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Title: La situación de la industria fabril británica, 15 de marzo (1859)
Description: Correspondencia de Marx desde Londres para el New-York Daily Tribune sobre los informes semestrales de los inspectores de fábricas Leonard Horner y John Kincaid: unas leyes fabriles hechas para ser burladas, la concentración del capital en el textil, el parte de heridos y muertos de la «campaña industrial» y las escuelas de pega que expiden certificados a los niños obreros de Glasgow.
Author: Karl Marx
Date: 1859-02-25
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1859%20La%20situaci%C3%B3n%20de%20la%20industria%20fabril%20brit%C3%A1nica%2C%2015%20de%20marzo
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*Escrito en inglés por Karl Marx (correspondencia fechada en Londres el 25 de febrero de 1859) y publicado en el* New-York Daily Tribune*, núm. 5584, del 15 de marzo de 1859. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 13 (Berlín, 1961, pp. 202-209), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW, que da el mismo a otro artículo del 24 de marzo; añadimos tras una coma la fecha de publicación en el* Tribune *para distinguirlos. Se corrigen erratas evidentes de la edición digital de la MEW. En la tabla escocesa la suma de 1835 para la lana no cuadra (1.712 + 1.293 = 3.005, no 3.503); se deja como está. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1859%20Der%20Zustand%20in%20der%20britischen%20Fabrikindustrie%2C%2015.%20M%C3%A4rz).*

Londres, 25 de febrero de 1859

Ahora que los inspectores de fábricas de Inglaterra, Escocia e Irlanda han publicado sus informes semestrales ordinarios sobre sus respectivos distritos, cerrados el 31 de octubre de 1858, les doy mi resumen habitual de estos boletines industriales de tanta importancia. El informe conjunto viene esta vez condensado en unas pocas líneas y se limita a decir que en todas partes, con la única excepción de Escocia, aumentan rápidamente los abusos de los fabricantes respecto de la jornada legal de los jóvenes y las mujeres, sobre todo en lo que toca al tiempo previsto para sus comidas. Por eso los inspectores creen su deber insistir en que se impidan esos fraudes a la ley mediante una ley complementaria.

> «Las deficiencias de las leyes fabriles», dicen, «que hacen sumamente difícil a los inspectores y subinspectores descubrir a los infractores y probar su culpa y dar cumplimiento a las intenciones indiscutibles del legislador en las cuestiones tan importantes de la limitación de la jornada y de la garantía de que los obreros tengan suficientes oportunidades de descanso y de comida a lo largo del día, hacen necesarias algunas modificaciones de la ley. Si el Parlamento hubiera sospechado que podían practicarse tales fraudes, sin duda se habría protegido contra ellos con las disposiciones adecuadas.»

Pues bien, como he estudiado concienzudamente los borrascosos debates parlamentarios de los que salieron las actuales leyes fabriles, los inspectores de fábricas habrán de permitirme que me aparte de su conclusión y sostenga la opinión de que las leyes fabriles se redactaron con la intención expresa de ofrecer todas las ocasiones posibles para eludirlas y burlarlas. El agudo antagonismo entre los terratenientes y los fabricantes que produjo esas leyes quedó suavizado por el odio común que las dos clases dominantes sienten por lo que llaman «el vulgo». Al mismo tiempo, aprovecho con gusto la ocasión para expresar mi respeto a aquellos inspectores de fábricas británicos que, frente a los omnipotentes intereses de clase, han tomado la defensa de las masas oprimidas con un valor moral, una energía incansable y una superioridad intelectual que rara vez tienen parangón en estos tiempos de adoración de Mammón.

El primer informe es del señor Leonard Horner,[^1] cuyo distrito comprende el centro industrial de Inglaterra: todo Lancashire, partes de Cheshire y Derbyshire, el West Riding de Yorkshire, el North Riding y los cuatro condados septentrionales de Inglaterra. Como las leyes fabriles siguen siendo objeto de la oposición no atenuada de los fabricantes y casi todos los años se emprende una campaña parlamentaria para derogarlas, el señor Horner empieza con un alegato en defensa de la legislación que libera a niños y mujeres del dominio absoluto de las despiadadas leyes del librecambio. Los economistas oficiales declaraban que la legislación fabril contradecía todos los principios sanos y que, en consecuencia, resultaría sin duda perjudicial para la industria. En respuesta a la primera objeción, el señor Horner observa:

