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Title: La situación de la industria fabril británica, 24 de marzo (1859)
Description: Segunda correspondencia de Marx desde Londres para el New-York Daily Tribune sobre los informes de los inspectores de fábricas Redgrave y Baker: los certificados de edad de los niños obreros y el sistema de media jornada, la máquina que sustituye a los niños, la protesta de los fabricantes de Elberfeld y Barmen contra la ley prusiana de 1853 y la carestía de la lana.
Author: Karl Marx
Date: 1859-03-04
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1859%20La%20situaci%C3%B3n%20de%20la%20industria%20fabril%20brit%C3%A1nica%2C%2024%20de%20marzo
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*Escrito en inglés por Karl Marx (correspondencia fechada en Londres el 4 de marzo de 1859) y publicado en el* New-York Daily Tribune*, núm. 5592, del 24 de marzo de 1859. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 13 (Berlín, 1961, pp. 220-224), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW, que da el mismo a otro artículo del 15 de marzo; añadimos tras una coma la fecha de publicación en el* Tribune *para distinguirlos. Se corrigen erratas evidentes de la edición digital de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1859%20Der%20Zustand%20in%20der%20britischen%20Fabrikindustrie%2C%2024.%20M%C3%A4rz).*

Londres, 4 de marzo de 1859

Me propongo hoy pasar revista a los dos informes fabriles a los que me referí en un artículo anterior.[^1] El primer informe es del señor A. Redgrave,[^2] cuyo distrito fabril comprende Middlesex (Londres y sus alrededores), Surrey, Essex, partes de Cheshire, Derbyshire y Lancashire y el East Riding (Yorkshire). Allí, durante el semestre que termina el 31 de octubre de 1858, las máquinas causaron 331 accidentes, 12 de ellos mortales. El informe del señor Redgrave trata casi exclusivamente de un punto, a saber, las cláusulas de enseñanza para los niños que trabajan en fábricas y en estamperías de tejidos. Antes de que el fabricante pueda contratar a un niño o a un joven para un empleo permanente en una fábrica o estampería, está obligado a pedir un certificado al médico oficialmente habilitado, que en virtud de 7 Vict. c. 15, sch. A[^3] tiene el deber de negar ese certificado si la persona presentada

> «no tiene la fuerza física corriente y el aspecto de un niño de al menos ocho años o de un joven de al menos trece, o si por enfermedad o defecto físico es incapaz de trabajar diariamente en la fábrica durante el tiempo permitido por la ley».

Los niños de ocho a trece años están excluidos por la ley del empleo a jornada completa y tienen que dedicar una parte de su tiempo a asistir a la escuela; por eso el médico solo está autorizado a extenderles certificados de media jornada. Ahora bien, según el informe del señor Redgrave, parece que, por una parte, los padres, cuando pueden obtener para sus hijos salarios de jornada completa, procuran apartarlos de la escuela y del medio salario, mientras que, por otra, los fabricantes solo esperan de los obreros jóvenes que sean lo bastante fuertes para hacer su trabajo. Si los padres quieren salarios de jornada completa, el fabricante busca al obrero de jornada completa. El siguiente anuncio, aparecido en el periódico local de una importante ciudad manufacturera del distrito del señor Redgrave y que tiene un curioso regusto a trabajo de esclavos, muestra cómo se atienen los fabricantes a la letra de las disposiciones de la ley:

> «*Se necesitan* de 12 a 20 muchachos, no más jóvenes de *lo que pueda pasar por 13 años*... Salario, 4 chelines semanales.»

En efecto, el fabricante no está obligado por la ley a procurarse un certificado de una instancia auténtica sobre la edad del niño, sino que solo necesita un *dictamen* basado en el aspecto del niño. Contra el sistema de media jornada, que se basa en el principio de que no debe permitirse el trabajo infantil si el niño no asiste a diario a una escuela además de ese empleo, los fabricantes protestan por dos razones: se oponen a cargar con la responsabilidad de la asistencia escolar de los niños de media jornada (los menores de 13 años), y les resulta más barato y menos engorroso emplear un turno de niños en lugar de dos que trabajen 6 horas cada uno alternándose. El primer resultado de la introducción del sistema de media jornada fue, por tanto, la reducción nominal casi a la mitad del número de niños menores de 13 años empleados en las fábricas: de 56.455 en 1835 había bajado en 1838 a 29.283. Esa reducción fue en buena parte puramente nominal, porque la complacencia de los médicos oficialmente habilitados produjo un cambio repentino en la edad de los obreros jóvenes del Reino Unido. A medida que los inspectores y subinspectores de fábricas vigilaron con más rigor a los médicos oficialmente habilitados y que resultó más fácil conocer por los registros civiles la edad real de los niños, a partir de 1838 se inició un movimiento en sentido contrario. El número de niños menores de 13 años empleados en las fábricas subió de los 29.283 a los que había bajado en 1833[^4] a 35.122 en 1850 y a 46.071 en 1856, y esta última cifra oficial está muy lejos de mostrar el alcance real de ese empleo. Por un lado, muchos médicos oficialmente habilitados siguen consiguiendo escapar a la vigilancia de los inspectores y, por otro, muchos miles de niños fueron sacados a los once años de la escuela y del sistema de media jornada por el cambio de la ley en lo relativo a las fábricas de seda,

