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Title: Las perspectivas de guerra en Prusia (1859)
Description: Correspondencia de Marx desde Berlín para el New-York Daily Tribune sobre la actitud de Prusia y de la opinión alemana ante la guerra que se avecina entre Francia y Austria: toda Alemania odia a Luis Napoleón, pero no por eso está con Austria, y empieza a ver que la doctrina de que el Rin se defiende en el Po es un engaño.
Author: Karl Marx
Date: 1859-03-15
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1859%20Las%20perspectivas%20de%20guerra%20en%20Prusia
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*Escrito en inglés por Karl Marx (correspondencia fechada en Berlín el 15 de marzo de 1859) y publicado en el* New-York Daily Tribune*, núm. 5598, del 31 de marzo de 1859. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 13 (Berlín, 1961, pp. 280-283), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. El título es el de la MEW («Die Kriegsaussichten in Preußen»). Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1859%20Die%20Kriegsaussichten%20in%20Preu%C3%9Fen).*

Berlín, 15 de marzo de 1859

Aquí se considera inevitable la guerra, pero el papel de Prusia en el enfrentamiento que se avecina entre Francia y Austria es objeto de discusión general; ni el Gobierno ni el público parecen haber llegado a una opinión firme. Habrán observado ustedes que las únicas peticiones belicosas que se envían a Berlín no vienen de Prusia propiamente dicha, sino de Colonia, la capital de la provincia del Rin. No hay que dar, sin embargo, demasiada importancia a esas peticiones, pues son a todas luces obra del partido católico, que en Alemania, igual que en Francia y en Bélgica, se siente naturalmente unido a Austria. En un aspecto, desde luego, toda Alemania está penetrada de una extraordinaria unanimidad de sentimiento. Nadie alza la voz en favor de Luis Napoleón, nadie siente simpatía por el «libertador»; al contrario, cada día se vierte contra él un verdadero torrente de odio y desprecio. El partido católico lo considera un rebelde contra el papa y maldice, naturalmente, la espada impía que va a dirigirse contra una potencia que con su concordato con Roma[^1] ha vuelto a someter a la Santa Sede gran parte de Europa. El partido feudal, que finge aborrecer al usurpador francés, aborrece en realidad a la nación francesa y se figura que las terribles innovaciones importadas del país de Voltaire y de Jean-Jacques Rousseau podrían barrerse con una buena guerra. La burguesía comercial e industrial, que solía ensalzar a Luis Bonaparte como gran «salvador del orden, de la propiedad, de la religión y de la familia», acumula ahora acusación tras acusación contra el impío perturbador de la paz que, en lugar de contentarse con tener sujetas las fuerzas desbordantes de Francia y reducir al silencio a los desesperados socialistas con una ocupación saludable en Lambessa y Cayena,[^2] ha tenido la extravagante ocurrencia de hacer bajar las acciones, perturbando así la marcha regular de los negocios y despertando de nuevo las pasiones revolucionarias. La gran masa del pueblo, por último, está contentísima de que, tras años de silencio forzoso, se le permita expresar su odio contra el hombre al que atribuye la culpa principal del fracaso de la revolución de 1848-1849. Los amargos recuerdos de las guerras napoleónicas y la sospecha secreta de que una guerra contra Austria es un paso encubierto contra Alemania bastan del todo para dar a la filípica contra Bonaparte, que nace de motivos tan diversos, la apariencia de un sentimiento nacional común. Las estúpidas mentiras del *Moniteur*, los frívolos folletos escritos por los *condottieri* literarios del emperador y las señales evidentes de vacilación, de inquietud e incluso de miedo por parte del zorro que se ve obligado a hacer de león han hecho lo demás para convertir el odio general en desprecio general.

