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Title: Por fin una batalla (1859)
Description: Editorial de Engels para el New-York Daily Tribune sobre el combate de Montebello y la marcha austriaca por la Lomellina según las cartas desde el cuartel general austriaco; las primeras delicias de la alianza francesa para los sardos.
Author: Friedrich Engels
Date: 1859-05-24
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1859%20Por%20fin%20una%20batalla
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*Escrito en inglés por Friedrich Engels hacia el 24 de mayo de 1859 y publicado como editorial en el* New-York Daily Tribune*, núm. 5655, del 6 de junio de 1859. El original inglés no tiene hoy fuente libre: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke*, tomo 13 (Berlín, 1961, pp. 344-347), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. [Texto original en alemán](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/originales/1859%20Endlich%20eine%20Schlacht).*

El *City of Washington*, que zarpó de Liverpool el 25 del mes pasado y pasó por el cabo Race el jueves pasado por la noche, trae del teatro de la guerra noticias extraordinariamente interesantes. El movimiento de retirada de los austriacos y el avance aliado para volver a ocupar la Lomellina han empezado sin duda, aunque al parecer no avanzan muy deprisa, puesto que el cuartel general austriaco, que el 19 se había trasladado a Garlasco, una alquería cerca del Tesino en el camino de Vigevano a Groppello, seguía allí el 24. Al sur del Po, sin embargo, tuvo lugar en Montebello, una pequeña ciudad en la carretera de Stradella a Voghera, un combate entre una unidad del cuerpo de Stadion[^1] y la vanguardia de Baraguay d'Hilliers en el que, según sus propias informaciones, los aliados llevaron claramente ventaja. Nuestras informaciones sobre este asunto son todavía, por fuerza, bastante escuetas. Los franceses cuentan que la división de Forey,[^2] con 6.000 a 7.000 hombres (su fuerza total es de 10.000), y un regimiento de caballería piamontesa trabaron combate con una fuerza austriaca de 15.000 hombres, la mitad de todo el cuerpo que manda Stadion, y que los austriacos, tras muchas horas de duro combate, fueron rechazados; perdieron entre 1.500 y 2.000 muertos y heridos y 200 prisioneros, algunos de los cuales ya han llegado a Marsella, mientras que las pérdidas de los aliados solo fueron de 600 a 700. Sin embargo, la derrota de los austriacos no fue tan decisiva como para permitir a los aliados perseguir al enemigo en retirada. Según la versión austriaca, Stadion había enviado una unidad de tropas al otro lado del Po para hacer un reconocimiento. Esta había avanzado en dirección a Voghera hasta Montebello, donde topó con una unidad francesa superior y, tras un combate encarnizado, se retiró en buen orden detrás del Po. Esta discrepancia en los partes no tiene nada de extraordinario si se tienen en cuenta las exageraciones que siempre aparecen en tales ocasiones a falta de cifras oficiales positivas.

Tenemos que esperar noticias más precisas antes de poder juzgar el alcance y los rasgos esenciales del combate. En todo caso, no fue más que una refriega de puestos avanzados y no una gran batalla en la que se pongan realmente a prueba la fuerza de los ejércitos enfrentados y la capacidad de los generales.

Mientras el segundo acto del drama ha empezado así, pasablemente, los materiales para un examen crítico de las operaciones del primer acto se han enriquecido de forma valiosa con las cartas de los corresponsales del *Times* de Londres y de la *Allgemeine Zeitung* de Augsburgo en el cuartel general austriaco. Sin ellas nos veríamos obligados a juzgar las maniobras austriacas por los boletines piamonteses, que naturalmente no contienen toda la verdad sobre ellas, y por los boletines austriacos, que casi no dicen nada. Para llenar las muchas lagunas no teníamos de momento más que los rumores y conjeturas contradictorios que circulaban entre los oficiales y los corresponsales de prensa que se encuentran ahora en el Piamonte, rumores cuya credibilidad era en verdad muy escasa. Como los austriacos habían tomado la iniciativa de la campaña y la conservaron hasta su retirada de Vercelli, mientras los aliados mantenían una actitud relativamente pasiva, el centro del interés lo ocupaba el ejército del que no recibíamos información alguna o, en el mejor de los casos, solo informaciones insignificantes. No es de extrañar, pues, que en cuestiones de detalle llegáramos a conclusiones que ahora los hechos no han confirmado. Al contrario, lo asombroso es que, en conjunto, lográramos valorar correctamente los rasgos esenciales de la campaña. Solo hay un punto importante en el que nos apartamos de lo que ahora se presenta como el plan original de los austriacos. Pero es todavía muy dudoso que ese plan se siguiera exactamente desde el principio, como ahora se afirma, o si el actual «plan original» no es otra cosa que una ocurrencia posterior.

