desarrolló el ataque del grueso del ejército austriaco contra la línea de Casale y Valenza. El 4 de mayo se hicieron demostraciones contra Frassineto (frente a la desembocadura del Sesia en el Po) y contra Valenza, mientras se acercaba el ala derecha al centro; al mismo tiempo se tendió un puente sobre el Po entre Cambio y Sale y se levantó una cabeza de puente en la orilla sur del río. Según algunos informes, aquí estableció el enlace con el grueso el octavo cuerpo de ejército austriaco, que al parecer había marchado desde Piacenza a lo largo de la orilla sur del Po, y cruzó el río tras una breve excursión a Tortona y Voghera y la destrucción del puente del ferrocarril sobre el Scrivia. Según otros informes, y según algunos de nuestros últimos telegramas, todavía hay una fuerza austriaca en la carretera entre Piacenza y Stradella. Es difícil decir si la excursión anunciada a Voghera se proponía ser un ataque fingido contra Novi y las comunicaciones entre Génova y Alessandria; en todo caso, indujo a la mayoría de los experimentados redactores de Turín, París y Londres a profetizar una batalla decisiva en el viejo campo de batalla de Novi o cerca de Marengo;[^1] la profecía quedó desmentida enseguida por la retirada de los austriacos a la orilla norte del Po y la destrucción de sus puentes. Después de los primeros días de mayo empezaron unas lluvias muy fuertes. El Po subió entonces de diez a doce pies en Pavía, y sus afluentes en proporción. Las inundaciones de los arrozales del valle del Po, que normalmente no son un obstáculo para un ejército en marcha, porque los caminos van por diques por encima del nivel de las crecidas, se convirtieron entonces en un asunto serio; todo el país y muchos caminos quedaron anegados. Además, los austriacos no marchaban; se quedaron en ese pantano y tuvieron que acampar en los caminos o en los campos mojados. Después de aguantar unos días en medio de esta inundación, se vieron obligados a retirarse a un terreno más alto y más seco. En todo caso, tienen que haber sufrido grandes pérdidas por enfermedad, sobre todo por el cólera y las fiebres. Siguió entonces un movimiento de concentración hacia la zona de Mortara y Novara, una retirada no ante el enemigo (que permaneció muy tranquilo en sus líneas), sino ante los elementos. Desde entonces los austriacos han levantado fortificaciones en la línea del Sesia y han enviado tropas de reconocimiento y de forrajeo hasta muy cerca de la línea del Dora, que forma la extrema izquierda de la posición aliada.

En todas estas operaciones no podemos descubrir un solo rasgo de buen generalato. En efecto, una vez desaprovechado el primer momento favorable para atacar la posición aliada, todo el avance sobre la Lomellina se volvió completamente inútil y perdió su sentido. Adelantar el ala derecha austriaca fue un error manifiesto. No había que perder tiempo en maniobras de engaño. El único plan de operaciones correcto era marchar derecho contra el enemigo, atacarlo y batirlo antes de que pudiera concentrar del todo sus fuerzas. Si es cierto que el octavo cuerpo de Benedek[^2] marchó por la orilla sur del Po, fue otro error; quedaba separado del grueso del ejército por un gran río, y si las lluvias hubieran empezado uno o dos días antes, habría sido imposible tender el puente en Cambio y los austriacos se habrían encontrado ellos mismos en la posición aislada en la que esperaban encontrar al enemigo. Todo el paso del Po parece habérselo impuesto la necesidad de traer a Benedek a la otra orilla. ¿Por qué no estaba en la orilla norte desde el principio? El tendido de puentes sobre el Po y las operaciones relacionadas con él les obligaron a permanecer en los pestilentes pantanos unos días más de lo que habría sido necesario. En fin, toda la campaña parece haber sido mal dirigida. En ninguno de estos movimientos austriacos hay resolución. Se hacen demostraciones en todas direcciones, pero en ninguna parte vemos un movimiento hacia un ataque de verdad. Así van tanteando su camino a lo largo de toda la línea del enemigo, hasta que por fin la inundación levanta entre los ejércitos contendientes una barrera infranqueable de varias millas de anchura. A falta de mejor ocupación, y para parecer al menos activos, reconocen ahora en dirección al Dora; pero todos esos reconocimientos los han llevado a cabo pequeñas columnas volantes que no pueden actuar con eficacia y tienen que dar media vuelta en cuanto topan con cualquier puesto avanzado.