> «Como en todas las fábricas hay invertida en edificios y maquinaria una suma muy elevada de capital fijo, la ganancia será tanto mayor cuanto mayor sea el número de horas durante las cuales pueda mantenerse en funcionamiento esa maquinaria; y desde luego no habría ninguna legislación que se inmiscuyera en ello si ese trabajo pudiera hacerse de un modo inofensivo para los seres humanos. Pero cuando se vio que, para obtener una ganancia mayor del capital, se empleaba a niños, a jóvenes de ambos sexos y a mujeres durante el día, y a menudo también de noche, tanto tiempo que ello era incompatible con su salud, su moralidad, la educación de los niños, la comodidad doméstica y todo disfrute normal de la vida, los principios *morales* más elementales exigieron del legislador que pusiera fin a un mal tan grande.»

Con otras palabras, el señor Horner viene a decir que, en el estado actual de la sociedad, a juicio de los economistas y de las clases cuyo portavoz teórico son, puede parecer «sano» un principio que no solo contraviene todas las leyes de la conciencia humana, sino que incluso corroe como un cáncer la vida de toda una generación. En cuanto a la influencia que supuestamente ejercen las leyes fabriles frenando el desarrollo de la industria, el señor Horner opone hechos a las declamaciones. El informe pedido por la Cámara de los Comunes con fecha del 19 de marzo de 1835 contenía los siguientes datos sobre el número de fábricas y el número de personas empleadas en ellas en su distrito actual:

|  | Fábricas | Personas empleadas |
|---|---|---|
| Algodón | 775 | 132.898 |
| Lana y estambre | 220 | 8.738 |
| Lino | 60 | 5.546 |
| Seda | 23 | 5.445 |
|  | 1.078 | 152.627 |

En el informe a la Cámara de los Comunes de febrero de 1857 se da la situación siguiente:

|  | Fábricas | Personas empleadas |
|---|---|---|
| Algodón | 1.335 | 271.423 |
| Lana y estambre | 181 | 18.909 |
| Lino | 49 | 6.738 |
| Seda | 46 | 10.583 |
|  | 1.811 | 307.653 |

Estos cuadros muestran que en 22 años el número de fábricas de algodón casi se ha duplicado, mientras que el número de personas empleadas en ellas se ha más que duplicado. En las fábricas de lana y estambre, el considerable descenso del número de fábricas, unido al aumento a más del doble del número de personas empleadas en ellas, muestra la concentración del capital y la destrucción en gran escala de las fábricas pequeñas por las grandes. El mismo proceso, aunque a menor escala, puede observarse en las fábricas de lino. En cuanto a las fábricas de seda, su número se ha duplicado, y el número de personas empleadas en ellas casi también.

> «Pero», observa el señor Horner, «el aumento del número efectivo de fábricas no es la única medida del progreso, porque las grandes mejoras introducidas en toda clase de maquinaria han aumentado notablemente su capacidad de producción.»

Aquí es especialmente importante que, a todas luces, fueron las limitaciones legales de la jornada las que dieron un estímulo a esas mejoras, sobre todo en lo que respecta a la mayor velocidad de la maquinaria en un tiempo dado.

> «Estas mejoras», dice el señor Horner, «y el hecho de que con ellas los obreros pudieran trabajar con mayor ardor, han tenido como consecuencia que, como se me ha asegurado una y otra vez, en un plazo más corto se haga tanto trabajo como antes con una jornada más larga.»

Desde que los negocios mejoraron hace poco, en el distrito del señor Horner se multiplican las infracciones deliberadas y bien meditadas de las disposiciones que limitan la jornada y de las que fijan la edad mínima de los obreros y la asistencia a la escuela de los niños de ocho a trece años, que según la ley solo deben trabajar media jornada. Cito del informe:

> «Sucumben a la tentación de una ganancia mayor aquellos fabricantes en cuyo código moral desobedecer una ley del Parlamento no es un delito y que calculan que el importe de la multa que tienen que pagar si se les descubre solo representa una parte muy pequeña de la ganancia que obtienen si desprecian las limitaciones legales.»

