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Title: La inevitabilidad de la guerra (1859)
Description: Correspondencia de Engels para el New-York Daily Tribune: la diplomacia juega al congreso, pero Francia y Rusia solo quieren ganar tiempo; Alemania despierta y pide libertad y unidad, Rusia acecha en Oriente y Nápoles se asoma a la crisis.
Author: Friedrich Engels
Date: 1859-04-15
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1859%20La%20inevitabilidad%20de%20la%20guerra
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*Escrito en inglés por Friedrich Engels (correspondencia fechada en Londres el 15 de abril de 1859) y publicado en el* New-York Daily Tribune*, núm. 5624, del 30 de abril de 1859. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 13 (Berlín, 1961, pp. 300-302), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título lo pusieron los editores de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1859%20Die%20Unvermeidlichkeit%20des%20Krieges).*

Londres, viernes 15 de abril de 1859

Aunque la diplomacia sigue esforzándose con empeño por reunir un congreso y conseguir con su ayuda un arreglo pacífico de la cuestión italiana, ya nadie cree en la posibilidad de evitar la guerra. El gabinete inglés y Prusia desean sin duda sinceramente la paz; Rusia y Francia, en cambio, no persiguen con las negociaciones actuales otro propósito que ganar tiempo. Todavía hay mucha nieve en el Mont Cenis,[^1] por el que ha de pasar el ejército francés camino de Italia. Aún quedan por reclutar en Francia y en Argelia algunos regimientos franceses y árabes más, y los preparativos para transportar las tropas de Marsella y Tolón a Génova todavía no han terminado, mientras que los rusos necesitan tiempo para organizar la milicia valaca y el ejército irregular serbio. Entretanto, el partido de la guerra gana influencia en Viena, y Francisco José[^2] no desea nada con más ardor que el primer tronar de los cañones. ¿Por qué apoya entonces las propuestas de un congreso, si sabe que el aplazamiento que trae la diplomacia no hace más que agotar sus recursos financieros y aumentar la fuerza de sus enemigos? La respuesta hay que buscarla en la actitud del príncipe de Prusia,[^3] que, sin dejarse arrastrar por el entusiasmo alemán, busca un pretexto honroso para mantener una neutralidad decorosa y evitar los enormes gastos de una neutralidad armada que tarde o temprano llevaría a la guerra. Si Austria, en su afán de batir al ejército piamontés, empezara la guerra, esa política del gabinete de Berlín quedaría justificada incluso a los ojos de Alemania; en cambio, un ataque de los franceses contra Austria en Lombardía llevaría necesariamente a Francisco José a pedir oficialmente a la Confederación Germánica que pusiera en pie de guerra los ejércitos federales. Estas son las verdaderas intenciones de Austria, y resulta divertido ver cómo los diplomáticos de los distintos bandos intentan burlarse unos a otros con astutas jugadas para obligar al adversario a dar el primer golpe. Francia censura el despotismo de Austria; el hombre que pobló Lambessa y Cayena[^4] de republicanos franceses se escandaliza de que Francisco José llene sus cárceles de republicanos italianos. Por otro lado, Austria, que confiscó Cracovia[^5] y abolió la constitución húngara, invoca muy en serio la santidad de los tratados. Rusia, que ahora ha descubierto de repente que el papel moneda es un gran mal y por eso contrata un empréstito muy elevado, no tiene, naturalmente, intenciones belicosas, sino que propone cuatro puntos como base para un congreso. Son la réplica exacta de los famosos cuatro puntos que Austria presentó a Rusia durante la guerra de Crimea.[^6] Contienen la renuncia de Austria al protectorado sobre los ducados italianos, la celebración de un congreso para fijar el orden político y las reformas necesarias en Italia, y una revisión de los puntos secundarios de los grandes tratados, como el derecho a mantener guarniciones en Ferrara, Comacchio y Piacenza, que una declaración de neutralidad de Italia haría superfluo. Inglaterra acoge de buena fe estas propuestas, suaviza su forma y las comunica a Austria. El conde Buol[^7] se apresura, naturalmente, a aceptarlas, pero en un lenguaje tan equívoco que no deja lugar a dudas sobre su deseo de rechazarlas de plano. Añade, sin embargo, un punto nuevo, a saber, un desarme general previo. Lord Malmesbury[^8] considera esta propuesta muy razonable e invita al conde Cavour[^9] a licenciar una parte del ejército sardo y librar así al país de una gran carga. El conde Cavour no tiene nada que objetar a una sugerencia tan excelente, pero, señalando la enorme fuerza militar austriaca de Lombardía, se vuelve hacia el conde Buol y le dice: *«Después de usted.»* El conde Buol responde que no puede empezar a licenciar sus costosos batallones antes de que Napoleón haga lo mismo. Napoleón responde con descaro: «Yo no me he armado, de modo que no puedo desarmarme. No he pedido ningún empréstito ni a Rothschild ni a Péreire;[^10] no tengo presupuesto de guerra. Mantengo mi ejército con los recursos ordinarios del país; ¿cómo voy a desarmarme?». Desconcertado por esta respuesta insolente, pero empeñado todavía en probar fortuna como diplomático, lord Malmesbury propone a continuación que el congreso empiece por la cuestión del desarme y la resuelva la primera; pero la bolsa y toda persona sensata de Europa se ríen de su credulidad y se preparan para lo peor. La nación alemana está bastante excitada; pero la agitación contra Francia atizada por la corte de Hannover ha tomado de pronto otra dirección. Despertado de su apatía, el pueblo cree que ha llegado la hora de ajustar cuentas no solo en el extranjero, sino también en casa, y si el actual estado de incertidumbre se prolonga unos meses más, Alemania estará sin duda dispuesta a tomar las armas contra Francia, pero solo a condición de obtener en casa libertad y unidad. El príncipe de Prusia conoce en esto a sus compatriotas mejor que Francisco José o el rey de Baviera,[^11] y por eso intenta impedir que se extienda una excitación que no puede dejar de ser peligrosa para sus aspiraciones semidespóticas.