Así pues, mientras los austriacos en realidad no hacen nada, sus adversarios parecen ocupados en el mismo juego. Ahora están tan concentrados como pueden estarlo en la larga línea que ocupan. Sus posiciones son las siguientes. La línea de la extrema izquierda, formada por el Dora y el Po hasta Casale, la ocupa el cuerpo francés del general Niel, que comprende dos divisiones. El ala izquierda está en Casale y se compone de dos divisiones piamontesas y 3.000 voluntarios al mando de Garibaldi.[^3] El centro, en Valenza, lo forman el cuerpo francés del general Mac-Mahon y una división piamontesa: en total, tres divisiones. El ala derecha, en Alessandria, se compone del cuerpo francés de Canrobert y una división piamontesa: en total, tres divisiones. En la extrema derecha, en Novi y Arquata, están el cuerpo francés de Baraguay d'Hilliers y una división piamontesa: en total, tres divisiones. La reserva la forman dos divisiones de la Guardia francesa en Génova. Si calculamos la división en 10.000 hombres (lo que será bastante alto, porque los franceses no han tenido tiempo de llamar a sus soldados con permiso y por eso tienen menos, mientras que las divisiones sardas son más fuertes), llegaríamos a un total de 150.000 hombres; esa es aproximadamente la fuerza de las tropas desplegadas ahora del lado aliado. De ellas se podrían emplear en combate de 110.000 a 120.000 hombres. Su actitud, hasta ahora extraordinariamente pasiva, puede deberse en parte a la falta de preparación de los franceses, que llevan muy poca artillería y munición, y en parte a órdenes de Luis Napoleón, que sin duda se propone cosechar él mismo los primeros laureles de la campaña. Este nuevo general llegó el 12 a Génova, donde el pueblo le recibió con aplausos. El 13 vio al rey,[^4] que vino del campamento para entrevistarse con él. El mismo día publicó una proclama napoleónica, cuyo texto damos en otra página, y el 14 pensaba trasladarse al ejército.

Las lluvias parecen haber amainado también, y el próximo correo o el siguiente pueden traernos noticias de carácter más definido. Este estado de vacilación y de inactividad no puede durar mucho más. O los austriacos tienen que volver a cruzar el Po, o tiene que darse una batalla en la Lomellina. Puede que los austriacos hayan buscado y preparado una posición defensiva fuerte para recibir allí el asalto de las tropas aliadas. Si la han encontrado, sería lo más sensato que podían hacer; no pueden retirarse sin combate alguno, y en una posición así estarían en condiciones de lanzar al combate toda la fuerza de que disponen ahora, mientras que los aliados quedarían debilitados por las guarniciones que tendrían que dejar en Casale, Alessandria y Valenza.

Entretanto, los dos bandos esperan refuerzos. Austria ha enviado a Trieste y sus alrededores un cuerpo de 50.000 hombres al mando del general Wimpffen[^5] para que sirva de reserva al ejército de Italia, mientras que Luis Napoleón ha organizado otros dos cuerpos de ejército para Italia; además, corren rumores de que el príncipe Napoleón[^6] mandará un ejército abigarrado que ha de desembarcar en algún lugar de la península para conquistar allí un reino para él.

[^1]: En Novi, al sur de Alessandria, los austrorrusos de Suvórov derrotaron a los franceses en 1799; en Marengo, cerca de Alessandria, Napoleón Bonaparte derrotó a los austriacos en 1800.

[^2]: Ludwig von Benedek (1804-1881), general austriaco, mandaba el 8.º cuerpo en 1859; en 1866 fue el comandante derrotado en Sadowa.

[^3]: Giuseppe Garibaldi (1807-1882), que en 1859 mandaba los Cazadores de los Alpes, un cuerpo de voluntarios del ejército sardo.

[^4]: Víctor Manuel II (1820-1878), rey de Cerdeña desde 1849 y de Italia desde 1861.

[^5]: Franz Emil Lorenz von Wimpffen (1797-1870), general austriaco, que en Solferino mandó el 1.er ejército.

[^6]: Jérôme Napoléon Bonaparte (1822-1891), primo de Napoleón III, llamado el príncipe Napoleón; en 1859 mandó el 5.º cuerpo, que desembarcó en Toscana.