Cuando nos llegó la primera noticia de la invasión del Piamonte por los austriacos, creímos que su intención seguía siendo, como hasta entonces era evidente, caer por sorpresa en una marcha rápida sobre el ejército piamontés y la vanguardia francesa antes de que pudiera llegar el grueso de los franceses. Ahora se nos informa de que esa idea se había abandonado ya antes. Los austriacos tenían al parecer la impresión de que los franceses habían empezado a entrar en territorio piamontés el 24, aunque ningún regimiento francés pisó suelo piamontés antes del 26, y esta noticia falsa pudo moverlos a renunciar a todo intento de *coup de main*[^3] contra las tropas que se les opusieran. En consecuencia, la invasión perdió el carácter impetuoso que le habría dado la persecución del objetivo mayor. No era más que el comienzo de las hostilidades ordenado por el emperador y no tenía otro fin que ocupar una parte del territorio enemigo, poner sus recursos al alcance de los invasores y privar de ellos al ejército defensor. Con semejante objetivo estaba bastante claro que la invasión tenía que detenerse en el Sesia y en el Po, en Vercelli y en Valenza. En ese caso no hacía falta ninguna prisa. De forma metódica, lenta y segura marchó el ejército austriaco en territorio piamontés. Hubo además otra consideración que influyó mucho en este curso de la acción. Los austriacos avanzaban por las dos carreteras principales que cruzan la Lomellina de este a oeste, una de Pavía a Valenza, la otra de Abbiategrasso a Vigevano y Casale. La carretera del norte, de Boffalora a Vercelli, no la utilizaron en absoluto. Estas dos carreteras cruzan numerosos ríos que corren de noroeste a sudeste, dos de los cuales, el Terdoppio y el Agogna, tienen alguna importancia. Como los puentes estaban destruidos, los caminos levantados en muchos puntos y las tierras bajas a derecha e izquierda de los caminos inundadas o empapadas, el avance se retrasó mucho, y todo el ejército, de 150.000 a 180.000 hombres, tuvo que marchar por esas dos carreteras. Por eso no nos extraña nada saber ahora que el último cuerpo del ejército austriaco no cruzó el Tesino antes del 1 de mayo, pues un cuerpo de 30.000 a 35.000 hombres que marcha por una sola carretera con su bagaje y su tren ocupa al menos una longitud de 12 a 15 millas, lo que equivale a una jornada de marcha; como por la carretera de Pavía a Casale marchaban tres cuerpos, resulta que el tercero de ellos cruzó el Tesino en Pavía dos días después del primero.

La vanguardia pasó por Pavía el 29; era una brigada del quinto cuerpo al mando del general Festetics. La siguió todo el tercer cuerpo (Schwarzenberg), que avanzó hasta Groppello. El mismo día otro cuerpo, el séptimo (general Zobel), cruzó más al norte por Bereguardo y se dirigió a Gambolò. El 30, el octavo cuerpo (Benedek) siguió al tercero por Pavía, y el quinto (Stadion) siguió al séptimo por Bereguardo. El 1 de mayo pasó por Pavía el segundo cuerpo (Liechtenstein). En esta formación el ejército, cuya extrema derecha formaba el séptimo cuerpo, su centro el quinto, el tercero y el segundo, y su extrema izquierda el octavo cuerpo, cruzó primero el Terdoppio, luego el Agogna, y llegó por fin hacia la tarde del 2 al Po y al Sesia. Por aquí vemos que las informaciones piamontesas sobre grandes pasos de tropas por Boffalora y Arona eran completamente falsas (hecho que confirma plenamente el avance sin resistencia de Garibaldi hasta Gravellona, en el lago Mayor); igualmente se equivocaban al suponer que el general Benedek había salido de Piacenza con el octavo cuerpo y había marchado como columna aislada por la orilla sur del Po. Al contrario, los austriacos marcharon sobre un frente tan estrecho (12 millas) como puede marchar un ejército de 150.000 hombres. Se mantuvieron tan juntos y tan conforme al reglamento como fue posible y solo tenían unas pocas columnas volantes en sus flancos, en Novara, en Arona y al sur del Po. Pues bien, justamente esta marcha rigurosamente metódica nos parece probar que los austriacos no habían renunciado del todo a la intención de atacar a los piamonteses. De lo contrario, como el enemigo no estaba evidentemente en condiciones de oponer seria resistencia antes de alcanzar su línea de defensa, eso habría significado someter a las tropas a fatigas y penalidades inútiles al confinarlas en un espacio tan estrecho. La carretera de Novara habría podido utilizarse sin inconveniente y con una ventaja inmensa, puesto que Vercelli era en cualquier caso uno de los objetivos ineludibles de una simple ocupación de la Lomellina y del Novarese. Que no se aprovechara esa ventaja nos parece una prueba segura de que en el cuartel general austriaco quedaba todavía la esperanza de encontrar ocasión de atacar con fuerzas superiores y en circunstancias favorables a las fuerzas enemigas de Casale o de Alessandria. En todo caso, parece que se pensó en un *coup de main* contra Novi (nudo de la comunicación ferroviaria entre Génova, Alessandria y Stradella). Para hacerlo posible se tendió en la noche del 2 al 3 un puente sobre el Po en Cornale, y el general Benedek lo cruzó con su octavo cuerpo. Desplegó una gran actividad; en menos de doce horas ocupó Voghera, Castelnuovo Scrivia y Tortona, destruyó los puentes del ferrocarril y muy probablemente habría avanzado sobre Novi si la lluvia y la súbita crecida del Po, que destruyó en parte su puente, no le hubieran obligado a retirarse, ya que no podía perder la comunicación con el ejército principal. El puente se reparó y toda la fuerza austriaca volvió a concentrarse en la orilla norte del Po. El tiempo hacía imposible permanecer en las tierras bajas inundadas del Po. Por eso el ejército tomó posiciones más al norte, entre Garlasco, Mortara y Vercelli, y aprovechó la circunstancia de que el grueso de sus fuerzas estaba cerca del Sesia para hacer reconocimientos y forrajear en el distrito situado al oeste de ese río. Lo consiguieron sin encontrar resistencia digna de mención. El 9 abandonaron la orilla occidental del Sesia, salvo Vercelli, y trasladaron su cuartel general a Mortara, donde, como ya se ha dicho, permanecieron hasta el 19. Durante su estancia en Mortara tendieron un puente sobre el Po cerca de la desembocadura del Tesino, y un cuerpo, de cuya fuerza y composición no se sabe nada, ocupó la posición de Stradella y forrajeó en los distritos meridionales del Piamonte que lindan con el ducado de Parma. Suponemos que este fue el cuerpo con el que chocó Forey en el combate de Montebello. Pero sobre esto tenemos que esperar información más precisa.

