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Title: Los acontecimientos de la guerra (1859)
Description: Primer comentario de Engels en Das Volk sobre la batalla de Magenta: Gyulay, en lugar de caer sobre el flanco de los aliados en marcha, abandonó su posición y llegó al combate con las tropas dispersas.
Author: Friedrich Engels
Date: 1859-06-11
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1859%20Los%20acontecimientos%20de%20la%20guerra
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*Escrito en alemán por Friedrich Engels y publicado en* Das Volk *(Londres), núm. 6, del 11 de junio de 1859. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 13 (Berlín, 1961, pp. 376-379), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Se corrigen algunas erratas evidentes de la edición digital de la MEW. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1859%20Die%20Kriegsereignisse).*

El carácter fragmentario y contradictorio de los telegramas recibidos del teatro de la guerra solo permite unas cuantas glosas al margen sobre la retirada de los austriacos al otro lado del Tesino y su derrota en Magenta. Intimidados, al parecer, por la ocupación de Novara por el general Niel, los austriacos se retiraron al otro lado del Tesino durante el 3 y el 4 de junio. El 4 de junio, a las cuatro de la mañana, franceses y piamonteses, que habían cruzado el Tesino por Turbigo y Boffalora, en el ala derecha de los austriacos, cayeron con masas superiores sobre el enemigo que tenían inmediatamente enfrente y, tras una resistencia extraordinariamente sangrienta y tenaz, lo desalojaron de su posición. Los detalles de la acción que ha publicado el telegrafista del ejército aliado, Luis Bonaparte, dan fe de la imaginación de este «general secreto»,[^1] que sigue sin poder vencer su repugnancia por las *armes de précision* y por eso viaja tras el ejército con tren y bagajes, a temerosa distancia del campo de batalla, aunque, eso sí, «en plena salud física».

La insistencia con que se arroja a la cara del mundo este parte de salud tiene sus buenas razones. En efecto, durante el proceso ante la Cámara de los Pares francesa por la expedición de Luis Bonaparte a Boulogne[^2] quedó probado por testimonio jurado que, en el momento del peligro, el héroe había aliviado su oprimido corazón de una manera que era todo menos síntoma de «plena salud física».

Los austriacos se habían concentrado en el Agogna en la postura del tigre a punto de saltar. Su derrota se debe a Gyulay,[^3] que abandonó esa posición. Una vez que ocuparon la Lomellina y tomaron posición a unas 30 millas por delante de Milán, era evidente que no podían cubrirse todos los accesos posibles a esa capital. Los aliados tenían abiertos tres caminos: uno a través del centro austriaco, por Valenza, Garlasco y Bereguardo; otro por la izquierda austriaca, por Voghera, Stradella y el Po entre Pavía y Piacenza; y, por último, la carretera de la derecha austriaca, por Vercelli, Novara y Boffalora. Si los austriacos querían defender Milán directamente, solo podían cerrar con su ejército uno de esos caminos. Poner un cuerpo en cada uno de ellos habría dispersado sus fuerzas y asegurado su derrota. Pero es una regla de la guerra moderna que un camino se defiende tan bien, si no mejor, con una posición de flanco como con una posición de frente. Un ejército de 130.000 a 200.000 hombres, concentrado en un pequeño sector del terreno y dispuesto a actuar en cualquier dirección, solo puede ser desatendido impunemente por el enemigo si este dispone de una fuerza numéricamente muy superior. Cuando Napoleón marchaba hacia el Elba en 1813, los aliados, aunque numéricamente mucho más débiles, tenían razones para provocarlo a la batalla. Se situaron, por tanto, en Lützen, unas millas al sur de la carretera que va de Erfurt a Leipzig. El ejército de Napoleón ya había desfilado en parte cuando los aliados dieron a conocer su proximidad a los franceses. A consecuencia de ello, todo el ejército francés tuvo que detenerse, sus columnas avanzadas fueron llamadas de vuelta y se libró una batalla que a duras penas dejó a los franceses, pese a una superioridad numérica de unos 60.000 hombres, la posesión del campo de batalla. Al día siguiente ambos ejércitos marcharon por líneas paralelas hacia el Elba sin que la retirada de los aliados fuera hostigada. Con fuerzas menos desproporcionadas, la posición de flanco de los aliados habría detenido la marcha de Napoleón al menos con tanto éxito como un despliegue de frente en el camino de Leipzig.