Sería, sin embargo, el mayor de los errores suponer que toda Alemania está del lado de Austria porque toda Alemania está indignada contra Bonaparte. En primer lugar, creo que no necesito más que recordarles el antagonismo arraigado e inevitable entre el Gobierno austriaco y el prusiano, un antagonismo que, desde luego, no suavizan los recuerdos del congreso de Varsovia, de la incruenta batalla de Bronzell, del paseo armado de Austria hasta Hamburgo y Schleswig-Holstein[^3] o quizá de la guerra ruso-turca.[^4] Conocen ustedes la tendencia cauta y tibia de las últimas manifestaciones del Gobierno prusiano. Vienen a decir que Prusia, como potencia europea, no ve en efecto motivo para decidirse por uno u otro partido, y que, como potencia alemana, se reserva el derecho de examinar hasta qué punto las pretensiones austriacas en Italia concuerdan con los verdaderos intereses alemanes. Prusia fue incluso más lejos. Declaró que los tratados particulares de Austria con Parma, Módena, Toscana y Nápoles, y por tanto la discutida anulación de esos tratados, tenían que considerarse desde un punto de vista europeo y no caían, pues, en absoluto en el ámbito de la Confederación Germánica. En la cuestión del Danubio tomó partido abiertamente contra Austria;[^5] ha retirado a su plenipotenciario en la Dieta federal de Fráncfort[^6] porque al parecer defendía con demasiada decisión los intereses de Austria. Por último, para salir al paso de la sospecha de actuar de manera antipatriótica, Prusia ha seguido las huellas de los pequeños Estados alemanes y ha prohibido la exportación de caballos. Pero, para quitarle a esa prohibición el aguijón antifrancés, se la extendió a todo el *Zollverein*,[^7] de modo que va dirigida tanto contra Austria como contra Francia. Prusia sigue siendo la misma potencia que firmó la paz por separado de Basilea[^8] y que en 1805 envió a Haugwitz al campamento de Napoleón con dos despachos distintos: uno debía entregarse si la batalla de Austerlitz resultaba desfavorable para Napoleón; el otro contenía serviles felicitaciones al invasor extranjero.[^9] Aparte de la tradicional política de familia en la que persiste la casa de Hohenzollern, la intimida Rusia, de la que sabe que mantiene relaciones secretas con Bonaparte y que lo empujó también a su funesta declaración del día de Año Nuevo. Cuando una hoja como la *Neue Preußische Zeitung*[^10] defiende al rey del Piamonte contra Francisco José, no hace falta mucho don profético para adivinar de qué lado sopla el viento. Para despejar toda duda, el señor von Manteuffel[^11] ha publicado un folleto anónimo en el que recomienda una alianza ruso-francesa frente a una alianza austro-inglesa.