> «un sacrificio que», como dice uno de los inspectores de fábricas, «puede haber servido a los fabricantes, pero que ha resultado perjudicial para el bienestar social de los distritos sederos».

Aunque podemos deducir de ello que el número de niños de ocho a trece años empleados ahora en las fábricas y estamperías del Reino Unido supera al de los empleados de la misma edad en 1835, no cabe duda de que el sistema de media jornada contribuyó en gran parte a estimular invenciones encaminadas a suprimir el trabajo infantil. Así, el señor Redgrave observa:

> «Un grupo de fabricantes, los hiladores de estambre, rara vez emplea hoy de hecho niños menores de trece años, es decir, de media jornada. Han introducido máquinas mejoradas y nuevas de diversas clases que han hecho del todo superfluo el empleo de niños; como ejemplo, para ilustrar esa disminución del número de niños, mencionaré un proceso de trabajo en el que se ha añadido a las máquinas existentes un aparato llamado máquina de empalmar, gracias al cual el trabajo de seis o cuatro niños de media jornada, según la naturaleza de cada máquina, puede hacerlo un solo joven.»

Cómo tiende la industria moderna, al menos en los países del Viejo Mundo, a empujar a los niños al trabajo asalariado lo han ilustrado de nuevo ejemplos recientes en Prusia. La ley fabril prusiana de 1853 disponía que a partir del 1 de julio de 1855 no se empleara en una fábrica a ningún niño antes de haber cumplido los 12 años, y que los niños de 12 a 14 años no trabajaran más de 6 horas diarias y asistieran a la escuela por lo menos 3 horas al día. Esta ley tropezó con tal oposición de los fabricantes que el gobierno tuvo que ceder y no la implantó en toda Prusia, sino solo a título de prueba en Elberfeld y Barmen, dos ciudades fabriles contiguas con una gran población de obreros fabriles ocupados en la hilatura, la estampación de indianas, etcétera. En el *Informe anual de la Cámara de Comercio* de Elberfeld y Barmen correspondiente a 1856 se comunica al gobierno prusiano lo siguiente:

> «Especialmente perjudicial para la industria local ha sido el aumento de los salarios provocado por la actividad industrial general, así como los precios más altos del carbón y de todos los materiales necesarios para la producción, como el cuero, el aceite, los metales y demás accesorios. Pero, además de estos inconvenientes, la aplicación estricta de la ley del 16 de mayo de 1853 sobre el empleo de los obreros jóvenes en las fábricas sigue ejerciendo la influencia más perjudicial. No solo priva a las hilaturas del número necesario de niños, sino que impide también formarlos desde temprano como obreros diestros. Por la falta de esos obreros jóvenes llegaron incluso a pararse máquinas en varios establecimientos, porque los adultos no podían atenderlas. Una modificación de esa ley que acortara la escolaridad obligatoria de los niños en función de los conocimientos adquiridos y permitiera después su entrada en las fábricas parece, por tanto, igualmente deseable tanto para el mejor sustento de las numerosas familias obreras como para los dueños de las fábricas.»

El último de los informes fabriles, redactado por el señor Baker, inspector para Irlanda, se distingue por un análisis de las causas de los accidentes y por una reseña del estado de los negocios. En cuanto al primer punto, el señor Baker observa que hubo un accidente por cada 340 personas, lo que supone un aumento del 21 por ciento respecto del semestre anterior, que terminó a finales de abril, y que de los accidentes ocurridos en las máquinas (solo un 10 por ciento de todos los accidentes no tiene relación con las máquinas) un 40 por ciento, aproximadamente, habría podido evitarse y prevenirse con gastos insignificantes, que, sin embargo,

> «a consecuencia de la reciente modificación de la ley, ahora será muy difícil conseguir, porque las amonestaciones solas no surten efecto».[^5]

El estado de los negocios, asegura el señor Baker, ha mejorado, pero en su opinión

> «en algunos casos ya se ha alcanzado el máximo, más allá del cual la fabricación es cada vez menos rentable, hasta que finalmente deja por completo de dar ganancia».