Los sardos están al parecer empezando a conocer todas las delicias de la alianza francesa. Su ejército va a ser despedazado; en lugar de formar un cuerpo separado y cosechar gloria propia, cada una de sus cinco divisiones se convertirá en un apéndice de uno de los cinco cuerpos de ejército franceses, en los que naturalmente quedará absorbida por completo, de modo que todo el mando y toda la gloria pertenecerán exclusivamente a los franceses. Génova, con fuertes y todo, ha pasado ya por completo a poder de los franceses, y ahora el ejército sardo solo existirá como una especie de apéndice de los franceses. La liberación napoleónica de Italia empieza a dar sus primeros frutos. Aunque no hay nada de asombroso ni de inverosímil en las acusaciones que los sardos lanzan contra los austriacos por brutales atrocidades y saqueos en la Lomellina, es de justicia decir que las correspondencias del *Times* de Londres y de la *Allgemeine Zeitung* de Augsburgo desde el cuartel general austriaco arrojan otra luz sobre el asunto. Según estas fuentes, en la Lomellina y en Lombardía el odio del campesinado a los terratenientes supera con mucho su aversión a los opresores extranjeros. Ahora bien, los terratenientes de la Lomellina (antes provincia austriaca)[^4] son en su mayoría *sudditi misti*, súbditos mixtos, que pertenecen a la vez a Austria y al Piamonte. Todos los grandes nobles de Milán tienen grandes propiedades en la Lomellina. Son piamonteses y antiaustriacos de corazón; el campesinado de la provincia, en cambio, es bastante favorable a Austria. Así lo probó la cordial acogida que los austriacos encontraron en la Lomellina, y parece que sus requisas y exacciones se limitaron en lo posible a las propiedades de los nobles y a las ciudades, sede del patriotismo italiano, mientras que se respetaba en lo posible al campesinado. Esta política es típicamente austriaca, la misma que en 1846;[^5] y explica a la vez el griterío de la prensa piamontesa sobre unas requisas que en el fondo no exceden de lo habitual en la guerra moderna ni llegan a lo que suelen exigir las tropas francesas.

[^1]: El conde Philipp von Stadion, general austriaco que mandaba el 5.º cuerpo.

[^2]: Élie Frédéric Forey (1804-1872), general francés, jefe de una división del cuerpo de Baraguey d'Hilliers; vencedor en Montebello.

[^3]: Golpe de mano.

[^4]: La Lomellina perteneció al ducado de Milán, en manos de los Habsburgo, hasta que en 1707 pasó a la casa de Saboya.

[^5]: En la insurrección polaca de 1846 en Galitzia, las autoridades austriacas azuzaron a los campesinos contra los nobles insurrectos, a muchos de los cuales asesinaron.