Pero la cuestión esencial no es tanto qué intenciones persigue el Gobierno, sino de qué lado están las simpatías del pueblo. Pues bien, tengo que decirles que, aparte del partido católico, del partido feudal y de algunos estúpidos restos de los alborotadores teutónicos de 1813 a 1815, el pueblo alemán en general, y la población de la Alemania del Norte en particular, se encuentran ante un gran dilema. Mientras toman resueltamente partido por Italia contra Austria, no pueden dejar de tomar partido por Austria contra Bonaparte. Desde luego, si nos atuviéramos a la *Allgemeine Zeitung* de Augsburgo, podría llegarse a la opinión de que Austria es el ídolo de todo corazón alemán. La teoría lanzada al mundo por ese periódico es, en resumen, la siguiente: toda raza de Europa, salvo los alemanes, está al borde del hundimiento. Francia agoniza; Italia tiene que sentirse extraordinariamente agraciada porque se la convierte en un cuartel alemán; las razas eslavas carecen de las cualidades éticas necesarias para gobernarse a sí mismas, e Inglaterra está corrompida por el comercio. Así que solo queda la sólida Alemania, y Austria es la representante europea de Alemania. Con una mano mantiene a Italia, con la otra a los eslavos y a los magiares bajo la influencia ennoblecedora de la *Sittlichkeit* alemana (es imposible traducir esta palabra).[^12] Austria protege a la patria contra la invasión rusa ocupando Galitzia, Hungría, la costa dálmata y Moravia y proponiéndose ocupar los Principados del Danubio, y defiende a Alemania, ese corazón de la civilización humana, contra el veneno contaminante de la desmoralización, la frivolidad y la ambición francesas manteniendo a Italia en su poder. No necesito decirles que fuera de las fronteras de Austria esta teoría no la ha acogido nadie, salvo algunos *Krautjunker*[^13] bávaros, cuya pretensión de representar la civilización alemana está tan bien fundada como la de los antiguos beocios de ser los representantes del genio griego. Pero había, y sigue habiendo, otra opinión más prosaica sobre el asunto, que procede de la misma fuente. Se dice que el Rin tiene que defenderse en el Po y que las posiciones austriacas en el Po, el Adigio y el Mincio forman las fronteras militares naturales de Alemania contra una invasión francesa. Cuando el general Radowitz expuso esta doctrina en 1848 en la Asamblea Nacional alemana de Fráncfort, se impuso y llevó a la Asamblea a ponerse del lado de Austria contra Italia; pero la decisión de aquel llamado Parlamento revolucionario, que pudo permitirse investir del poder ejecutivo a un archiduque austriaco,[^14] está condenada hace tiempo. Los alemanes empiezan a comprender que se les engañó con un *quid pro quo*, que las posiciones militares necesarias para la defensa de Austria no hacen ninguna falta para la defensa de Alemania y que los franceses pueden reclamar el Rin como su frontera militar natural con el mismo derecho, e incluso con más, que los alemanes el Po, el Mincio y el Adigio.[^15]

[^1]: El concordato de 1855 entre Austria y la Santa Sede, que daba a la Iglesia amplios poderes sobre la enseñanza y el matrimonio.

[^2]: Lambessa, en Argelia, y Cayena, en la Guayana francesa, eran lugares de deportación de los presos políticos del Segundo Imperio.

[^3]: En 1850-1851 tropas austriacas ocuparon Hamburgo y Holstein para restablecer allí, en nombre de la Confederación Germánica, el dominio danés.

[^4]: La guerra de Crimea (1853-1856), en la que Austria y Prusia siguieron políticas distintas.

[^5]: En la conferencia de París de 1858 sobre la organización de los Principados del Danubio, Prusia apoyó con Francia y Rusia la posición favorable a su unión, a la que se oponía Austria.

[^6]: Otto von Bismarck, delegado prusiano en la Dieta de Fráncfort, fue trasladado a comienzos de 1859 como embajador a San Petersburgo.

[^7]: La unión aduanera alemana dirigida por Prusia, de la que Austria no formaba parte.

[^8]: Por la paz de Basilea (5 de abril de 1795) Prusia se retiró de la primera coalición contra la Francia revolucionaria.

[^9]: El ministro prusiano Christian von Haugwitz llevó a Napoleón en noviembre de 1805 un ultimátum de Prusia; tras Austerlitz firmó en cambio con él el tratado de Schönbrunn.

[^10]: Diario de la extrema derecha prusiana, llamado también *Kreuzzeitung*.

[^11]: Otto von Manteuffel (1805-1882), presidente del Consejo de Ministros de Prusia de 1850 a 1858.

[^12]: En alemán en el *Tribune*. *Sittlichkeit*: moralidad, eticidad.

[^13]: En alemán en el *Tribune*: hidalgüelos rurales, nobles de terruño.

[^14]: El archiduque Juan de Austria, nombrado regente del Imperio (*Reichsverweser*) por la Asamblea de Fráncfort en junio de 1848.

[^15]: Este es el tema que Engels desarrolló por las mismas fechas en su folleto *Po und Rhein*; véase [«1859 El Po y el Rin»](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1859%20El%20Po%20y%20el%20Rin).