Los cambios en la relación entre el precio de la materia prima y el de los productos acabados, junto con el aumento de la maquinaria, los aduce con razón como una de las causas principales de que se acorte el ciclo de los buenos y los malos tiempos. El señor Baker pone como ejemplo los cambios en el negocio del estambre:

> «Durante los años lucrativos del negocio del estambre, 1849 y 1850, el precio de la lana inglesa para peinar estaba en 13 peniques, y el de la australiana entre 14 y 17 peniques la libra, y en el promedio de los diez años de 1841 a 1850 el precio medio de la lana inglesa nunca pasó de 14 peniques ni el de la australiana de 17 peniques la libra. A comienzos del desastroso año de 1857 la lana australiana estaba en 23 peniques; bajó en diciembre, en el peor momento del pánico, a 18 peniques, pero en el curso de 1858 ha vuelto a subir a 21. La lana inglesa empezó en 20 peniques, subió en abril y septiembre de 1857 a 21, bajó en enero de 1858 a 14 y desde entonces ha subido a 17, de modo que está 3 peniques por libra por encima del promedio de los diez años citados. Esto muestra o que se han olvidado las quiebras de 1857, debidas a precios parecidos, o que apenas se produce la lana que pueden hilar los husos existentes.»

En conjunto, el señor Baker parece pensar que los husos y los telares se multiplican, tanto en número como en velocidad, en una proporción que la producción de lana no justifica. En Inglaterra no existen estadísticas fiables a este respecto, pero las estadísticas agrícolas de Irlanda, que elabora la policía, y las de Escocia, que reúne el señor Hall Maxwell,[^6] bastan para todos los fines prácticos. Muestran que, mientras en 1857 algunas clases de cereales y los productos animales en general aumentaron considerablemente en ambos países, las ovejas fueron una excepción; su número en Irlanda en 1858 era 114.557 menor que en 1855, y aunque en 1858 hubo un aumento de 35.533 respecto de 1857, el total era 95.177 menor incluso que el promedio de los tres años anteriores, sobre todo en ovejas de cría. En Escocia no es distinto:

|  | Ovejas de cría de todas las edades |  | Ovejas de matadero de todas las edades |  | Corderos |
|---|---|---|---|---|---|
| 1856 | 2.714.301 |  | 1.146.427 |  | 1.953.832 |
| 1857 | 2.632.283 |  | 1.181.782 |  | 1.869.103 |
| Disminución | 82.018 | Aumento | 35.355 | Disminución | 86.729 |

No solo se aprecia una disminución general del ganado ovino de 133.392 cabezas, sino también que se criaron más ovejas que antes para el consumo. De aquí se desprende, si calculamos el peso de un vellón en 7 libras, que Irlanda, que en 1855 podía suministrar 16.810.934 libras de lana, sin contar los corderos, en 1858 solo pudo suministrar 16.276.330 libras, y que en 1857 la disminución de la producción de lana en Escocia, sin contar tampoco los corderos, fue de 326.641 libras. La pérdida total de lana en ambos países fue de 861.245 libras, o casi exactamente la nonagésima quinta parte de toda la lana nacional que se calcula que se necesita cada año para el consumo del negocio del estambre.

[^1]: En «[La situación de la industria fabril británica, 15 de marzo](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1859%20La%20situaci%C3%B3n%20de%20la%20industria%20fabril%20brit%C3%A1nica%2C%2015%20de%20marzo)», fechado el 25 de febrero de 1859 y publicado en el *New-York Daily Tribune* el 15 de marzo.

[^2]: Alexander Redgrave (1818-1894), inspector de fábricas desde 1852.

[^3]: La ley fabril de 1844 (7 Vict. c. 15), anexo A.

[^4]: Así en la MEW; por lo dicho antes, debe de tratarse de 1838.

[^5]: Alusión a la ley fabril de 1856, que limitó la obligación de proteger las máquinas a las partes con las que los obreros podían entrar en contacto.

[^6]: John Hall Maxwell (1812-1866), secretario de la Highland and Agricultural Society de Escocia, que elaboraba las estadísticas agrícolas escocesas.