Rusia tiene ahora una ocasión favorable para desquiciar el Imperio turco con revoluciones en Bosnia, Bulgaria y Albania, o para vengarse del emperador de Austria. Naturalmente, no entraría en guerra contra Francisco José, pero podría instigar y apoyar una incursión moldovalaca en Transilvania y otra serbia en Hungría. El zar intentará sin duda, con ayuda de los elementos valacos y eslavonios, inquietar sobre todo a Hungría, porque un Estado húngaro independiente y libre podría convertirse en una barrera más eficaz contra su política agresiva que el decrépito despotismo centralizador de Austria.

El rey de Nápoles[^12] agoniza. En el reino hay una gran agitación; unos hablan de una constitución, otros de un alzamiento de los partidarios de Murat.[^13] Lo más probable es que se forme un ministerio presidido por Filangieri, duque de Satriano,[^14] que represente un absolutismo ilustrado según la forma prusiana original. Pero un sistema así no puede durar ante una crisis italiana y pronto tendría que ceder el paso primero a una constitución y después a una rebelión siciliana, mientras Murat pescaría en río revuelto.

[^1]: Paso de los Alpes entre Saboya y el Piamonte.

[^2]: Francisco José I (1830-1916), emperador de Austria desde 1848.

[^3]: Guillermo, príncipe de Prusia (1797-1888), regente desde 1858 por la enfermedad de su hermano Federico Guillermo IV; rey de Prusia desde 1861 y emperador alemán desde 1871.

[^4]: Lambessa, en Argelia, y Cayena, en la Guayana Francesa, lugares de deportación de los republicanos tras el golpe de Estado de Luis Bonaparte del 2 de diciembre de 1851.

[^5]: La República de Cracovia, ciudad libre desde 1815, fue anexionada por Austria en 1846 tras la insurrección polaca de ese año.

[^6]: Los «cuatro puntos» de agosto de 1854, condiciones de paz presentadas a Rusia por Austria, Francia e Inglaterra durante la guerra de Crimea.

[^7]: Karl Ferdinand, conde de Buol-Schauenstein (1797-1865), ministro de Asuntos Exteriores de Austria de 1852 a mayo de 1859.

[^8]: James Howard Harris, conde de Malmesbury (1807-1889), conservador, ministro de Asuntos Exteriores británico en 1852 y en 1858-1859.

[^9]: Camillo Benso, conde de Cavour (1810-1861), primer ministro del reino de Cerdeña (Piamonte).

[^10]: Los hermanos Émile e Isaac Péreire, banqueros franceses, fundadores del Crédit Mobilier.

[^11]: Maximiliano II (1811-1864), rey de Baviera desde 1848.

[^12]: Fernando II (1810-1859), rey de las Dos Sicilias desde 1830; murió el 22 de mayo de 1859.

[^13]: Lucien Murat (1803-1878), hijo de Joachim Murat, rey de Nápoles de 1808 a 1815; pretendiente al trono napolitano con el favor de Napoleón III.

[^14]: Carlo Filangieri, duque de Satriano (1784-1867), general napolitano que reconquistó Sicilia en 1849; jefe del Gobierno de Nápoles en 1859.