Parecida era la posición de Gyulay. Con una fuerza de unos 150.000 hombres se encontraba entre Mortara y Pavía, cerrando así el camino directo de Valenza a Milán. Podía ser envuelto por ambas alas, pero su posición le ofrecía el remedio contra tal envolvimiento. El grueso del ejército aliado se concentró el 30 y el 31 de mayo y el 1 de junio en Vercelli. Lo formaban cuatro divisiones piamontesas (36 batallones),[^4] el cuerpo de Niel (26 batallones), el de Canrobert (39 batallones), la Guardia (26 batallones) y el cuerpo de Mac-Mahon (26 batallones), en total 173 batallones de infantería, aparte de la caballería y la artillería. Gyulay, por su parte, tenía seis cuerpos de ejército, debilitados por los destacamentos enviados contra Garibaldi, a Voghera, a ocupar diversas plazas, etc., pero que todavía sumaban 150 batallones. Su ejército estaba situado de modo que por la derecha solo podía envolvérsele mediante una marcha de flanco dentro de su radio de operaciones. Ahora bien, es sabido que un ejército siempre necesita tiempo para pasar del orden de marcha al orden de batalla, incluso ante un ataque de frente, aunque en ese caso el orden de marcha está dispuesto todo lo posible para el combate. La perturbación es incomparablemente más peligrosa cuando se ataca de flanco a columnas en orden de marcha. Por eso es regla establecida evitar una marcha de flanco dentro del radio de acción del enemigo. El ejército aliado infringió la regla. Marchó sobre Novara y el Tesino sin preocuparse, al parecer, de los austriacos que tenía en el flanco. Ese era el momento de actuar para Gyulay. Tenía que haber concentrado sus tropas en la noche del 3 de junio en Vigevano y Mortara, dejando un cuerpo en el bajo Agogna para vigilar Valenza, y el 4 de junio caer con todos los hombres disponibles sobre el flanco de los aliados en marcha. El resultado de un ataque así, emprendido con unos 120 batallones contra la columna de marcha aliada, larga y cortada en muchos puntos, apenas ofrecía dudas. Si una parte de los aliados ya había cruzado el Tesino, tanto mejor para Gyulay: su ataque la habría hecho volver, pero sin darle apenas tiempo de intervenir de modo decisivo. Aun en el peor de los casos, el de un ataque fallido, la retirada de los austriacos hacia Pavía y Piacenza quedaba tan segura como, por ejemplo, después de la batalla de Magenta. Todo el despliegue de Gyulay muestra que ese era en efecto el plan original de los austriacos. Su consejo de guerra había decidido, tras madura reflexión, dejar abierto a los franceses el camino directo a Milán y cubrir Milán únicamente con una marcha sobre el flanco del enemigo. Pero cuando llegó el momento decisivo y Gyulay vio las masas francesas rodar a su derecha hacia Milán, el magiar de pura sangre perdió la cabeza, vaciló y acabó retirándose detrás del Tesino. Y con eso se preparó la derrota. Mientras los franceses marchaban en línea recta sobre Magenta (entre Novara y Milán), él dio un gran rodeo, bajando primero a lo largo del Tesino y cruzándolo por Bereguardo y Pavía, y volviendo a subir luego por la orilla del río hacia Boffalora y Magenta para cerrar el camino directo a Milán. La consecuencia fue que sus tropas llegaron en destacamentos débiles y no pudieron reunirse en masas suficientes para romper el núcleo del ejército aliado.

Suponiendo que el ejército aliado haya quedado en posesión del campo de batalla, es decir, del camino directo a Milán, los austriacos tendrán que retirarse detrás del Po, detrás del Adda o a sus grandes fortalezas para reorganizarse. Aunque la batalla de Magenta decidiera entonces la suerte de Milán, no decidiría en modo alguno la campaña. Los austriacos tienen tres cuerpos de ejército completos que en este momento se concentran en el Adigio y que acabarían asegurándoles la balanza de fuerzas, siempre que los groseros desatinos del «general secreto» no se vean corregidos, como esta vez, por la indecisión de Gyulay.

[^1]: Engels alude burlonamente a Napoleón III, que había asumido el mando supremo del ejército aliado en Italia sin experiencia militar alguna.

[^2]: El intento de golpe de Luis Bonaparte en Boulogne-sur-Mer, en agosto de 1840, juzgado ese mismo año por la Cámara de los Pares.

[^3]: Ferenc Gyulay (1798-1868), general austriaco de origen húngaro, comandante en jefe del ejército austriaco en Italia hasta su destitución tras Magenta.

[^4]: Así en la MEW; con 36 batallones la suma da 153, no 173. El artículo paralelo de Engels en el *New-York Daily Tribune* («La derrota austriaca») da 56 batallones piamonteses, cifra que cuadra con el total.