Para entender esta queja trillada, con la que nos encontramos en todos los demás informes, hay que tener en cuenta, en primer lugar, que los jueces de paz son en su mayoría fabricantes o parientes suyos; en segundo lugar, que las multas que impone la ley son muy pequeñas, y por último, que a los jóvenes y a las mujeres solo se les considera trabajando *«si no se prueba lo contrario»*. A este respecto observa el señor Horner:

> «Nada es más fácil para un fabricante tramposo que probar lo contrario. Le basta con parar su máquina de vapor en cuanto aparece el inspector, y entonces cesa todo el trabajo; pero el inspector tiene que demostrar en cada denuncia que la persona mencionada en la queja fue encontrada efectivamente trabajando. En cuanto empieza el trabajo ilegal, y eso ocurre en seis momentos distintos del día, porque la parte principal del trabajo diario se compone de pequeños fragmentos, se aposta un vigía que, al acercarse un inspector, da enseguida la señal de parar la máquina y sacar a la gente de la fábrica.»

En efecto, solo pueden obtener pruebas concluyentes aquellos subinspectores que superan la repugnancia natural en un *gentleman* y recurren a medios parecidos a los que emplea un detective de la policía. Como tanto el inspector como sus subinspectores son pronto conocidos en todas partes en sus distritos respectivos, quedan enseguida incapacitados para descubrir a quienes violan la ley con especial habilidad, y el único recurso que les queda es llamar a sus colegas de los distritos vecinos, que pueden escapar a la atención de los espías apostados por los fabricantes en las distintas estaciones de ferrocarril porque se les toma equivocadamente por comerciantes forasteros que vienen a hacer compras.

El siguiente parte de heridos y muertos de la campaña industrial semestral en el distrito del señor Horner ofrecerá sin duda a los estudiantes de ciencia militar un tema notable; verán en él que los tributos regulares de miembros humanos, manos, brazos, huesos, pies, cabezas y caras que se rinden a la industria moderna superan por su volumen a muchas batallas tenidas por de las más sangrientas.

*Accidentes causados por máquinas*

| Tipo de lesión | Adultos, varones | Adultos, mujeres | Jóvenes, varones | Jóvenes, mujeres | Niños | Niñas | Total, varones | Total, mujeres |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Mortales | 4 | - | 3 | 1 | 2 | - | 9 | 1 |
| Amputación de la mano o el brazo derechos | 2 | - | 1 | - | - | - | 3 | - |
| Amputación de la mano o el brazo izquierdos | 2 | - | 1 | 1 | 1 | - | 4 | 1 |
| Amputación de una parte de la mano derecha | 8 | 19 | 14 | 14 | 6 | 4 | 28 | 37 |
| Amputación de una parte de la mano izquierda | 14 | 14 | 8 | 12 | 5 | 3 | 27 | 29 |
| Fracturas de huesos de los miembros y del tronco | 18 | 4 | 10 | 4 | 3 | 3 | 31 | 11 |
| Fracturas de manos o pies | 26 | 27 | 23 | 19 | 8 | 9 | 57 | 55 |
| Lesiones en la cabeza y la cara | 11 | 16 | 12 | 13 | 7 | 1 | 30 | 30 |
| Desgarros, contusiones y otras lesiones no indicadas arriba | 146 | 97 | 122 | 138 | 33 | 35 | 301 | 270 |
| Total | 231 | 177 | 194 | 202 | 65 | 55 | 490 | 434 |

*Accidentes no causados por máquinas*

| Tipo de lesión | Adultos, varones | Adultos, mujeres | Jóvenes, varones | Jóvenes, mujeres | Niños | Niñas | Total, varones | Total, mujeres |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Mortales | 3 | 1 | - | - | - | - | 3 | 1 |
| Lesiones en la cabeza y la cara | 2 | - | 1 | - | - | - | 3 | - |
| Desgarros, contusiones y otras lesiones no indicadas arriba | 3 | 2 | 4 | 2 | - | 1 | 7 | 5 |
| Total | 8 | 3 | 5 | 2 | - | 1 | 13 | 6 |

El segundo informe, redactado por sir John Kincaid,[^2] se refiere a toda Escocia, donde, según afirma, las leyes que regulan el empleo de mujeres, jóvenes y niños en las fábricas siguen cumpliéndose estrictamente. No ocurre lo mismo, sin embargo, con las leyes de enseñanza, porque al parecer es un método muy apreciado por los fabricantes escoceses hacer que a los niños que trabajan para ellos les extiendan los certificados escolares unos establecimientos creados expresamente para ese fin, a los que los niños no asisten en absoluto o que, si asisten, no pueden enseñarles nada. Bastará con citar dos casos. En 1858 sir John Kincaid, acompañado del subinspector señor Campbell, visitó dos escuelas de las que reciben sus certificados los niños empleados en algunas fábricas de estampados de Glasgow. Cito del informe:

> «La primera escuela era la de la señora Ann Killin, en Smith's Court, Bridgeton. Cuando llegamos no había niños en el aula, y cuando pedimos a la señora Killin que deletreara su nombre, cometió enseguida un disparate empezando por la letra C, pero corrigiéndose al instante dijo que su nombre empezaba por K. Sin embargo, al examinar su firma en los libros de certificados escolares, observé que deletreaba su nombre de distintas maneras, y la letra no dejaba dudas sobre su incapacidad para enseñar. Ella misma reconoció además que no sabía llevar el registro. La segunda escuela que visitamos era la de William Logue, en Landressey Street, Calton, cuyos certificados creí también mi deber declarar nulos. El aula tenía unos 15 pies de largo y 10 de ancho, y en ella contamos setenta y cinco niños que chillaban algo ininteligible a voz en grito. Pedí al maestro que me mostrara a algunos de los niños, y vi por la manera en que recorría con la vista la multitud que no tenía ni idea de si esos niños estaban presentes o no.»

En efecto, las cláusulas educativas de las leyes fabriles exigen que los niños presenten certificados de asistencia a la escuela, pero no que tengan que haber aprendido algo.

En Escocia el número de accidentes causados por máquinas fue de 237, de los cuales 58 los sufrieron hombres y 179 mujeres; en cambio, solo hubo 10 accidentes no causados por máquinas. El número de los que requirieron amputaciones ha aumentado, igual que el de los que sufrieron accidentes menores; pero la diferencia se explica por el mayor número de obreros empleados en la segunda mitad de 1858. Solo hubo un accidente mortal. Según los informes de los subinspectores de los distritos occidentales de Escocia, algunas fábricas de algodón que pararon en 1857 todavía no han reanudado el trabajo, y la industria de los estampados de moda estuvo floja todo el año. Según los últimos informes que sir John Kincaid recibió del distrito oriental, en Dundee y Arbroath se cerraron varias fábricas a causa de las recientes quiebras y de otras razones, y en algunas otras que de puertas afuera trabajan a pleno rendimiento está parada una gran parte de la maquinaria; esa situación se debería en gran medida a la sobreproducción, a la disminución de los suministros habituales de lino de los países del Báltico y a los altos precios de la materia prima que de ello resultan. El número de personas empleadas habitualmente en las fábricas estaría disminuyendo, y de hecho los dueños de hilaturas de lino tenderían a reducir la jornada a cuarenta y cuatro horas semanales mientras dure la depresión. En los distritos de producción lanera, en cambio, y sobre todo en la del *tweed*, una rama de la industria que crece de día en día, se registró una fuerte reactivación, por ejemplo en Hawick, Galashiels, Selkirk, etcétera. Todas las ramas de la industria trabajaban a pleno rendimiento, salvo el tejido a mano, que retrocede sin cesar por el aumento del número de telares mecánicos y pronto desaparecerá por completo.

Sir John Kincaid da el siguiente cuadro de los cambios producidos en las principales ramas de la industria escocesa en el curso de 20 años, entre 1835 y 1857:

| Año | Fábricas | Obreros varones | Obreras | Total |
|---|---|---|---|---|
| *Algodón de todas clases* |  |  |  |  |
| 1835 | 159 | 10.529 | 22.051 | 32.580 |
| 1857 | 152 | 7.609 | 27.089 | 34.698 |
| *Lana* |  |  |  |  |
| 1835 | 90 | 1.712 | 1.293 | 3.503 |
| 1857 | 196 | 4.942 | 4.338 | 9.280 |
| *Lino* |  |  |  |  |
| 1835 | 170 | 3.392 | 10.017 | 13.409 |
| 1857 | 168 | 8.331 | 23.391 | 31.722 |

Me reservo para otro artículo la reseña de los otros dos informes, sobre todo porque el del señor Robert Baker[^3] contiene materiales que interesan a los industriales de todos los países.

[^1]: Leonard Horner (1785-1864), geólogo y pedagogo escocés, inspector de fábricas de 1833 a 1859; Marx cita a menudo sus informes en *El capital*.

[^2]: Sir John Kincaid (1787-1862), antiguo oficial del ejército, inspector de fábricas para Escocia.

[^3]: Robert Baker (1803-1880), médico, inspector de fábricas.
